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Jueves, 14 de Abril de 2011 10:59

El aborto en la Biblia y en la Tradición de la Iglesia

Existe un pequeño pero influyente círculo de defensores pro-elección que reclaman que sus creencias se basan en la Biblia. Mantienen que “en ninguna parte la Biblia prohíbe el aborto”. Sin embargo la Biblia prohíbe claramente el asesinato de inocentes (Exodo 20:13). Por ello, para probar la prohibición bíblica del aborto, es necesario demostrar que la Biblia considera al nonato un ser humano.

La personalidad en la Biblia

Numerosas sociedades antiguas se oponían al aborto, pero la antigua sociedad hebrea tenía las razones más claras para esta oposición, ya que se fundamentaban en las escrituras. La Biblia enseña que hombre y mujer son creados a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1,27). Como culmen de la creación divina, el género humano tiene un valor intrínseco muy por encima del reino animal, puesto por Dios bajo sus pies. A lo largo de todas las escrituras este valor intrínseco de la persona nunca es medido en función de la edad, del estado de desarrollo mental o físico o de las habilidades sociales. La personalidad es infundida por Dios en el momento de la creación, antes de la cual no existe el ser humano y después de la cual existe. El momento de la creación no es otro que el de la concepción.

La palabra hebrea utilizada en el Antiguo Testamento para referirse al nonato (Éxodo 21, 22-25) es yeled, generalmente usada para niños pequeños pero también para adolescentes e incluso para adultos jóvenes. Eran igual que los otros niños, sólo que más jóvenes. Los hebreos no tenían ni necesitaban una palabra diferente para los niños nonatos. En la Biblia hay referencias a niños nacidos y a nonatos, pero no existe nada semejante a potencia, incipiente o “casi” niño.

Job describe la forma en la que Dios le creo antes de su nacimiento.(Job 10,8-12). La persona en el vientre no era “algo” que podía llegar a ser Job, sino que es “alguien”, es Job, simplemente un versión más joven de la misma persona. A Isaías Dios le dice “Esto dice Dios, El que te hizo, El que te formó en el vientre de tu madre (Isaias 44,2). Lo que una persona es, no simplemente lo que puede llegar a ser, está presente en el vientre de su madre.

El salmo 139,13-16 esboza una retrato gráfico del íntimo envolvimiento del Dios a una persona nonata. Dios crea “lo más profundo del ser” de David, no en el nacimiento sino antes. David dice a su Creador “me formaste en el seno de mi madre”. Cada persona, sin tener en cuenta su condición o linaje, no ha sido fabricada en una cadena de montaje cósmica, sino que ha sido personalmente creada por Dios en el seno de su madre. Todos los días de su vida han sido planeados por Dios antes de ser creada (Salmo 139,16).

Como miembro de la raza humana que rechazó a Dios, cada persona tiene el pecado original desde Adán, y es por lo tanto pecador desde el principio(Romanos 5,12-19). David dice “en la culpa nací” pero entonces se remonta a un momento anterior al nacimiento, al comienzo real de su vida diciendo “pecador me concibió mi madre” (Salmo 51, 5). Cada persona tiene por lo tanto una naturaleza de pecado desde el momento mismo de la concepción. ¿Quién sino una persona puede tener una naturaleza de pecado? Las piedras, los árboles, los animales y los órganos del cuerpo humano no tienen una naturaleza moral buena o mala. La moralidad sólo puede ser atribuida a una persona. Si hay una naturaleza de pecado desde el momento de la concepción, esto demuestra que en ese momento ya hay una persona presente capaz de poseer dicha naturaleza.

A Jacob se le dio prominencia frente a su gemelo Esaú “desde antes de nacer“(Romanos 9, 11).  Cuando Rebeca está embarazada de Jacob y de Esaú  la escritura dice “los bebés se empujaban uno al otro dentro de su madre” (Génesis 25, 22) . Los nonatos son considerados bebés en el pleno sentido de la palabra. Dios dice a Jeremías: “antes de que te formara en el vientre de tu madre yo ya te conocía” (Jeremías 1, 5). El no podía conocer a Jeremías en el vientre de su madre si Jeremías, la persona, no hubiera estado ya presente en el seno de su madre. El Creador envuelve en una intima relación de conocimiento no sólo a los nacidos sino también a los nonatos.

