(Impartida el 10 de septiembre de 1980)


1-2. En la literatura mundial también hay descripciones parecidas a las advertencias de los libros sapienciales contra el adulterio. Por ejemplo, tenemos las Confesiones de San Agustín, la Divina Comedia de Dante y Shakespeare (citado por C.S. Lewis en The Four Loves, Nueva York, 1960, Harcourt, Brace, pág. 28). Una imagen común a esta literatura y a los libros sapienciales es la de comparar la concupiscencia de la carne con el fuego. La concupiscencia es como un ardor que invade la mente y el cuerpo del hombre (o de la mujer) y se apodera de su corazón. Esta pasión desordenada sofoca la voz de la conciencia en lo más profundo del corazón y el sentido de responsabilidad ante Dios. Esta triste realidad es descrita con gran elocuencia en el pasaje de Eclesiástico 23:22-32:


“...el que se abrasa en el fuego de sus apetitos que no se apaga hasta que del todo le consume; el hombre impúdico consigo mismo, que no cesará hasta que su fuego se extinga; el hombre fornicario, a quien todo el pan es dulce, que no se cansará hasta que no muera; el hombre infiel a su propio lecho conyugal, que dice para sí: ‘¿Quién me ve? la oscuridad me cerca y las paredes me ocultan, nadie me ve, ¿qué tengo que temer? El Altísimo no se da cuenta de mis pecados’. Sólo teme los ojos de los hombres. Y no sabe que los ojos del Señor son mil veces más claros que el sol y que ven todos los caminos de los hombres y penetran hasta los lugares más escondidos... Así también la mujer que engaña a su marido y de un extraño le da un heredero”.

Published in Portada Noticias

(Impartida el 3 de septiembre de 1980)

 

1. En Mateo 5:27-28, Cristo solo menciona el Mandamiento 6 “No adulterarás” en el versículo 27. No se dedica a valorarlo, como sí lo hace en su discusión con los fariseos en Mateo 19:3-9, ya que presupone dicha valoración. Lo significativo es lo que dice en la segunda parte de su enunciado: “Pero yo os digo…” (Mateo 5:28). Esta afirmación que sigue es más que una polémica con los doctores de la Tora (la ley en los primeros cinco libros de la Biblia). También es más que una valoración del ethos (el sentido moral) del AT. Se trata de un paso hacia el nuevo ethos. En este contexto, la traducción antigua de este versículo (“ya la ha hecho adúltera en su corazón”) quizás sea mejor que la del texto actual (“ya adulteró con ella en su corazón”). La versión antigua expresa con más precisión el hecho de que se trata de un acto interior y unilateral.

Debemos analizar por qué Cristo cambia la base de este pecado del cuerpo al corazón y si todavía tiene sentido decir que el adulterio es un pecado del cuerpo, como ya hemos señalado en la catequesis anterior. Recordemos que habíamos dicho que el adulterio es la falsificación del signo conyugal, que es la unión en un solo cuerpo de los esposos. 

Published in Portada Noticias

(Impartida el 27 de agosto de 1980)


1. En la catequesis anterior vimos cómo los Profetas tienen un concepto más auténtico del adulterio que la casuística del AT. Por ejemplo, Oseas no solamente utiliza las palabras, sino también una conducta simbólica para denunciar el “adulterio” (la idolatría) de Israel contra Yahvé (ver Oseas 1-3). Dios le dice que tome por esposa a una prostituta y que engendre hijos de prostitución, porque la tierra se prostituye apartándose de Él (ver Oseas 1:2 y también 2:15). El Profeta acepta esta orden como proveniente de Dios (ver Oseas 3:1). Sin embargo, Yahvé no se cansa de buscar a su Esposa y de esperar su conversión y retorno (ver Oseas 2:18, 21-22). Al mismo tiempo, le lanza una seria amenaza de que, si no se convierte, la despojará y la exhibirá desnuda como cuando nació (ver Oseas 2:4-5). 

Published in Portada Noticias

Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International

 

Hace décadas, en ciertos círculos católicos de EEUU surgió una peligrosa teoría moral que se llegó a llamar “el vestido sin costuras” (“the seamless garment”). Esta teoría proponía que todos los temas morales estaban interconectados y tenían el mismo nivel de importancia. De esa manera, por ejemplo, la lucha contra el aborto, la anticoncepción y la eutanasia estaba a la par con la lucha por un mejor sistema de inmigración o de salud y la protección del medio ambiente.

