Cuándo comienza la vida



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Viernes, 08 de Abril de 2011 19:33

El maravilloso desarrollo del ser humano en el seno materno

1) ¿Por qué es necesario tratar más detalladamente las primeras etapas de la vida del embrión humano?

En el primer capítulo de nuestra obra anterior Vale la pena vivir, abordamos el tema de la maravilla de la vida humana en el seno materno. Sin embargo, no tratamos lo suficientemente el comienzo de la vida del ser humano y su desarrollo en las primeras etapas de su existencia, es decir, desde su concepción hasta su implantación en el útero de su madre.


 

En este libro, queremos tratar este tema en más detalle. La razón de ello, como veremos en los siguientes capítulos, es que, desde hace algunos años, los ataques contra la vida humana en sus primeras etapas de existencia se han incrementado como nunca antes, particularmente en el mundo hispano. Incluso, el movimiento antivida pretende re-definir el comienzo del embarazo y, por consiguiente, el de la vida del ser humano, diciendo que éste ocurre en la implantación del nuevo ser humano en el útero de su madre, en vez de la concepción.

Esta estrategia, como veremos más adelante en el próximo capítulo, es la que emplea el movimiento antivida para no llamarle “aborto” al efecto anti-implantatorio de la píldora “del día siguiente” (PDS) o “del día después” (PDD), así como a otros métodos abortivos. De esa manera, el movimiento abortista promueve dichos métodos en los países donde todavía el aborto es ilegal, como es el caso de la mayoría de los países del mundo hispano.

Es necesario, por consiguiente, abordar el comienzo y el desarrollo de la vida del ser humano en sus primeras etapas de existencia con todo el rigor científico que se requiere, sin descuidar, al mismo tiempo, que el lenguaje utilizado sea asequible a todos. Al respecto, es importante señalar que los datos científicos que vamos a aportar sobre este tema no son nuestras opiniones, sino la explicación, con un lenguaje más simple, de lo que constituye el consenso de las más prestigiosas fuentes de la embriología humana del mundo contemporáneo. En el próximo capítulo, en la respuesta a la pregunta 5, presentamos una lista de 20 de esas fuentes, las cuales el lector podrá consultar a su conveniencia.

2) ¿Cuándo comienza la vida humana?

Hablando estrictamente desde el punto de vista científico, la pregunta “¿cuándo comienza la vida humana?”, no está bien formulada. La pregunta correcta es “¿cuándo comienza la vida del ser humano”? Ahora bien, para responder a esta segunda y auténtica pregunta, vamos a repasar algunos datos científicos acerca del comienzo de la vida de un nuevo ser humano.

Todo organismo vivo tiene una calidad específica y un número específico de cromosomas, que distingue a cada miembro de una especie de las demás especies [1]. Los cromosomas son estructuras parecidas a hilos, que se encuentran en cada núcleo de cada célula y que portan los genes. Los genes son las unidades básicas que, a su vez, contienen los rasgos hereditarios de ese organismo vivo [2]. En el caso de los seres humanos, cada célula somática, es decir, cada célula del cuerpo, contiene 46 cromosomas [1].

Sin embargo, también hay unas células humanas que solamente tienen 23 cromosomas. Esas células son los espermatozoides del hombre. Los espermatozoides son células germinales ya maduras [3]. Se les llama “germinales”, porque tienen la capacidad de hacer “germinar”, o dicho más correctamente, de engendrar a un nuevo ser humano, como explicaremos más abajo.

La mujer también tiene unas células germinales, que cuando ya han madurado se llaman ovocitos [3]. Los ovocitos, a diferencia de los espermatozoides, tienen 46 cromosomas [3]. Sin embargo, como veremos en breve, llega un momento en que el número de cromosomas del ovocito se reduce a la mitad, quedándose también en 23, al igual que los espermatozoides.

Las células germinales primitivas del hombre y de la mujer, respectivamente, pasan por un proceso de maduración que se llamagametogénesis. La gametogénesis es, pues, el proceso de “génesis”, es decir, de surgimiento, o más exactamente, de maduraciónde las células germinales primitivas del hombre y la mujer, respectivamente, y cuyo resultado es la formación de unas células germinales ya maduras [3], que se llaman gametos [4]. El gameto masculino se llama precisamente espermatozoide y el gameto femenino se llama ovocito.

Cuando el espermatozoide y el ovocito se unen, es decir, cuando se da lo que normalmente llamamos “concepción”, pero cuyo nombre más exacto es fertilización, ocurre algo muy radical desde la perspectiva biológica. En el acto conyugal, el esposo deposita en la esposa unos 300 millones de espermatozoides, pero sólo uno llega a las trompas de Falopio de la esposa [5]. Si en ese momento se encuentra con un ovocito, que ha sido previamente liberado por uno de los dos ovarios de la esposa [6], entonces el espermatozoide lo fecunda o fertiliza, para dar comienzo a la existencia de un nuevo ser humano, el cual, en esa primerísima etapa, está compuesto de una sola célula y se llama cigoto [3,7]. En ese mismo proceso de la fertilización es cuando el ovocito pierde 23 de sus cromosomas y se queda con los otros 23, que al unirse a los 23 del espermatozoide completan los 46 característicos de la especie humana [1].

Vamos a precisar más aún lo que hemos dicho. Los gametos (el espermatozoide del padre y el ovocito de la madre) dejan de ser lo que eran, para unirse y dar comienzo a la existencia de un nuevo y único ser humano viviente, que tiene los 46 cromosomas que lo identifican como un miembro de la especie humana. Antes de la fertilización, cada uno de los gametos, el espermatozoide y el ovocito, eran simplemente células que poseían vida humana, es decir, eran células humanas vivas. Pero, a partir de ese singular evento de la fertilización, es decir, de la unión del espermatozoide y del ovocito en una de las dos trompas de Falopio de la madre [5], ya no tenemos simplemente una “vida humana”, sino un nuevo ser humano viviente, radicalmente distinto, desde el punto de vista biológico, del espermatozoide y del ovocito. Al respecto, los especialistas en embriología humana Moore y Persaud nos enseñan lo siguiente: “El cigoto es la célula que resulta de la unión de un ovocito y un espermatozoide. El cigoto es el comienzo de un nuevo ser humano (es decir, el embrión)” [7].

Por ello es que comenzamos la respuesta a la pregunta formulada arriba de “¿cuándo comienza la vida humana?” reformulando dicha pregunta en “¿cuándo comienza la vida del ser humano?” Y la respuesta a esta segunda y auténtica pregunta es que la vida del ser humano usualmente comienza en la concepción, o más exactamente aún, en la fertilización, es decir, en la unión del espermatozoide y del ovocito.