En (Lucas 1, 41-44), hay referencias al aun no nacido Juan el Bautista, que estaba al final del segundo trimestre de embarazo. La palabra, traducida como bebé, en los versículos del Evangelio es la palabra griega “Brephos”. Es la misma palabra utilizada para el ya nacido niño Jesús (Lucas 2, 12-16), y para los niños que fueron presentados a Jesús para que los bendijera (Lucas 18, 15-17). Es también la misma palabra usada en (Hechos 7, 19) para los recién nacidos asesinados por el faraón. Para los que escribieron el Antiguo y el Nuevo Testamento, un bebé es simplemente un bebé. El nonato Juan el Bautista responde a la presencia del nonato Jesús dentro de su madre María, cuando Jesús probablemente apenas tenía 10 días desde su concepción (Lucas 1, 41).

El ángel Gabriel anuncia a María: “concebirás un niño y darás a luz un hijo (Lucas 1, 31). En el siglo primero y en todos los siglos, estar embarazada es concebir un niño, y no “algo” que se convertirá en un niño. Las escrituras enseñan una unión psicosomática de toda la persona, cuerpo, alma y espíritu (1 Tesalonicenses 5:23). Donde quiera que exista un ser humano genéticamente independiente existe un alma y un espíritu viviente.

El Estatus del nonato

Según la sentencia de un estudioso de la Sagrada Escritura, “estudiando la ley del Antiguo Testamento, en su contexto histórico y cultural, es evidente que la vida del nonato está en la misma posición que la de cualquier otra persona ya nacida.”

En ocasiones, se han utilizado las referencias al aborto espontáneo (Exodo 21, 22-25) como evidencia de que un nonato es subhumano. Pero una correcta traducción e interpretación del pasaje demuestra, que no se habla de un aborto espontáneo sino de un parto prematuro y que el daño al que se refiere que debe de ser compensado, se aplica tanto al niño como la madre. Esto significa que en realidad este pasaje, lejos de justificar una permisividad frente al aborto, es lo que garantiza un estatus del niño nonato ante la ley igual al de la madre.

Meredith Cline hace la siguiente observación: “Lo más importante sobre la regulación del aborto en la Ley bíblica es que no existe. Era tan impensable que una mujer israelita deseara un aborto que no había necesidad de mencionar esta ofensa en el código de delitos.” Todo lo que era necesario para prohibir un aborto es el mandamiento “No matarás” (Éxodo 20, 13). Todo israelita sabía que un niño nonato era realmente un niño. En consecuencia, todo aborto espontáneo era siempre visto como la pérdida de un hijo y todo aborto provocado era visto como el asesinato de un niño.

En Números (5, 11-31) hay un inusual pasaje de la escritura usado como argumento central en el libro “Estudio pro-elección de la Biblia” publicado por los “Episcopalianos para la libertad religiosa”. Utilizan una traducción muy especial de la nueva Biblia inglesa en la cual parece que Dios provoca un aborto espontáneo a una mujer si ha sido infiel a su marido. Otras traducciones hablan de “aguas de maldición que inflen tu vientre y hagan languidecer tus caderas”, pero no hablan en ningún caso de embarazo, que si hubiera estado en la intención simplemente hubiera sido mencionado directamente.

La mujer en cualquier caso podría estar embarazada del marido, asumiendo que habían tenido relaciones como las parejas hebreas normalmente tenían. Parece que se esperaba que Dios hiciera una especie de milagro relacionado con un agua amarga, provocando una dramática reacción física si el adulterio se había cometido. El texto no hace ninguna referencia a ningún embarazo ni a ningún aborto. En realidad, en la mayoría de los casos de sospecha de adulterio no había ningún embarazo y en consecuencia ningún niño en peligro.

