ELIGE SUB-SECCIONES en "Cultura de la Muerte"

La tríada diabólica y la educación sexual

Viernes, 24 de Mayo de 2013 16:13

Consecuencias físicas y psicológicas del aborto

Brian Clowes, PhD
Director de Capacitación Provida
Human Life International
www.hli.org

 

La información que sigue ha sido tomada, con la debida autorización, del capítulo 1, preguntas 19-23, de la traducción al español del libro “The Facts of Life” (“Cosas de la vida”) de Brian Clowes, PhD, Director de Capacitación Provida de Human Life International (HLI), organización de la cual Vida Humana Internacional (VHI) es la sección hispana. La versión en inglés más actualizada se encuentra en el “HLI Pro-Life CD Library”, que también contiene una inmensa cantidad de información provida en otras publicaciones (todas ellas también en inglés). Este fabuloso instrumento educativo está a la venta a solamente $14.95 en las oficinas de VHI. La versión en español se encuentra a la venta en línea en formato PDF a solamente $5 en el portal de VHI.

 


 

19) ¿Cuáles son los peligros físicos más comunes de los abortos quirúrgicos?

 

Introducción

 

Es interesante observar que los abortistas exageraron los riesgos físicos del aborto ilegal con fines políticos, y ahora subestiman y encubren los peligros del aborto “legal” por la misma razón.

 

Warren Hern, uno de los abortistas más prolíficos de EEUU ha admitido que “en la práctica clínica, hay pocos procedimientos quirúrgicos a los que se preste menos atención y donde se subestimen tanto los posibles peligros como en el aborto... Se suele pensar que las complicaciones son inevitables”[1].

 

A pesar de lo que Hern y otros abortistas han revelado, muchas organizaciones abortistas - incluyendo a la Federación de Paternidad Planificada de EEUU, la Liga Nacional de Acción por los Derechos Reproductivos y de Aborto (NARRAL) y la Federación Nacional de Aborto (NAF) - hacen circular brillantes “folletos informativos” pretendiendo “mostrar” que el aborto es enormemente “seguro” para la madre, tanto física como mentalmente.

 

Estos grupos no mencionan que sus “folletos informativos” sólo incluyen cálculos muy conservadores de aquellos daños que ocurren durante o inmediatamente después del aborto en países con una medicina muy moderna. Generalmente se refieren a estos daños como complicaciones “intra-operatorias”. Los “folletos informativos” proaborto también pasan por alto los problemas que ocurren desde que la mujer abandona el centro de aborto, y no mencionan los problemas secundarios que pudieran ocasionar, como embarazos ectópicos y grave daño cerebral y del sistema nervioso debido a los “percances anestésicos”.

 

Algunos de los peligros físicos más comunes del aborto son:[2]

 

Muerte. Hasta 100 mujeres mueren actualmente por abortos legales en los Estados Unidos cada año. Sin embargo, la gran mayoría de estas muertes no figuran como causadas por el aborto. Por el contrario, los forenses las atribuyen a otras causas, como “septicemia”, “percance anestésico” o “gangrena espontánea de los ovarios”.

 

Perforación de útero. Entre un dos y un tres por ciento de las mujeres que se han sometido a un aborto sufren perforación de útero. La mayoría de las perforaciones que se originan en los abortos del primer trimestre quedan sin diagnosticar y pueden ocasionar problemas que podrían requerir una histerectomía u otra una cirugía correctiva seria, lo que en sí implica complicaciones físicas y psicológicas. Las perforaciones producidas en los abortos del último trimestre son más frecuentes y son siempre de naturaleza grave.

 

Laceraciones cervicales. Las laceraciones cervicales que requieren sutura se producen en aproximadamente un uno por ciento de todos los abortos del primer trimestre. Los daños cervicales menos graves y no diagnosticados podrían resultar en una incapacidad cervical posterior, alumbramiento prematuro y complicaciones en el parto. El daño cervical y la cicatrización del endometrio por el aborto también podrían aumentar el riesgo de un desarrollo placentario anormal en embarazos posteriores, incrementando así el riesgo de malformaciones.

 

Cáncer de mama. Como se detalla en la Pregunta 20, el riesgo de cáncer es más del doble después de un aborto, y aumenta más con abortos posteriores.

 

Cáncer cervical, de ovarios y de hígado. Aquellas mujeres que se han sometido a un aborto tienen más del doble de riesgo de desarrollar cáncer cervical, de ovarios o de hígado, y las mujeres con más de un aborto cuadriplican el riesgo.

 

Placenta previa. La placenta previa consiste en una superposición de la placenta sobre el cérvix, causando una grave hemorragia durante el parto. El aborto aumenta el riesgo de este cuadro clínico por un factor de 700 a 1.500 por ciento. La placenta previa también aumenta el riesgo de una malformación fetal posterior y de muerte perinatal.

 

Embarazos ectópicos. El aborto está relacionado con el aumento de los embarazos ectópicos en embarazos posteriores, lo cual puede significar una grave amenaza para la futura fecundidad de la madre e incluso para su vida. Los abortistas también pueden someter a un aborto a una madre que presente un embarazo ectópico, y al estar éste fuera del útero, el embarazo anómalo continúa y pone en peligro su vida.