 

Recientemente esta teoría ha resurgido. Debido al peligro que constituye para la Iglesia y su doctrina moral, debemos una vez desenmascarar sus errores.

 

Es verdad que todos los asuntos importantes de moral están interconectados. Ello se debe a que la moral tiene que ver con el bien integral de la persona humana y la persona humana es una unidad de cuerpo y alma, y, por ende, está integrada de varias dimensiones. Sin embargo, un primer error de esta teoría es el no tomar en cuenta que los distintos asuntos morales y los valores implicados en ellos constituyen una jerarquía, en la cual no todos dichos asuntos tienen el mismo nivel de importancia. Nadie podrá negar que la protección de la vida humana inocente sea el primer derecho a defender, ya que el mismo constituye la base y condición para la existencia de todos los demás valores y derechos humanos. En nuestra época el aborto (incluyendo la anticoncepción abortiva) y la eutanasia son los actos criminales que más vidas humanas inocentes destruyen, vidas que ni siquiera en muchos países tienen la protección de la ley ni tampoco el apoyo de los medios seculares de difusión.

Published in Portada Noticias

(Impartida el 20 de agosto de 1980)

 

1. Aunque el Génesis presentaba los matrimonios monógamos de Adán, Set y Noé, como modelos a imitar y parece condenar la bigamia de los descendientes de Caín (ver Génesis 4:19), los Patriarcas, como ya vimos, dieron ejemplos contrarios.

 

Luego, la casuística del AT se tornó muy severa y minuciosa (ver Levítico 20:10-21). Sin embargo, admitía el divorcio (ver Deuteronomio 22:13-21 y 24:1-4), la bigamia (ver Deuteronomio 21:15-17), la poligamia (ver Deuteronomio 17:17) e incluso a las concubinas prisioneras de guerra (ver Deuteronomio 21:10-14) o esclavas (ver Esdras 21:7-11).

 

Es verdad que hacia el final de la historia del Pueblo de Dios en el AT, la práctica que prevalecía era la de la monogamia (ver Eclesiástico 37:11 y Tobías). Sin embargo, no encontramos en el AT ninguna mención explícita de la obligación de la monogamia.

 

Se puede decir que mientras esta legislación combatía el pecado del adulterio, al mismo tiempo mantenía en pie las estructuras sociales de pecado. Cristo vio con claridad la contradicción fundamental entre esta legislación y el plan original de Dios para el matrimonio. Por ello, decidió, en el Sermón de la Montaña, revelar nuevamente el sentido original y pleno de la Ley de Dios sobre el adulterio. 

Published in Portada Noticias

(Impartida el 13 de agosto de 1980)

 

1. La audiencia inmediata de Cristo en su Sermón de la Montaña estaba constituida por  personas que pertenecían al Pueblo de Dios. Los profetas del AT habían condenado reiteradamente las transgresiones de ese pueblo contra la Alianza, es decir, los Diez Mandamientos. Cristo sabía que la Ley era un medio para que sobreabundara la justicia de Dios. El Señor exigía a sus oyentes que la justicia o rectitud de vida que ellos practicaran debía superar a la de los fariseos (ver Mateo 5:20). Porque los fariseos y otros como ellos habían interpretado la Ley de Dios a través de los siglos haciendo concesiones a la concupiscencia (la inclinación al egoísmo y al pecado); particularmente respecto del Mandamiento 6 que prohíbe el adulterio. Esa mala interpretación se había superpuesto a la visión original de Dios. El objetivo de Cristo era transformar el ethos, es decir, los corazones de sus oyentes para que éstos apreciaran los valores que este mandamiento contiene. De esa manera, ellos podrían vivir a plenitud las exigencias de la Ley de Dios (ver otra vez Mateo 5:17). 

Published in Portada Noticias

(Impartida el 6 de agosto de 1980)

 

1. Cuando Jesús discutió con los fariseos acerca del matrimonio, les dijo que “por la dureza de vuestro corazón, os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue así” (Mateo 19:8).

 

En el AT, esta dureza de corazón indicaba la actitud del Pueblo de Israel contraria al plan original de Dios en Génesis 2:24 (“serán una sola carne”). La frase “dureza de corazón” es la traducción de la expresión literal en hebreo “incircuncisión del corazón” (ver Deuteronomio 10:16; Jeremías 4:4 y Eclesiástico 3:26ss). La incircuncisión se refería al paganismo, a la impureza, a estar distante de la Alianza con Dios. La incircuncisióndel corazón se refería a la obstinación indomable de oponerse a Dios.

