ELIGE SUB-SECCIONES en "Homosexualidad"

Sábado, 13 de Agosto de 2011 08:55

Testimonios de ex homosexuales

La Iglesia Católica me ama a mí y a todos los demás que como yo experimentan sentimientos homosexuales. La Iglesia nos mira como adultos que somos, y nos dice que nosotros también podemos cooperar decididamente con el Espíritu Santo en la santificación de nuestra vida. Hemos sido llamados a la santidad por el camino estrecho que nos conduce a ella.

El amor que se puede expresar

 

Por David Morrison

Como católico, y como hombre que tiene una orientación homosexual, le estoy profundamente agradecido a la Iglesia Católica por su doctrina acerca de la homosexualidad y acerca de los actos homosexuales. La Iglesia Católica es casi la única entre las iglesias cristianas que rehúsa, por un lado, tener una actitud paternalista hacia las personas con inclinaciones homosexuales, por medio de un evangelio acomodado; y por el otro, tener una actitud brutal hacia estas personas, por medio de un mensaje irremediablemente hostil.

La Iglesia Católica me ama a mí y a todos los demás que como yo experimentan sentimientos homosexuales. La Iglesia nos mira como adultos que somos, y nos dice que nosotros también podemos cooperar decididamente con el Espíritu Santo en la santificación de nuestra vida. Hemos sido llamados a la santidad por el camino estrecho que nos conduce a ella.

No me fue fácil reconocer el valor de esta doctrina. Desde que tenía 21 años hasta los 28, fui un activista homosexual. Aceptaba y predicaba el mensaje que la comunidad homosexual ofrece hoy en día: la actividad homosexual, mientras sea practicada con las debidas precauciones [v.gr., usando un preservativo] y dentro de una relación comprometida, no es peor que la actividad heterosexual bajo las mismas condiciones. La enseñanza de la Biblia y cualquier otra enseñanza moral que dijeran lo contrario estaban simplemente fuera de moda o probablemente provenían de autores "homofóbicos".

Acumulé con rapidez las cosas que constituyen una vida homosexual exitosa. Adquirí un amante con el propósito de tener una relación duradera, trabajaba mucho y pasaba las vacaciones en lugares turísticos para homosexuales. Mis amigos eran homosexuales, mis relaciones eran homosexuales, mi lugar de trabajo era favorable a los homosexuales y mi vida parecía estar llena de placer y juventud.

Pero no era feliz. Mi corazón andaba inquieto y sin descanso, como también lo estuvo el de San Agustín antes de convertirse al cristianismo, y cada nuevo placer que buscaba sólo traía consigo remordimientos más agudos. Después de poseer todo lo que la vida homosexual tenía que ofrecer, no era suficiente y a principios de la primavera del año en que cumplí los 28 le entregué mi vida a Cristo y comencé a explorar qué quería decir el tomar mi cruz.

Mi exploración me llevó gradualmente, con muchos altibajos, hacia la fe católica, en la cual, desde entonces, he vivido muy agradecido. La enseñanza de la Iglesia sobre la orientación homosexual y la castidad han sido dos grandes fuentes de liberación para mí en mi camino espiritual.

En el contexto de la enseñanza de la Iglesia Católica, los hombres y las mujeres con una orientación homosexual no son automáticamente ni candidatos para ser alabados (en base a ser considerados personas oprimidas), ni para ser condenados (en base a una supuesta pecaminosidad intrínseca). Como el resto de la gente, estas personas tienen la capacidad de elegir el bien o el mal. Esta doctrina de la Iglesia está caracterizada plenamente por el respeto, ya que nos reconoce como hijos de Dios y no como meras bestias dominadas por el instinto.

