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Jueves, 14 de Abril de 2011 11:03

Abortar o dejar nacer: Lo que dice la Iglesia Católica

Introducción

 

"Los católicos comprometidos tienen opiniones diversas sobre el aborto". Esta declaración apareció en el diario New York Times, el 7 de octubre de 1984. El anuncio fue patrocinado por el grupo de Católicas Por el Derecho a Decidir (CFFC por sus siglas en inglés y CDD por sus siglas en español); grupo que considera el aborto moralmente aceptable. El objetivo de esta organización y de sus simpatizantes, es crear tanto entre los católicos como entre los no católicos la impresión de que:

  • 1. La Iglesia Católica no tiene unidad de doctrina sobre si el aborto es una inmoralidad o no, y
  • 2. Históricamente la Iglesia Católica no ha sido consistente en su doctrina sobre el aborto.

Desafortunadamente, esta campaña ha sido aceptada por personas con poca información, tanto católicos como no católicos. Antes de considerar las declaraciones de Católicas Por el Derecho a Decidir, es necesari informar sobre dicha organización.

CFFC fue fundada en 1970. Su primer presidente fue Joseph O'Rourke, sacerdote jesuita expulsado de su comunidad religiosa en 1974. Desde el principio esta organización fue patrocinada ampliamente por compañías productoras de anticonceptivos o que se interesaban por el control de la natalidad. Además, esta organización tiene una relación estrecha con grupos a favor del aborto. Ninguna de estas compañías y grupos tienen conexión con la Iglesia Católica.1

Algunos miembros de la organización han tenido una conexión indirecta con la Iglesia Católica, pero el grupo como tal, no ha recibido apoyo o patrocinio de ningún obispo católico y por eso no puede proclamarse como una organización católica.

En este escrito vamos a considerar la enseñanza de la Iglesia, no las "opiniones" de quienes no aceptan la doctrina católica. Los obispos en unión con el Papa, constituyen el Magisterio de la Iglesia Católica, y si hay algo sobre lo que todos están de acuerdo, es el derecho a la vida de los no nacidos. Por el contrario de lo que alega CFFC, los católicos comprometidos apoyan esa enseñanza.

Historia de la doctrina sobre el aborto

¿Cuál es la posición de la Iglesia Católica sobre el aborto? ¿Ha sido ésta consistente a través de la historia, o ha ido cambiando?

La mejor respuesta a estas preguntas es la Declaración Sobre el Aborto Provocado, publicada por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe el 18 de noviembre de 1974.2 Citando autores específicos y cánones de la Iglesia a través de los siglos, la declaración sintetiza las enseñanzas cosntantes de la Iglesia Católica en estas palabras:

"A lo largo de toda la historia, los Padres de la Iglesia, sus Pastores, sus Doctores, han enseñado la misma doctrina, sin que las diversas opiniones acerca del momento de la infusión del alma espiritual hayan suscitado duda sobre la ilegitimidad del aborto. Es verdad que, cuando en la edad media era general la opinión de que el alma espiritual no estaba presente sino después de las primeras semanas, se hizo distinción en cuanto a la especie del pecado y a la gravedad de las sansiones penales; autores dignos de consideración admitieron, para este primer período, soluciones casuísticas más amplias, que rechazaban para los períodos siguientes. Pero nunca se negó entonces que el aborto provocado, incluso en los primeros días, fuera objetivamente una falta grave. Esta condena fue de hecho unánime." (No.7)

Algunos autores, incluso algunos católicos, han sostenido que a causa de las nociones medievales sobre la infusión del alma algunas semanas después de la concepción, la Iglesia ha visto el aborto anterior a la infusión del alma como lícito. Como demuestra la declaración en sus referencias, el punto de vista de los autores modernos está basado en una lectura falsa y superficial de la historia. La Iglesia Católica ha visto siempre el aborto y el infanticidio como "crímenes abominables".3

La Iglesia Católica no basa esta prohibición del aborto en la Biblia, la cual no es aceptada por los no cristianos como divinamente inspirada. Esta prohibición tampoco se basa en una revelación especial concedida sólo a la Iglesia. Las bases de esta condenación del aborto procurado, están tomadas de la ley natural, el mismo concepto que inspiró a los autores de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América a escribir: "Nosotros proclamamos estas verdades como evidentes, que todos los hombres han sido creados iguales, que han sido dotados con ciertos derechos inalienables por su creador; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad".