El “Estudio proelección de la Biblia” que cita únicamente la traducción de la nueva Biblia inglesa, sugiere que si Dios realmente causa abortos espontáneos entonces eso significaría la exculpación de las personas que realizan abortos. Existe una abismal diferencia entre que la mujer, el marido o el sacerdote tomen la decisión de inducir un aborto y que tengan el derecho a hacerlo. El pasaje en cualquier caso no parece en absoluto hacer referencia ninguna a un aborto espontáneo, pero incluso aunque así fuera, no hay absolutamente nada que sugiera ninguna exculpación de las personas que provocan un aborto.

El sacrificio de niños

El sacrificio de niños se condena a lo largo de toda la escritura. Solo las sociedades mas degradadas toleran semejante atrocidad, y lo peor de todo, la defienden y celebran como si fuera una virtud. Antiguos vertederos han sido encontrados llenos de huesos de cientos de niños desmembrados. Esto tiene una notable semejanza con los descubrimientos de miles de bebés muertos abandonados en los modernos abortuarios. Una antigua sentencia de Oriente próximo se refiere al sacrificio de niños como el equivalente cananita del aborto. A diferencia de los sacrificios paganos, ahora con el aborto, el asesinato de niños no tiene que ser ya pospuesto hasta el momento del nacimiento.

La escritura condena el derramamiento de sangre inocente (Deuteronomio 19, 10; Proverbios 6, 17; Isaías 1, 15, Jeremías 22, 17) Si bien el asesinato de todo ser humano inocente es siempre detestable, la Biblia juzga el asesinato de niños como particularmente odioso ( Levítico 18,21; 20, 1-5, Deuteronomio 12, 31). Los profetas de Israel fueron ultrajados por el sacrificio de niños por algunos de los judíos. Ellos advirtieron del severo y devastador juicio de Dios a su sociedad (Jeremías 7, 30-34; Ezequiel 16, 20-21; 36-38; 20,31; 2 Reyes 21:2-6 y Jeremías 15, 3-4).

El aborto y la Tradición de la Iglesia

Los cristianos a lo largo de toda la historia de la Iglesia han afirmado al unísono la humanidad del niño nonato. En el siglo II la Epístola de Barnabás habla del “asesinato de el niño, que aborta el molde de Dios”. Trata al niño nonato como a  cualquier otro ser humano “prójimo”. “Debes de amar al prójimo más que a tu propia vida. No debes matar a un niño abortándolo. No debes matar lo que ya ha sido creado” (Epístola de Barnabás 19, 5).

El Didajé, un catecismo del siglo II para conversos, afirma: “No mates a un niño con un aborto ni asesines a un recién nacido ( Didajé 2, 2) Clemente de Alejandría mantenía que “ aquel que usa medicinas abortivas para ocultar su fornicación causa no solo la muerte del feto, sino también la de toda la raza humana.”

Defendiendo a los cristianos antes de Marco Aurelio en el 177, Atenágoras argumenta: “¿Qué razón podemos tener para cometer un asesinato cuando decimos que las mujeres que inducen abortos son asesinas y debemos de dar cuenta de esto a Dios?.... El feto en el vientre materno es un ser viviente y por lo tanto sujeto de cuidado y protección para Dios. (Súplica por los cristianos 35.6)

Tertuliano dice: “No importa si quitas una vida ya nacida o destruyes una vida que está por nacer, en ambos casos se trata de un asesinato” ( Apología 9.4). Basilio el Grande afirma: “Aquellos que dan abortivos para destruir al niño concebido en el seno materno, son asesinos, lo mismos que los que los reciben.’ (Cánones 188,2) Jerónimo llama al aborto “el asesinato de un nonato.” (Carta a Eustaquio 22, 13) Agustín previene sobre el terrible crimen del “asesinato de un niño nonato.”  (Sobre el matrimonio 1.15.17) Orígenes, Cipriano y Crisóstomo están entre los muchos prominentes  teólogos y padres de la Iglesia que condenan el aborto como el asesinato de niños. El estudioso del Nuevo Testamento Bruce Metzger comenta: “Es realmente significativa la uniformidad y firmeza de la oposición de los primeros cristianos al aborto.”

