ELIGE SUB-SECCIONES en "El aborto y otros males"

HLI

(Impartida el 12 de diciembre de 1979)

 

1-2. Génesis 2 nos obliga a reconstruir los elementos que constituyen las experiencias originales de la persona humana. “Originales” aquí se refiere no sólo a que son muy antiguas, sino también a su significado básico. Estas experiencias no sólo pertenecen a la “pre-historia” del ser humano, sino que también están siempre a la raíz de toda experiencia humana.

 

Hasta ahora hemos analizado las experiencias de la soledad original y de la unidad original. Añadimos ahora el significado de la experiencia de la desnudez original. Esta experiencia se encuentra en Génesis 2:25: “Estaban ambos desnudos, el hombre y la mujer, sin avergonzarse de ello”. Esta experiencia, lejos de ser algo accidental, es esencial para la comprensión plena de la persona humana según la Biblia, es decir, para la antropología bíblica.

 

3. Génesis 2:25 exige unir las reflexiones sobre la teología del cuerpo con la subjetividad, en la cual el ser humano va tomando consciencia del significado del cuerpo. De hecho, este pasaje habla de esa toma de consciencia de manera más directa. Se trata de una toma de consciencia no sólo del significado del propio cuerpo, sino del significado del cuerpo del otro. Es una toma de consciencia recíproca. El hombre experimenta el significado de su propia masculinidad y de la femineidad de la mujer y, viceversa, la mujer experimenta el significado de su propia femineidad y de la masculinidad del hombre. Y todo ello se revela en la desnudez del cuerpo. Es un  pasaje muy preciso. Se trata de una precisión “pre-científica”, pero que corresponde a las exigencias de la antropología contemporánea, que tiene una gran inclinación hacia el estudio de las experiencias profundas, como la experiencia del pudor.

Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International (HLI)

 

Les escribo desde Orlando, Florida, donde Brian Clowes, PhD y un servidor participamos de la Conferencia Nacional de Matrimonios para Cristo-Fundamento de la Vida y la Familia (CFC-FFL, por sus siglas en inglés). El Sr. Clowes es el Director de Investigación y Capacitación de HLI. Antes de la conferencia, que reunió a casi mil participantes, impartimos una intensa capacitación provida de tres días para líderes nacionales e internacionales de CFC-FFL. Les pido que oren por el éxito de esta conferencia y por cada uno de los participantes. HLI colabora con CFC-FFL en numerosos programas nacionales e internacionales.

 

El tema que quiero abordar es algo sobre lo cual no me agrada escribir. Se trata de una grave preocupación que tengo y que creo que todos ustedes, y especialmente los padres de familia, deben saber. Se trata de cómo los mercaderes de la muerte atacan la inocencia de los jovencitos.

 

Si bien solo voy a proporcionar los detalles que son absolutamente necesarios, les alerto que el tema es perturbador y es para lectores maduros solamente. De antemano me disculpo por el uso del lenguaje. Sin embargo, es crucial que estemos plenamente conscientes de las fuerzas que buscan destruir la inocencia de los jovencitos por medio de la presentación de una visión perversa y secularista de la persona humana y de la sexualidad. Tenemos que proteger a nuestros hijos, nuestras familias y la sociedad de este agresivo ataque, así como luchar contra el mismo.

 

La revista en EEUU para adolescentes Teen Vogue (“Voga Adolescente” – traducción libre) se ha dedicado a pervertirlos. Hace un tiempo esta revista había publicado un artículo en el cual sugería a las adolescentes qué comprarles de regalo a las amiguitas que se habían hecho cometer un aborto [1]. Recientemente, publicó otro artículo en el que informaba a los adolescentes acerca de lo que deben saber sobre la sodomía. Lo único que es más perturbador que el título es el contenido mismo del artículo. De nuevo les pongo sobre aviso acerca del lenguaje utilizado y el tema abordado.

(Impartida el 19 de diciembre de 1979)

 

1. Según los análisis actuales, en la experiencia de la vergüenza, y en particular del pudor sexual, el ser humano experimenta el temor por el propio “yo” ante el “segundo yo” – por ejemplo, la mujer ante el hombre. Por medio del pudor el ser humano manifiesta la necesidad de afirmación y aceptación de su propio “yo”. Lo experimenta dentro de sí mismo y también frente al otro.

