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La tríada diabólica y la educación sexual

Viernes, 08 de Abril de 2011 21:08

"Educación" sexual y castidad

El Padre Paul Marx O.S.B., Ph. D., fundador de Human Life International, ha dado charlas en todo el mundo y escrito extensamente sobre los males de la esterilización, la anticoncepción, el aborto y la "educación" sexual inmoral. El presente artículo trata sobre la situación de la "educación" sexual en Estados Unidos. Sin embargo, las lecciones que se desprenden de este artículo pueden ser válidas en lo fundamental para todo el mundo.

Introducción

La "educación" sexual que se imparte actualmente en las escuelas, al poner el énfasis sólo en el aspecto físico-biológico de la sexualidad, sin hacer mención de los valores morales, de los deberes religiosos y del llamado a la santidad, reafirma en la mente de los jóvenes la idea de que la intimidad física es el ser y el fin total de la vida y que el placer es el único propósito del sexo, o al menos el principal objetivo.

No podemos olvidar que la sexualidad es una realidad profunda y compleja que involucra cuerpo y alma, y tiene muchas facetas. Es un misterio, y para tratar de entenderla hay que tratar su vertiente teológica, filosófica, antropológica, psicológica, fisiológica, sociológica, genética, etc. El hecho de ser hombre o mujer determina toda la personalidad y un estilo de vida. Por ello, la sexualidad, la personalidad y la espiritualidad son inseparables.

Según el documento Sexualidad Humana: Verdad y significado, del Pontificio Consejo para la Familia (1995), "la castidad es la afirmación gozosa de quien sabe vivir el don de sí, libre de toda esclavitud egoísta" (n. 17). La práctica de la castidad requiere una serie de virtudes. Necesitamos inculcar en nuestros jóvenes mucho más que la virtud de la templanza, que es sólo una de las cuatro virtudes cardinales. Es imposible enseñar a vivir la castidad, si no enseñamos la fe en su totalidad, si no nos aseguramos de que los niños entiendan la moral básica y el aspecto religioso de la cuestión. Es por este motivo por el que la "educación" sexual que se reduce a los aspectos físicos, biológicos y emocionales de la sexualidad, tal como se imparte en la mayoría de las escuelas públicas, ha sido un fracaso tan colosal. Igual ocurre con otros programas específicos (anti drogas, alcohol, tabaco...) que olvidan el aspecto moral, religioso y espiritual.

Todos los Papas que han hablado sobre esta materia han advertido que esta parte de la vida humana debe ser tratada con grandísima delicadeza y cuidado.

Resultados de la "educación" sexual hedonista

La "educación" sexual ha fracasado en todos los países, incluyendo en Suecia, que fue el país pionero. Son evidentes los trágicos resultados del constante y obsesivo bombardeo de "educación" sexual, maquinado por Paternidad Planificada, la filial estadounidense de la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF, por sus siglas en inglés), que es la mayor organización que promueve la anticoncepción y el aborto y que cuenta con filiales en todo el mundo; y su aliado, el Consejo de Información y Educación Sexual de Estados Unidos (SIECUS), utilizando los impuestos de los norteamericanos. El informe del Senado de Estados Unidos da cuenta del fruto amargo nacido de la revolución sexual y de la moderna "educación" sexual que comenzó en la década de los sesenta: 600 por ciento de aumento en los embarazos de adolescentes, 300 por ciento de aumento en los suicidios de jóvenes entre los 13 y los 19 años, 232 por ciento de aumento en homicidios de jóvenes y 400,000 abortos al año, cometidos en bebés de niñas menores de 19 años.

Luego está el aumento escalofriante de divorcios, nacimientos fuera del matrimonio, familias con un solo padre, SIDA, enfermedades venéreas y una disminución de la tasa de natalidad en Estados Unidos. De acuerdo con la información de los Centros Federales para el Registro de las Enfermedades, el 72 por ciento de los estudiantes de último año de secundaria han tenido relaciones prematrimoniales, es decir, han fornicado, y 43 millones de americanos tienen enfermedades sexuales incurables (herpes genital, etc.).

