(Impartida el 30 de julio de 1980)


1. Cuando el hombre se relaciona con la mujer de tal manera que la considera sólo un objeto del que apropiarse y no como un don, se condena a sí mismo a hacerse para ella él también un objeto de apropiación y no un don. Aunque Génesis 3:16 sólo diga directamente que es el hombre el que trata de convertir a la mujer en objeto, indirectamente también está diciendo que lo mismo tiende a hacer la mujer respecto del hombre. Sin embargo, este pasaje sugiere que la mujer experimenta más que el hombre esa objetivación de su persona.


2. Analicemos este último detalle. Génesis 3:16 (“buscarás a tu marido que te dominará”) y la prohibición de Cristo al hombre en Mateo 5:27-28 de mirar a la mujer de manera adúltera coinciden en este aspecto (paralelismo). Habíamos explicado que, según Génesis 2:23-25, Dios le había confiado al hombre el ser custodio de la relación hombre-mujer. Ahora, en Génesis 3:16, después del pecado original, ese encargo de Dios queda ofuscado por la concupiscencia. La deformación que causa la concupiscencia es tal, que en vez de custodiar esa relación, el hombre tiende a convertirla en fuente de dominio. Es cierto, como ya hemos dicho, que la mujer también tiene responsabilidad en esa custodia. Sin embargo, el énfasis y por lo tanto la mayor responsabilidad recae sobre el hombre. 

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(Impartida el 23 de julio de 1980)


1. El cuerpo humano ha sido creado por Dios con un carácter esponsal. Esto quiere decir que es capaz de comunicar el amor por medio del cual la persona humana se hace don para Dios y los demás, especialmente en el matrimonio. Ello expresa el profundo sentido del ser humano y de su existencia. Este carácter esponsal implica que el cuerpo es expresión del espíritu y ha sido llamado por Dios a existir en comunión con otras personas a imagen de Dios, Eterna Comunión de Personas Divinas.


La concupiscencia de la carne limita y deforma esta manera objetiva de existir del cuerpo. El corazón humano experimenta esa limitación o deformación del significado esponsal del cuerpo, sobre todo en la relación hombre-mujer. El corazón, al experimentar esta deformación, cree erróneamente que el cuerpo humano ya no es expresión del espíritu. El cuerpo humano, como expresión del espíritu, tendía a la comunión interpersonal. Pero ahora tiende a quedarse solamente como objeto de atracción sexual.


2. El cuerpo fue creado por Dios como el substrato (base o fundamento) natural y somático (corporal) de la mutua atracción hombre-mujer. Fue creado para expresar plenamente la llamada de Dios al hombre y a la mujer a la comunión interpersonal a través del cuerpo.


Lamentablemente, después del pecado, esa expresión se debilitó y se ofuscó. El substrato de la sexualidad humana (el cuerpo y sus impulsos) empezó a manifestarse como una fuerza autógena (independiente, con su propia dinámica), limitando la expresión del espíritu y la experiencia de la mutua donación. El cuerpo comienza a resistirse al espíritu, ya de por sí ofuscado. Génesis 3:16 (“buscarás con ardor a tu marido que te dominará”) lo dice bastante claro.


3-4. El cuerpo casi ha perdido la capacidad de expresar el amor como auto-donación. Decimos “casi” porque esa capacidad no ha cesado de penetrar el amor que nace del corazón humano. El significado esponsal del cuerpo no es totalmente extraño al corazón, pero sí está constantemente amenazado por la concupiscencia. El corazón se ha vuelto el lugar de combate entre el amor y la concupiscencia. Mientras más domina la concupiscencia, menos se experimenta el significado esponsal del cuerpo y su capacidad para expresar el amor como don. La concupiscencia afecta la donación sincera de uno mismo al otro de la que nos habla GS 24, como ya explicamos en nuestra primera obra introductoria y el ciclo 1. Tiende a despersonalizar el cuerpo haciéndolo objeto para el otro. Génesis 3:7 y 16 lo indican.


El deseo concupiscente del que habla Cristo en Mateo 5:27-28 aparece en el corazón de muchas formas, no siempre evidentes. A veces ese deseo concupiscente se disfraza de “amor”. Pero eso no quiere decir que debamos desconfiar del corazón, pero sí que debemos tenerlo bajo control.