La otra enseñanza de la Iglesia Católica, de que las personas con inclinaciones homosexuales están llamadas a ser castas, también contribuye a su singular expresión de la gracia de Dios debido a lo que enseña sobre el amor. La cultura contemporánea está llena de falsos sustitutos del amor. Decimos que "amamos" la comida, nuestras mascotas, el salir a pasear, a nuestros padres y a nuestros cónyuges. Pero muchas veces no los amamos por ellos mismos, sino por lo que pueden hacer por nosotros. "Amamos" la comida por su sabor, las mascotas por su compañía, etc., y muchas veces nuestro amor hacia nuestros padres, hijos y cónyuges está condicionado por el interés propio.

Esto es lo que experimentaba en mi vida antes de comprometerme con la castidad y, luego, con la defensa de la vida. Cuando practicaba la actividad homosexual con mi compañero, a veces llamábamos a nuestros actos sexuales "hacer el amor", pero no eran otra cosa que usarse el uno al otro. Cada uno hacía del otro, con su consentimiento, un medio para un fin. Pero eso no es amor y constituye un drástico contraste con la experiencia que he vivido después de comprometerme a ser casto.

Todos nosotros deseamos, y nos merecemos, el ser aceptados profundamente por quienes somos, y no en base a si podemos llenar las necesidades de otros. Paradójicamente, este tipo de compromiso emocional sufre el mayor estrago precisamente cuando las relaciones sexuales forman parte de una amistad. El amor casto puede ser difícil a veces, pero también lo es el vivir en la verdad.

Doy gracias a Dios que la Iglesia Católica comprende esto muy bien y que así lo enseña. Agradezco también a Dios que la Iglesia Católica apoye a una organización como Courage ("Coraje"), que existe para ofrecer ayuda para las personas homosexuales para que vivan esta enseñanza. A través de los años de pertenecer a Courage, he hecho más amistades y más profundas que durante todo el tiempo que viví que practiqué la homosexualidad y estoy convencido de que este tipo de testimonio ayudará a la cultura actual a darse cuenta, no sólo de que la actividad homosexual es grave en sí misma, sino también de la verdadera naturaleza del amor.

Fuente: David Morrison, "Love That Speaks Its Name," Courage. The Newsletter, No. 2 (1997). Courage es una organización católica dedicada a ayudar a las personas con inclinaciones homosexuales a vivir la castidad y la enseñanza de la Iglesia Católica. Para conocer más acerca de Courage, diríjase a: Courage Central Office, 210 W. 31st St., New York, NY 10001, U.S.A. (212) 268-1010 Fax: (212) 268-7150; e-mail:  Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla ; página web: http://www.couragerc.net. Véase también Ayuda para las personas homosexualesFactores que causan la homosexualidadCuración de la homosexualidad en este mismo sitio electrónico de Vida Humana Internacional. En las últimas ventanas mencionadas encontrará más testimonios de personas que se han curado de su homosexualidad.

Testimonio de un homosexual

Anónimo

Voy a hablarles principalmente a todos los jóvenes sobre un problema de un amigo y el sentido que para él tiene la vida siendo portador del HIV, el virus que causa el SIDA. Él me ha permitido dar testimonio del problema, de los sufrimientos y de los cambios que ha habido en su vida.

Empiezo por el principio, se trata de un joven que nació en provincia, en un pueblo pequeño donde pasó su niñez y parte de su juventud al lado de sus padres y sus hermanos. Fue muy feliz, pero a él le ilusionaba el abrirse paso en la vida de la ciudad -- él sólo sin la ayuda de su familia.

Un día, con el permiso de sus padres, se fue a la ciudad sin saber lo que allí le esperaba. Su ilusión era trabajar para formar un hogar y vivir honestamente. Parte de eso lo logró a base de esfuerzos, pero conoció a personas de su mismo sexo con las que creyó que su felicidad sería eterna.