 

Enfermedad Pélvica Inflamatoria (EPI). La EPI puede poner en peligro la vida de la madre y puede llevar a una esterilidad posterior y a un mayor riesgo de embarazos ectópicos. Un veinticinco por ciento de las madres que padecen clamidia [la enfermedad venérea más común en las mujeres] a la hora de someterse al aborto, desarrollarán EPI, y un cinco por ciento de aquellas mujeres que no tienen clamidia en ese momento, desarrollarán la EPI.

 

Endometritis. La endometritis es la inflamación del endometrio (la membrana mucosa que recubre al útero). El aborto aumenta el riesgo de una endometritis, especialmente en las adolescentes.

 

Hay dos razones primordiales por las que los datos aportados sobre la tasa de daños por abortos legales son inferiores a los reales.

 

1- Los centros de abortos no requieren legalmente una licencia, y la mayoría de estados (entre ellos California, Nueva York, Texas y Florida, que representan el 40% de todos los abortos realizados en los Estados Unidos) no exigen registrar los daños relacionados con los abortos. Esto permite que muchas muertes y daños descubiertos después de que la mujer deja el centro de abortos puedan atribuirse a otras causas. Por ello, en muchos estados cualquier tasa de morbilidad y mortalidad por abortos legales tendrá que ser una estimación y, por lo tanto, una suposición.

 

2- Pocas mujeres regresan al centro de abortos cuando tienen complicaciones. Menos del 40% de las mujeres que requieren una atención de emergencia después del aborto regresan al centro abortista, sino que acuden a su propio ginecólogo o a una sala de urgencias cuando empiezan a sufrir las secuelas del aborto tales como infecciones[3]. Un agravante es el hecho de que sólo un 30% a 40% de las mujeres que se han sometido a un aborto regresan al centro de abortos para su seguimiento (aunque se le requiera hacerlo), por lo que muchos daños pasan desapercibidos hasta que causan problemas graves[4].

 

20) ¿Cuál es la conexión entre el cáncer de mama y el aborto?

 

El mecanismo clásico de aborto-cáncer de mama

 

El cáncer parece iniciarse en células mamarias inmaduras e indiferenciadas, que son aquéllas que aún no se han especializado. Estas células proliferan en el primer trimestre de embarazo estimuladas por el alto grado de la hormona estrogénica femenina. En la segunda mitad del embarazo, estos tejidos crecen bajo la influencia del lactógeno placentario humano y de otras hormonas, y se diferencian rápidamente hacia tejido lactógeno especializado, que es menos susceptible de malignizarse que las células indiferenciadas.

 

Este proceso se corta si la madre aborta provocadamente, pero no espontáneamente

 

Algunos estudios muestran que los abortos espontáneos no parecen aumentar el riesgo de cáncer de mama, posiblemente porque un aborto espontáneo es un proceso natural que dura varios días, mientras que el aborto provocado es una interrupción brusca del embarazo que no permite a las hormonas corporales ajustarse adecuadamente.

 

Aumento en el riesgo de cáncer de mama

 

A finales de 1998, 25 de los 31 estudios epidemiológicos internacionales y 11 de los 12 realizados en EEUU demuestran una relación entre el cáncer de mama y el aborto[5]. La comunidad médica está empezando a dar mayor credibilidad a la posibilidad de una conexión entre ambos, a pesar de las airadas protestas de los grupos pro-abortistas.

 

La relación aborto-cáncer de mama se ha sospechado desde alrededor de 1970, pero como la metodología para el estudio de tal relación no ha sido desarrollada hasta ahora, los estudios anteriores han dado, comprensiblemente, resultados diversos. La mayoría han mostrado un aumento en el riesgo, un par de ellos no han mostrado relación estadísticamente significativa, y algunos han mostrado incluso un leve descenso en el riesgo de cáncer de mama entre mujeres que han abortado. Sin embargo, una revisión atenta de los estudios revela que las investigaciones más extensas y rigurosas - y las realizadas por organizaciones sin un interés personal en la industria del aborto – revelan una indudable conexión entre el aborto y el cáncer de mama.

 

Un estudio de 1994 publicado en el Journal of the National Cancer Institute (Boletín del Instituto Nacional del Cáncer) llegó a la conclusión de que si una mujer aborta su primer embarazo, aumenta un 50 por ciento sus probabilidades de desarrollar cáncer de mama antes de cumplir los 45 años de edad. Considerando que cerca del 10 por ciento de las mujeres contraen cáncer de mama y que 1,6 millones de mujeres se someten a abortos quirúrgicos en los Estados Unidos cada año, esto significaría que, a la larga, el aborto causa 80.000 casos “extra” de cáncer de mama cada año[6].

 

Un estudio anterior descubrió que si una mujer aborta su primer hijo después de la edad de 30 años, sus posibilidades de desarrollar cáncer de mama aumentarían un 110 por ciento. Si su aborto ha sido antes de los 18 años, el riesgo aumenta un 150 por ciento[7]. Los resultados de estos estudios fueron confirmados por una encuesta realizada en 1993 a mujeres afroamericanas. Las mujeres que abortaron en cualquier momento de sus vidas tuvieron un 180% más riesgo de contraer cáncer de mama a los 40 años, y un 370% más riesgo a la edad de 50 años[8].

 

¿Sabrá algún día la población la verdad?