El supuesto que subyace en esta afirmación de la Declaración de Independencia es que una persona con inteligencia y una mente sin prejuicios, mediante la consideración de la naturaleza humana, puede llegar a algunas conclusiones válidas sobre la forma en que las personas deben actuar y sobre los derechos que cada individuo tiene sobre otros individuos y en la sociedad en general.

El mismo supuesto subyace a la interpretación de la ley natural que hace la Iglesia Católica en lo que concierne al aborto. Dicha interpretación está expresada en estas palabras de la Declaración Sobre El Aborto Procurado, publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe: "El respeto a la vida humana no es algo que se impone a los cristianos solamente; basta la razón para exigirlo, basándose en el análisis de lo que es y debe ser una persona".(No.8)

En nuestros días la idea de la ley natural se está abandonando y está siendo reemplazada por una filosofía positivista de la ley, que sostiene que no hay principios morales inmutables. Consecuentemente, las leyes se pueden cambiar voluntariamente según determine una mayoría dentro de la sociedad, sin importar cuales sean las consecuencias para los individuos.

Hoy en día, en lugar de reflejar la voluntad del Creador para el ser humano, las leyes vienen a reflejar el capricho de los elementos de la sociedad más poderosos y ruidosos. Las encuestas de opinión pública, frecuentemente adaptadas para obtener los resultados que sus autores desean, son uno de los medios empleados para influenciar la opinión pública con el propósito de conformar leyes tales como las que permiten el aborto. Se crea así la impresión de que las leyes queridas por la mayoría son siempre moralmente correctas.

La enseñanza de la Iglesia Católica sobre la moral no ha sido nunca determinada por el voto popular. La Iglesia se basa en que las leyes humanas están sometidas siempre al juicio más alto de la ley natural. Usando las palabras de La Declaración sobre el Aborto Procurado: "La ley (civil) no está obligada a sancionar todo, pero no puede ir contra otra ley más profunda y más augusta que toda ley humana, la ley natural inscrita en el hombre por el Creador como una norma que la razón descifra y se esfuerza por formular, que es menester tratar de comprender mejor, pero que siempre es malo contradecir." (No. 21)

"Moralidad impuesta"

En el debate sobre el aborto escuchamos con frecuencia el siguiente lema: "nadie tiene el derecho de imponer su moral a los demás". Con frecuencia aquellos que usan el lema se dirigen específicamente a los obispos católicos.

Una reflexión a fondo muestra que todo gobierno que merezca este nombre necesariamente debe imponer la moralidad. Todos los países civilizados tienen juzgados y policías, que aplican las leyes contra violaciones, robo, desfalco, fraude, asesinato, destrucción, etc. Ciertamente se impone la moralidad de alguien. La única pregunta es: ¿la voluntad de quien?

Los miembros electos del gobierno son legisladores, y por ello son responsables de que se creen leyes justas que beneficien a las personas que representan. Ante la presión para legalizar el aborto o mantenerlo legal, algunos legisladores católicos han adoptado esta posición: "Personalmente me opongo al aborto, pero yo no voy a permitir que mis creencias personales influyan en mi voto". La posición de tales legisladores fue descrita por el difunto arzobispo de Hartford, Connecticut, John Whealon, en las siguientes palabras:

"Yo considero este enfoque falto de lógica y valentía, irresponsable y más aún, peligroso. La debilidad de tal razonamiento es quizás más clara cuando se lo aplicamos a otras preguntas en cuestiones de moral...Con relación a la esclavitud este legislador podría decir con la misma lógica: ‘yo personalmente nunca esclavizaría a un hombre negro, pero yo apoyo los derechos de otros que practican la esclavitud'. El legislador católico que pertenezca a la ‘libre elección' no está mostrando valor para mantener sus convicciones".4

Como hemos mostrado anteriormente, la Iglesia Católica no pide a los gobiernos que impongan una moral particularmente católica. Eso pudiera contradecir su propia doctrina sobre la libertad religiosa, expresada en la Declaración sobre la Libertad Religiosa (Dignitatis Humanae) del Concilio Vaticano II. La doctrina sobre la inviolabilidad del derecho a la vida de los no nacidos se basa en consideraciones racionales compartidas por personas de otras religiones e incluso por personas que no practican ninguna religión.

El ex-presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan, que no es católico, proclamó el día 17 de Enero de 1988 "Día nacional de la santidad de la vida humana". Por cierto, esta declaración recibió muy poca publicidad en los Estados Unidos. En ella se establece:

"El inalienable derecho a la vida está fundado no solamente en la Declaración de Independencia, sino también en la Constitución que cada presidente jura preservar, proteger y defender. Tanto la enmienda cinco como la catorce garantizan que ninguna persona podrá ser privada de la vida sin proceso previo y ajustado a la ley".