A lo largo de los siglos, la jerarquía de la Iglesia Católica ha sostenido de manera consistente la sacralidad de la vida humana. El reformador protestante Calvino sigue tanto las escrituras como la posición histórica de la Iglesia cuando afirma:

“El feto, aún enclaustrado en el seno de su madre, es ya un ser humano y es el más monstruoso de los crímenes arrancarle la vida, la cual todavía no ha empezado a disfrutar. Si parece más horrible matar a un hombre en su propia casa que en el campo, porque su casa es el lugar donde se encuentra en su más seguro refugio, ha de ser seguro que se juzgue como más atroz destruir un feto en el vientre de su madre antes de que vea la luz.”

Los teólogos modernos con fuerte orientación bíblica están de acuerdo en que el aborto es el asesinato de un niño. Dietrich Bonhoeffer, que perdió su vida manteniéndose firme ante el asesinato de inocentes en Alemania, argumentó que el aborto “no es sino un asesinato.”

Kart Barth afirma: El niño nonato es desde el primer momento un niño…, es un hombre y no un cosa, no es simplemente una parte del cuerpo de la madre. Aquellos que viven por misericordia, deben estar siempre dispuestos a practicar la misericordia, especialmente con los seres humanos que son tan dependientes de la misericordia de los demás como el niño nonato.”

En las últimas décadas se ha convertido en habitual por parte de ciertos teólogos y ministros ser proabortista. La Coalición Religiosa por el Derecho al Aborto por ejemplo, ha adoptado el lema: “Orantes proelección” y los defensores de los proelección lo señalan como una prueba de que se puede ser un cristiano comprometido y a la vez proelección.

Los argumentos de los proelección son poco profundos, inconsistentes y violan los principios básicos de la interpretación bíblica. Sus argumentos son más lecturas literales que interpretaciones rigurosas de la Biblia.

Los “cristianos” proelección no son sino una acomodación a las modernas creencias seculares y chocan frontalmente con la Biblia y con la posición que históricamente ha tenido y tiene la Iglesia. Si la Iglesia quiere ser la Iglesia debe desafiar y guiar la moralidad de la sociedad, no reflejarla.

Conclusión: La Biblia y los niños

Aunque la tradición de la Iglesia no fuera clara en esta materia, la Biblia es muy clara. Cada niño en el vientre materno ha sido creado por Dios y El ha diseñado un plan para la vida del niño. Más aun, Cristo ama a ese niño y lo ha probado haciéndose como él: El también pasó 9 meses en el seno de su madre. Finalmente, Cristo murió por ese niño, mostrando cuan precioso es para El.

Los discípulos de Jesús no comprendieron lo  valiosos que eran los niños para El y reprendieron a aquellos que trataban de traerlos cerca de El (Lucas 18, 15-17). Mas Jesús llamó a los niños, diciendo: "Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis; porque de los que son como éstos es el Reino de Dios”. Cristo no considera la atención a los niños como una distracción de su Reino, sino más bien como una parte integral del mismo.

La visión bíblica de los niños es que son una bendición y un regalo del Señor (Salmo 127, 3-5). Sin embargo, la sociedad cada día trata más a los niños como responsabilidades. Debemos aprender a verlos como Dios lo hace: “El defiende la causa de los huérfanos y de las viudas y ama al forastero dándole comida y vestido” ( Deuteronomio 10, 18). Mas allá, debemos actuar con ellos como Dios nos manda que lo hagamos: “ Defended la causa de los débiles y los huérfanos, velad por los derechos de los pobres y los oprimidos, liberad al débil y al necesitado, arrancadles de la mano de los impíos. "

Lo que hagamos por uno de sus hermanos más pequeños, es a Cristo mismo a quien se lo hacemos.

Nota: Traducido con la autorización del autor, del texto original en inglés : “Abortion in the Bible and Church History” enhttp://christiananswers.net/q-eden/edn-abortioninthebible.html .

 

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