 

Los resultados del conjunto de estudios sobre la relación aborto-cáncer de mama se están haciendo más y más concluyentes, y es sólo cuestión de tiempo que se llegue a demostrar una conexión definitiva. La comunidad médica por fin está empezando a reconocer que existe de hecho una relación.

 

Sin embargo, los pro-abortistas niegan rotundamente dicha conexión ni siquiera teóricamente, aunque no haya manera de demostrar su conclusión.

 

Esta reacción es muy interesante, considerando que los progresistas y los medios de comunicación inmediatamente dan la voz de alarma ante cualquier posible causa de cáncer, por muy débil que sea la suposición. Esto ha sucedido repetidamente con sustancias químicas, los campos electromagnéticos, la sacarina, los teléfonos móviles, el cloro y los asbestos, por citar sólo algunos.

 

Sólo un estudio neutral continuado demostrará o refutará en última instancia la supuesta conexión aborto-cáncer de mama.

 

21) ¿Cuáles son los problemas psicológicos más comunes que el aborto causa a las madres?

 

Definición del Síndrome Post-Aborto (SPA)

 

Un alto porcentaje de mujeres que se han sometido a uno o más abortos quirúrgicos ilegales o legales dicen sufrir uno o más síntomas psicológicos que se parecen a aquellos sufridos por las víctimas del trastorno de estrés post-traumático (PTSD). Los psicólogos y defensores de la vida denominan a este grupo de síntomas “síndrome post-aborto” o SPA.

 

¿Existe el SPA?

 

A menudo, los pro-abortistas se limitan a negar que las mujeres tengan algún síntoma como resultado de un aborto. Por ejemplo, la Federación de Planificación Familiar Estados Unidos (PPFA) ha declarado que [“el Síndrome Post-aborto”] es un fenómeno inexistente [divulgado por] los extremistas que están en contra de la planificación familiar... las respuestas emocionales a los abortos legales provocados son, en su mayoría, positivas”[9]. Otros pro-abortistas, a pesar de la evidencia de lo contrario, sólo insisten en que no existe absolutamente ningún impacto psicológico causado por el aborto y afirman que el SPA es un “mito”[10].

Sus declaraciones fueron respaldadas en enero de 1989 cuando el entonces Director General de Salud Pública, C. Everett Koop, informó sobre los impactos físicos y psicológicos del aborto. Su informe, encargado por el Gobierno de Reagan, concluyó que  no había suficiente información en ese momento sobre los efectos patológicos del aborto como para poder llegar a una conclusión sobre el tema.

 

Los portavoces de los pro-abortistas y los medios de comunicación inmediatamente tergiversaron las conclusiones del informe. Mientras que dicho informe señalaba que las pruebas sobre el SPA eran “inconcluyentes” o “insuficientes”, los medios de comunicación afirmaron, en cambio, que el informe “no encontró pruebas”.

 

El Dr. Koop enfurecido por este engaño y manipulación dijo a un entrevistador que “En lugar de decir que la ‘Dirección Nacional de Salud Pública no había encontrado pruebas suficientes para emitir un informe científica y estadísticamente correcto e irrefutable', la Asociación de Prensa dijo que 'No pudieron encontrar pruebas’. Yo sé que existen efectos perniciosos [causados por el aborto]. En los últimos quince años he estado orientando a mujeres con este problema. No existe ninguna duda de ello”[11].

 

Muchos líderes pro-abortistas admitieron la existencia de un trauma psicológico causado por el aborto aún antes de legalizarlo. En 1960, la Dra. Mary Calderone, fundadora del Consejo de Educación e Información Sexual de los Estados Unidos (SIECUS), dijo que “Aparte del hecho de que el aborto es quitar una vida, soy  consciente de lo que han descubierto nuestros psicólogos: que en casi todos los casos, el aborto, tanto legal como ilegal, es una experiencia traumática que puede tener graves consecuencias más adelante”[12].

 

Treinta años más tarde, The Journal of Social Issues (Boletín de Temas Sociales) confirmó esta conclusión al señalar que: “No hay prácticamente ningún desacuerdo entre los investigadores de que algunas mujeres experimentan reacciones psicológicas negativas post-aborto”[13].

 

A la luz de esta unanimidad, es extremadamente inmoral, inhumano y típicamente irresponsable por parte de los pro-abortistas insistir alegremente en que el problema no existe.

 

El estrés causado por el aborto

 

En 1986, J. Lawrence Jamieson y Martin H. Stein del Hospital Dominion y del Centro Psiquiátrico “Sleepy Hollow” en Falls Church, Virginia, Estados Unidos, elaboraron una magnífica escala de estrés causada por varios acontecimientos en la vida de las mujeres estadounidenses. Esta “escala del estrés”, denominada "Escala de Estrés Personal Holmes”, clasificaba todos los acontecimientos que pudieran surgir en la vida de una mujer.

 

El aborto estaba clasificado como noveno en esta escala, detrás de acontecimientos tales como violación, suicidio del cónyuge o novio, divorcio, abuso sexual o muerte de un padre, y por encima del embarazo, temor a la guerra nuclear, ruptura con el novio y no ser admitida a la universidad”[14].