"Todas las evidencias médicas y científicas confirman cada vez más que los niños antes de su nacimiento poseen todos los atributos básicos de la personalidad humana, que ellos son de hecho personas. La medicina moderna trata a los niños no nacidos como pacientes. Sin embargo la misma Corte Suprema ha apuntado que la decisión del caso Roe vs. Wade se basa en conocimientos de tecnología médica ya superados. La ley de la nación debería reconocer toda la evidencia médica.

"Nuestra nación no puede continuar cuesta abajo con el aborto,que está tan radicalmente en contra de nuestra historia, nuestra herencia y nuestros conceptos de justicia".

El presidente Reagan no utiliza frases religiosas, sólo apela a la razón humana y llega a la misma conclusión que la Iglesia Católica

La cuestión de los derechos

Uno de los propósitos de la ley es preservar los derechos de los individuos y de la sociedad. La defensa de "determinados derechos inalienables", es lo que primaba más alto en la mente de los hombres que escribieron la Declaración de Independencia. Como consecuencia, los ciudadanos de EE.UU. están muy conscientes de sus propios derechos, pero no están igualmente preocupados cuando se trata de los derechos de otros.

En lo que posiblemente fallan es en recordar que junto con cada derecho hay una obligación correspondiente, tanto por parte del que posee el derecho como de los demás. Si yo tengo el derecho a la vida los otros tienen la obligación de respetar mi derecho, de otro modo, este no tendría valor. Del mismo modo, yo tengo una obligación correspondiente hacia el derecho a la vida de otros, de lo contrario su derecho sería ilusorio.

Los derechos humanos, según los entendieron los autores de la Declaración de Independencia, corresponden a cada persona por el sólo hecho de ser humana. Estos derechos no fueron otorgados por ningún gobernante, gobierno, Iglesia o individuo, ni por los padres del niño. Tampoco pueden ser arrebatados por ninguna de esas instituciones o individuos. No importa con qué frecuencia se violen tales derechos por parte de individuos, juzgados o gobiernos, ellos permanecen y no desaparecen por no ser respetados.

Esta es también la doctrina de la Iglesia Católica. En la Declaración sobre el Aborto Procurado la Congregación para la Doctrina de la Fe dice sobre el derecho a la vida: "No es el reconocimiento por parte de otros lo que constituye este derecho; es algo anterior; exige ser reconocido y es absolutamente injusto rechazarlo". (No.11)

El derecho a la vida de los no nacidos es frecuentemente cuestionado, pues se arguye que es conflictivo con los derechos de la madre. El derecho principal que más se menciona para justificar el aborto es el derecho de la mujer sobre su propio cuerpo. Otro derecho frecuentemente mencionado es el derecho a la privacidad. ¿Cuál es la posición de la Iglesia Católica sobre estos dos derechos?

"El derecho sobre mi propio cuerpo"

El cuerpo, hay que afirmarlo, no es algo que yo poseo como mis herramientas de trabajo u otras propiedades. Es una parte integral de mi propio yo. Es algo que yo soy y no algo que yo tengo. Por lo tanto, las reglas morales que rigen el uso de la propiedad no pueden ser aplicadas en el mismo sentido en el uso de mi cuerpo. En realidad yo no estoy usando mi cuerpo; yo estoy actuando en mi cuerpo.

Cuando hablamos sobre la cuestión de los derechos de la persona sobre su propio cuerpo, debemos reconocer que estos derechos no son ilimitados o incondicionales por la sencilla razón de que el derecho a actuar está limitado por la ley moral y civil. Como decía una escritora: "Yo no tengo el derecho a vender mi cuerpo y a prostituirme". Nadie tiene el derecho a exhibir ese cuerpo en forma pornográfica para la desmoralización de otros.

Uno no tiene el derecho de destruir su cuerpo con drogas u otras substancias nocivas. Por lo tanto tenemos leyes contra la distribución y venta de drogas y materiales pornográficos, así como contra la prostitución. Las autoridades civiles, además limitan el acceso a ciertas áreas o lugares donde puede haber riesgo para nuestra salud o nuestra vida. Independientemente de consideraciones religiosas, de una manera justificable la sociedad pone límites sobre lo que podemos hacer con nuestros cuerpos.

