ELIGE SUB-SECCIONES en "El aborto y otros males"

Thursday, 29 September 2011 16:31

La conexión entre la anticoncepción y el aborto

Muchos en el movimiento pro vida se niegan a hacer la conexión entre el uso de los métodos anticonceptivos y el aborto. Insisten en que éstos son dos actos muy diferentes: que hay una enorme diferencia entre la anticoncepción, que evita que una vida se inicie, y el aborto, que destruye una vida que ya ha comenzado.

Por Janet E. Smith, Ph.D.

En el caso de algunos anticonceptivos, no sólo hay un vínculo con el aborto, sino que constituyen una misma cosa. Algunos anticonceptivos son abortivos; producen su efecto causando abortos poco después de la concepción. El dispositivo intrauterino (DUI) parece impedir que el óvulo fecundado - un nuevo y pequeñito ser humano - se implante en el útero. La píldora no siempre evita la ovulación; algunas veces impide que se implante en el útero el embrión que está en proceso de crecimiento. Y claramente la nueva píldora RU-486 produce su efecto exclusivamente abortando un nuevo feto, un nuevo niño. Aunque algunas personas que constituyen el movimiento pro vida de vez en cuando hablan en contra de los anticonceptivos que son abortivos, la mayoría generalmente evita el tema de la anticoncepción. Esto me parece que es una grave equivocación.

La anticoncepción genera la supuesta "necesidad" del aborto.

Creo que no se logrará verdadero progreso en la creación de una sociedad en la que toda nueva vida esté segura, donde podamos demostrar verdadero respeto por la vida, donde el aborto sea un terrible recuerdo en vez de una terrible realidad; mientras no veamos que hay importantes vínculos entre la anticoncepción y el aborto y declaremos esta verdad valerosamente. Debemos darnos cuenta de que una sociedad en la que los anticonceptivos se usan extensamente va a encontrar muy difícil evitar los abortos, ya que el estilo de vida y la mentalidad que la anticoncepción fomenta crean una supuesta "necesidad" de procurar el aborto.

En Planned Parenthood versus Casey, la reciente decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos que confirmó el fallo Roe versus Wade, el Tribunal declaró que "en algunos aspectos críticos el aborto tiene la misma naturaleza que la decisión de practicar la anticoncepción... durante dos décadas de cambios económicos y sociales, las personas han vivido relaciones íntimas y han tomado decisiones que definen su concepto de sí mismas y su lugar en la sociedad, confiando en la posibilidad del aborto en caso de que la anticoncepción falle".

La decisión del Tribunal Supremo ha hecho totalmente innecesarios los esfuerzos para "revelar" los motivos reales del apoyo al aborto en esta época moderna.

Como el Tribunal Supremo ha admitido cándidamente, necesitamos el aborto para poder seguir con nuestro estilo de vida, el cual depende de los anticonceptivos. La inefectividad de los anticonceptivos no es el motivo que lleva a un millón y medio de mujeres al año a practicarse abortos cuando los anticonceptivos fallan. Son las "relaciones íntimas" facilitadas por los anticonceptivos, lo que llevan a los abortos. La palabra "íntimas" es aquí un eufemismo y en realidad un engaño. En este contexto, las relaciones "íntimas" significan relaciones "sexuales"; no relaciones de "amor y unión". El aborto es muy frecuentemente el resultado de relaciones sexuales en las que hay muy poca intimidad y amor y no hay lugar para un niño, la consecuencia natural de las relaciones sexuales.

Los expertos dudan del espanto de la superpoblación

El Tribunal Supremo, sin embargo, ha sido singularmente franco. Con frecuencia se dan razones ostensiblemente más nobles para justificar el entusiasmo por la anticoncepción. Por ejemplo, muchos piensan que la anticoncepción es crucial para controlar lo que se percibe como la gran explosión demográfica. Pero la mayoría no tiene idea de que hay respetables expertos que cuestionan la legitimidad del espanto de la superpoblación en la mayor parte de los países de la tierra. Eruditos, tales como Ben Wattenberg, Julian Simon y Jaqueline Kasun sostienen que ciertos países, especialmente en el Occidente, están afrontando el problema del reemplazo de la población, y puesto que nuestra población no se está reproduciendo, nos habremos de encontrar ante problemas económicos muy serios. Estos expertos piensan que la mayor parte del problema, aún en las regiones ostensiblemente superpobladas, es de carácter político y económico más que demográfico. Es decir, el problema no es que haya demasiada gente, sino una mala distribución de los recursos.