La razón por la cual decimos que la vida del ser humano usualmente comienza en la fertilización, es porque, aunque en la inmensa mayoría de los casos es ahí donde comienza la vida del ser humano, hay casos excepcionales, como la gemelación (cuando surgen los gemelos), donde la vida del ser humano comienza de otra manera. De ello trataremos más adelante. Pero el asunto fundamental aquí es que la fertilización es definitivamente el momento en que comienza la vida de la mayoría de los seres humanos y que tanto éstos, como aquellos cuya vida comenzó de otra manera, portan los 46 cromosomas que los identifican como miembros de la especie humana.

A continuación, vamos a profundizar más aún nuestro entendimiento del carácter único del nuevo ser humano que surge a partir de la fertilización.

3) ¿Qué ocurre en la fertilización e inmediatamente después?

La fertilización es un proceso que comienza cuando un espermatozoide hace contacto con un ovocito, y termina cuando los cromosomas maternos y paternos se mezclan, dando como resultado una célula que se llama cigoto. El cigoto ya es un ser humano viviente, que tiene los 46 cromosomas que distinguen a los miembros de la especie humana de cualquier otra especie [7,8].

Inmediatamente después de completada la fertilización, el cigoto produce proteínas (los constituyentes esenciales de todas las células vivas) y enzimas específicamente humanas [9]. Las enzimas son “proteínas que actúan como catalíticos en reacciones químicas vitales” [10]. Una vez completada la fertilización, el cigoto comienza a dirigir genéticamente su propio crecimiento y desarrollo; y no su madre [11].

Esto último demuestra una vez más que el nuevo ser humano es un organismo biológica e individualmente vivo, distinto de la madre e intrínsecamente independiente de ella (aunque no externamente, claro, como lo son también los niños pequeños). Es un miembro único e irrepetible de la especie humana. No se trata de una “una vida humana potencial”, sino de un ser humano con mucho potencial (si lo dejan seguir viviendo). El especialista en embriología humana, William Larsen, haciéndose eco de sus muchos otros colegas, lo expresa certeramente diciendo: “Comenzamos nuestra descripción del ser humano en desarrollo con la formación y la diferenciación de las células sexuales masculinas y femeninas o gametos, las cuales se unirán en la fertilización, para iniciar el desarrollo embrionario de un nuevo individuo” [12].

Por otro lado, el espermatozoide y el ovocito, separadamente, no pueden convertirse, por sí mismos, en seres humanos. De hecho, en el caso del ovocito, si éste no es fecundado por el espermatozoide, sólo vive un promedio de doce horas [5] y los demás espermatozoides que no lograron fecundar al ovocito mueren en menos de 72 horas [13]. Además, tanto el ovocito como el espermatozoide solamente producen proteínas y enzimas propias de los gametos. Tampoco dirigen su propio crecimiento y desarrollo. En fin, no son individuos, es decir, no son miembros de la especie humana; sino sólo partes de un ser humano [1]. De nuevo, los gametos poseen vida humana, porque pertenecen a un ser humano; mientras que el cigoto es ya un ser humano.

Hay otros elementos de capital importancia que debemos señalar en relación con la fertilización. Pero los vamos a dejar para cuando respondamos a las objeciones que se han presentado contra el carácter de ser humano del embrión.

4) ¿Cuáles son las otras etapas del desarrollo del embrión humano?

Al hablar de las otras etapas importantes en el desarrollo del embrión humano, debemos aclarar que el término científico deembrión es el que usualmente se utiliza, para referirse al ser humano desde la fertilización hasta el final de la octava semana de la gestación. A partir del comienzo de la novena semana hasta el parto, el término científico que usualmente se usa para referirse al ser humano no nacido es el de feto [14].

Sin embargo, a pesar de que usualmente se le llama “embrión” al ser humano desde la fertilización hasta el final de la octava semana, también se utilizan otros términos científicos para referirse a ciertas etapas importantes del desarrollo del ser humano durante su fase embrionaria. Como ya hemos señalado, se le llama cigoto al ser humano en la primerísima etapa de su vida, es decir, en su mismo comienzo, cuando está constituido por una sola célula, apenas completada la fertilización y como resultado de ella [7].

Una vez que surge el cigoto, éste no se convierte en otra cosa, sino que simplemente continúa creciendo y desarrollándose. De hecho, comienza un proceso que se llama mitosis. Este proceso es el de la división celular. Es decir, el cigoto se divide en dos células, luego en tres y luego en cuatro –y a partir de ahí se divide en múltiplos de dos: seis, ocho, diez, etc. [15]. A los cuatro días de concebido, cuando el embrión ya tiene doce células, se le llama mórula [16].

De cinco a siete días de concebido, el embrión recibe el nombre científico de blastocisto [16]. Durante esos días, el embrión, que ha estado moviéndose a través de la trompa de Falopio donde fue concebido, llega y se implanta en el útero de su madre, donde permanecerá, creciendo y desarrollándose, hasta que nazca [14]. Es interesante y maravilloso constatar que, antes de su implantación, el embrión le envía señales hormonales al endometrio (que es la membrana que cubre el útero) [17], para indicarle que se prepare para la implantación y el endometrio le responde también hormonalmente [18]. Es como si el embrión le dijera a su madre: “¡Ya estoy aquí! ¡Por favor, prepárame una cunita!” Y la madre le responde: “¡Ven, hijito (o hijita), y acomódate aquí!”.

Las hormonas son “sustancias químicas naturales del cuerpo que producen o estimulan la actividad de un órgano” [19]. Por ejemplo, la progesterona, que es una hormona segregada por los ovarios de la mujer [20], tiene por finalidad preparar el endometrio para la implantación y luego sostener el embarazo [21].

5) ¿Cuáles son las principales objeciones contra el hecho de que el embrión es un ser humano?

Como ya hemos señalado, los especialistas en embriología humana nos enseñan que la vida del ser humano no nacido se divide en dos grandes etapas, cuyos términos correctos son: embrión (desde su concepción hasta el final de la octava semana) y feto (desde el comienzo de la novena semana hasta el nacimiento). Por consiguiente, las principales objeciones contra el hecho de que el embrión humano desde su concepción en adelante es un ser humano, que vamos a presentar y a refutar en esta sección, son las siguientes [1]:

-- El embrión no es un ser humano porque no luce como un ser humano.

-- El “embrión” es simplemente un conjunto de células, una masa de tejido.

-- El embrión y el embarazo en realidad comienzan en la implantación.

-- El “embrión” en realidad no es un embrión hasta el día 14, sino sólo un “pre-embrión”.

-- No puede haber ser humano hasta la aparición del cerebro en la octava semana.

Después presentaremos sumariamente las etapas del desarrollo del ser humano en su fase fetal.

