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Jueves, 14 de Abril de 2011 10:54

La Iglesia enseña lo mismo sobre el aborto desde el primer siglo

Quienes dicen que la posición de la Iglesia contra el aborto es solo reciente deberían estudiar el Catecismo de la Iglesia Católica:

"2271- Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral."

"No matarás al embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido. (Didajé, 2, 2; Bernabé, ep. 19, 5; Epístola a Diogneto 5, 5; Tertuliano, apol. 9)."

"Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables (GS 51, 3)."

En efecto, la Iglesia católica desde el principio ha enseñado que el 5to Mandamiento prohíbe matar a un inocente. El Didache, el primer catecismo escrito (70AD), especifica el aborto entre los pecados contra el 5to Mandamiento:

«No matarás »: «Dos caminos hay, uno de la vida y otro de la muerte; pero grande es la diferencia que hay entre estos caminos... Segundo mandamiento de la doctrina: No matarás... no matarás al hijo en el seno de su madre, ni quitarás la vida al recién nacido... Mas el camino de la muerte es éste:... que no se compadecen del pobre, no sufren por el atribulado, no conocen a su Criador, matadores de sus hijos, corruptores de la imagen de Dios; los que rechazan al necesitado, oprimen al atribulado, abogados de los ricos, jueces injustos de los pobres, pecadores en todo. ¡Ojalá os veáis libres, hijos, de todos estos pecados! ». (Didache 2:1–2 [A.D. 70]).

 

Tertuliano, Padre de la Iglesia, siglo II:
“El asesinato, estando una vez y para siempre prohibido, no permite destruir ni siquiera el feto en el vientre... Obstaculizar un nacimiento es meramente una forma mas rápida de matar; no importa si tomas una vida nacida o destruyes una que va a nacer. Ese es un hombre que va a ser; tienes la fruta ya en la semilla” (Apología 9:8 [A.D.197]).

 

 

Durante la Edad Media, teorías inadecuadas de embriología llevaron a algunos teólogos a especular que quizás una vida humana capaz de recibir un alma inmortal no existía hasta unas semanas de comenzado el embarazo. Estas teorías llevaron a la ley canónica a hacer distinción entre las penalidades por abortos al principio o más tarde en el embarazo. Sin embargo, la enseñanza moral de la Iglesia nunca justificó ni permitió el aborto en ningún momento del desarrollo. (Ver: ¿Aceptó Sto. Tomás el aborto? )

Estas teorías biológicas erradas quedaron obsoletas hace más de 150 años, cuando los científicos descubrieron que el nuevo individuo humano comienza a existir en el momento de la fertilización. Es la ciencia la que demuestra que la vida humana comienza en la concepción (fertilización). (Ver: El desarrollo prenatal.)

 

Si sabemos que la vida humana comienza en la concepción (dato científico) y si reconocemos que esa vida humana merece ser respetada como la de toda persona humana, entonces podemos entender la enseñanza católica a favor de la vida y contra el aborto.

En el libro titulado "Aborto: El Desarrollo de la Perspectiva Católica Romana" (Loyola, 1977), que es una de las obras más importantes sobre este tema, el jesuita John Connery concluye su estudio con estas palabras:

"La tradición cristiana, desde los primeros días, revela una firme actitud contra el aborto... La condenación del aborto no dependió y no estaba limitada de ninguna manera, a las teorías que se refieren al comienzo de la animación fetal. Aun durante los muchos siglos en que la práctica penal y penitencial de la Iglesia se basaba en la teoría de la animación retrasada, esto nunca afectó la condenación del aborto. Cualquiera que fuese la posición que se tomara sobre el comienzo de la animación, o sobre cuando el feto es un ser humano en el sentido estricto del término, se consideraba el aborto como un mal desde el momento de la concepción y el momento de la animación nunca se veía como una línea moral divisoria entre lo que se puede o no permitir."

 

Para ponerlo en las palabras más directas del gran teólogo luterano, el Pastor Dietrich Bonhoeffer:
"La destrucción del embrión en el vientre de la madre es una violación del derecho a vivir que Dios ha dado a esa vida naciente. Presentar la pregunta que si ya estamos aquí frente a un ser humano o no es simplemente confundir el tema. El hecho es simplemente que Dios ciertamente tuvo la intención de crear un ser humano y que este ser humano naciente ha sido intencionalmente privado de su vida. Y esto no es otra cosa sino asesinato."

 

Desde los tiempo apostólicos la tradición cristiana ha sostenido abrumadoramente que el aborto es gravemente maléfico. Al carecer de conocimientos modernos de medicina, algunos de los primeros Padres decían que el aborto era homicidio; otros, que era equivalente a homicidio; y varios eruditos teorizaron sobre cuando y como los no nacidos son animados o reciben el alma. Pero ninguno disminuyó el mal específico que es el aborto por ser un ataque a la vida misma, y la Iglesia de los primeros siglos asoció estrechamente el aborto con el infanticidio. En breve, desde el principio, la comunidad creyente cristiana sostuvo que el aborto era un mal grave.

Por supuesto, nosotros sabemos con certeza biológica exactamente cuando comienza la vida humana. Por eso las excusas falsamente "religiosas" a favor del aborto y el llamado "derecho a escoger" no son más que eso: excusas que rompen radicalmente con la creencia histórica cristiana y católica.

El aborto mata una vida humana no nacida y en desarrollo. Siempre es un mal grave, como lo son las evasiones que se emplean para tratar de justificarlo. Los católicos que hacen esto - sean famosos o no- solo se engañan a sí mismos y abusan de la fidelidad de los católicos, que buscan sinceramente seguir el Evangelio y vivir su fe católica.

El deber de la Iglesia y otras comunidades religiosas es dar testimonio moral. El deber del Estado y sus funcionarios es servir al bien común, el cual siempre esta enraizado en la verdad moral. Un entendimiento apropiado de la "separación de la Iglesia y el Estado" no implica separar la fe de la vida política. Pero, por supuesto, siempre es importante saber lo que nuestra fe realmente enseña.

Nota: Este artículo es la aclaración escrita por el Padre Jordi Rivero, párroco de la Iglesia San Ramón de Peñafort en Miami, Estado de la Florida, U.S.A. Incluye información tomada del texto de la declaración emitida al respecto, por el Arzobispo Charles J. Chaput, O.F.M., de Denver, Colorado, titulada: "On the Separation of Sense and State: A Clarification for the People of the Church in Northern Colorado", publicada en: http://www.archden.org/images/ArchbishopCorner/ByTopic/onseparationofsense&state_openlettercjc8.25.08.pdf .

 

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