 

En el NT, el diácono San Esteban utiliza esta frase para acusar a sus oyentes judíos de oponerse a Cristo en Hechos 7:51. Es la única vez que se utiliza esta expresión de manera literal en el NT.

Los traductores de la Septuaginta utilizaron la palabra griega sklerokardia (algo así como “esclerosis o endurecimiento del corazón”), para expresar el término hebreo de “incircuncisión del corazón”.

La frase “incircuncisión del corazón” = “dureza de corazón” es la clave para interpretar toda la legislación de Israel sobre el adulterio y el matrimonio y, por extensión, todas las relaciones entre hombres y mujeres.

 

En Mateo 5:27-28, Cristo acusa a todo el sujeto interior, el corazón, de ser responsable de la deformación de la ley de Dios, particularmente el sexto mandamiento que prohíbe el adulterio. Sin embargo, esta severa advertencia de Jesús, como veremos, no se queda en una mera acusación. 

Published in Portada Noticias

Por el Personal de Human Life International

 

El espiral Essure es un método de esterilización femenina que es fabricado por la compañía alemana Bayer desde 2002. Desde septiembre del presente año (2017), Bayer ha retirado este artefacto en todas partes, excepto en EEUU [1]. El mercado de este nocivo e inmoral producto en EEUU es el más grande. Debido al fracaso de Essure, considere leer la serie de HLI acerca de los muchos y desafortunados efectos colaterales de la esterilización femenina (ahora en español en las oficinas de VHI) [2]. La esterilización directa siempre ha sido condenada por la Iglesia como un acto intrínseca y gravemente malo [3].

 

Essure es un pedazo de metal que se inserta en las trompas de Falopio, que forma tejidos de cicatriz y que de esa manera causa infertilidad en la mujer. Los efectos colaterales pueden ser significativos y muy dolorosos. La propia Bayer alerta acerca de los dolores, el peligro de reacciones alérgicas, la necesidad de cirugía para retirar este dispositivo cuando no permanece colocado y los posibles embarazos ectópicos que pueden ser mortales si no se atienden [4].

 

También las propias usuarias se han quejado, en varios sitios web, de una larga lista de problemas a largo plazo: desde dolor extremo hasta pensamientos suicidas. Erin Brockovich, protectora de consumidores, tiene una parte en su sitio web dedicada a los problemas que las mujeres han experimentado al usar el espiral Essure [5].

 

En 2015, la agencia del gobierno de EEUU que se dedica a la regulación de fármacos y alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) también tuvo que comenzar una investigación luego de recibir quejas acerca de Essure: “Durante varios años anteriores, la FDA ha estado examinando el creciente número de informes acerca de los efectos adversos vinculados al uso de Essure. Entre estos efectos se encuentran: dolor persistente, perforación del útero o de las trompas de Falopio, la migración de este dispositivo al interior del abdomen o de la pelvis, sangrado anormal o irregular y reacciones alérgicas o hipersensibles” [6]. 

Published in Portada Noticias

(Impartida el 30 de julio de 1980)


1. Cuando el hombre se relaciona con la mujer de tal manera que la considera sólo un objeto del que apropiarse y no como un don, se condena a sí mismo a hacerse para ella él también un objeto de apropiación y no un don. Aunque Génesis 3:16 sólo diga directamente que es el hombre el que trata de convertir a la mujer en objeto, indirectamente también está diciendo que lo mismo tiende a hacer la mujer respecto del hombre. Sin embargo, este pasaje sugiere que la mujer experimenta más que el hombre esa objetivación de su persona.


2. Analicemos este último detalle. Génesis 3:16 (“buscarás a tu marido que te dominará”) y la prohibición de Cristo al hombre en Mateo 5:27-28 de mirar a la mujer de manera adúltera coinciden en este aspecto (paralelismo). Habíamos explicado que, según Génesis 2:23-25, Dios le había confiado al hombre el ser custodio de la relación hombre-mujer. Ahora, en Génesis 3:16, después del pecado original, ese encargo de Dios queda ofuscado por la concupiscencia. La deformación que causa la concupiscencia es tal, que en vez de custodiar esa relación, el hombre tiende a convertirla en fuente de dominio. Es cierto, como ya hemos dicho, que la mujer también tiene responsabilidad en esa custodia. Sin embargo, el énfasis y por lo tanto la mayor responsabilidad recae sobre el hombre. 