Por esto es más correcto hablar de los derechos que pertenecen a una persona que de los derechos de esa persona sobre su cuerpo. Debería ser obvio que los derechos sobre el propio cuerpo de una persona no se extienden al cuerpo de otra persona. En el caso del embarazo, la Iglesia ha enseñado siempre que los derechos de la madre sobre su propio cuerpo no se extienden a los del niño no nacido. Volveremos sobre este tema más adelante cuando hablemos de las dificultades del embarazo.

La Iglesia rehúsa ver un conflicto donde no existe. Con frecuencia los defensores del aborto sólo ven una situación de conflicto entre la madre y el niño no nacido, como si el bien de uno fuera necesariamente opuesto al bien del otro. Por otra parte la Iglesia Católica piensa que todo lo que sirva a los mejores intereses del niño generalmente sirve a los mejores intereses de la madre y vice- versa, sean estos intereses espirituales, físicos o psicológicos.

Esta convicción proviene de nuestra fe en el Omnisciente Creador, quien ha creado a ambos, madre e hijo. Los profesionales sin prejuicios, tanto en la medicina como en la psicología profesional, comparten esa convicción. Cuando atienden a las mujeres embarazadas, ellos procuran preservar la vida y la salud tanto de la madre como la del niño y rehúsan sacrificar al uno por el otro.

El derecho a la privacidad

El derecho a la privacidad, aunque no se mencionó entre los derechos fundamentales en la Declaración de Independencia, fue ampliamente reconocido en la ley común, la cual sostiene que, "la casa de un hombre es su castillo". Antes de 1965 existían en Estados Unidos leyes que protegían contra actividades como infringir la tranquilidad física del individuo, registrar ilegalmente las posesiones de un individuo, someter a una persona a publicidad objetable, mentir sobre una persona y usar el nombre o la semejanza de otro sin permiso y para beneficio propio.

En 1965 la Corte Suprema cambió todo el concepto de privacidad cuando este se aplicaba al derecho de privacidad en materia de reproducción. Abolió una ley del estado de Connecticut que prohibía el uso de anticonceptivos entre casados basándose en la privacidad matrimonial. En 1972 dejó de existir otra ley en Massachusetts que prohibía la venta de anticonceptivos para las personas no casadas basándose en la privacidad individual.

En los casos de aborto de 1973 la Corte Suprema se apoyó intensamente en los derechos a la privacidad, desarrollados en los primeros casos, y concluyó que el derecho a la privacidad incluye el derecho de la mujer a abortar.

Los juristas han notado que en todo este desarrollo no ha habido una explicación sobre lo que incluye en el derecho a la privacidad. El resultado es que la Corte Suprema ha creado un derecho a la privacidad que no existía antes de 1965. Es tan elástico que se puede usar para abarcar acciones que de ninguna manera son privadas y que en realidad destruyen otros derechos fundamentales. Los fallos además legislan y no sentencian. Sentenciar es aplicar leyes pre-existentes y esta es la función de un tribunal.

El fallo de 1965, basado en la privacidad matrimonial, fue supuestamente dado para salvaguardar la integridad y los derechos de la familia. Los fallos posteriores que permiten la venta de anticonceptivos a solteros, el permitir que las mujeres casadas aborten sin el consentimiento previo del esposo o las menores sin el consentimiento de sus padres, e incluso sin su conocimiento; violan el derecho de la familia y desembocan en la desintegración familiar.

¿Cuál es la posición de la Iglesia Católica con respecto a este amorfo derecho a la privacidad? Los teólogos moralistas generalmente están de acuerdo con las doctrinas de la ley tradicional con respecto a la privacidad, tales como la inviolabilidad del hogar y la reputación de una persona.

Sin embargo, al aplicar los derechos de privacidad a la reproducción humana, las cosas cambian considerablemente. La Iglesia considera las relaciones sexuales entre los esposos o fuera del matrimonio, una materia social con repercusiones sociales; no ha sido nunca un asunto privado. Necesitamos reflexionar solamente sobre el hecho de que el embarazo, un resultado común y corriente de las relaciones sexuales, introduce a otro ser humano a la sociedad.

Otro resultado común de las relaciones sexuales, especialmente las relaciones promiscuas, son las enfermedades venéreas e inclusive el SIDA, el cual tiene ramificaciones sociales considerables. No solo se trata de la pareja infectada, sino que esta enfermedad influye en la capacidad para trabajar, afectando la empresa que empleó a los enfermos o el sistema de prestaciones sociales que los tiene que ayudar. El personal sanitario resulta involucrado en el tratamiento y en los países que cuentan con servicios de salud pública los contribuyentes también resultan involucrados.