Pero el tema que tratamos aquí no es la superpoblación ni los méritos de la anticoncepción como medio de lucha contra la superpoblación. El control de la población no es la fuente principal del entusiasmo de la época moderna por la anticoncepción. Más bien, la anticoncepción es aclamada como la solución de los problemas causados por la revolución sexual. Muchos creen que más y mejores anticonceptivos y el uso más responsable de los mismos reducirán el número de embarazos no deseados y de abortos, y habrán de evitar hasta cierto punto la propagación de enfermedades venéreas.

Para respaldar el argumento de que el uso más responsable de anticonceptivos reducirá el número de abortos, algunos apuntan que la mayoría de los abortos se procuran con "fines anticonceptivos". Es decir, que los abortos ocurren no porque una mujer haya sido víctima de violación o incesto, o porque el embarazo vaya a poner en peligro su vida, o porque crea que va a tener un niño inválido (impedido) o deformado. Más bien, la mayoría de los abortos se realizan porque hombres y mujeres que no quieren tener un niño tienen relaciones sexuales y se encuentran ante un embarazo que no proyectaron y que no quieren continuar. Porque el anticonceptivo falló o porque ellos dejaron de usar un anticonceptivo, recurren al aborto como sustituto. Muchos creen que si podemos convencer a hombres y mujeres de la necesidad de usar anticonceptivos de forma responsable, reduciremos el número de embarazos no deseados y, por lo tanto, el número de abortos. Hace treinta años, esta postura hubiera podido tener alguna credibilidad, pero no ahora. Por más o menos treinta años hemos vivido en una cultura sumergida en el uso de anticonceptivos y del aborto; ya no podemos pensar que un mayor acceso a la anticoncepción habrá de reducir el número de abortos. Más bien, dondequiera que los anticonceptivos pueden obtenerse fácilmente, el número de embarazos no deseados y de abortos aumenta grandemente.

La revolución sexual no hubiera sido posible sin la anticoncepción

La conexión entre la anticoncepción y el aborto es ésta: la anticoncepción facilita las relaciones y aún la clase de actitudes y de moral individual que más fácilmente conducen al aborto. La mentalidad anticonceptiva trata las relaciones sexuales como si tuvieran muy poca conexión natural con los niños; considera a los niños como un "accidente" del acto sexual, como una intromisión en una relación sexual, como una carga. En la revolución sexual no existe el deseo de hacer la conexión entre las relaciones sexuales y los niños; no hay cabida para ello. La revolución sexual simplemente no fue posible hasta que se pudieron obtener anticonceptivos relativamente efectivos.

En vez de poner un límite a la revolución sexual, la anticoncepción ha sido el combustible que la ha facilitado y que hace posible que continúe en forma desenfrenada. En el pasado, muchos hombres y mujeres se abstenían de uniones sexuales ilícitas simplemente porque no estaban preparados para asumir las responsabilidades de la paternidad. Pero cuando se encontró un método anticonceptivo bastante efectivo, la barrera que mantenía la sexualidad dentro de los confines del matrimonio se derribó. La conexión entre la sexualidad y el amor también se destruyó rápidamente; desde que la anticoncepción se extendió, se ha hablado mucho de la aceptación y la práctica de relaciones sexuales casuales o recreacionales. El significado profundo inseparable de las relaciones sexuales se ha perdido; el aceptar tener relaciones sexuales ya no es la consecuencia de un compromiso de dos personas. Ya no es relevante la voluntad de tener un hijo y aceptar todas las responsibilidades como resultado de tener un hijo. La anticoncepción reduce al compañero o compañera al nivel de un objeto sexual, ya que estas relaciones sexuales no son el resultado de un verdadero compromiso personal.