5. La concupiscencia también hace que el hombre y la mujer duden de que cada uno de ellos ha sido querido por Dios por sí mismo, que cada uno de ellos es un don de Dios. La concupiscencia reduce las relaciones personales entre el hombre y la mujer al cuerpo y a la sexualidad, separando de esas relaciones la subjetividad personal, el interior de la persona. Las relaciones hombre-mujer tienden a ser incapaces de expresar el darse y el acogerse como dones de Dios. La mujer tiende a dejar que su cuerpo se convierta en objeto de dominio y placer para el hombre, y el hombre tiende a ver a la mujer como un objeto de dominio y placer, y no como un sujeto, como una persona.


6. La concupiscencia conduce a la pérdida de la libertad interior del don, a la cual está ligado el significado esponsal del cuerpo. Ello se debe a que el hombre y la mujer han perdido en gran medida la capacidad de autodominio, condición indispensable para ser libres para amar de verdad, es decir, para darse y acogerse como dones de Dios, y no como objetos de dominio y placer egoísta. Precisamente por eso la concupiscencialimita al cuerpo. El cuerpo ya no expresa a plenitud el amor que nace del corazón, del interior de la persona. Por lo tanto, la concupiscencia no es capaz de propiciar la unidad auténtica y personal entre el hombre y la mujer. No une, sino que se adueña, se apropia del otro.


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Lic. Marlene Gilette, Esq.
Coordinadora del Programa VHI-OEA
Vida Humana Internacional

 

Con el tema “Fortaleciendo el diálogo y la concertación para la prosperidad”, los Estados Miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA) llevaron a cabo su 47 Asamblea General (AG) en Cancún, México, desde el lunes 19 hasta el miércoles 21 de junio de 2017 [1]. El objetivo principal de esta AG fue llegar a una serie de acuerdos para promover la aceptación de la perversa ideología de “género”, para presuntamente lograr el bienestar nacional y regional. Sin embargo, la ideología de “género” incluye una serie de medidas anti-vida y anti-familia, como el acceso al aborto y la eliminación de la familia natural fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer.

 

El asunto que se destacó en esta Asamblea General de la OEA fue que los Estados Miembros aparentaron haber aceptado como un hecho el que un acuerdo unánime sobre los derechos humanos fundamentales no es posible. Ello a su vez implica que es “necesario” llegar a un consenso negociado, para que el continente de Las Américas pueda sobrevivir.  Esta mentalidad echa por la borda el carácter objetivo de los derechos humanos fundamentales y los relega al nivel de consensos políticos. Está claro, por mencionar un solo ejemplo, que esa mentalidad destruye el fundamento del derecho a la vida de los concebidos, derecho que trasciende las distintas concepciones políticas y culturales. 

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(Impartida el 25 de junio de 1980)

1. La raíz de la vergüenza, que revela la concupiscencia que se manifiesta implícitamente en Génesis 3:16, no se encuentra en el cuerpo. La consciencia del hombre y la mujer le echan la culpa al cuerpo de su insaciabilidad y de su distorsión del significado esponsal y original del cuerpo humano. Pero la culpa no la tiene el cuerpo, si bien la concupiscencia se manifiesta en él. La culpa la tiene el espíritu. Nos referimos al espíritu humano, al alma. El hombre y la mujer tomaron la decisión consciente de “querer ser como dioses” (Génesis 3:5), de arrebatarle el lugar a Dios. Evidentemente eso fue un pecado espiritual, en el que la voluntad y el intelecto, las dos potencias del alma, fueron los protagonistas. Ese pecado original causó una contraposición entre el alma y el cuerpo. Debido a que el alma ya no se somete al Espíritu Dios, el cuerpo tampoco se somete al alma como lo hacía espontáneamente en la época de la inocencia original.


Sin embargo, no todo está perdido. La contraposición a la que nos hemos referido no es total, sino parcial. Irónicamente, la vergüenza, que surgió después del pecado original y al mismo tiempo es testigo de él, viene a ayudar al hombre y a la mujer en esta nueva situación. La vergüenza revela la presencia de la concupiscencia, pero al mismo tiempo ayuda a prevenir sus consecuencias. La vergüenza es una experiencia desagradable. Pero precisamente ese desagrado, ese sentirse mal, es una poderosa indicación de que algo anda muy mal, de que se ha perdido algo muy valioso debido al pecado. Ese algo muy valioso es el significado esponsal del cuerpo y todo lo que ello implica. Por consiguiente, gracias a la vergüenza, convertida en pudor, el hombre y la mujer se sienten impulsados continuamente a redescubrir y proteger ese significado, así como a intentar vivirlo.