Como es bien conocido, la Iglesia sigue manteniendo que el uso de anticonceptivos6, incluso dentro del matrimonio, es inmoral. Al mismo tiempo la Iglesia sostiene "que la ley civil no puede abarcar todo el campo de la moral o castigar todas las faltas. Nadie se lo exige. Con frecuencia debe tolerar lo que en definitiva es un mal menor para evitar otro mayor." (No.20)7

La intromisión del gobierno en la intimidad de la familia podría constituir un mal mayor que el uso de anticonceptivos no abortivos. El usar o no usar anticonceptivos debería dejarse a la conciencia de la pareja.8

Cuando hay personas solteras involucradas, de algún modo, los legisladores no pueden lavarse las manos de toda responsabilidad con facilidad, sobre todo si hay menores de edad involucrados. Como se verá más adelante, las leyes tienen una característica educativa. Al poner los anticonceptivos al alcance de personas solteras, se les está diciendo que las relaciones sexuales les son moralmente permitidas. La enseñanza de la Iglesia mantiene que tal permisividad por parte del gobierno no se puede justificar sobre la base de los derechos a la privacidad.

La decisión de la Corte Suprema de que el derecho a la privacidad incluye el derecho al aborto, es inadmisible a los ojos de la Iglesia. Ningún derecho a la privacidad puede suplantar o anular el derecho básico de otra persona a la vida.

¿Cuándo comienza la vida?

Esta pregunta se formula frecuentemente en conexión con el aborto. Normalmente se presenta para confundir la cuestión de la personalidad del niño no nacido. El razonamiento es, si el "producto de la concepción" como se le llama muchas veces, no es un ser viviente, entonces el removerlo no es peor que cortarse el cabello o las uñas. Todo médico y hasta un estudiante de biología en secundaria, sabe que cualquier "producto de la concepción" proveniente de padres humanos es un ser humano viviente.

Antes de la concepción el espermatozoide y el óvulo son partes vivientes de los padres. Durante un breve período después de la ovulación y de la espermatogénesis tienen vida por sí mismos. Si no se encuentran el uno al otro rápidamente, el espermatozoide y el óvulo mueren y jamás pueden ser revividos. Pero una vez que se han unido para formar el zigoto, entonces hay un nuevo individuo unicelular que existe con vida propia. Ya no es parte de los padres. Todo lo que necesita para vivir es alimento y un medio ambiente apropiado, como cualquier médico que ha experimentado con la fertilización en probetas sabe.

Más aún, la célula contiene en sus cromosomas toda la información genética de sus padres. Tiene ya su sexo, el color de los ojos y del cabello, etc. determinados. La vida humana es transmitida más que iniciada. Una vez que esta recibe su espíritu o alma -algo que sólo Dios puede dar- la persona empieza su existencia.

Las ideas científicas medievales sobre el comienzo de la persona en el vientre eran excusables, porque ciertos instrumentos de investigación, como los rayos-x y los microscopios, no se habían inventado todavía; por ello las teorías sobre la infusión del alma eran comprensibles. El conocimiento científico actual, sin embargo, favorece la idea de que el alma es infundida en la persona mucho antes de lo que se pensaba en la edad media. Así pues la ciencia apoya la enseñanza de la Iglesia Católica, de que la vida humana individual debe ser protegida desde el momento de la concepción.

La mujer como víctima del aborto

Uno de los secretos mejor guardados de la industria del aborto se refiere a los efectos posteriores en las mujeres que han abortado. Cuando llegan las complicaciones médicas la mujer casi nunca regresa donde el abortista para un tratamiento. Como resultado, el historial de la clínica u hospital de abortos presenta un procedimiento limpio y sin complicaciones. Las complicaciones físicas se tratan en cualquier otro lugar, a veces sin referirse al aborto que causa esas complicaciones.

Es difícil obtener estadísticas objetivas sobre este asunto. Sin embargo, las complicaciones posteriores al aborto ocurren, y algunas veces causan la esterilidad e incluso la muerte. Es cierto que llevar el aborto de la clandestinidad a la luz no ha sido una ayuda médica para las mujeres. La existencia de grupos de apoyo como WEBA (Mujeres explotadas por el aborto) es un indicio claro y suficiente de que el aborto no es el procedimiento médico seguro que proclaman sus defensores.