6) ¿Qué podemos responder a los que dicen que el embrión no es un ser humano porque no luce como tal?

Si esta objeción se limitara solamente a lo que aparenta ser, se trataría de un argumento muy tonto, superficial y supremamente ridículo. Sin embargo, en esta objeción se esconde un argumento contra el estatuto de ser humano del embrión que, aunque también falso, es más peligroso de lo que pensamos.

Lo que en realidad esta objeción está planteando es que, como el embrión no luce como un ser humano más desarrollado (bebé recién nacido, niño, adulto, etc.), no es un ser humano, porque en ese proceso de desarrollo, según este argumento, hay cambios en el ser mismo de ese ser hasta que se convierte en ser humano. Es decir, para los que promueven esta objeción, las etapas del desarrollo del embrión, al no “lucir éste como un ser humano”, indican saltos evolutivos en el estatuto biológico del ser que se está gestando.

Sin embargo, este argumento es totalmente falso desde el punto de vista biológico. Como ya hemos indicado, basándonos en los especialistas en embriología humana, las etapas del desarrollo del embrión humano no significan para nada aumentos en su calidad de ser hasta alcanzar el estatuto de ser humano, sino solamente etapas en las cuales crecen y se manifiestan cada vez más las características propias del ser humano.

En realidad la objeción no toma en cuenta que el desarrollo del ser humano, desde su concepción en adelante, es un desarrollo contínuo y homogéneo. Es decir, es un desarrollo en el que, desde su comienzo en la concepción, ya es un ser humano que simplemente crece y se desarrolla, pero cuyo crecimiento y desarrollo no añaden nada de humanidad a ese ser, porque ya la tiene, sino sólo tamaño y desarrollo de sus distintos órganos y partes.

¿Cómo podemos demostrar esto que acabamos de afirmar? Muy sencillamente. La respuesta está en lo que ocurre en la fertilización, que ya hemos señalado arriba. Una vez completada la fertilización, el ser que resulta de ella, el cigoto, ya tiene los 46 cromosomas que lo distinguen como otro miembro más de la raza humana [1].

Pero ello no es todo. Dijimos arriba que había otros aspectos de capital importancia de la fertilización que íbamos a abordar cuando enfrentáramos las objeciones contra el carácter de ser humano del embrión. Pues bien, uno de esos otros aspectos es que, una vez completada la fertilización y precisamente porque el cigoto ya tiene los 46 cromosomas propios del ser humano, ese cigoto posee toda la información genética que determinan sus características corporales, no sólo como un miembro más de la especie humana, sino como un individuo único e irrepetible de ella. En efecto, ya habíamos dicho que en los cromosomas se encuentran los genes, los cuales a su vez portan los rasgos hereditarios propios de cada ser humano individual. Esos rasgos son aportados por los 23 cromosomas de la madre y los 23 del padre [1,2].

El cigoto, pues, tiene una configuración genética (el genotipo) única y distinta del padre y de la madre, que determina su sexo, su tipo de sangre, su tamaño, el color de la piel, etc., etc. Todo lo que ese ser humano es en ese momento y todo lo que luego, con su desarrollo, va a ir manifestando, está programado en esa primera célula, que llamamos cigoto y que es ya un ser humano. Sólo va a necesitar tiempo, alimentación y un ambiente adecuado para su crecimiento y desarrollo [1,2,14].

El caso del sexo del cigoto o embrión es particularmente significativo. El padre del embrión es el que determina el sexo de este último. Ello se debe a que de los 23 cromosomas que aporta el espermatozoide, 22 son autosomas (= los cromosomas que no son ni masculinos ni femeninos [22]) y 1 es un cromosoma masculino (llamado Y) o femenino (llamado X); mientras que de los 23 cromosomas que aporta el ovocito de la madre, 22 son autosomas y 1 es siempre X. De manera que al unirse los 23 pares de cromosomas en la fertilización, dando como resultado el total de 46, el cigoto tiene 22 pares de autosomas, y un par de cromosomas unidos compuestos de XX (niña) o de XY (niño) [23].

Hay, sin embargo, otro aspecto de esta misma objeción, que también debemos responder. Este otro aspecto podría presentarse de la siguiente manera: “Algunas etapas tempranas del desarrollo del embrión humano y del feto, como, por ejemplo, durante la formación de las ancestrales agallas o colas de los peces, demuestran que no es todavía un ser humano, sino sólo que está en proceso de llegar a serlo. Se trata simplemente de una ‘recapitulación’ de la evolución histórica de todas las especies” [24].

A este fantasioso “argumento” respondemos simplemente citando a O’Rahilly y a Müller, dos de las más destacadas autoridades, a nivel mundial, del campo de la embriología humana:

“La teoría que dice que las sucesivas etapas del desarrollo del individuo (ontogénesis) ‘recapitulan’ o corresponden a sucesivos ancestros adultos en la línea de una descendencia evolutiva (filogénesis), se hizo popular en el siglo XIX como la mal llamada ley biogenética. Esta teoría de la recapitulación, sin embargo, ha tenido una ‘lamentable influencia en el progreso de la embriología’ [aquí O’Rahilly y Müller están citando a de Beer, otro especialista en la materia] ... Además, durante su desarrollo, un animal se aparta cada vez más de la forma de otros animales. De hecho, las primeras etapas del desarrollo de un animal no son como las etapas adultas de otras formas, sino que se parecen solamente a las primeras etapas de esos animales” [25].

En conclusión, podemos afirmar de forma inequívoca y categórica que el embrión humano o el feto en desarrollo no es un “pez” o una “rana”, sino un ser humano [26].

7) ¿Qué podemos responder a los que dicen que el embrión no es un ser humano, porque es simplemente “un conjunto de células” o “una masa de tejido” y que es “parte de la madre”?

Volvamos a explorar lo que ocurre en la fertilización y en las implicaciones de ello para el desarrollo ulterior del embrión humano. Ya hemos señalado que, una vez completada la fertilización, el cigoto que resulta de ella tiene una composición genética que le es propia y que es distinta del padre y de la madre, aunque proviene de ambos. Hemos dicho también, que en esa estructura genética está programado todo lo que es y desarrollará ese embrión humano. Ahora queremos añadir algo que en realidad ya dijimos, pero que aquí cobra una importancia especial. Dijimos que el embrión dirige su propio crecimiento [11]. Esta dirección está impartida en la programación genética que se encuentra en el cigoto como resultado de la fertilización.