La forma tan casual con que se realizan ahora las uniones sexuales está acompañada por la indiferencia y el descuido en el uso de los anticonceptivos. Los estudios que se han hecho demuestran que las mujeres que se practican abortos están muy al tanto de los métodos de control de la natalidad; la gran mayoría de estas mujeres -- el ochenta por ciento -- tienen experiencia con los anticonceptivos, pero muestran descuido o indiferencia en su uso por muchas razones. Un investigador indica estas razones: algunas se han separado de su compañero y creen que ya no van a necesitar un anticonceptivo, pero se encuentran teniendo relaciones sexuales de todos modos1. A otras les desagrada el examen físico que se requiere para obtener la píldora (en EE.UU. por ejemplo), o les desagradan los efectos secundarios de la píldora. Algunas desisten ante cualquier inconveniente o dificultad para conseguir los anticonceptivos. A muchas mujeres solteras no les gusta considerarse activas sexualmente y el usar anticonceptivos va en contra de la opinión que tienen de sí mismas. Es decir, muchas mujeres aceptan practicar una actividad que por alguna razón no quieren reconocer practican.

Frecuentemente los abortos han sido embarazos planeados

La investigadora, Kristin Luker, socióloga proabortista, en un libro titulado Taking Chances: Abortion and the Decision Not to Contracept (Tomando Riesgos: El aborto y la decisión de no usar anticonceptivos), trata de descubrir el por qué, a pesar de que existen anticonceptivos que pueden obtenerse tan fácilmente; muchas mujeres, que conocen los métodos anticonceptivos, quedan embarazadas sin desearlo y se practican abortos2. Las conclusiones de este estudio sugieren que no es simplemente "descuido" o "irresponsabilidad" lo que lleva a las mujeres a practicarse abortos, sino que con frecuencia embarazos planeados terminan en abortos o éstos son la consecuencia de tomar un riesgo calculado. La autora comienza rechazando las opiniones comunes con respecto a las razones por las cuales las mujeres abortan; niega que se trate de adolescentes en estado de pánico o de mujeres solteras que de otro modo habrían de tener hijos ilegítimos. También sostiene que las estadísticas no demuestran que el aborto sea un acto de desesperación final de mujeres pobres o de las que dependen de la asistencia pública, ni que el aborto sea procurado por mujeres que tienen más niños que los que pueden cuidar. Lo que la autora trata de descubrir es qué razón han tenido las mujeres para no usar anticonceptivos, aunque tenían experiencia en su uso y sabían los riesgos que corrían3. La señora Luker trata de probar en su estudio que "el embarazo no deseado es el resultado final de una decisión informada. El hecho de que el embarazo haya ocurrido de todos modos, en el caso de las mujeres mencionadas en este estudio, se debe a que la mayoría buscaba fines más indefinidos que simplemente el evitar el embarazo".4

La señora Luker declara que para estas mujeres (que tienen relaciones sexuales sin usar anticonceptivos, pero no desean tener niños), el uso de anticonceptivos tiene ciertos "costos" y el embarazo ciertos "beneficios". Estas mujeres calculan que los beneficios de no usar anticonceptivos y los beneficios de un embarazo compensan los riesgos de un embarazo y de la necesidad de procurar el aborto. La autora está de acuerdo con que muchas mujeres prefieren las relaciones sexuales "espontáneas" y no quieren admitir que están teniendo relaciones sexuales. Añade que algunas mujeres dudaban de si eran fértiles o no y, por lo tanto, no usaban anticonceptivos.5 Los "beneficios" de un embarazo para muchas mujeres eran muchos; el embarazo prueba que ella " es realmente mujer"6 o que es fértil;7 da una excusa para "forzar la resolución de una relación amorosa"8; fuerza a los padres de la mujer o niña a tratar con ella9; se usa como una "técnica psicológica".