Las consecuencias psicológicas de naturaleza dañina son más comunes de lo que se piensa. Con frecuencia psicólogos, sacerdotes y otros consejeros tienen que enfrentarse a estas consecuencias. He aquí la experiencia de un psicólogo católico, Dr. Joseph Nicolosi, de Encino, California, en sus propias palabras: "Estamos descubriendo evidencia clínica de conflictos inconscientes que muchas mujeres están experimentando como resultado de sus abortos... Hay todo un sentido de negación del aborto, la percepción social de que el aborto es solamente un acto clínico. La misma mujer sabe en lo profundo que algo más está ocurriendo... La madre y el niño están más íntimamente conectados de lo que la profesión médica ha reconocido. Hay una conexión espiritual".9

Estos efectos psicológicos adversos son insidiosos porque usualmente se presentan después de algún tiempo, incluso años después del aborto. La mujer inicialmente tiene un sentimiento de alivio, porque el aborto la ha librado de dificultades sociales o económicas. Sólo después comprende completamente la realidad de lo que ha ocurrido en el aborto, a veces después de haber tenido su primer bebé o cuando descubre que no puede quedar embarazada de nuevo.

La Iglesia Católica, en tanto mantiene su firme oposición al pecado del aborto, es solidaria con la mujer que ha sido víctima. La mujer embarazada, especialmente la mujer soltera, es muy vulnerable y requiere ayuda moral y muchas veces hasta económica, para llevar su embarazo a término. Cuando algunas personas cercanas a las mujeres embarazadas les presentan el aborto como la respuesta a sus problemas, es extremadamente difícil que resistan.9

La Iglesia Católica impone la pena de excomunión para el aborto. El Canon 1398 dice: "Quien procura el aborto,si este se produce, incurre en excomunión". Hay que notar que no va dirigido solamente a la mujer. Se incluye ciertamente al abortista, así como a cualquiera que colabore con el aborto o presione moralmente a la mujer o a la joven para efectuarlo.

El aborto y la ley

Hay una máxima en la profesión legal que dice que de los casos duros nacen leyes débiles. Las leyes deben estar concebidas para abarcar los acontecimientos y actividades usuales del ser humano, los sucesos comunes. Ocasionalmente pueden ocurrir eventos que no fueron previstos por el legislador, es entonces que los jueces y otras personas responsables del orden público deben aplicar los principios generales del derecho en la forma más inteligente y justa que sea posible.

Lo que ha sucedido es que los defensores de la legislación del aborto han presionado a los legisladores para crear leyes basadas, no en casos normales sino en casos difíciles. Han exagerado la seriedad y el número de embarazos con dificultades, presentándolos como algo muy común.

Por ejemplo, en Canadá antes de 1969 cuando la ley del aborto fue liberalizada, la Asociación Médica Canadiense mantuvo una campaña de liberalización basando sus argumentos en que los médicos se veían a veces enfrentados con la dificultad de escoger entre la vida de la madre y la del niño. Sostenían que estaban actuando dentro de una zona gris y necesitaban protección contra los pleitos. De hecho ningún doctor en el Canadá había sido instruido de cargos criminales por el tratamiento de embarazos difíciles que resultasen en la muerte del niño. No obstante, desarrollaron una campaña de persuasión, apoyada por otros con diferentes motivaciones y tuvieron éxito.

Los resultados fueron previsibles. El número de abortos anuales aumentó rápidamente, como había ocurrido en otros países donde el aborto había sido legalizado. Desde el principio el grueso de los abortos realizados no obedecían a razones médicas, sino a razones socio-económicas, poniendo al descubierto que los embarazos con complicaciones -el peor de los casos- eran la excepción y no la regla.

Los efectos perjudiciales de la ley sobre los canadienses son demasiado obvios: La muerte de miles de niños no nacidos y los efectos destructivos en las madres, mencionados anteriormente.

La enseñanza de los teólogos morales católicos ha tenido en cuenta los casos difíciles, y ha tratado de buscar soluciones, que garanticen los derechos tanto de la madre como del niño en aquellos casos donde parece haber conflicto. Para algunas personas, especialmente para los interesados en la legalización del aborto, estas soluciones pueden parecer bizantinas, pero si ese profundizar en el detalle significa la diferencia entre la vida y la muerte para los niños no nacidos, entonces, esos detalles son importantes.

Por ejemplo, los teólogos moralistas permiten sacar la matriz cancerosa o enferma cuando la vida de la madre se ve amenazada, incluso si el útero contiene el feto viable. Sin embargo se oponen a permitir un ataque directo contra el niño desmembrándolo en el vientre mientras que el niño esté vivo. La razón de esta posición es la siguiente: la matriz es parte de la madre mientras que el niño que lleva dentro no lo es. El niño no nacido es una persona diferente con derechos independientes distintos de los de la madre.10

Los casos difíciles: Violación, incesto y anormalidades físicas.