Vamos a explicar esto un poquito más. Hemos dicho que en cada célula del cuerpo humano hay 23 pares de cromosomas. Esos 23 pares de cromosomas son como unos hilos enrollados muy apretadamente que juntos forman un hilo grande, que si se desenrrollara mediría como un metro de largo. Ese “hilo grande” es una molécula de ADN (= Ácido Desoxiribo Nucleico), sin embargo, ¡la cantidad de materia que contiene es equivalente a la de dos aspirinas! Con todo, la importancia del ADN es capital, pues contiene la codificación genética que es única para cada persona [27]. Tan así es, que actualmente se utiliza el ADN para identificar, por ejemplo, los restos de personas que han muerto en la guerra [28].

El ADN contiene el lenguaje de la vida, o mejor aún, “la sinfonía de la vida”, como ha dicho elocuentemente el eminente especialista en genética y el que descubrió la causa del Síndrome de Down, el ya difunto Dr. Jerome Lejeune [29]. Es decir, en el ADN de esa primera célula (el cigoto) que es ya el ser humano, están contenidos todos los “mensajes”, que luego irán manifestándose e “instruyendo” a ese organismo respecto de qué tiene que desarrollar, etc. Ello implica también que las células que componen al embrión en sus primerísimas etapas de desarrollo se comunican entre sí [30]. Es decir, forman un todo sincronizado. No son simplemente “un puñado de células” ni tampoco son “parte de la madre”, como algunos pretenden hacernos creer.

8) ¿Qué podemos responder a los que dicen que el embrión y el embarazo comienzan en la implantación y no en la fertilización?

Esta objeción la vamos a responder en detalle en el próximo capítulo, concretamente en la respuesta a la pregunta 5 del mismo.

9) ¿Qué podemos responder a los que dicen que el “embrión” en realidad no es un embrión hasta el día 14, sino sólo un “pre-embrión”?

El falso y anti-científico término de “pre-embrión” y el también falso argumento que lo acompaña, probablemente han hecho más daño al respeto debido a la vida humana en sus primerísimas etapas, así como a la ciencia misma de la embriología humana, que todas las demás objeciones que hemos presentado. Desde que este término fue inventado, a finales de los años 70, ha servido de base falsamente considerada “científica”, para justificar toda la gama que existe de experimentos destructores de embriones humanos, así como de las técnicas de reproducción asistida que implican la muerte de estos pequeños seres humanos, como la fecundación in vitro [31].

El argumento del “pre-embrión” dice que aunque el “producto” de la fertilización es genéticamente humano, no es todavía “un individuo en desarrollo” y, por lo tanto, no es un embrión, sino un “pre-embrión”. En otras palabras, para lograr el estatuto de ser humano es necesario lograr primero “la individualidad de desarrollo” [32]. Resumiendo, los que proponen este argumento están diciendo que el embrión hasta el día 14 (desde la fertilización) no es un ser humano individual.

El argumento consiste en decir que como las células del embrión antes del día 14 son totipotentes --es decir, cada una de ellas por separado se podría convertir en un individuo--, entonces no tenemos todavía un ser humano individual en esta etapa, porque, incluso, puede ocurrir la gemelación [33]. Hay que aclarar que la importancia que este argumento le da al día 14, radica en el hecho de que poco antes de ese día (el día 12) es que se forma la estría primitiva [34]. La estría primitiva es una banda de color oscuro que marca el futuro áxis longitudinal del embrión [35].

Este argumento es simplemente un disparate desde el punto de vista de la embriología humana. La gemelación puede ocurrirdespués del día 14, como es el caso de los gemelos siameses [36].

En realidad, ¿qué importa que las células del embrión humano en esa etapa sean totipotentes? Ya hemos señalado que éstas se comunican entre sí. Si el “mensaje” enviado desde la fertilización es que la gemelación va a ocurrir, ¿acaso no debemos respetar más aún a los dos seres humanos que hay presentes en esas células? ¿Y qué hay de los otros casos (que son la inmensa mayoría), en los que no se da la gemelación, no son acaso seres humanos individuales?

El especialista en genética de origen italiano, Angelo Serra, lo explica muy certeramente al referirse al caso de los gemelos monocigóticos, es decir, de los gemelos que surgen de un solo cigoto en sus primeros días de vida: “Si, por la intervención de factores todavía no precisados, una parte de él –una célula o un grupo de células—se divide o se separa y consigue continuar su propio desarrollo, el hecho de que resulten dos individuos no demuestra en absoluto que en el embrión original esté ausente aquella unidad en la totalidad que consituye el individuo” [37].

Lo que esto significa es que, en casos excepcionales, el comienzo de la vida de un ser humano (el gemelo que se separó), se puede dar en ese momento de la gemelación, en vez de en la concepción. Por ello, hay que precisar, como ya habíamos anticipado más arriba, que la vida del ser humano usualmente comienza en la fertilización, porque hay casos poco comunes, pero que suceden (la gemelación), en que dicha vida comienza un poquito después [38].

Serra también se expresa muy certeramente respecto de la aparición de la estría primitiva, diciendo que ésta “representa el punto de llegada de un proceso ordenado en sus mínimas consecuencias... que se ha iniciado en el momento en que se formó el cigoto” [37]. En otras palabras, lo que este eminente científico italiano está diciendo corrobora lo que ya habíamos afirmado anteriormente, a saber, que en la fertilización se programó todo lo que luego se va a desarrollar y manifestar (incluyendo la estría primitiva) en la vida del embrión humano, “sin ninguna discontinuidad ... con una actividad intrínseca, un diseño proyectado y programado en su mismo genotipo” [37].

Francamente, todo este argumento del dichoso “pre-embrión” no es otra cosa que un mito sin fundamento científico alguno. Volvamos a citar a O’Rahilly, quien es miembro de la directiva internacional de la Norma Embryologica, la entidad que determina los términos científicos correctos a ser usados en los textos de embriología humana de todo el mundo: “El mal definido e inexacto término de ‘pre-embrión’ ... Ese término no es usado en este libro” [39]. El emimente científico Jerome Lejeune también descarta este término diciendo: “No hay ninguna necesidad de una sub-clase que se llame ‘pre-embrión’. Antes del embrión lo que hay es un espermatozoide y un ovocito, eso es todo” [40]. El “pre-embrión” simplemente no existe, excepto en la mente de aquellos que lo han inventado.

10) ¿Qué podemos responder a los que dicen que no puede haber un ser humano hasta la octava semana, cuando aparece el cerebro?

Esta objeción intenta fundarse en la clásica definición filosófica de la persona humana como “una sustancia individual de naturaleza racional” [41]. Esta definición ha influido mucho en el pensamiento occidental, desde por lo menos la Edad Media hasta nuestro días [42].

Sin embargo, aunque la definición en sí misma es correcta (aunque limitada), los que intentan utilzarla para descartar la naturaleza de ser humano del embrión hasta la aparición del cerebro funcional, se equivocan rotundamente. Y dicha equivocación se da tanto a nivel biológico como filosófico.