Finalmente, casi todas las mujeres solteras entrevistadas por la señora Luker tenían la opción de casarse (y aparentemente completar el embarazo); pero ninguna escogió esa opción. La señora Luker atribuye esta falta de inclinación a casarse en esas condiciones a la diferencia entre esta clase de casamiento y su fantasía del matrimonio; y al hecho de que creen son las responsables de haber quedado embarazadas, por lo tanto, no tienen derecho al apoyo del hombre.10 Uno de los ejemplos que pone Lukes es el de una mujer soltera a quien no le gustaba usar la píldora porque la hacía aumentar de peso. Junto con esto, existía el deseo de forzar a su amante a reconocer abiertamente sus relaciones con ella ante sus padres, quienes la rechazaban, y posiblemente forzarlo a contraer matrimonio. Por estas razones decidió no usar anticonceptivos.11 Cuando resultó embarazada, esta mujer se práctico un aborto.

El "descuido" es intencional

Muchos de estos datos sugieren que hay algo profundo en nuestra naturaleza, que no encuentra satisfactorio el separar las relaciones sexuales del amor y la entrega total o de los niños. Como hemos visto, las mujeres son descuidadas en el uso de los anticonceptivos por muchas razones; pero una razón de su descuido es precisamente el deseo de que la actividad sexual tenga un significado, en vez de ser una actividad sexual que no significa nada. Quieren que sus actos sexuales signifiquen algo más que un simple apretón de manos o el compartir una comida. Se sienten muy incómodas usando anticonceptivos, por las consecuencias, físicas y emocionales, en sus relaciones. Frecuentemente desean tener relaciones de más compromiso con el hombre en el cual están interesadas; procuran el embarazo para poner a prueba el amor y la dedicación del hombre. Pero como las relaciones no se han hecho permanentes, como no se ha hecho ningún voto, estas mujeres tienen sentimientos contradictorios con respecto a un posible embarazo. Lo más probable es que aborten aunque hayan deseado quedar embarazadas. Parece poco probable el hecho de que algunas mujeres en cierto sentido "planean" o "desean" los mismos embarazos que abortan; pero éste analisis lo confirman los estudios hechos por sociólogos proaborto.

¿Por qué siguen las mujeres esa conducta tan perjudicial para sí mismas? Nuevamente, una gran parte de la razón es el énfasis increíble que la época moderna pone en la libertad. No la verdadera libertad que todos deseamos, que permite buscar lo que es bueno y verdadero, sino la clase de libertad que se asemeja más al libertinaje, la libertad de hacer lo que uno quiera, sin tener en cuenta si se trata de algo bueno y verdadero. Queremos ser libres no para descubrir lo que es bueno y verdadero, sino para definir lo que es bueno y verdadero.

Nuevamente encontramos confirmación explícita de nuestro deseo de definir la realidad en el proceso legal Planned Parenthood versus Casey, en el que se declara: "en el corazón de la libertad está el derecho de definir el concepto que uno tenga de la existencia y su significado, del universo, del misterio de la vida humana". Ciertamente, cada uno tiene el derecho de definir sus "conceptos"; pero cuando esos "conceptos" se convierten en acción, el público tiene el derecho de proteger a otros contra la conducta inmoral que resulta de ellos. Algunos tienen el "concepto" de que los individuos de ciertas razas o grupos étnicos son inferiores y no tienen los mismos derechos. Ciertamente los que así piensan tienen derecho a ese concepto, no importa lo erróneo que sea, pero no tienen derecho a imponer sus conceptos a los demás. ¡No todos los conceptos son creados iguales!