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(Impartida el 18 de junio de 1980)

1.  Ya hemos visto cómo Génesis 3 describe con precisión la vergüenza. Este fenómeno tiene una dimensión aún más profunda. Por ello, debemos volver a examinar este capítulo 3 completo, y no sólo los versículos 7, 10 y 11, como hicimos antes.

En Génesis 3:16, vemos cómo se rompe el diálogo entre Dios y el hombre y la mujer, y se convierte en un monólogo. Dios le dice a la mujer: “Multiplicaré los trabajos de tus embarazos. Parirás con dolor los hijos. Buscarás con ardor a tu marido, que te dominará”.

2. Este versículo tiene un carácter de perspectiva. Es decir, se refiere a las consecuencias que surgen, junto con la vergüenza, del pecado original y que se manifestarán a lo largo de la historia. No implica para nada una infravaloración de la mujer. Sin embargo, sí indica que lamentablemente la mujer se sentirá que no adquiere una unidad plena con su esposo, como lo indica Génesis 2:24 (“serán una sola carne”).

3. Las palabras “Buscarás con ardor a tu marido, que te dominará” no se refieren solamente a la unión conyugal del hombre y la mujer. Se refieren también al conjunto de todas las relaciones interpersonales en el matrimonio. Indican una pérdida fundamental de la original comunidad-comunión de las personas. Se trata de una pérdida de la felicidad entre el hombre y la mujer que tenía lugar como resultado de una sencilla y pura unión entre ellos, es decir, de la recíproca experiencia del donarse el uno al otro y de la subordinación de esa unión al don de la fecundidad.

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(Impartida el 4 de junio de 1980)

1-2. La vergüenza original confirma que el pecado original dañó profundamente esa capacidad original del hombre y la mujer de comunicarse recíprocamente a sí mismos a través de sus cuerpos. De esa capacidad hablaba Génesis 2:25 al afirmar que ambos estaban desnudos pero no sentían vergüenza.


3. Génesis 3:7 (“se dieron cuenta que estaban desnudos”, etc.) indica la vergüenza y el daño que causó el pecado original en la relación hombre-mujer. Ese daño consiste en la puesta en duda de la función original del cuerpo como substratum o fundamento unificador entre el hombre y la mujer. Desapareció esa sencilla, pura y directa comunión entre ellos. De improviso, aparece en sus conciencias un umbral infranqueable que limita la original donación de mutua. Ahora son incapaces de confiarse plenamente el uno al otro. Sigue existiendo la atracción mutua y la comunión interpersonal. Pero ahora el daño es tan profundo que esa atracción y comunión entre los sexos queda profundamente marcada por la sospecha, la duda y a veces hasta la contraposición o el antagonismo. El significado original y esponsal del cuerpo tiende a reducirse a la sola sexualidad y ésta a su vez tiende a reducirse al solo instinto. Ese daño afecta no solo al hombre y a la mujer en el matrimonio, sino también la comunión interpersonal entre los hombres y las mujeres en general y entre las personas en general.

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Viernes, 20 de Octubre de 2017 19:26

El mensaje de Fátima, la familia y la falta de pudor

Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International

 

Hace exactamente 100 años, el sol danzó en Portugal. Hoy en día, usted podrá leer lo que dicen ateos como Richard Dawkins que desestiman el milagro de Fátima como si fuese un acto de “histeria colectiva”. Lo más probable, sin embargo, es que no se enterará de nada al respecto. Y en caso de que los medios digan algo, es muy posible que solo cuenten lo que les conviene.

 

Y, sin embargo, el hecho histórico está claro. El sol danzó en la campiña de Fátima. Unas 70 mil personas vieron el milagro. Los diarios seculares informaron al respecto. Los periodistas escépticos de aquel entonces que estaban presentes afirmaron lo que para ellos era algo imposible: el sol danzó.

 

No hay nada ni remotamente parecido a este milagro en la historia moderna. En Fátima, Nuestra Señora transmitió un mensaje urgente para el mundo y utilizó medios extraordinarios para captar nuestra atención. Y cuando aun así la gente no acató el mensaje, las terribles consecuencias que ella había vaticinado tuvieron lugar: otra guerra mundial, persecuciones, el aniquilamiento de naciones enteras y la difusión de los errores de Rusia (el comunismo).