 

El pudor es una experiencia compleja porque así como aleja a un ser humano de otro (la mujer del hombre), al mismo tiempo busca su cercanía personal. De hecho, el pudor crea la base de esa cercanía. [Ello se debe a que el pudor al exigir respeto al propio “yo” ante la cercanía de un segundo “yo”, tiene la posibilidad de lograr un mutuo respeto entre los dos “yo” que se acercan, ya sea en el trabajo, en el vecindario o en cualquier otro medio de convivencia humana. Estamos hablando de la interacción entre hombres y mujeres no casados entre sí o entre personas humanas en general. Cuando se da ese mutuo respeto impulsado por el pudor, se crea un ambiente de respetuosa confianza, sinceridad y sencillez. Todo ello es fundamental para la convivencia humana armoniosa y justa.]

 

Por esa misma razón, el pudor tiene un significado fundamental para la formación del ethos en la convivencia humana, especialmente en la relación hombre-mujer. [La palabra “ethos” viene del griego y significa, en el sentido moral, “carácter”, “actitud”, “hábito”, “costumbre” o “virtud”. El ethos se diferencia un poco de la virtud en el sentido de que el ethos incluye el darse cuenta conscientemente del conjunto de valores en el interior de la persona. El ethos es como el “alma” de la vida moral. Para simplificar las cosas, aquí vamos a usar ethos con el significado de percepción y experiencia interior de los valores.] El pudor está profundamente arraigado en las relaciones mutuas, expresa las reglas esenciales de la comunión interpersonal y toca profundamente la soledad original del ser humano.

El Primer Encuentro de la Red Latinoamericana de Sacerdotes y Seminaristas por la Vida, llevado a cabo el 10, 11 y 12 de Julio de 2017, en la Casa de Retiros La Sagrada Familia de Encuentros Conyugales, ubicada en Zaragoza, La Libertad, organizado por Vida Humana Internacional (VHI), la Pastoral Familiar Nacional y Fundación Si a la Vida de El Salvador, organización que está afiliada a VHI, con el apoyo y respaldo de la Conferencia Episcopal de El Salvador, con la participación de sacerdotes y seminaristas de diferentes Diócesis, hemos constatado que la vida y la familia como fuentes de amor y escuela de valores, está siendo atacadas en nuestro país y en todo el mundo. Esto se hace a través de la "cultura de la muerte" imponiendo leyes y programas contra la persona, la familia y la vida, por medio de la contracepción, el aborto, la esterilización, la eutanasia, las uniones del mismo sexo, la violación al derecho legítimo de los padres de educar a sus hijos, el adoctrinamiento en la ideología de “género” concretada en falsos derechos. Asimismo se impulsa desde el extranjero y desde el interior, como medios de aplicación, los programas mal llamados “educación” integral en sexualidad, la “salud sexual y reproductiva”, el mito del “exceso” poblacional, un mal uso del principio de inclusión y no discriminación, la manipulación de la igualdad entre el hombre y la mujer, y los falsos e inexistentes “derechos sexuales y reproductivos”.

(Impartida el 14 de noviembre de 1979)


1. Génesis 2 nos proporciona la creación “definitiva” de la persona humana que consiste en la creación de la unidad de dos seres humanos: uno masculino y el otro femenino. Su unidad indica la identidad de la naturaleza humana, es decir, comparten la misma naturaleza humana. Su dualidad indica la masculinidad y la femineidad del ser humano que se basa en esa identidad.


Esta unidad y esta dualidad tienen una dimensión ontológica, es decir, una dimensión que está relacionada con el ser. [La palabra “ontología” viene del griego (que luego pasa al latín) y está compuesta de “ente” o “ens” (= “ser” en latín) y de “logos” (= “relacionado con”, en griego). La palabra “ontología” es muy cercana a la palabra “metafísica”, pues ambas tienen que ver con el ser de las cosas.]