Preferimos nuestra propia libertad en vez del bien

Finalmente, la época moderna es increíblemente anarquista en su actitud. Aún en las sociedades libres, las leyes se consideran en su mayor parte restricciones impuestas a la libertad humana, restricciones que toleramos simplemente para que no se cause mayor daño a los individuos; pero mientras menos restricciones, mejor. En gran medida hemos perdido el concepto de que las leyes pueden poner restricciones apropiadas a la libertad humana y que son esenciales para proteger el bienestar de los seres humanos. Vemos alguna conexión entre las leyes y la justicia, pero en general preferimos leyes que incrementen nuestras libertades, en vez de leyes que promuevan nuestro bienestar. Por ejemplo, aunque la mayoría de las personas piensan que la pornografía es dañina para la sociedad, generalmente la toleran porque preferimos nuestra libertad en vez del bien. Después del siglo de la iluminación, se generalizó la idea de que el hombre es fundamentalmente bueno y que la libertad de ser lo que quiera ser es su característica más importante. Este punto de vista estaba acompañado por la falta de aprecio de lo trascendente, por la opinión de que el hombre es solamente un animal más desarrollado. Nietzche afirmó que, el hombre no debe dominar sus pasiones por esta razón, sino que debe usar la razón para ayudarle a satisfacer sus deseos; para ayudarle a lograr toda la felicidad que pueda en este mundo que, al fin de cuentas, según él carece de sentido. Este punto de vista reemplazó la visión cristiana del hombre como huésped en el universo de Dios, una criatura manchada por el pecado original pero, sin embargo, la obra más exaltada de la creación de Dios que por medio de la obediencia a las leyes de la naturaleza y de Dios, y por la gracia, se encamina hacia la unión eterna con Él.

La promiscuidad sexual aumenta

Para fines de la década de los sesenta y al comienzo de los setenta, el concepto de la persona humana como un animal cuyas pasiones deben dominar, se arraigó firmemente en la actitud de los que promovían la revolución sexual. Uno de los principales agentes y promotores de la revolución sexual ha sido la organización Paternidad Planificada.12 En esa época, muchos de los portavoces de Paternidad Planificada desvergonzadamente defendían las relaciones sexuales fuera del matrimonio y hasta promovían la promiscuidad sexual. A los jóvenes se les dijo que debían abandonar la moral represiva de sus padres y practicar el amor libre. Se les dijo que una vida sexual activa con un diverso número de personas sería saludable psicológicamente, algo completamente normal y completamente moral. Hoy en día, más que todo debido a la propagación del SIDA y la tragedia causada por los embarazos de niñas adolescentes, hasta la Paternidad Planificada ha dado validez a la continencia sexual. Sin embargo, la organización no tiene confianza en que los jóvenes puedan abstenerse de tener relaciones sexuales y, por lo tanto, promueve el sexo "seguro", el sexo "responsable", que para ellos significa tener relaciones sexuales en las que se use un anticonceptivo. Estos educadores en materias sexuales presumen que los jóvenes habrán de tener relaciones sexuales fuera del matrimonio (una presunción que, en cierta forma, se cumple en ellos mismos); por lo tanto, el objetivo principal de sus programas es lograr que usen anticonceptivos. Paternidad Planificada cree que brindar educación sexual habrá de reducir el número de embarazos y, por lo tanto, el número de abortos. Pero una vez más, todos los estudios demuestran que los programas de educación sexual inspirados en la Paternidad Planificada llevan a más promiscuidad sexual, más embarazos de niñas adolescentes y más abortos.

Los jóvenes no necesitan educación sexual del tipo que ofrece la Paternidad Planificada; lo que necesitan es aprender que las relaciones sexuales únicamente pueden tenerse de forma segura y responsable dentro del matrimonio. En vez de llenarles la cabeza a los jóvenes con nociones falsas sobre la libertad, y de llenar sus bolsillos de condones, necesitamos hacerles ver el verdadero significado de la sexualidad humana. Debemos inculcarles el control y el dominio de sí mismos, de tal manera que no sean esclavos de sus pasiones sexuales. Ellos deben aprender que las relaciones sexuales son parte del matrimonio y que el compromiso del matrimonio trae verdadera libertad, la libertad de entregarse completamente a la otra persona, la libertad de asumir responsabilidades para con sus hijos.