Se enamoró y fracasó, le pagaron mal y un día recurrió al médico por una pequeña enfermedad. Cual sería su sorpresa cuando le comunicaron que era portador del virus del SIDA, enfermedad mortal. De momento él sintió que allí su vida terminaba. No se lo comentó con nadie -- ni siquiera con su familia. Se guardó el problema para él solo. Pero como vivía solo, con el paso del tiempo, la soledad, la angustia y el problema le empezaron a afectar. A pesar de no presentar ningún síntoma del SIDA, su desesperación fue aumentando, pues a su mente venían muchos pensamientos. Pensó que su vida no tenía ningún sentido vivirla así y hasta pensó en quitarse la vida, pues nunca podría ser una persona normal. Pero también pensaba que al quitarse la vida iba a causarle un sufrimiento a sus padres que lo querían mucho.

Antes de llevar a cabo lo que él creía que sería la única solución, Dios apareció en su camino. Un día cuando miraba la televisión, vio y escuchó que un grupo de personas católicas que formaban el equipo diocesano ayudaban a todas las personas con problemas como el de él. Recurrió a ellas, se desahogó, contó su problema, lo ayudaron moral y espiritualmente. Él le prometió a Dios acercarse a Él lo que le quedaba de vida y ponerse en manos de Cristo.

Gracias a Dios y al grupo de personas que tanto lo apoyan ha superado mucho, está consciente del problema. Tiene paz interior y sabe que un día va a morir, pero quiere estar preparado para el momento. Jamás piensa en atentar contra su vida. Tiene tranquilidad, porque siente que Dios siempre está con él en su soledad, en la angustia y en la enfermedad. No culpa a la persona que lo contagió, pues esa persona también fue víctima del virus. Le duele que haya personas con el mismo problema y que estén tan deshubicadas destruyendo su vida y la de los demás, pudiendo encontrar tranquilidad acercándose a Dios.

Así pues, este joven vive feliz aún con el problema que tiene y que su familia ignora desde hace año y medio. Tiene sus recaídas, pero gracias a Dios las supera también. El les envía a todos los jóvenes este mensaje: que sean conscientes de que después de un contagio nada es igual y que el SIDA es una enfermedad incurable que causa la muerte, que vivan la vida felices al lado de sus padres, que se preparen para formar un hogar, que tengan diversiones sanas, que en cuanto a la sexualidad elijan muy bien a su pareja del sexo opuesto para casarse, teniendo relaciones sexuales sólo después del matrimonio, ya que Dios sólo hizo dos sexos: el masculino y el femenino.

La realidad de la homosexualidad

Por Richard G. Howe

Will (no su verdadero nombre) era un buen amigo. Aunque parecía ser un poco afeminado, nunca se me ocurrió pensar que podría ser homosexual. Nunca me insinuó nada ni tampoco me dio ninguna indicación de que se consideraba diferente. Nuestra amistad giraba en torno a nuestro interés común por la música y, más importante aún, a nuestra relación con Cristo. Will decía que él era cristiano.

Nuestra amistad se desarrolló hasta el punto en que Will confiaba en mí plenamente, entonces me confesó que había tenido sus "luchas" con la homosexualidad desde antes de la adolescencia. No pasó mucho tiempo, sin embargo, antes de que su lucha con la homosexualidad regresara y se encontró a sí mismo vacilando entre períodos de tiempo en que se controlaba a sí mismo, períodos en que experimentaba culpabilidad y períodos en que se sentía a gusto llevando a la práctica su homosexualidad.

Yo estaba convencido de que el homosexualismo estaba mal y que, desde una perspectiva cristiana, no podía ser justificado. Pero no me sentía capaz de entenderle ni de ayudarle. Después de un tiempo y debido a nuestros respectivos compromisos universitarios, Will y yo nos fuimos a lugares diferentes y perdí contacto con él.