La unidad y la dualidad hombre-mujer también tienen una dimensión axiológica, es decir, una dimensión relacionada con los valores, lo cual significa que tienen una dimensión moral. [Recordemos que la moral o la ética se fundan en el ser. El fundamento inmediato de la moral es la naturaleza humana (antropología); el fundamento último (el más importante) es Dios (teología y metafísica).] De Génesis 2:18-23 se deduce que el ser humano ha sido creado como un don (un bien, un valor) muy especial para Dios. Ese pasaje corresponde al de Génesis 1:31: “Y vio Dios ser muy bueno cuando había hecho”. Pero también es un don muy especial para el ser humano mismo. Ello se debe a que el ser humano es hombre y mujer. Lo cual, a su vez, implica que el hombre es un don de Dios para la mujer y la mujer es un don de Dios para el hombre. Los dos han sido creados por Dios el uno para el otro.

(Impartida el 21 de noviembre de 1979)


1. Génesis 2:23 (la creación de la mujer y la expresión gozosa de Adán) nos enseña que la femineidad se encuentra y se confirma a sí misma a través de la masculinidad, y la masculinidad a través de la femineidad. El sexo es constitutivo de la persona humana y no sólo un atributo de ella. Es decir, la masculinidad y la femineidad, como ya hemos señalado, son dos modos de ser persona humana, y no sólo dos características no esenciales de ella, como lo serían el color de la piel, el color del pelo, la estatura, etc. El enriquecimiento mutuo, que es fruto de la unidad y de la comunión interpersonal entre el hombre y la mujer, es también un enriquecimiento para toda la historia del ser humano, incluyendo en esa historia la historia de la salvación.


2. Génesis 2:24 (“serán una sola carne”) habla de la unidad que se realiza en el acto conyugal y que, al mismo tiempo, somete toda la humanidad del hombre y la de la mujer a la bendición de la fecundidad.


Ahora bien, el contexto de todo el capítulo en el que se encuentra este pasaje no nos permite tratar el cuerpo masculino y el femenino fuera de la dimensión plena del ser humano ni de la comunión interpersonal. Es cierto que los dos se convierten en “una sola carne” debido a que es un vínculo potente creado por Dios con la fuerza de un misterioso atractivo recíproco que Él mismo ha creado en el cuerpo humano. Pero el sexo, la dualidad hombre-mujer, no es solamente una atracción que obra a través del instinto. Es también la expresión de la superación del límite de la soledad original. Génesis 2:23 nos enseña que cada vez que el hombre y la mujer se unen descubren de nuevo y de modo especial el misterio de su creación, es decir, regresan y redescubren su unidad en una misma humanidad, y redescubren y reafirman su dualidad masculina y femenina. Esto, a su vez, significa revivir el valor original virginal del ser humano, que surge de su soledad original frente a Dios en medio del mundo. Por lo tanto, la superación de esa soledad siempre lleva consigo un asumir la soledad del cuerpo del otro como si fuese propia, como si fuese un segundo “yo”.

Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International


El caso de Charlie Gard tiene graves consecuencias para los derechos de los padres y para la autonomía de la familia. Este ataque contra la familia y la vida se extiende más allá de las fronteras del Reino Unido (RU). Debemos estar muy preocupados.


Para los que no están familiarizados con este caso, Charlie Gard nació en el RU en 2016 con el síndrome del agotamiento mitocondrial. Se trata de una grave enfermedad que lo ha colocado al borde de la muerte. El pasado marzo, los médicos dijeron a sus padres que no había más nada que podían hacer por él. Recomendaron retirarlo del ventilador al cual está conectado y dejarlo morir.


Sin dejarse amedrentar, los padres de Charlie, Chris Gard y Connie Yates, buscaron otras alternativas. Descubrieron que existía un tratamiento experimental que proporcionaba la posibilidad de una cura. Pero el tratamiento es extremadamente costoso y solo se encuentra en EEUU.