Destrucción de la inocencia en el niño

Algunos científicos niegan la existencia del período de latencia, pero una persona observadora con algo de experiencia puede fácilmente verificar la inocencia de los niños antes de los diez u once años. Es precisamente la inocencia de estos pequeños niños lo que es tan tierno y lo que buscan destruir. Y es una gran tragedia el hecho de que algunos adultos, que se autodenominan "expertos en sexualidad", destruyan estos "años de inocencia" (como los llama el Papa Juan Pablo II en Familiaris Consortio), con infinidad de detalles físicos en clases mixtas. Los increíbles programas sobre el SIDA y la sexualidad, obsesionados con el uso del preservativo, sólo pueden hacer que la situación vaya de mal en peor.

No podemos olvidar lo más importante: la siembra de lujuria y, por tanto, de pecado, que implica este tipo de "educación" sexual. Muchísimas personas se apartan de Dios ya desde su juventud por este motivo y muchísimas pueden estar en peligro de ir al infierno.

Es imposible dar una buena "educación" sexual en las escuelas públicas

No puede existir una "educación" sexual "neutral" en lo que concierne a la moral, o "libre de valores", a pesar de lo que afirman Paternidad Planificada y algunos católicos desviados. La conducta sexual es inseparable de nuestra vida espiritual y de los valores religiosos. Las escuelas públicas no pueden, aún en las mejores circunstancias, formar espiritualmente a los jóvenes. Así, por ejemplo, las decisiones del Tribunal Supremo de Estados Unidos prohíben a las escuelas públicas enseñar religión o moral, hablar sobre la creencia en Dios o en la vida después de la muerte, por eso es imposible que se pueda tratar el tema de la sexualidad en su correcto contexto.

No me opongo a la educación cristiana en la sexualidad, que significa un entrenamiento moral-espiritual y una formación para vivir un amor sin egoísmo, donde el impulso es controlado y refrenado. ¡Claro que no! Pero es imposible que en esas circunstancias esto pueda enseñarse en las escuelas públicas.

La realidad es que en la mayoría de las escuelas públicas la enseñanza corre a cargo de maestros adiestrados o influidos por los métodos de Paternidad Planificada, organización que no sólo favorece el aborto, sino también las relaciones prematrimoniales y el distanciamiento de los hijos de sus padres. No tenemos otro camino más que tratar de eliminar la "educación" sexual de las escuelas públicas.

Muchas de las escuelas católicas tampoco saben hacerlo

¿Y qué ocurre con las escuelas católicas y sus programas de catecismo, que incluyen sesiones sobre sexualidad, castidad o abstinencia? Hay maestros y maestras que no aceptan la Humanae vitae, al menos en la práctica, al usar anticonceptivos-abortivos en su matrimonio, al haberse esterilizado y, en algunos casos, por haberse practicado abortos quirúrgicos. ¿Cómo pueden ellos enseñar, promover o inspirar la castidad, cuando ellos mismos no viven una vida casta? La situación es trágica pero comprensible, dado que bastantes sacerdotes rara vez mencionan el aborto desde el púlpito y menos aún predican sobre los anticonceptivos o la esterilización, y muchos teólogos católicos rechazan, o por lo menos silencian, la Humanae vitae.

El uso de las palabras "castidad" y "abstinencia" no garantiza que el programa coincida con lo que los padres esperan o con las enseñanzas morales de la Iglesia Católica. Después de estudiar en profundidad y extensión muchos de los programas de "educación" sexual o "educación" en castidad de muchos colegios católicos, he comprobado que su contenido muchas veces no se atenía a las enseñanzas de la Iglesia Católica. Y hasta algunos programas de "castidad" presentan el mismo pensamiento de que se debe "escoger libremente" y la misma información gráfica que los programas de Paternidad Planificada, adornados con algunas palabras bonitas sobre Dios para ser aceptados mejor. Sus promotores no parecen darse cuenta de que hasta la metodología de Paternidad Planificada es contraria a la moral católica.

Esto se agrava cuando la formación de los alumnos sobre los contenidos de la religión es deficiente. El dar una o varias horas de instrucción sobre la sexualidad y la castidad a estudiantes que no conocen su religión podrá o no hacer mucho daño, pero es imposible que con la información que se imparta puedan dar la formación necesaria para vivir una vida cristiana verdaderamente casta, sobre todo cuando vivimos en una cultura obsesionada con la sexualidad.