 

Otros estudios y encuestas han confirmado que el aborto constantemente obtiene las puntuaciones más altas de la escala como acontecimiento vital que causa niveles enormemente altos de angustia emocional. Una encuesta Gallup de 1992 mostró que de todos los acontecimientos que pudieran hacer a una persona sentirse “mal consigo misma”, el 67% de las mujeres y el 55% de los hombres encuestados en el grupo de edad entre 18 y 29 años respondieron que haberse sometido a un aborto o participar en uno sería lo primero de la lista[15].

 

El impacto psicológico del aborto

 

Se han realizado más de 400 estudios sobre los efectos psicológicos del aborto en las últimas dos décadas. Los descubrimientos de estos estudios varían desde aquellos que afirman que muy pocas mujeres sufren por causa del aborto hasta aquellos que afirman que todas las mujeres sufren hasta cierto punto.

 

Un análisis exhaustivo de 239 artículos sobre los efectos psicológicos del aborto mostró que aquellos informes con un mayor número de errores metodológicos (tal como una muestra demasiada pequeña) solían arrojar porcentajes más bajos de mujeres que sufren por causa del aborto, y que los estudios más rigurosos daban porcentajes más altos.

 

Las variaciones del estrés psicológico indicadas por estos estudios oscila entre un 6% y más de 80% de las mujeres que habían abortado[16].

 

Hay muchas razones por las que es muy difícil precisar los porcentajes exactos. La mayoría de mujeres se avergüenzan de sus abortos y se sienten culpables porque creen que el aborto representa un fracaso de algún tipo. Básicamente, la mayoría de mujeres también piensan que el aborto es malo (casi dos tercios de todas las mujeres que se someten a un aborto dan números de teléfono falsos en los centros donde han abortado). Por otro lado, más de la mitad de todas las mujeres que se han sometido a abortos ocultan este hecho en el momento de realizar encuestas, incluso anónimas[17].

 

Como vimos antes, hay una gran cantidad de pruebas contradictorias sobre el SPA. Por lo tanto, aunque existen pocas dudas de que la mayoría de las mujeres sufren emocionalmente después de un aborto, hay pocas pruebas sólidas sobre los porcentajes exactos de mujeres que sufren este trauma. Esto se debe a varios factores, principalmente el rechazo de las mujeres a participar en estudios sobre los impactos psicológicos del aborto, y su resistencia a dar respuestas precisas por diversas razones.

 

Sin embargo, tal vez se puedan tomar como punto de partida las cifras dadas por Paternidad Planificada,  ya que Paternidad Planificada dirige la cadena de centros de aborto más grande de los Estados Unidos y es lógico que traten de proteger sus fuentes de ingresos.

 

Paternidad Planificada admite que “la mujer puede tener una serie de emociones después de un aborto (pena, depresión, cólera, culpa, alivio, etc.)”[18].

 

Categorías de mujeres que corren grave riesgo de sufrir trauma psicológico postaborto

 

Aunque hay desacuerdo sobre los porcentajes de mujeres que sufren trauma psicológico, la mayoría de los investigadores están de acuerdo en que ciertos factores aumentan la probabilidad de trauma. Paternidad Planificada afirma que cerca del 5% de todas las mujeres que abortan sufrirán alteraciones psiquiátricas graves, y que otras categorías de mujeres corren un grave riesgo[19]. Estas categorías son:

n  Mujeres con sentimientos ambivalentes (según los pro-abortistas, el aborto es una “decisión difícil” para casi todas las mujeres, así que casi todas las mujeres que han abortado deberían estar en esta categoría);

 

n  Mujeres que han sido presionadas para abortar de parte de novios, esposos, padres, profesores o “consejeros” que se benefician con el aborto: una encuesta del Instituto Alan Guttmacher de 1988 mostró que prácticamente todas las mujeres están bajo una o más fuentes externas o internas de presión para abortar (“Mis padres quieren que aborte”, “No quiero que otros sepan que tenía relaciones sexuales pre-matrimoniales”, “mi novio me obligó”, etc.)[20]. Más del 80% de las mujeres que han abortado en EEUU son solteras, por lo tanto se sienten presionadas a abortar por una serie de factores (ver Capítulo 13);

 

n  Mujeres que abortan por malformaciones fetales (la mentalidad anti-vida ha convencido a muchas mujeres y hombres de que no pueden sacar adelante a un niño discapacitado);

 

n  Abortos en el segundo trimestre (los abortos en el segundo y tercer trimestre representan el 10 por ciento de todos los abortos en los Estados Unidos);

 

n  Mujeres que abortan debido a un fallo en su método anticonceptivo (éste es un punto particularmente importante, ya que un sorprendentemente un 58 por ciento de todas las mujeres que abortan en EEUU usaban un método anticonceptivo en el momento de la concepción). Ver Capítulo 13 para más detalles;

 

n  Adolescentes, debido a su inmadurez y posible incapacidad de entender todas las consecuencias de sus decisiones. Las adolescentes representan cerca del 25% de todo los en EEUU (ver el Capítulo 13).

 

A juzgar por las categorías de alto riesgo que acabamos de mencionar, prácticamente cada mujer que se somete a un aborto en EEUU corre el riesgo de sufrir un trauma psicológico posterior. Muchas mujeres (como las adolescentes solteras cuyo método anticonceptivo falló) podrían entrar en tres o más categorías de alto riesgo.