(Impartida el 31 de octubre de 1979)


1. Continuamos reflexionando sobre el significado de la soledad original del hombre. Génesis 2:7 dice: “Formó Dios al hombre del polvo de la tierra y sopló en el rostro aliento de vida, y resultó el hombre un ser animado”. La antropología bíblica distingue en el ser humano no tanto el cuerpo y el alma, como el cuerpo y la vida. Dios concede el don de la vida mediante el “soplo”. En otros pasajes de la Biblia vemos que cuando Dios retira Su soplo, el ser humano vuelve al polvo del cual fue sacado (véase: Job 34:14-15 y Salmo 104:29ss). Podemos expresar este lenguaje humilde pero potente de este pasaje en el lenguaje de la antropología filosófica, diciendo que el ser humano está constituido de alma y cuerpo.


La enseñanza de este pasaje de Génesis 2:7 del ser humano creado como ser viviente y la de Génesis 2:5 del ser humano cultivando la tierra, corresponden a la de Génesis 1:28 del hombre y la mujer creados a imagen de Dios. Si unimos estas tres enseñanzas, podemos decir en el lenguaje de los conceptos precisos, que aquí la Biblia nos enseña que la autoconsciencia de la persona humana como ser distinto y superior a los demás seres visibles nace de un comportamiento típicamente humano. Esta autoconsciencia es una intuición típicamente humana del significado del propio cuerpo.

(Impartida el 7 de noviembre de 1979)


1. Génesis 2:18 dice: “No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda semejante a él”. Este pasaje es un preludio al relato de la creación de la mujer. Junto a ese relato, el significado de la soledad original del ser humano entra a formar parte del significado de la unidad original del hombre y la mujer, cuyo punto clave es Génesis 2:24: “Dejará el hombre al padre y a la madre y se unirá a la mujer, y serán los dos una sola carne”. Cristo citó este pasaje cuando se  remitió al “principio” en su discusión con los fariseos. Por consiguiente, tendremos que precisar el significado de esa unidad original que está enraizada en la creación del ser humano como varón y mujer.


Ya hemos visto que Génesis 2 relata primero la creación del hombre y luego la de la mujer, mientras que en Génesis 1 los dos son creados al mismo tiempo. Al hacerlo así, Génesis 2 nos hace pensar primero en ese primer hombre-varón y en como éste descubre su soledad y su subjetividad como ser humano a través de su cuerpo. Ello implica que, si bien el cuerpo humano es masculino o femenino, la corporeidad y la sexualidad no se identifican completamente. El hecho de que el hombre sea cuerpo (y no simplemente que tenga un cuerpo) es algo más profundamente intrínseco a la persona humana que ser varón o mujer. La unidad original se basa en la masculinidad y la femineidad, que son como dos diferentes “encarnaciones” (dos “hacerse cuerpo”) o dos modos diferentes de ser cuerpo del mismo ser humano, creado a imagen de Dios, como dice Génesis 1:27. Una vez más vemos cómo Génesis 1 y Génesis 2 se corresponden y se iluminan mutuamente, bajo la luz de Cristo, en sus diferentes maneras de relatar la creación del ser humano, como varón y mujer.

(Impartida el 10 de octubre de 1979)

 

1. Para seguir comprendiendo el sentido profundo del “principio”, al cual se refirió Cristo en su discusión con los fariseos, debemos reflexionar de nuevo sobre Génesis 2 en un contexto más amplio. Ese contexto más amplio nos permitirá entender una serie de significados de esos pasajes. Uno de esos significados es el de la soledad original del hombre.

 

2. Partimos de Génesis 2:18 donde Dios dice: “No es bueno que el hombre (varón) esté solo, voy a hacerle una ayuda semejante a él”. Recordemos que, en este relato, la creación del hombre ocurre primero y luego la de la mujer. Este primer hombre es llamado primero “Adán” (“humanidad”). Sin embargo, solo después de la creación de la mujer, en Génesis 2:23, es definido como varón (“is”) en relación con la mujer (“issah”). Por consiguiente, la soledad  del primer hombre-varón no consiste meramente de la ausencia de la mujer, sino de una soledad en cuanto a ser humano sin la presencia de otros seres humanos, y no solamente en cuanto a varón sin la presencia de una mujer. Es cierto que no debemos sacar demasiadas conclusiones de un solo pasaje bíblico. Pero el contexto más amplio (el resto de Génesis 2) nos asegura este doble significado de la soledad original del hombre.