Condiciones requeridas para que se imparta en escuelas católicas

¿Me opongo a la educación sexual en las escuelas católicas? Depende: ¿participan los padres de familia? ¿Saben ellos lo que se está enseñando? ¿Han examinado los audiovisuales y los libros? ¿Son las enseñanzas tomadas de las Sagradas Escrituras, de las encíclicas de los Papas, de las enseñanzas oficiales de la Iglesia o, más bien, son producto de la psicología barata de Paternidad Planificada y de opiniones de laicos de buenas intenciones pero sin preparación adecuada? ¿Practican los propios maestros la castidad, viviendo y proclamando los ideales de la Humanae vitae? ¿Se les conoce por sus vidas cristianas y ejemplares, especialmente en esta área? ¿Tienen un entrenamiento especial? ¿Está integrada esta formación dentro de una amplia instrucción religiosa? Si no es así, es mejor que no se imparta la educación sexual.

"La sexualidad es un bien tan importante, que se precisa protegerlo siguiendo el orden de la razón iluminada por la fe: ‘cuanto mayor es un bien, tanto más en él se debe observar el orden de la razón'. De esto se deduce que para educar en la castidad, ‘es necesario el dominio de sí, que presupone virtudes como el pudor, la templanza, el respeto propio y ajeno y la apertura al prójimo'. Son también importantes aquellas virtudes que la tradición cristiana ha llamado las hermanas menores de la castidad (modestia, capacidad de sacrificio de los propios caprichos), alimentados por la fe y por la vida de oración." (Sexualidad humana: Verdad y significado, 55).

"El cuidado primordial debe ser la instrucción religiosa de la juventud de ambos sexos, en una forma completa e ininterrumpida; se les debe enseñar sobre todo a estar prontos a la oración, a acercarse al Sacramento de la Reconciliación (= Confesión) habitualmente y a recibir la Sagrada Eucaristía [una vez que estén debidamente preparados], a tener una filial devoción a la Santísima Virgen, Madre de la santa pureza, y a ponerse totalmente bajo su protección. Deben tener mucho cuidado de evitar lecturas peligrosas, espectáculos inmorales, malas compañías y todas las ocasiones de pecar" (Comunicado del Santo Oficio de 1931 basado en la Encíclica del Papa Pío XI, La educación cristiana de la juventud, del 30 de diciembre de 1929).

Estos cuidados realmente no se dan en la mayoría de los actuales programas de educación para la castidad. Es por ello conveniente que los padres de familia, bien formados e informados, se encarguen de esta tarea, junto con la ayuda, cuando sea necesaria, de maestros verdaderamente católicos, siempre bajo la estricta dirección de los padres. ¡Si no es así, no se debería permitir que eduquen a sus hijos!

Vigilancia de los padres

En todo caso, si se da educación sexual en las escuelas, tanto públicas como católicas, es preciso que los padres estén muy vigilantes sobre los textos y sobre la forma en que la dan. No importa que los textos sean buenos, el maestro es el que hace el curso.

Los padres son los principales educadores de los hijos, más todavía en esta área tan delicada. El Papa Juan Pablo II lo dijo expresamente cuando se dirigió a los Obispos de Estados Unidos en 1979: "La educación sexual es un derecho y un deber básico de los padres, debe también llevarse a cabo bajo su atenta guía, sea en la casa o en un centro educativo, escogido y gobernado por los padres. Referente a esto, la Iglesia reafirma la ley de la coparticipación, que la escuela tiene la obligación de cumplir cuando coopera en la educación sexual, actuando con el mismo espíritu que anima a los padres".

Acerca de esta solemne obligación de los padres de educar a sus hijos en materia sexual, el Concilio Vaticano II dice que "su papel como educadores es tan decisivo, que si no lo asumen, prácticamente nada podrá compensar por ese fallo" (Gravissimum educationis).

Pero hoy los educadores a menudo no cuentan con los padres, y hasta algunos ridiculizan sus consejos y protestas e ignoran totalmente el papel principal del principio de coparticipación.

Los padres, además de vigilar, deben preocuparse por vivir y profundizar en su fe, tratando de vivirla en la cultura actual materialista. Ellos de esta manera traerán el sentido común a esta área tan delicada.