 

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Viernes, 20 de Octubre de 2017 19:25

Catequesis 28: El cuerpo rebelde al espíritu

(Impartida el 28 de mayo de 1980)

 

1. La vergüenza cósmica, que hemos mencionado al final de la catequesis anterior, da lugar a la vergüenza en la humanidad misma. Esa vergüenza es causada por el desorden íntimo en la imagen de Dios, tanto en el “yo” de la persona (vergüenza inmanente), como en la relación interpersonal (vergüenza relativa o en la relación), sobre todo entre el hombre y la mujer. Se trata de una vergüenza recíproca, que los obliga a ocultar su propio cuerpo, a apartar de la vista del hombre lo que constituye el signo visible de la femineidad, y de la vista de la mujer lo que constituye el signo visible de la masculinidad (ver Génesis 3:7).

 

2. La vergüenza inmanente es la más significativa de las dos. Indica una ruptura de la  unidad original entre el alma y el cuerpo, así como entre el ser humano y el Espíritu de Dios. El cuerpo se resiste a someterse al espíritu humano (el alma), y el espíritu humano siente el “jalón” del cuerpo y por ello se resiste a someterse al Espíritu de Dios. Es la contradicción que el “hombre histórico” va a sentir durante toda su vida. San Pablo lo expresa con mucha elocuencia diciendo: “Porque me deleito en la ley de Dios según el hombre interior, pero siento otra ley en mis miembros a la cual le repugna la ley de mi mente” (Romanos 7:22-23).

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Viernes, 20 de Octubre de 2017 19:21

Catequesis 27: La desnudez original y la vergüenza

(Impartida el 14 de mayo de 1980)

1. La vergüenza es síntoma del status naturae lapsae [que en latín significa “estado de naturaleza caída”]. Esta vergüenza se desarrolla en un miedo ante Dios, miedo antes desconocido. Génesis 3:8-10 dice: “Oyeron a Yahvé Dios, que se paseaba por el jardín al fresco del día, y se escondieron de Yahvé Dios el hombre y su mujer, en medio de la arboleda del jardín. Llamó Yahvé Dios al hombre, diciendo: ¿Dónde estás? Y éste contestó: Te he oído en el jardín, y temeroso porque estaba desnudo, me escondí”.

En realidad, el primer hombre esconde la raíz misma de su miedo y su vergüenza. Esa raíz no es su desnudez, sino su pecado. Por eso, Dios se lo recuerda: “¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol de que te prohibí comer?” (Génesis 3: 11).

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Desde hace mucho tiempo el aborto ha sido ilegal en Bolivia, excepto, lamentablemente, en casos de violación, incesto y la “salud” de la madre. Pero este recién 28 de septiembre, que la ONU mal llama el Día Internacional del Aborto “Seguro”, la Cámara de Diputados despenalizó el aborto de manera encubierta. El proyecto de ley altera el Código Penal de Bolivia, cambiando el Artículo 153, que es clave, para favorecer el aborto. Sin embargo, es importante constatar que en el país andino, al menos por ahora, el aborto sigue siendo una ofensa criminal. Para que los abortistas tengan éxito, el proyecto de ley tiene que ser aprobado por la Cámara del Senado y finalmente tendría que ser firmado por el Presidente de la República. Aclaremos que a estas dos cámaras del parlamento boliviano se las conoce colectivamente como la Asamblea Plurinacional Legislativa de Bolivia.

 

Este monstruoso proyecto de ley de la Asamblea viola los Artículos 15, 16, 48 y 60 de la Constitución de Bolivia, así como otras leyes del país, como la Ley General para Personas con Incapacidades (Artículo 6), el Código Penal de las Familias (Artículo 28) y el Código Penal de las Adolescentes (Artículos 5, 6 y 24), y otros más.

 

Además, los legisladores que aprobaron el proyecto son representantes del gobierno que tienen vínculos con organizaciones no gubernamentales (ONGs) abortistas que tienen mucho dinero, como CIES (la afiliada local del gigante internacional abortista Federación Internacional de Planificación de la Familia – IPPF, por sus siglas en inglés), Marie Stopes International, IPAS, el Comité de CEDAW (que es una convención de la ONU), NiUna Less, ONU Mujeres, UNFPA (el organismo más abortista de la ONU, su Fondo de Población, es decir, el que se dedica a reducir la población de los países en desarrollo por medio del aborto), etc. Estas agencias, poderosas en dinero e influencia política, engañan y desinforman a los bolivianos acerca de la verdad en torno al aborto. 

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