 

3. Este problema de la soledad se manifiesta solamente en Génesis 2, no en Génesis 1. El problema de la soledad del primer hombre es un problema antropológico. [Recordemos que la antropología es el estudio del ser humano. En este caso se trata de una antropología bíblica, una antropología según la Palabra de Dios.] Este problema antropológico quiere decir que la soledad del primer hombre se deriva de su propia naturaleza humana. La persona humana es un ser que, por su propia naturaleza, ha sido creado para entrar en relación interpersonal con Dios y los demás (especialmente la relación hombre-mujer). Por lo tanto, la soledad original del hombre es doble: es una soledad en cuanto a ser humano y es una soledad en cuanto a varón.

 

4. Para darnos cuenta de que la soledad original sí incluye la soledad en cuanto a persona humana, debemos observar detenidamente varios puntos importantes en Génesis 2. En Génesis 2:15, la creación del primer hombre está relacionada con la necesidad de “trabajar la tierra”. Esto corresponde con el mandato divino de “dominar la tierra” de Génesis 1:28. El contexto más amplio de “trabajar la tierra” es el “jardín” donde Dios coloca al hombre una vez que lo ha creado (Génesis 2:8). Este jardín simboliza el estado de felicidad original. Luego Dios establece una Alianza con el hombre, simbolizada en la prohibición de comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal so pena de morir (Génesis 2:16-17).

 

Entonces es cuando Dios dice que no es bueno que el hombre esté solo y que le va a hacer una ayuda (Génesis 2:18). A continuación Dios crea los animales, también con polvo de la tierra, y se los presenta al hombre para que éste los nombre (Génesis 2:19-20). Se trata de una especie de “prueba” por medio de la cual el hombre se examina a sí mismo ante Dios. El resultado de ese auto-examen es que el hombre se da cuenta (toma consciencia) de que él es distinto y superior en su ser al resto de los seres vivientes porque “entre todos ellos [los animales] no había ayuda semejante a él” (versículo 20).

 

Al darse cuenta de que no hay ningún ser viviente semejante a él, el hombre se da cuenta (toma consciencia) de que no tiene a ningún otro ser con quien desarrollar una relación interpersonal. Se da cuenta de que está solo.

 

5. También podemos añadir a esta reflexión que, a través de esta experiencia, este primer hombre se encuentra frente a Dios en búsqueda de su propia identidad, de su propia definición. ¿Qué – o mejor dicho – quién soy? El hecho de que está solo, de que no hay nadie más como él, implica que todo lo demás que Dios ha creado expresa lo que él no es.

 

Sin embargo, hay algo de positivo en esta experiencia, hasta ahora negativa. El hombre se da cuenta de que los animales, a pesar de ser distintos e inferiores a él, por ser también seres vivientes que poseen cuerpos, son parte del mismo género próximo al que el hombre pertenece. Según la antropología y la lógica del filósofo antiguo Aristóteles (unos 300 años AC), la definición de la esencia de un ser consiste de su género próximo y de su diferencia específica. En el caso del hombre, su género próximo es el reino animal y su diferencia específica es su racionalidad. El hombre es similar a los animales en que es un ser viviente corporal, pero se distingue y es superior a ellos porque posee la capacidad de pensar y de elegir libremente (racionalidad).

 

6. Por último, podemos añadir que el hombre se va descubriendo a sí mismo a través de observar y conocer al mundo visible que le rodea (animales, plantas, etc.). A través de su interacción con ese mundo visible y, especialmente con los animales, este hombre primitivo de alguna manera se da cuenta de que puede realizar este conocimiento del mundo visible y de sí mismo, precisamente porque tiene la capacidad o facultad de conocer que ningún otro ser tiene. En otras palabras, de un modo primitivo, pero real, el hombre descubre que tiene lo que podemos llamar usando conceptos precisos, unasubjetividad, un mundo interior, que ningún otro ser tiene en ese momento.

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