Una objeción: lo aprenderán en la calle

Algunas personas argumentan que si las escuelas no enseñan lo que es la sexualidad, los jóvenes lo van a aprender en la calle. Es verdad que si lo aprenden en la calle, les va a hacer mucho daño, pero más daño aún les va a hacer en la escuela. Después de todo en la escuela el estudiante es insensibilizado respecto de la sexualidad más aún que en la calle, ya que la instrucción en la sala de clases es dada por una persona que representa una autoridad para el alumno. En todo caso, ni en la escuela ni en la calle es donde deben aprender sobre este tema, sino con sus padres.

Otra objeción: los padres no saben

Muy a menudo oímos: "Pero los padres no enseñan a sus hijos". Yo me siento profundamente ofendido por esa acusación, la mejor educación o formación en la sexualidad y en el amor es vivir en un hogar donde los padres se aman. Papá y mamá no tienen que decir mucho explícitamente sobre la sexualidad como se ha comprobado en épocas pasadas, su ejemplo lo dice todo. La castidad se "contagia" más que se aprende.

Algunos consejos

Educación en el amor o en la castidad

Debe evitarse a ser posible el término "educación sexual" pues implica toda una filosofía hedonista de la vida. No hablar de "sexo" sino de pureza o castidad. Tal como se emplea el término "sexo" ("hablemos de sexo", "sexo seguro"), la sexualidad queda relegada a algo ajeno a la persona, algo dispuesto únicamente para obtener placer. Es por ello que el uso de este término de por sí es totalmente contrario a la vida de fe, a la llamada a la santidad a la que todos hemos sido llamados.

Debe regirse por la formación espiritual y religiosa

Un error común es creer que basta con suministrar conocimientos e información. Ni la mejor información sobre la sexualidad puede hacer a alguien casto; el poderoso apetito sexual debe regirse por la formación espiritual y la práctica religiosa. El Papa Pío XI lo dijo en una forma muy concisa: "La razón por la cual los jóvenes se involucran en problemas sexuales no es por ignorancia, sino por debilidad de la voluntad y pobreza de vida espiritual".

A este respecto, el documento Sexualidad humana: Verdad y significado, del Pontificio Consejo para la Familia, añade lo siguiente:

"La ayuda de Dios no falta nunca si se pone el empeño necesario para corresponder a la gracia de Dios. Ayudando y formando la conciencia de los hijos, los padres deben procurar que frecuenten conscientemente los sacramentos, yendo por delante con su ejemplo. Si los niños y los jóvenes experimentan los efectos de la gracia y de la misericordia de Dios en los sacramentos, serán capaces de vivir la castidad como don de Dios, para Su gloria y para amarlo a Él y a los demás hombres. Una ayuda necesaria y sobrenaturalmente eficaz es frecuentar el Sacramento de la Reconciliación [= Confesión], especialmente si se puede contar con un confesor fijo" (n. 74).

Importancia de los sacerdotes

Los sacerdotes deben comenzar por instruir a los padres desde el púlpito aprovechando todas las oportunidades, ayudando sobre todo a aquellos padres que no conocen su fe, para que empiecen a vivirla y practicarla. Esto dará fuerza nueva a los educadores principales de la familia, que son los padres, para que pongan buenos fundamentos donde edificar la personalidad de sus hijos.

Enseñar toda la moral, sin errores

Desde luego, los maestros, los sacerdotes y los religiosos, bien preparados y que conocen su fe y tienen la gracia de cultivarla en los demás, pueden ayudar a los padres a introducir de nuevo buenos textos de religión (el Catecismo de la Iglesia Católica, etc.) en las escuelas católicas, libros que enseñen toda la moral sin errores. Esto ayudará a los jóvenes a adquirir más sabiduría espiritual y la fortaleza para evitar, en todo lo posible, las ocasiones de pecar, con la práctica tan apreciada por los santos de la "la custodia de los ojos"[que incluye evitar las ocasiones de pecado].

Educación sexual no explícita

Discutir acerca de la parte física de la sexualidad delante de niños y niñas, en muchos casos constituye una ocasión de pecado para ellos. La naturaleza íntima de la sexualidad exige que toda referencia que se haga de ella sea con la mayor reverencia y prudencia. La publicidad es la enemiga de la intimidad y la violación de esa privacidad es tan grave, que puede ser dañina una instrucción sexual en una clase de estudiantes de ambos sexos y de diferente edad emocional, aunque los maestros sean sinceros y cuidadosos.

 

¡Cuánto mejor es dejar que los padres formados e informados enseñen a sus propios hijos en esta área tan crucial!

 

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