Estos casos los presentan muchas personas, incluso aquellos que se oponen al aborto en todos los demás casos, como excepciones en las cuales el aborto debe ser permitido. Estas personas preguntan: ¿Por qué una mujer tiene que llevar dentro, en contra su voluntad, un niño que va a ser minusválido y será una carga para ella por el resto de su vida?

Ciertamente estas son preguntas angustiosas, no sólo para la madre, sino también para los legisladores y los teólogos moralistas. La Congregación para la Doctrina de Fe toma nota de tales argumentos en la Declaración sobre el Aborto Provocado:

"No desconocemos estas grandes dificultades: puede ser una cuestión grave de salud, muchas veces de vida o muerte para la madre; o la carga que supone un hijo más, sobre todo si existen buenas razones para temer que será anormal o retrasado; la importancia que se da en distintos medios sociales a consideraciones como el honor y el deshonor, una pérdida de categoría, etc. Debemos proclamar simplemente que ninguna de estas razones puede jamás dar objetivamente derecho para disponer de la vida de los demás, ni siquiera en sus comienzos." (No.14) 11

Esta respuesta puede parecer descorazonada cuando se mira sólo desde el punto de vista de la madre. Sin embargo, cuando se mira desde el punto de vista del niño no nacido, es correcta y justa. El niño no ha cometido ningún crimen que pueda justificar quitarle la vida. El no es responsable de su existencia la cual es siempre un beneficio para el niño, incluso si es minusválido. Muchos minusválidos llevan una vida alegre y creativa, dan alegría a otros y conducen a otros miembros de su familia a crear lazos de amor y unidad.

"Si es legal, está bien"

La función de la ley, es no solo salvaguardar los derechos sino también educar. En palabras del comité administrativo de la Conferencia de Obispos Católicos Canadienses: "Es importante no subestimar el valor educativo de la ley. Ciertos comportamientos llegan a considerarse morales porque las leyes civiles los permiten o los toleran. Sin embargo, una ley que permite el aborto es radicalmente inmoral. Un cristiano no puede aceptar tal ley, ni en sus conceptos ni en su aplicación".12

Muchas personas que no están acostumbradas a reflexionar, tienden a creer fácilmente que lo que es legal es correcto. Esto es más cierto en el área de la sexualidad que en el área del dinero o los bienes. Cuando se trata de dinero la gente se inclina más a cuestionar la justicia o injusticia de las leyes porque afecta sus propios bolsillos y cuentas bancarias. No dudan en cambiar leyes injustas sobre el dinero pero permiten con facilidad leyes injustas en el terreno de la sexualidad.

Muchas personas adoptan la actitud de que el aborto va a existir siempre y por ello debe ser legal. Estas personas son inconsistentes. No aceptarían la legalización de robos de bancos sencillamente por el hecho de que los robos estuviesen aumentando rápidamente. Y tampoco aceptarían la matanza de judíos en la Alemania Nazi, la cual no sólo era llevada a cabo con extremada frecuencia, sino que además era legal bajo el mandato de Hitler.11

Los juicios de la posguerra en Nuremberg demostraron que las personas pensantes de todo el mundo, de toda religión y que no tienen ninguna religión, estaban convencidas de que existe una ley moral mayor, a la cual la ley moral civil debe conformarse antes de que pueda proclamarse como legítima y exija ser obedecida por los ciudadanos.

Conclusión

Lo trágico del aborto es que es irreversible. Cuando la salud o la integridad física se daña, la esperanza permanece tanto tiempo como permanezca la vida. Si el daño no puede ser completamente revertido a veces puede ser detenido, demorado o por lo menos aliviado por la tecnología médica moderna. No ocurre así con la muerte. Si le ocurre a un adulto o a un niño en el vientre materno, la muerte es siempre el final. No puede haber aborto parcial, ya que no hay estado intermedio entre la vida y la muerte.

Una madre no puede devolverle la vida a un niño que ha sido abortado. Después, ¡cuantas mujeres desearían hacerlo como fuera! La Iglesia Católica en su amplia visión y sabiduría se preocupa de evitar a la mujer esta agonía lamentable. La Iglesia proclama que no hay pecado imperdonable para Dios, pero ni siquiera este perdón puede cambiar el pasado.

En su esfuerzo por proteger la vida de los niños no nacidos la Iglesia es inflexible. Sin embargo, es considerada con las madres, sean casadas o solteras. En su enseñanza social urge a los miembros y a toda la gente de buena voluntad a proveer condiciones económicas y sociales, que ayuden a las madres a dar a luz a sus niños en condiciones de vida adecuadas y con seguridad económica.