Algunos años después, Will regresó y enseguida renaudamos nuestra amistad. Una noche salimos a caminar juntos y debió de haberse dado cuenta de que en mi interior yo me estaba preguntando qué había hecho acerca de su homosexualidad. Hasta ese momento estaba de lo más entusiasmado contándome acerca de las magíficas oportunidades que había tenido de servir a la causa del cristianismo por medio de la música. Pero estaba deseoso de contarme cómo le había ido en relación con la homosexualidad y yo también tenía deseos de escucharlo. Me causó una gran alegría cuando me dijo que había dejado su homosexualismo. Ya habían quedado atrás los días en que trataba de justificar lo que él siempre había sabido que era una abominación ante Dios. Por fin había aceptado que el homosexualismo era una violación del orden establecido por Dios y que el amor que había estado experimentando no era otra cosa que un sustituto pecaminoso de la voluntad de Dios.

Fuente: Homosexuality in America. Exposing the Myths, Tupelo, MS: The American Family Association, 1994, p. 2. The American Family Association, P.O. Drawer 2440, Tupelo, MS, 38803, EE.UU.

Mi compromiso a una vida de castidad

"Es sólo una fase" decíamos mi madre, mis dos hermanas mayores y yo, durante mi primer año de escuela secundaria. Estaba enamorada de la chica más bonita y más popular de la escuela. Poco sabíamos que esa era la primera de muchas veces en mi adolescencia que comencé a experimentar sentimientos homosexuales.

Durante mi año final de la secundaria no lo podía soportar más. Sentía como que un día esos sentimientos homosexuales estarían a punto de estallar incontrolablemente fuera de mí. Asumí que mi familia no entendería así que escribí una nota anónima al club "gay & lesbian" de la escuela pidiendo ayuda. Entonces me di cuenta que una profesora de la que estaba enamorada era bisexual. Arreglé una cita para almorzar con ella y terminó comprándome una novela lesbiana de ficción para ayudarme a "emerger".

Pronto me enteré sobre grupos "emergiendo" ("coming out") en la ciudad y comencé a asistir a ellos regularmente. Empecé a ver a una consejera lesbiana. Ella no hizo mucho sino confirmar mis sentimientos. Después empecé a ver a una psicóloga, a quien me refirieron, que enseñaba en mi escuela. Ella trató de empujarme dentro del estilo de vida lesbiano. Sus palabras exactas fueron "¿Cuándo dejarás de vivir tu vida en el limbo?". El "proceso" estaba alargándose tanto conmigo porque muy dentro de mí sabía que algo andaba mal. Sabía cómo se sentía mi familia. Asistí a la Iglesia regularmente y oraba para saber el camino correcto a tomar, a pesar de eso continuaba buscando ayuda en todos los lugares equivocados.

En medio de todo esto en realidad conocí a un hombre en el que me interesé. Él era todo lo que yo podría haber buscado en un novio, pero tuve que terminar con él después de tres meses porque los sentimientos homosexuales continuaban trepando sobre mí. Esto me empujó aún más dentro del estilo de vida lesbiano.

Cuando mi mamá trajo a colación la religión yo me desahogaba diciendo que no había tal cosa como el infierno. Yo estaba recitando todas las mentiras de Satanás. Justificaba mi estilo de vida a mi hermana diciéndole que yo podía tener toda la diversión que quería y no preocuparme del control natal o de quedar embarazada. Incluso encontré una monja que me aseguró que a Dios no le importaba si yo perseguía relaciones lesbianas. Cuando mi conciencia me incomodaba hablaba a esta monja quien me afirmaba en el camino que estaba tomando.

Mi familia me dio un ultimátum: deja la escena "gay" o múdate. Dispuse mi mente para mudarme con mi "novia". Pero el Espíritu Santo tenía otros planes. Me enteré que justo el día siguiente una de mis hermanas mayores quería verme y hablar conmigo. "Muy bien", pensé, "ahora podré realmente darle a ella cada pieza de mi mente." En lo profundo yo estaba temerosa e infeliz por lo que estaba haciéndole a mi familia, pero a pesar de todo fui a ver a mi hermana, armada de todos mis libros pro-gay y preparada para refutar lo que sea que tuviera que decirme. Yo estaba lista para la batalla.