A nivel biológico, tenemos que constatar, como dice Serra, que en el desarrollo del embrión humano “se da una intensísima vida de relación entre células, tejidos y órganos, mantenida por un continuo, intenso, ordenado y coordinado aumento de células nerviosas [ya] entre la cuarta y sexta semana, cuando aparece el tubo neural, se forman las vesículas cerebrales, empienzan a organizarse los nervios cerebrales y se dan las primeras manifestaciones morfológicas de la corteza cerebral” [43]. Es decir, en primer lugar, las bases del sistema nervioso y del cerebro se empiezan a establecer ya desde mucho antes que la octava semana, como nos acaba de señalar Serra.

Pero dejemos que el científico italiano nos siga ilustrando sobre esta fase del maravilloso desarrollo del embrión humano: “Nos encontramos [en la octava semana] no ante una fase terminal de un proceso dinámico vital donde se inicia la desintegración del individuo. Al contrario, estamos en presencia de un proceso unitario y unificante de todas las partes que van apareciendo paulatinamente: es el sujeto humano en desarrollo que, por la ley ontogenética, exige una diferenciación gradual, y por tanto también la gradual formación de las estructuras cerebrales. Es una gradualidad que no supone saltos cualitativos, sino sólo crecimiento de expresión de las potencialidades ya inscritas en el cigoto” [43].

Lo que Serra está diciendo, y que en realidad ya hemos dicho al responder a la objeción anterior, es que en el cigoto ya está contenido de forma programática, es decir, en su genotipo o composición genética, todo lo que ese ser humano es e irá desarrollando y manifestando con el tiempo, incluyendo la aparición gradual del cerebro. Cuando Serra habla de la “ley ontogenética”, se está refiriendo a lo que dice un poquito después, cuando afirma que el desarrollo del embrión se caracteriza por una “gradualidad que no supone saltos cualitativos, sino sólo crecimiento de expresión de las potencialidades ya inscritas en el cigoto”. Ello quiere decir que el embrión humano se va desarrollando sin que cambie o aumente su ser hasta convertirse en ser humano, sino que, dentro de ese desarrollo, sigue siendo lo que ya es desde su etapa de cigoto: un ser humano. De manera que “ontogénesis” simplemente significa el desarrollo de un ser sin cambios en cuanto a su estatuto de ser lo que ya es.

Esta última constatación, que proviene del dato biológico, sirve también para responder al segundo aspecto de la objeción: el aspecto filosófico. No es el propósito de esta obra, ni tampoco tenemos el espacio, para adentrarnos en la cuestión filosófica del estatuto de persona humana. Dejamos esa importante cuestión a la amplia bibliografía que existe sobre el tema [44]. Simplemente queremos señalar que la naturaleza racional del embrión humano ya está presente en el cigoto, por cuanto en él ya está programada la aparición de su cerebro, que es el órgano que nos hace capaces, a los seres humanos, de la actividad racional.

En esto último, hay que señalar algo muy importante. La definición clásica de persona humana, en la cual intenta falsamente basarse la objeción que estamos refutando, no habla de una actividad racional, sino de una naturaleza racional. Es decir, el ser de la persona humana tiene la capacitad inherente para desempeñar la función racional. Pero esa capacidad puede estar temporal o permanentemente impedida, por factores como el propio crecimiento, la enfermedad, la vejez o las lesiones causadas por accidentes. De otro modo, caeríamos en el peligroso y absurdo argumento de decir que tampoco los recién nacidos, los niños muy pequeños, las personas con limitaciones mentales, las personas en estado comatoso, los enfermos de Alzheimer y los ancianos en estado de senilidad, no son personas o seres humanos, es decir, miembros de la especie humana, porque no pueden desempeñar una actividad racional. Incluso, ¡tendríamos que negarle el estatuto de ser humano a las personas cuando están durmiendo!

Hay algunos que hasta llegan a decir el sin sentido de que el embrión es un ser humano, pero no una persona humana. A esos tales podemos reponderles con la siguiente pregunta: ¿Acaso puede haber una ser humano, es decir, un miembro de la especie humana, que no sea una persona? ¿Y quiénes van a determinar, de todos los seres humanos que existen, quiénes son personas y quiénes no? Esa es una postura, además de falaz, muy peligrosa y egoísta, que sirve (y de hecho, ha servido), para justificar toda clase de atropellos contra los derechos humanos.

11) ¿Cuál sería un breve resumen de las principales etapas del desarrollo del embrión humano?

A continuación vamos a resumir brevemente todo lo que hemos dicho acerca del desarrollo del embrión humano. Añadiremos algunos otros datos importantes de esta fase embrionaria, la cual, como ya hemos señalado, va desde el comienzo de la vida del ser humano en la fertilización (la unión del ovocito y del espermatozoide), hasta el final de la octava semana:

-- Cigoto: el embrión humano de un sola célula que resulta de la fertilización, la cual marca el comienzo de la vida del ser humano.

-- Mórula: el embrión humano de doce células, a los cuatro días de la fertilización.

-- Blastocisto: el embrión humano a los 5 ó 7 días de la fertilización, cuando está en proceso de implantarse en el útero de su madre. El proceso de la implantación puede durar hasta el 90 día después de la fertilización. En esa etapa, el embrión humano ya tiene 256 células [45].

-- A los 14 días (dos semanas) de concebido, el período menstrual de la madre es suprimido por medio de señales químicas emitidas por el propio embrión humano. En esta etapa ya se han completado las primeras células del cerebro [45].

-- A los 20 días (3 semanas), el corazón del embrión ya se encuentra en sus etapas avanzadas de desarrollo. Los ojos comienzan a formarse. El cerebro, la espina dorsal y el sistema nervioso están virtualmente completos [45].

-- A los 24 días (3 semanas y media), el corazón del embrión ya comienza a latir [45].

-- A los 28 días (4 semanas o 1 mes), los músculos del embrión se están desarrollando. Ya se pueden observar las protuberancias que se desarrollarán en las extremidades. Aparecen las primeras células neocórticas. La neocorteza es la sede del pensamiento y del raciocinio en todas sus complejidades, no se encuentran presentes en ningún otro mamífero. Para esta etapa, el tamaño del embrión ha aumentado 10 mil veces. Ahora mide 6 ó 7 milímetros (= ¼ de pulgada) de largo. La sangre fluye a través de sus venas, separadamente de la de su madre [45].

-- A los 35 días (5 semanas), se está formando la glándula pituitaria [46]. La boca, los orejas y la nariz van tomando forma [45].

-- A los 42 días (6 semanas o mes y medio), el embrión tiene ondas cerebrales, que pueden ser medidas con un electroencefalograma [46].