 

A pesar de estos riesgos obvios para la salud mental de la mujer, todos los principales grupos pro-abortistas continúan luchando contra cualquier intento de promulgar leyes que permitan a las mujeres tener más tiempo o información para reconsiderar su decisión de abortar, tales como períodos de espera de 24 horas, orientación obligatoria e incluso impresos oficiales de consentimiento donde se señalen los riesgos físicos y psicológicos del aborto. Esto demuestra que estas organizaciones son tan partidarias del aborto que no les importa la salud de la mujer en absoluto, sino únicamente que tengan siempre la posibilidad de abortar.

 

Comparación entre las mujeres que abortan y las que no

 

Debido a la naturaleza del material de estudio, es muy difícil demostrar que un determinado  número de mujeres sufren una secuela psicológica concreta debido al aborto. Sin embargo, incluso con una muestra de estudio de tamaño medio, podemos hacer comparaciones científicas válidas entre los grupos de mujeres que abortan y aquellas que no.

 

n  Las mujeres que abortan tienen más problemas psicológicos que las mujeres que llevan su embarazo a término, y se puede esperar que éstas necesiten ayuda psiquiátrica hasta ocho veces más frecuentemente que aquellas que no abortan[21].

 

n  El 20% de las mujeres que abortan consideran el suicidio en algún momento, comparado con el 12 por ciento de las mujeres que no abortan[22].

 

n  Un 25% de las mujeres que abortan ingieren alcohol en gran cantidad, comparado con un octavo de las mujeres en general[23].

 

n  Un estudio del Dr. David Reardon de 1994 descubrió que las mujeres que abortan presentan un conjunto de síntomas psicológicos con mayor frecuencia que aquellas mujeres que no abortan. Estos síntomas incluyen escenas retrospectivas (flashbacks) (63%); intentos de suicidio (28%); ataques de histeria (51%); pérdida de la auto-confianza y auto-estima (82%); trastornos alimenticios como la anorexia o la bulimia (39%); uso ilegal de drogas (41%); y frigidez (pérdida del placer durante la relación sexual) (59%)[24].

 

¿Por qué las mujeres no expresan más su dolor por el aborto?

 

Es un principio de la psicoterapia que no es sano “guardarse” las emociones. No hay duda de que la mayoría de mujeres que se han sometido a un aborto se sienten avergonzadas de su decisión y piensan que deben guardar secreto[25].

 

Esto no es sorprendente si observamos la actitud actual de la sociedad occidental. ¿Cómo puede una mujer compartir sus sentimientos negativos o de duelo por haberse quitado un “pedazo de tejido” que es moralmente equivalente (según los pro-abortistas) a “pedazos de uñas” o “verrugas”? Al fin y al cabo, las mujeres no hacen duelo por sacarse el apéndice. Cuando no se puede hablar sobre el aborto de un hijo y ni siquiera reconocerlo; cuando no puede hablar con su novio o marido, con sus amigos o compañeros de trabajo; cuando todos le dicen que “ha hecho lo mejor que podía hacer”, una mujer que se ha sometido a un aborto vive totalmente sola con sus sentimientos.

 

Sus amigos le podrán decir “anímate”, pues sólo era un “montón de tejidos” que se ha quitado de encima. Y cuando una mujer no puede admitir o reconocer haber matado a su propio hijo y siente que no tiene “permiso” para hacer duelo, sus emociones reprimidas podrían tener muchas consecuencias más adelante.

Y así, la conspiración del silencio se cobra otra víctima.

 

El papel de la Asociación Psiquiátrica de EEUU

 

En cualquier discusión prolongada sobre el SPA surge inevitablemente una  secuencia de acciones particularmente curiosas de la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos (APA).

 

En 1987, la APA clasificó el aborto como un estresor psicosocial en su Manual Estadístico y de Diagnóstico de Desórdenes Mentales - III- Revisado (DSM-III-R). Esto significa que el aborto puede causar un trastorno de estrés post-traumático (PTSD). La APA no mencionó específicamente el SPA en su DSM-III-R 1987, pero muchas mujeres que se han sometido a un aborto cumplen todos los criterios clasificados como PTSD en ese documento.

Parece ser que a la APA le preocupó mucho que los defensores de la vida pudieran establecer paralelismos entre el SPA y el PTSD “tradicional”, ya que la APA apoya totalmente el aborto.

 

Por lo tanto, la APA encontró la salida fácil: eliminó de su DSM-IV de 1994 cualquier referencia a los abortos provocados, abortos espontáneos, niños y cirugía de cualquier tipo. La APA incluso llegó hasta redefinir completamente las categorías de estresores psicosociales que causan trauma mental (es decir, problemas asociados con la economía, la familia, los juicios, la educación, el acceso a los seguros de salud, etc.). La APA parece haber hecho esto para que resulte más difícil categorizar el aborto como estresor.

 

La pregunta obvia que surge es: ¿Por qué la APA considera al aborto como un estresor psicológico en 1987 y no lo hace en 1994? Este cambio ciertamente no se debió a los descubrimientos de los nuevos estudios médicos sobre el SPA, ya que durante ese período no se realizó ninguna investigación concluyente.

 

La única explicación lógica es que la APA no podía continuar respaldando algo que está reconocido como causante de graves trastornos psicológicos. Por ello, tomó la salida fácil. La APA simplemente eliminó de su DSM-IV toda evidencia de trauma psicológico causado por el aborto, “borrando” el problema de su conciencia profesional.