Hay dos bases sobre las cuales debe edificarse la enseñanza de una sexualidad responsable, bases que han sido socavadas por el uso de los anticonceptivos. Una de las bases es que las relaciones sexuales deben ser la expresión de un profundo amor a otra persona, un profundo amor que lleva a querer entregarse totalmente el uno al otro. La mayoría de los individuos esperan encontrarse un día en una unión matrimonial fiel, una relación matrimonial con alguien a quien uno ame profundamente y por quien uno sea amado profundamente. Uno de los principales elementos de ese amor profundo es la promesa de fidelidad, la promesa de que uno se entregará sexualmente sólo al esposo o la esposa. A muchos les parecerá extraño hablar de ser fiel al esposo o esposa antes del matrimonio, pero así es. En cierto sentido, uno debe amar al esposo o esposa aún antes de conocerlo. Uno debe prepararse para amar verdaderamente, para ser un buen esposo o esposa durante toda la vida. Esto significa abstenerse de entregarse sexualmente hasta que uno esté casado, porque en cierto sentido nuestra sexualidad pertenece a nuestro futuro esposo o esposa tanto como a nosotros mismos. En la época de las generaciones anteriores, los jóvenes a menudo hablaban de "conservarse" para el matrimonio. Hoy día esa es una expresión de la cual se burlan; pero es algo que denota una verdadera comprensión del amor, la sexualidad y el matrimonio. Uno debe prepararse para el matrimonio y conservarse puro hasta que se case.

Tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, daña a la persona. Muchos se sienten que han sido explotados o piensan que han explotado a otros; otros se convienrten en personas retraídas y pierden la capacidad de confiar plenamente en otra persona. O el placer sexual que están experimentando les impide conocer el verdadero carácter de su pareja sexual y se equivocan al hacer la decisión de casarse.13 Debemos ayudar a los jóvenes a ver el por qué no deben seguir el camino fácil, torpe y destructor de tener relaciones sexuales utilizando anticonceptivos, antes del matrimonio.

La anticoncepción rompe la conexión entre la sexualidad y los niños

La otra base de un programa de educación sexual debe ser el refrán de que el que no está preparado para tener niños, no está preparado para las relaciones sexuales, y uno no está listo para tener niños mientras no esté casado. La mayoría de las personas quieren ser buenos padres; quieren mantener a sus niños y darles una buena educación. La anticoncepción trata de romper la conexión entre las relaciones sexuales y los niños; nos hace sentir responsables por nuestra sexualidad al mismo tiempo que nos capacita para ser irresponsables. Los individuos nacidos fuera del matrimonio comienzan la vida en circunstancias más difíciles; tienen una mayor dificultad para lograr la disciplina y la fortaleza que necesitan para ser adultos responsables. Las madres solteras afrontan una vida muy difícil, luchando por atender las necesidades de sus hijos y también sus propias necesidades emocionales. Las mujeres que abortan a sus niños frecuentemente quedan con devastadoras heridas psicológicas. El precio del embarazo fuera del matrimonio es muy alto.

En realidad, aún dentro del matrimonio, la anticoncepción es destructora; rebaja el significado del acto sexual; una vez más, elimina el compromiso que es parte integral del acto sexual, el compromiso inherente en la apertura a tener hijos con la persona amada.

Por lo tanto, no es de sorprender que, a diferencia de los que usan anticonceptivos, los que usan métodos naturales de planificación de la familia, no estén inclinados a recurrir al aborto en caso de que ocurra un embarazo no planeado. Algunos argumentan que las parejas que usan métodos de planificación natural de la familia están tan en contra de la idea de tener niños como los que usan anticonceptivos y que también quieren tener relaciones sexuales "libres de niños".

Pero la diferencia crucial radica en que los que usan métodos de planificación natural de la familia no están haciendo un acto cuya naturaleza quieren frustrar; ellos guardan los principios de una sexualidad responsable. Sus actos sexuales están abiertos a la procreación tanto como la naturaleza lo permite. Se abstienen de relaciones sexuales cuando saben que pueden concebir y tienen relaciones cuando no pueden concebir, precisamente porque quieren ser responsables en la crianza de sus hijos.