-- A los 49 días (7 semanas), el embrión “nada libremente en el saco amniótico como un nadador natural” [47].

-- A las 8 semanas, todos los órganos están presentes, completos y funcionando, excepto los pulmones. Responde al estímulo que se le proporcione al saco amniótico [45]. Comienza a tragar el líquido amniótico [48].

12) ¿Por qué es necesario volver a tratar, aunque sea resumidamente, las otras etapas del desarrollo del niño no nacido?

Volveremos a incluir, aunque con los necesarios retoques, las otras etapas del desarrollo del ser humano no nacido (desde que es un feto) hasta su nacimiento. Ello es necesario por dos razones.

La primera de ellas es que el movimiento antivida continúa promoviendo, como nunca antes, la legalización del aborto quirúrgico en América Latina. Por ejemplo, ya muchos conocen la tragedia de Colombia, país cuyas leyes defendían al ser humano no nacido en toda circunstancia, pero donde, sin embargo, la Corte Constitucional, el 10 de mayo del 2006, sentenció a favor de la despenalización de este crimen en ciertos casos [48].

La segunda razón es que ese mismo movimiento ativida está recrudeciendo aún más la práctica del aborto quirúrgico donde éste ya es legal. En España, por ejemplo, donde el aborto quirúrgico, desgraciadamente, es legal, los aborteros han comenzado a matar bebitos no nacidos de más de siete meses de gestación [49].

Por consiguiente, es necesario insistir una vez más en la maravilla de la vida y del desarrollo del ser humano no nacido en todas sus etapas. Dejaremos para el capítulo 7 el tema de los principales argumentos y estrategias abortistas, así como sus correspondientes refutaciones.

13) ¿Cuál sería un breve resumen de las principales etapas del desarrollo del niño no nacido en su fase fetal?

Continuamos presentando las etapas principales del desarrollo del ser humano no nacido, ahora en su fase fetal, que va desde el comienzo de la novena semana hasta su nacimiento.

-- A las nueves semanas, debido al uso extendido de la ecografía, sus padres u otras personas pueden ver al bebé no nacido moviéndose en el vientre materno [50].

-- Entre las 10 y 11 semanas, el bebé puede “respirar” el líquido amniótico y puede orinar [51]. También puede agarrar objetos con sus manos [52]. A las 11 semanas, sus pies están perfectamente formados. Ya tiene uñas, párpados y huellas dactilares [53]. A partir de esta edad, solamente le falta crecer y madurar sus órganos, todos los cuales ya están presentes y funcionando. Ya tiene una estructura de esqueleto, nervios y circulación [54].

-- A las 12 semanas, el bebé ya ha desarrollado las partes del cuerpo que hacen posible el sentir dolor, incluyendo todos los nervios, la médula espinal y el tálamo [55].

-- A las 13 semanas, la expresión facial del bebé no nacido se parece a la de sus padres. Sus movimientos son vigorosos y elegantes. Sus cuerdas vocales ya están presentes y, en casos excepcionales, cuando ha entrado aire temporalmente al útero, se le ha escuchado llorar. Su sentido auditivo ya está presente también [45].

-- A los 4 meses, la madre puede que sienta por primera vez los movimientos del bebé dentro de ella. Los movimientos rápidos de los ojos del feto, los cuales se pueden grabar, indican que está soñando. Si se hace brillar una luz muy intensa sobre el abdomen de la madre, el bebé moverá lentamente sus brazos para cubrirse los ojos. La música muy ruidosa causará que se cubra los oídos. Las conexiones entre la neocorteza y los músculos que la controlan comienzan a aparecer [45].

-- A los 5 meses, el bebé ha formado sus propios hábitos de dormir y un ruido muy elevado, como un portazo, puede asustarlo. Una melodía suave puede adormecerlo [45].

-- A los 6 meses o 24 semanas, el bebé ya pesa 640 gramos (unas 22 onzas) y mide

aproximadamente 23 centímetros (unas 9 pulgadas). La mayoría de los bebés no nacidos a esta edad son viables, es decir, pueden sobrevivir fuera de su madre con la tecnología médica disponible [45]. Aunque, a decir verdad, la medicina avanza cada día más y, por lo tanto, la frontera de la viabilidad es cada vez más temprana. Por ejemplo, tenemos el caso de Kenya King, una bebé que nació a las 19 semanas (un poco más de los 4 meses y medio). Pesaba solamente un poco más de unos 375 gramos (18 onzas), cuando nació en el Estado de la Florida, en EEUU, el 16 de junio de 1985. En muchos países, es frecuente que la medicina salve a niños no nacidos, que logran nacer a las 21 ó 22 semanas de gestación [56].

-- A los 7 meses, el bebé pesa más de 1 kilogramo (2,2 libras). Abre y cierra los ojos explorando su entorno. Reconoce la voz de su madre [45].

 

-- A los 8 meses pesa más de 2 kilogramos (4,4 libras). Ahora su morada materna se ha congestionado. Si tuviera que nacer en este momento, su probabilidad de sobrevivir y de ser completamente normal sería de más del 90% [45].

-- Normalmente a los 9 meses (40 semanas) es que el bebé está listo o lista para nacer. ¿Estamos listos nosotros para darle la bienvenida?

14) ¿Dónde puedo encontrar más información sobre este tema?

Vida Humana Internacional (VHI) tiene muchísima información sobre éste y otros temas en su portal http://www.vidahumana.org. En el caso del maravilloso desarrollo del ser humano en el vientre materno, recomendamos la sección “El desarrollo prenatal”, que se encuentra haciendo “click” en el ícono que tiene una foto de un bebé no nacido a las ocho semanas de concebido y que se encuentra en la parte superior izquierda de la misma página de entrada del portal de VHI. A esta sección también se puede tener acceso haciendo “click” en el siguiente enlace:

http://www.vidahumana.org/vidafam/desarrollo/desarrollo_index.html.

Estamos seguros que la combinación de textos y hermosísimas imágenes, incluyendo en “power point”, que allí se encuentran, no sólo será de mucha utilidad informativa para el visitante, sino también de gran satisfacción y deleite.