 

22) ¿Cuáles son los problemas psicológicos más comunes que el aborto causa en el padre?

 

La decisión Danforth

 

El Tribunal Supremo de EEUU dictaminó sobre los derechos de los padres respecto al aborto en su decisión del 7 de julio de 1976: Planificación Familiar de Missouri Central contra Danforth. En este caso, James Bopp del Comité Nacional del Derecho a Vivir (NRLC) representó a Erin Andrew Conn de Elkhart, Indiana, que consiguió una orden del juzgado, en junio de 1988, para impedir que abortara su esposa, Jennifer, embarazada de seis semanas. Ella desacató la orden del juez y abortó con la ayuda de la Unión de Libertad Civil de Estados Unidos (ACLU). Su abogado, Richard A. Waples de la ACLU de Indiana, apuntó en documentos legales que “ella hizo lo que tenía que hacer para proteger tanto su salud física como emocional”.

 

Este documento hizo ver que Jennifer Conn estaba entre la espada y la pared, y que el aborto era su única salida. Sin embargo, para los pro-abortistas todos los abortos son “casos extremos”. ¿Por qué necesitaba abortar Jennifer Conn para “proteger tanto su salud física como emocional”? Documentos del juzgado demuestran que abortó porque pensaba realizar un viaje y ¡quería verse bien en su nuevo bañador![26]

 

Entre otras conclusiones, el Tribunal Supremo sentenció que el mero hecho de  informar a un esposo o padre de cualquier requisito sobre el aborto de una esposa o de una menor es inconstitucional.

 

Esta decisión despojaba a los padres de cualquier derecho legal para proteger a sus propios hijos. Por lo tanto, el padre tiene menos derecho a proteger a su propio hijo, que las asistentes sociales abortistas a preparar su muerte, los abortistas a matarlo o el Estado a declarar que la menor oposición por parte del padre es inconstitucional y punible. La relación del padre con su propio hijo se considera mucho menos importante que su relación con una propiedad, por decir, un equipo de música para el automóvil.

 

Por otro lado, la decisión Danforth reforzó la “paternidad obligatoria” para aquellos hombres que no querían tener un hijo. En resumen, un padre literalmente no tiene voz ni voto en la decisión de tener o no un hijo. Y esta desigualdad flagrante e hiriente es ignorada por las mismas feministas que demandan igualdad para ellas mismas.

 

El caso Conn contra Conn fue el primer caso puro de “derechos del padre” llevado al Tribunal Supremo de EEUU, y demostró contundentemente que los padres no tienen ningún derecho sobre sus propios hijos no nacidos.

 

Impacto en los padres y en las relaciones

 

Según una encuesta a nivel nacional, más de la mitad de todos los padres – incluyendo hombres casados – ni siquiera se enteran de que sus hijos han sido abortados[27].

 

Mientras que las feministas piden un control total sobre la decisión de abortar, ignoran cruelmente los sentimientos y necesidades de los hombres, a quienes se  excluye del proceso con fría determinación. Y mientras ellas piden que los hombres sean más “sensibles” y “cariñosos”, ordenan que los hombres no puedan opinar acerca de la vida o muerte de su hijo.

 

La reacción de Louise Tyrer, vicepresidenta de asuntos médicos de la Federación de Planificación Familiar, es típica de la absoluta crueldad que los pro-abortistas muestran hacia cualquier derecho que no sea el propio: “No interesa cuánto griten y chillen los hombres que se les excluye [de la decisión del aborto]. Hay algunas cosas que nunca van a poder experimentar totalmente. Pues, peor para ellos”[28]. Marjorie Reiley Maguire y Daniel C. Maguire, miembros del grupo anti-religioso ‘Católicas’ por el Derecho a Decidir, aconsejan que “Tampoco es [el aborto] una cuestión de derechos masculinos. No tienes obligación moral de consultarle o tener en cuenta su deseo de que continúes tu embarazo”[29].

 

Esta cruel hipocresía sólo puede llevar a la ira y al dolor por parte de los hombres y, en consecuencia, a una tremenda tensión en las relaciones.

 

El investigador Arthur Shostak entrevistó a 1.000 hombres en las salas de espera de los centros de aborto mientras que sus esposas o novias abortaban. Shostak analizó y comparó las respuestas a sus preguntas sobre sus sentimientos y concluyó lo siguiente:

 

n  42% de los novios habían ofrecido casarse con la chica;

 

n  25% de aquellos que no ofrecieron casarse, ofrecieron apoyo económico para el hijo;

 

n  La mayoría de los hombres, sin tener en cuenta sus sentimientos sobre el aborto, ofrecieron pagar el coste de la “operación”;

 

n  39% de los hombres creían que la vida empezaba en el momento de la concepción o cuando el sistema nervioso empezaba a funcionar; y

 

n  26% pensaba que el aborto era “asesinar a un niño”.

 

Como era de esperar, el estudio de Shostak descubrió una gran gama de emociones entre los hombres. Les preocupaba la salud de las mujeres, se sentían culpables por el aborto o el embarazo, dudaban de sí mismos, y también sentían angustia y dolor por la pérdida de sus hijos y por toda la “experiencia” del aborto[30].