Las mujeres que abortan generalmente han usado anticonceptivos

Una real diferencia evidente entre la anticoncepción y la planificación natural de la familia, radica en que las mujeres que abortan generalmente han usado anticonceptivos; las que usan el método de planificación natural casi nunca recurren al aborto. Cuando las que usan un método natural resultan embarazadas sin planearlo, aceptan plenamente el embarazo. Generalmente usan la planificación natural no para evitar el embarazo totalmente, sino porque les gustaría posponerlo. Generalmente aman a los niños y desean tenerlos. Por lo tanto, aunque un embarazo pueda ser a veces una inconveniencia, no lo consideran desastroso. No deja de ser significativo el que la planificación natural la utilicen solamente las parejas casadas; ellas tienen la confianza y el compromiso mutuo que les permite practicar este método.

En cambio, las mujeres que usan anticonceptivos y resultan embarazadas sin esperarlo, generalmente se sienten enfurecidas, ya que habían hecho todo lo posible para evitar el embarazo. Las que no están casadas se encuentran ante un desastre y el aborto les parece una necesidad, ya que no existe un compromiso permanente con el hombre con quien tienen relaciones sexuales. Los que no están casados, con frecuencia tienen una vida planeada que no incluye niños y se sienten tentados a recurrir al aborto para mantener la vida que han proyectado libre de niños. Naturalmente, esto no quiere decir que todos los que usan anticonceptivos probablemente recurran al aborto. Lo que sí estoy diciendo es que los que usan anticonceptivos recurren más al aborto que a los que usan los métodos de planificación natural de la familia.

La anticoncepción elimina de las relaciones sexuales el elemento de la procreación de los hijos. Hace que el embarazo parezca un accidente de las relaciones sexuales en vez de su consecuencia natural, para la cual los individuos responsables deben estar preparados. El aborto, entonces, se convierte en algo que se puede considerar como la solución de un embarazo no deseado. La anticoncepción hace posible que las mujeres que no están preparadas para criar niños tengan relaciones sexuales. Cuando quedan embarazadas, sienten desagrado por el niño no nacido que piensan se entromete en su vida y buscan la solución del aborto. Porque, como el Tribunal Supremo alegó, aquellos cuyas relaciones sexuales íntimas están basadas en el uso de los anticonceptivos, ven el aborto como una "necesidad."

NOTAS: 1. Mary K. Zimmerman, Passage Through Abortion New York; 1977. 2. Kristin Luker, Taking Chances: Abortion and the Decision Not to Contracept Berkley; 1975. 3. Luker, 16. 4. Luker, 32. 5. Luker, 62-63. 6. Luker, 65. 7. Luker, 68. 8. Luker, 70. 9. Luker, 71. 10. Luker, 123. 11. Luker, 83. 12. Para verificar estas reclamaciones hechas aquí sobre la Paternidad Planificada (Planned Parenthood), ver el libro de George Grant, Grand Illusions: The Legacy of Planned Parenthood (Brentwood, TN: Wolgemuth and Hyatt Publishers, Inc. 1988) y el libro de Robert Marshall y Charles Donovan, Blessed are the Barren (San Francisco, CA: Ignatius Press, 1991). 13. Para una buena discusión pastoral de los males que acarrean las relaciones sexuales prematrimoniales, ver el libro de James T. Burtchaell, For Better or Worse, (New Jersey: Paulist Press, 1985)

La Doctora Janet E. Smith es profesora asociada de Filosofía en la Universidad de Dallas, Texas. Editó el libro Why Humane Vitae Was Right: A Reader (El Porqué la Humanae Vitae tiene razón: Un Relato) y es la autora del libro Humanae vitae: A Generation Later. También ha escrito numerosos artículos sobre el aborto, la anticoncepción, las virtudes y Platón. El presente artículo fue traducido e impreso con la autorización del Homiletic & Pastoral Review y de la organización "One More Soul", la cual lo distribuye en inglés.

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