Notas:

[1]. B. Lewin, Genes III (New York: John Wiley and Sons, 1983), pp. 9-13; A. Emery, Elements of Medical Genetics (New York: Churchill Livingstone, 1983), pp. 19, 93. Fuente citada en Dianne N. Irving, M.A., Ph.D., “When Do Human Beings (Normally) Begin? ‘Scientific’ Myths and Scientific Facts”,  International Journal of Sociology and Social Policy, febrero de 1999, 19:3/4:22-47, http://isacco.emeraldinsight.com/vl=8997774/cl=38/nw=1/rpsv/cgi-bin/linker?ini=emerald&reqidx=/cw/mcb/0144333x/v19n3/s4/p22 (se requiere subscripción, para poder tener acceso a este artículo en ese enlace). En este capítulo estamos siguiendo muy de cerca este artículo de la Dra. Irving y las fuentes que ella cita. La palabra “especie” designa una clase natural de ser vivos (véase Dr. Jerome Lejeune, ¿Qué es el embrión humano?, Lima: CEPROFARENA, 2001, p. 11. Esta pequeña obra es un extracto-resumen de Jerome Lejeune, ¿Qué es el embrión humano?, Madrid: Ediciones Rialp, 1993. La Dra. Irving es especialista en bioquímica y en filosofía. En relación con los 46 cromosomas, característicos de la especie humana, es cierto que algunos seres humanos, como los niños que tienen el Síndrome de Down, tienen un cromosoma de más. Sin embargo, los otros 46 son perfectamente normales y característicos de la especie humana. De hecho, el cromosoma adicional, que es el causante de los problemas en el desarrollo del cerebro, es también normal, es decir, perteneciente a la especie humana, sólo que está repetido. Por consiguiente, los niños que sufren de estos y otros defectos cromosomáticos son también claramente seres humanos. Cf. Dr. Jerome Lejeune, especialista en genética, The Concentration Can. When Does Life Begin? An Eminent Geneticist Testifies, San Francisco: Ignatius Press, 1992, p. 157. Cf. también Onyria Herrera McElroy, PhD, Lola L. Grabb, MA, Spanish-English, Englis-Spanish Medical Dictionary – Diccionario Médico Español-Inglés, Inglés-Español. Boston/Toronto/Londres: Little, Brown and Company, 1992, p. 309 y Taber’s Cyclopedic Medical Dictionary, F.A. Davis Company, M. Katherine Rice, Filadelfia, 16va edición, 1989, págs. 23 y 88.

[2]. Cf. Dictionary of Medical Terms for the Nonmedical Person, 2nda edición, 1989, citado en Lejeune, p. 157. Cf. también Onyria Herrera McElroy, PhD, Lola L. Grabb, MA, Spanish-English, Englis-Spanish Medical Dictionary – Diccionario Médico Español-Inglés, Inglés-Español. Boston/Toronto/Londres: Little, Brown and Company, 1992, p. 309 y Taber’s Cyclopedic Medical Dictionary, F.A. Davis Company, M. Katherine Rice, Filadelfia, 16va edición, 1989, p. 726.

[3]. William J. Larsen, Human Embryology (New York: Churchill Livingstone, 1997), pp. 4, 8, 11. Fuente citada en Irving. El especialista en embriología humana y mundialmente conocido en ese campo, Ronan O’Rahilly, desecha los términos “óvulo” y “huevo” como incorrectos, para referirse a la célula germinal femenina ya madura, cuyo término científico correcto es el deovocito. O’Rahilly forma parte de la directiva internacional Norma Embryologica, el organismo de especialistas en embriología humana que determina los términos correctos a ser usados en los textos internacionales de esta ciencia. Cf. Ronan O’Rahilly y Fabiola Müller, Human Embryology & Teratology (New York: Wiley-Liss, 1994), p. 16. Cf. también Larsen, págs. 3-11; Keith L. Moore y T.V.N. Persaud, The Developing Human (Philadelphia: W.B. Saunders Company, 1998), págs. 18-34; Bruce M. Carlson, Human Embriology and Developmental Biology (St. Louis, MO: Mosby, 1994), págs. 3-21. Fuentes citadas en Irving.

[4]. Herrera McElroy-Grabb, p. 308.

[5]. Dra. Concepción Morales, “¿Cuándo comienza la vida?”, Desarrollo, http://www.vidahumana.org/vidafam/aborto/cuando-comienza.html, información bajada el 10 de enero del 2007. La vida total del ovocito, desde que es liberado por el ovario, es de 48 horas. Véase la nota siguiente y la fuente de la nota 13.

[6]. El ovario es el órgano reproductor femenino, donde se producen los ovocitos, cf. Herrera McElroy-Grabb, p. 128.

[7]. Moore y Persaud, p. 2. Fuente citada en Irving.

[8]. Cf. O'Rahilly y Müller, p. 19. Fuente citada en Irving.

[9]. Cf. Ibíd., págs. 13-14. Fuente citada en Irving. Las proteinas son combinaciones extremadamente complicadas de amino ácidos y otros elementos, entre los que se encuentran el carbono, el hidrógeno, el nitrógeno y el oxígeno. Cf. Webster’s Ninth New Collegiate Dictionary, Springfield, Massachussetts, EEUU: Merrian-Webster, Inc., 1991, p. 946.

[10]. Herrera McElroy-Grabb, p. 292.

[11]. Cf. Holtzer et al., "Induction-dependent and lineage-dependent models for cell-diversification are mutually exclusive,"Progress in Clinical Biological Research 175:3-11 (1985). Fuente citada en Irving.

[12]. Larsen, p. 1. Cf. también O'Rahilly and Müller, p. 20. Fuentes citadas en Irving. Cf. también las fuentes citadas en el capítulo 2 de nuestra obra en la respuesta a la pregunta 5.

[13]. El número total de horas que viven los espermatozoides, una vez depositados por el hombre en la mujer, es de 72. Cf. Morales, “Métodos Naturales de Planificación de la Familia”, en Planificación de la Familia (PNF), Biblioteca Electrónica de Vida Humana Internacional, http://www.vidahumana.org/vidafam/nfp/naturales.html, información bajada el 11 de enero del 2007.

[14]. Cf. O’Rahilly y Müller, p. 55; Carlson, p. 407. Fuentes citadas en Irving. Cf. también, en el capítulo 5 de nuestra obra, la respuesta a la pregunta 3.

[15]. Cf. Lejeune, p. 38.

[16]. Cf. Larsen, págs. 19, 33 y 49. Fuente citada en Irving.

[17]. Cf. Herrera McElroy-Grabb, p. 56.

[18]. Cf. H. von Hertzen y P.F. A. Van Look, “Post-Ovulatory Methods of Fertility Regulation,” Annual Technical Report 1995 49, pág. 52, http://www.who.int/reproductive-health/publications/HRP_ATRs/1995/049-071.pdf. El énfasis es nuestro, p. 62. Como veremos en el próximo capítulo 2, la Organización Mundial de la Salud (OMS), que encargó el estudio citado en esta nota, es una organización abortista y, sin embargo, ¡aquí dicho estudio está confensando que el embrión se comunica hormonalmente con el útero de su madre!

[19]. Herrera McElroy-Grabb, p. 323.