 

Así como el nacimiento de un hijo no es un asunto trivial para una mujer, el aborto tampoco es un asunto trivial para los hombres. El psicólogo de la Universidad de Maryland, Arnold Medvene, señala que “El aborto es una de las experiencias de muerte más importantes que sufren los hombres. Saca a relucir sentimientos, memorias y asuntos muy primarios e importantes”[31].

 

Cuando a los hombres se les excluye deliberada y sistemáticamente de una decisión tan importante, ellos (como hombres) tienen que hacer algo para aliviar su frustración. Los estudios clínicos han mostrado que los hombres sienten ira cuando intencionadamente se les omite de una decisión importante que implica a su propia familia; y se sienten engañados y manipulados. El hombre podrá no mostrar su ira en el momento del aborto, pero eventualmente la expresará por medio  del “enganche” o asociación, un proceso por el que reacciona de manera violenta a una situación que él asocia con el aborto[32]. Es decir, podrá tener emociones fuertes cuando vea a un niño de la misma edad que su hijo abortado, o cuando vea a una mujer embarazada. Este tipo de reacción es bastante similar a la de las mujeres que sufren el síndrome post-aborto (SPA).

 

Sin embargo, la reacción más corriente del hombre a un aborto realizado en contra de su voluntad es dejar a su esposa o novia. Un estudio demostró que tres cuartas partes de las relaciones entre parejas casadas y no casadas se terminaban dentro del primer mes después de haberse realizado un aborto[33].  Como es de suponer, los grupos feministas se oponen enérgicamente a que los hombres corten las relaciones sin tener en cuenta a la mujer, mientras que apoyan totalmente el “derecho” de las mujeres a matar a sus propios hijos en gestación sin tener en cuenta a los hombres.

 

23) ¿Qué organizaciones ayudan a hombres y mujeres que sufren las secuelas del aborto?

 

Hay más de cien organizaciones provida, locales, nacionales y en todo el mundo, que están dedicadas a ofrecer apoyo psicológico a hombres y mujeres afectados por el aborto. Además del apoyo directo, estas instituciones también realizan investigaciones sobre el Síndrome Post-aborto y llevan a juicio a las clínicas abortistas que causan daños físicos o psicológicos a las mujeres. En el portal de VHI (www.vidahumana.org) en la sección “Instituciones y grupos de apoyo” se encuentra una lista de varias de esas organizaciones: http://vidahumana.org/organizaciones-afiliadas

 



[1] Warren Herrn. Abortion Practice. Philadelphia: J.B. Lippincott Company 1990, p. 101, 103.

[2] La información contenida en esta sección se extrajo de dos excelentes resúmenes de investigaciones actuales sobre las complicaciones físicas y psicológicas causadas por los abortos legales. Se recomiendan a cualquier persona que vaya a realizar una investigación a fondo sobre este tema. (1) David C. Reardon. Abortion Malpractice. Life Dynamics, PO Box 2226, Denton, Texas 76202, teléfono (817) 380 8800, FAX (817) 380 8700. (2) Thomas Strahan. Principales Libros y Artículos Referentes a los Efectos Perjudiciales del Aborto.  Rutherford Institute, PO Box 7482, Charlottesville, Virginia 22906-7482. Teléfono: (804) 978 3880.

[3] Schonberg, “Embarazos Ectópicos y Abortos de Primer Trimestre”. Ob. Gyn. 49 (1S): 73S-75S, Enero 1977.

[4] Major & Cozzarelli. “Predictores Psicosociales de Adaptación al Aborto” Journal of Social Issues 48(3):121-142 (1992).

[5] Dr. Joel Brind, Profesor de Biología y Endocrinología del Baruch College de la City University de Nueva York. “Abortion and Breast Cancer: Additional Evidence of Link Somehow not Appearing in Published Studies” (Aborto y Cáncer de mama: Más pruebas de su relación que, curiosamente, no aparecen en los estudios publicados). National Right to Life News, Noviembre 1998.

[6] Janet Daling, M.D. “Riesgo de Cáncer de Mama en Mujeres Jóvenes: Relación con el Aborto Inducido”. Journal of the National Cancer Institute, 2 Noviembre 1994.

[7] H.L. Howe, et. al. “Aborto Prematuro y Riesgo de Cáncer de Mama en Mujeres Menores de 40 años”. International Journal of Epidemiology, Febrero 1989, pp. 300-304. M.C Pike. “Uso de Anticonceptivos Orales y Aborto Prematuro como Factores de Riesgo para Cáncer de Mama en Mujeres Jóvenes”. British Journal of Cancer 43:72 (1981).

[8] “Factores para el Cáncer de Mama en Mujeres Afroamericanas: La Experiencia según los Registros de Tumores de la Universidad de Howard”. Journal of the National Medical Association, Diciembre 1993.

[9] “Folleto informativo” de Paternidad Responsable, descrito en el libro de Keith J. Finnegan “Síndrome Post-aborto: Una Crisis Emergente”. Boletín de la Asociación Estadounidense de la Familia, Agosto 1988, pp. 4-6.

[10] Ver por ejemplo N. Stotland “El Mito del Síndrome Post-Aborto” Boletín de la Asociación Médica de Estados Unidos, 268, 2078 (1992).