Published in Portada Noticias

(Impartida el 23 de julio de 1980)


1. El cuerpo humano ha sido creado por Dios con un carácter esponsal. Esto quiere decir que es capaz de comunicar el amor por medio del cual la persona humana se hace don para Dios y los demás, especialmente en el matrimonio. Ello expresa el profundo sentido del ser humano y de su existencia. Este carácter esponsal implica que el cuerpo es expresión del espíritu y ha sido llamado por Dios a existir en comunión con otras personas a imagen de Dios, Eterna Comunión de Personas Divinas.


La concupiscencia de la carne limita y deforma esta manera objetiva de existir del cuerpo. El corazón humano experimenta esa limitación o deformación del significado esponsal del cuerpo, sobre todo en la relación hombre-mujer. El corazón, al experimentar esta deformación, cree erróneamente que el cuerpo humano ya no es expresión del espíritu. El cuerpo humano, como expresión del espíritu, tendía a la comunión interpersonal. Pero ahora tiende a quedarse solamente como objeto de atracción sexual.


2. El cuerpo fue creado por Dios como el substrato (base o fundamento) natural y somático (corporal) de la mutua atracción hombre-mujer. Fue creado para expresar plenamente la llamada de Dios al hombre y a la mujer a la comunión interpersonal a través del cuerpo.


Lamentablemente, después del pecado, esa expresión se debilitó y se ofuscó. El substrato de la sexualidad humana (el cuerpo y sus impulsos) empezó a manifestarse como una fuerza autógena (independiente, con su propia dinámica), limitando la expresión del espíritu y la experiencia de la mutua donación. El cuerpo comienza a resistirse al espíritu, ya de por sí ofuscado. Génesis 3:16 (“buscarás con ardor a tu marido que te dominará”) lo dice bastante claro.


3-4. El cuerpo casi ha perdido la capacidad de expresar el amor como auto-donación. Decimos “casi” porque esa capacidad no ha cesado de penetrar el amor que nace del corazón humano. El significado esponsal del cuerpo no es totalmente extraño al corazón, pero sí está constantemente amenazado por la concupiscencia. El corazón se ha vuelto el lugar de combate entre el amor y la concupiscencia. Mientras más domina la concupiscencia, menos se experimenta el significado esponsal del cuerpo y su capacidad para expresar el amor como don. La concupiscencia afecta la donación sincera de uno mismo al otro de la que nos habla GS 24, como ya explicamos en nuestra primera obra introductoria y el ciclo 1. Tiende a despersonalizar el cuerpo haciéndolo objeto para el otro. Génesis 3:7 y 16 lo indican.


El deseo concupiscente del que habla Cristo en Mateo 5:27-28 aparece en el corazón de muchas formas, no siempre evidentes. A veces ese deseo concupiscente se disfraza de “amor”. Pero eso no quiere decir que debamos desconfiar del corazón, pero sí que debemos tenerlo bajo control.


5. La concupiscencia también hace que el hombre y la mujer duden de que cada uno de ellos ha sido querido por Dios por sí mismo, que cada uno de ellos es un don de Dios. La concupiscencia reduce las relaciones personales entre el hombre y la mujer al cuerpo y a la sexualidad, separando de esas relaciones la subjetividad personal, el interior de la persona. Las relaciones hombre-mujer tienden a ser incapaces de expresar el darse y el acogerse como dones de Dios. La mujer tiende a dejar que su cuerpo se convierta en objeto de dominio y placer para el hombre, y el hombre tiende a ver a la mujer como un objeto de dominio y placer, y no como un sujeto, como una persona.


6. La concupiscencia conduce a la pérdida de la libertad interior del don, a la cual está ligado el significado esponsal del cuerpo. Ello se debe a que el hombre y la mujer han perdido en gran medida la capacidad de autodominio, condición indispensable para ser libres para amar de verdad, es decir, para darse y acogerse como dones de Dios, y no como objetos de dominio y placer egoísta. Precisamente por eso la concupiscencialimita al cuerpo. El cuerpo ya no expresa a plenitud el amor que nace del corazón, del interior de la persona. Por lo tanto, la concupiscencia no es capaz de propiciar la unidad auténtica y personal entre el hombre y la mujer. No une, sino que se adueña, se apropia del otro.


Published in Portada Noticias
<< Inicio < Anterior 1 2 3 Siguiente > Fin >>
Página 1 de 3