[20]. Cf. Ibíd., p. 390.

[21]. Cf. Taber’s, p. 1491.

[22]. Cf. Ibíd., págs. 171 y 355.

[23]. Cf. Carlson, p. 31. Fuente citada en Irving.

[24]. Irving. Véase el “mito 11”.

[25]. O'Rahilly y Müller, p. 32. Fuente citada en Irving.

[26]. Cf. Irving en su respuesta al “mito 11”.

[27]. Cf. Lejeune, págs. 31-32.

[28]. Cf. Joseph A. Wottering, “EL DNA: Argumento científico para poner fin a los abortos”, Biblioteca Electrónica de Vida Humana Internacional, http://www.vidahumana.org/vidafam/aborto/dna.html, información bajada el 12 de enero del 2007.

[29]. Cf. Lejeune, la cubierta trasera del libro.

[30]. Cf. Ibíd., págs. 39 y 44.

[31]. Cf. Irving.

[32]. Cf. Clifford Grobstein, “The early development of human embryos”, Journal of Medicine and Philosophy 1985:10:213-236; Richard McCormick, “Who or what is the preembryo?”, Kennedy Insitute of Ethics Journal 1991:1:1-15. Fuentes citadas en Irving.

[33]. Cf. McCormick, p. 4. Fuente citada en Irving.

[34]. Cf. Lejeune, p. 53.

[35].  Cf. Taber’s, p. 1485.

[36]. Cf. O’Rahilly y Müller, p. 32; Karen Dawson, “Segmentation and moral status”, en Peter Singer et al., Embryo Experimentation(Cambridge: Cambridge University Press, 1990), p. 58; Moore y Persaud, p. 133. Fuentes citadas en Irving. Hay que tener en cuenta que la segunda fuente (Dawson) de estas tres es de tendencia antivida y, sin embargo, en ella se reconoce que el argumento de la gemelación es falso.

[37]. Angelo Serra, “La realta biologica del neoconcepito”, La Civilta Cattolica, 126/III, 1975, págs. 22-23. Fuente citada en Fernando Monge, Persona humana y procreación artificial, Madrid: Libros MC, 1988, p. 143.

[38]. Cf. el interesante análisis en Monge, págs. 146-147.

[39]. O’Rahilly y Müller, p. 55. Fuente citada en Irving.

[40]. Lejeune, p. 38.

[41]. La definición es del filósofo romano Boecio, quien vivió del año 480 al 520 DC. La definición está citada en Arthur Hyman y James J. Walsh, editores, Philosophy in the Middle Ages, Indianapolis (EEUU): Hackett Publishing Company, 1978, p. 115.

[42]. Ibíd., p. 114.

[43]. A. Serra, “Comincia un essere umano”, en Il Dono della vita, obra a cargo de Elio Sgreccia, editor, Milán: Vita e pensiero, 1987, págs. 103-104. Fuente citada en Monge, págs. 147-148. El énfasis es nuestro.

[44]. Por falta de espacio, nos limitamos a remitir al lector a las siguientes dos obras de gran importancia: Domingo M. Basso, OP,Nacer y morir con dignidad, 3ª edición, Buenos Aires: Depalma, 1991, págs. 17-53; Miguel Manzanera, SJ. Inicio de la vida humana. Identidad y estatuto del embrión humano, 2da edición, Cochabamba (Bolivia): Instituto de Bioética, págs. 5-14.

[45]. Cf. Brian Clowes, PhD, The Facts of Life, edición en CD, Front Royal, VA (EEUU): Human Life International, capítulo 5, 2005.

[46]. Cf. Hannibal Hamlin, MD, “Life or Death by EEG”, Journal of American Medical Association (12 de octubre de 1964), p. 113. Fuente citada en ¿Cuándo comienza la vida? Folleto del National Right to Life Education Trust Fund (NRTL), 419 7th st. NW suite 500, Washington, DC., 1993.

[47]. Valman y Pearson, “What the Fetus Feels”, British Medical Journal (26 de enero de 1980), p. 234. Fuente citada en el folleto del NRTL.

[48]. Cf. Albert W. Liley, MD, declaración, US Congress, Senate, Subcommittte on Constitutional Amendments of the Committee on the Judiciary, Ninety-Third Congress, Second Session, “Abortion Part 2”, on S.J. Res. 119, and S.J. Res. 130, p. 224. Fuente citada en el folleto del NRTL.

[49]. República de Colombia, Corte Constitucional, Presidencia, Comunicado de prensa sobre la sentencia relativa al delito de aborto, 10 de mayo del 2006.

[50]. “Clínica abortista de Barcelona mataría bebés de más de siete meses de gestación”, ACI Digital, 30 de octubre del 2006,http://www.aciprensa.com.

[50]. Cf. Cunningham, MacDonald y Grant, Williams Obstetrics, 18va edición, p. 103. Fuente citada en el folleto del NRTL.

[51]. Cf. Ibíd., p. 116. Fuente citada en el folleto del NRTL.

[52]. Cf. Landrum B. Shettles, MD, PhD con David Rorvik, Rites of Life, Grand Rapids, MI (EEUU): Zondervan Publishing House, 1983), p. 55. Valman y Pearson, p. 234. Fuentes citadas en el folleto del NRTL.

[53]. Cf. Moore y Persaud, 5ta edición, 1993, págs. 428 y 447. Fuente citada en el folleto del NRTL.

[54]. Cf. Cunningham, MacDonald y Grant, págs. 90 y 103; Robert Rugh, PhD y Landrum B. Shettles, PhD, MD, From Conception to Birth: The Drama of Life’s Beginnings, New York: Harper and Row, 1971, págs. 52, 53 y 58. Fuentes citadas en el folleto del NRTL.

[55]. Cf. Shettles y Rorvik, Rites of Life, p. 62. Daniel N. Robinson, PhD, testimony, hearing on fetal pain, US Congress, Senate Judiciary Subcommittee on the Constitution, 21 de mayo de 1985; “Why Pain Hurts: Unlocking An Agonizing Mystery”, Time, vol. 123, no. 24, 11 de junio de 1984, p. 61; Arthur C. Guyton, MD, Textbook on Medical Physiology, 6ta edición, Filadelfia: WB Saunders, Co., 1981, p. 615. Fuentes citadas en el folleto del NRTL.

[56]. J.C. Willke, MD y Barbara Willke, RN, Abortion: Questions and Answers, edición revisada, 1991, Cincinnati, OH (EEUU): Hayes Publishing Company, Inc., p. 61; Gina Kolata, “Survival of the Fetus: A Barrier is Reached”, New York Times, 18 de marzo de 1989, p. C1. Fuentes citadas en el folleto del NRTL.

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