[11] Dr. C. Everett Koop. Entrevista con el Instituto Rutherford, primavera de 1989. También en The Abortion Injury Report (una publicación de la Coalición de Derechos de Estados Unidos, PO Box 487, Chattanooga, Tennessee 37401). Primavera de 1990, p 2.

[12] Dra. Mary Calderone. “Abortos ilegales como un problema de salud pública”. American Journal of Public Health (Boletín estadounidense sobre Salud Pública) Volumen 50, Número 7, p. 951 (1960).

[13] G. Wilmouth. “Aborto, Política de Salud Pública, y Legislación del Informe de Consentimiento” Journal of Social Issues (Boletín de Asuntos Sociales), 48, 3, p. 5 (1992).

[14] J. Lawrence Jamieson, Ph.D y Martin H. Stein, M.D “La Escala de Estrés Personal Holmes”. Este estudio aparece en The Oregonian, 28 Diciembre 1986.

[15] “La Maldición de la Auto-Estima” Newsweek, 17 Febrero, 1992. También ver en la carta escrita por John Leonardi titulada “Aborto y “Auto-Estima””. ALL About Issues, Septiembre/Octubre 1992, p. 6.

[16] V. Rue, A. Speckhard, J. Rogers y W. Franz. “Las Secuelas Psicológicas del Aborto: Un Libro Blanco” Presentado a la Oficina de la Dirección General de Salud Pública, Departamento de Salud y Servicios Humanos, Washington, D.C., 1987. También remitirse a E. Posavac y T. Miller. “Algunos Problemas Causados por carecer de base conceptual para la Investigación de la Salud: Una Ilustración de los Estudios sobre los Efectos Psicológicos del Aborto” Psicology and Health, 5, 12 - 13. También ver Dagg. “ Las secuelas psicológicas del aborto terapéutico - Negado y Terminado” American Journal of Psychiatry, 148:5 (Mayo 1991), Tabla 2.

[17] Centro de Estudios Epidemiológicos , Escala de Depresión, Medidas Psicológicas Aplicadas, 1993. C. Everett Koop, 9 Enero, 1989. Carta al Presidente Ronald Reagan sobre los riesgos para la salud del aborto provocado.  En Impacto Médico y Psicológico del Aborto (Washington, D.C, U.S Government Printing Office), pp. 68-71.

[18] Federación de Planificación Familiar de Estados Unidos. “Efectos Emocionales del Aborto Provocado”  Fact Sheet, Nueva York, NY, 1993.

[19] Ibíd.

[20] Aída Torres y Jacqueline Darroch Forrest. “¿Por qué las Mujeres Abortan?” Family Planning Perspectives, Julio/Agosto 1988, pp. 169-176.

[21] Badgely, et. al. Informe del Comité sobre la Puesta en Práctica de la Ley del Aborto. Ottawa: Oferta y Servicios, 1977, pp. 313-321.

[22] Louis Harris & Associates. “La Salud de la Mujer Estadounidense” The Commonwealth Fund, Cuadro 418, p. 451, 20 Abril 1993.

[23] Ibíd.

[24] “Reacciones Psicológicas Registradas después del Aborto”. The Post-Abortion Review, Otoño 1994, pp. 4-8.

[25] Véase otra vez la fuente indicada en la nota 17.

[26] In re Unborn Baby H., No 84C01 8804JP185, slip option at 1-2 (Vigo County, Indiana Circuit Court, April 8, 1988). También ver “Mujer Desafía a la Corte, Padre, Aborta hijo”  Washington Times, 15 Abril 1988.

[27] Marie Shelton. “Resultados de Encuesta: El aborto causa culpa y arrepentimiento.” Sacramento Bee, 19 Marzo 1989, p.A7.

[28] Citado en John Leo. “Compartiendo el dolor del aborto.” Time Magazine, 26 septiembre 1983, p.78. Para más información sobre el papel que desempeña el hombre en el aborto, ver el libro por Arthur Shostak, Gary McLouth y Lynn Seng. “El Hombre y El Aborto: Lecciones, Pérdidas y Amor”. Praeger publishers, 1984.

[29] Marjorie Reiley Maguire y Daniel C. Maguire. “El Aborto: Una Guía para Tomar Decisiones Eticas.” ‘Catholics’ for Free Choice, Septiembre 1983.

[30] Arthur B. Shostak. “Una mirada al aborto como paternidad: Hombres sentados en la sala de espera como [ex] futuros padres.” Presentado a la Sociedad Sociológica del Este en la reunión de Filadelfia, Pennsylvania, en Marzo de 1985, p.4.

[31] Tamar Jacoby. “¿Acaso el hombre no tiene voto?” Newsweek Magazine, 23 mayo 1988, pp. 74-75.

[32] Jane Steinhauser, M.D. “El impacto del aborto en el padre de familia y las relaciones familiares.” Presentado en una conferencia titulada “Misiones de Sanación II,  Segundo Congreso Nacional sobre Orientación Post-aborto”, en la Universidad de Notre Dame, el 20 de julio de 1987.

[33] Vincent M. Rue, Ph.D. “Padres Olvidados: El hombre y el Aborto.” Life cycle books, PO box 792, Lewiston , New York 14092 - 1792. 1986, $1.00.

Enlaces en Inglés:  Pro Life Movement and other Links

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