Las cosas no ocurrieron como yo lo había planeado. Mi corazón se abrió cuando mi hermana amorosamente habló acerca del corazón y la voluntad de Dios y cómo ella y el resto de la familia realmente me amaban. Ella estaba dispuesta a trabajar conmigo y me pidió que por lo menos le diera seis meses para tratar. Dijo que yo tenía que cortar de inmediato mis amistades lesbianas. Dijo que tenía que confiar en ella. Sorpresivamente me encontré a mí misma diciéndole "Sí". Realmente estaba diciéndole "Sí" al Espíritu Santo.

Lloré todo ese día. Estaba helado y lluvioso. Me encontraba en un desorden emocional y sabía que tenía un camino difícil por delante. A pesar de ello nunca había sentido el amor derramarse sobre mí como esa vez. Estaba experimentando una lucha interior entre el Espíritu Santo y la esclavitud de Satanás. Más tarde me enteré que mi hermana había estado orando por mí desde su corazón y que ella ni siquiera sabía lo que estuvo diciendo. Con la ayuda de Dios puse fin a mis ataduras lesbianas dentro de los siguientes dos días.

Los siguientes seis meses ciertamente no fueron fáciles, pero un completo nuevo mundo estaba abierto para mí. Mi literatura "gay" fue reemplazada por literatura religiosa. Empecé a asistir regularmente a reuniones de oración y estudios de Biblia. Decidí escuchar la radio cristiana y a ver televisión católica. También empecé a asistir a grupos de apoyo espiritual diseñados para ayudar a personas como yo.

Hubieron muchas noches en que extrañé a mi "novia" y estuve tentada de ceder y llamarla. Doy gracias al Señor que me salvó en el momento perfecto, antes de que ella se volviera mi "amante". Él ciertamente sabe cuánto sufrimiento necesitamos para volvernos maduros y completos, cuánto podemos soportar. No me ayudó el que ella dejara un mensaje en mi máquina contestadora diciéndome que me extrañaba terriblemente. Hubieron días y noches que lloré y lloré. Una noche fui al patio trasero, miré al cielo y estaba alegando con Dios para que me dijera por qué. Mi hermana siempre estuvo ahí para mí. Aprendí cómo encargarme de la tentación. Cada momento de debilidad me hizo más fuerte. Cada evento era un cambio radical. Vivía apoyándome en citas de la Biblia. Jesús con certeza me tenía agarrada.

Mayores aspectos de mi sanación tomaron lugar cuando comencé a rezar el rosario diariamente, ir a Misa diaria y pasar tiempo con Jesús en el Santísimo Sacramento tan a menudo como era posible. Mis tentaciones homosexuales declinaron.

Aún soy amiga del hombre que conocí hace más de tres años. Le hablé sobre mi pasado y de mi decisión de dejar al mismo atrás. Él estaba muy orgulloso de mí. Sentimientos heterosexuales están gradualmente comenzando a surgir hacia él y quizás un día Dios nos una en matrimonio, si Él piensa que estoy lista para ello. Es algo por lo que ahora estoy orando.

Lo importante es mi compromiso a una vida de castidad en unión con Cristo. Aún tengo tentaciones ocasionalmente pero no las dejo molestarme o que interfieran con mi vida porque creo que "¡Él que ha comenzado Su buena obra en mí, la continuará hasta el día de Jesucristo!"

Nota: Tomado de : http://couragerc.net/Espanol/Testimonies-Wendy.html , el website de Courage, la organización que ayuda a las personas homosexuales a vivir una vida casta. Para obtener más información visite : http://couragerc.net/Espanol/ESPIndex.html.

Ultima modificacion el Lunes, 25 de Junio de 2012 06:19
Enlaces en Inglés:  Pro Life Movement and other Links



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