En la exhortación apostólica, Familiaris Consortio sobre el papel de la familia cristiana en el mundo moderno, el Papa Juan Pablo II ha llamado nuestra atención a una verdad importante escribiendo:

"Desgraciadamente el mensaje cristiano sobre la dignidad de la mujer halla oposición en la persistente mentalidad que considera el ser humano no como persona, sino como cosa, como objeto de compra venta, al servicio del interés egoísta y del solo placer; la primera víctima de tal mentalidad es la mujer".(No.24)13

Indudablemente es la falta de respeto hacia la dignidad de la mujer lo que contribuye enormemente a la falta de respeto por sus hijos. La solidaridad humana funciona de esta forma: La degradación de la persona humana debido a su sexo, edad o raza eventualmente se extiende a la degradación de otros sectores de la humanidad.

Podemos decir positivamente, que el respeto hacia el no nacido lo promueven aquellos que trabajan por los verdaderos derechos de la mujer y por todas las personas que sufren discriminación.

Quizás no sea superfluo decir que el respeto de los verdaderos derechos de la mujer incumbe no sólo al hombre, sino también a la mujer. Por la ley de promedios, la mitad de los abortos resultan ser mujeres. Y quien vaya a pelear por los derechos de la mujer debe recordar a esas pequeñas también.

El Papa Juan Pablo II concluye esta sección de su exhortación apostólica con estas palabras:

"Estas y otras discriminaciones han sido deploradas con toda la fuerza posible por los Padres Sinodales. Por lo tanto, pido que por parte de todos se desarrolle una acción pastoral específica más enérgica e incisiva, a fin de que estas situaciones sean vencidas definitivamente, de tal modo que se alcance la plena estima de la imagen de Dios que se refleja en todos los seres humanos sin excepción alguna".(No 24)

Esta enseñanza ha urgido a los católicos a establecer organizaciones para asistir a las mujeres embarazadas que tienen dificultades. Un ejemplo es "Derecho a Nacer", fundado por Louise Summerhill de Toronto y que ahora trabaja en todo Estados Unidos, y en Canadá. La mayoría de las diócesis católicas tienen consejería para mujeres embarazadas y otras asistencias de acuerdo con sus recursos.

Está claro que todavía falta mucho por hacer. Al igual que nadie puede juzgar a una mujer que ha abortado, nadie puede sentirse tranquilo de haber hecho lo suficiente por las mujeres embarazadas y por sus bebés hasta que ellas encuentren las condiciones sociales y económicas que necesitan.

Si los millones de dólares que se gasta el gobierno para pagar abortos y para construir clínicas de abortos, fueran empleados en la ayuda de las mujeres embarazadas y sus bebés, esta necesidad podría ser enormemente reducida y al mismo tiempo Estados Unidos habría evitado la vergüenza de 27.000.000 abortos desde 1973; más de la población de los estados de Nueva York, Nueva Jersey y Rhode Island juntos.(Nota de redacción: En el 2000 llegan a 30 millones anualmente los abortos.)

"Ningún americano que razone, puede ser indiferente al aborto. Si la vida en un cierto momento ya no es inviolable, ¿por qué es inviolable en otro momento de su desarrollo? Si la vida humana en el vientre de la madre puede ser destruida, ¿qué lógica puede prevenir la destrucción de la vida de los enfermos en instituciones mentales, o los enfermos crónicos, de los que no "producen", los jubilados y otros quizá considerados como una carga para la sociedad? El derecho a la vida es el derecho fundamental. Cuando el derecho a la vida no es soberano y puede ser violado por cualquier razón, los demás derechos están también en peligro. "El aborto es el hacha en la raíz del árbol de los derechos humanos".14

CITAS:

1. Una historia concisa sobre CFFC por Richard Doerflinger, director asistente de la oficina de actividades Pro Vida, en la Conferencia Nacional de Obispos Católicos, en su artículo titulado ¿Quienes son los católicos pro libre elección? Publicado en la revista América, Nov. 16 1985 p. 312ss.

2. "El Aborto", Declaración de la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe sobre el Aborto-Provocado. Actas y Documentos Pontificios. Ed. Paulinas S.A. 1a Edición, 1974.

3. Concilio Vaticano II, Documento sobre la Iglesia en el Mundo Moderno, Gaudium Spes, #51.

4. Religious Life, Carta del Instituto de Vida Religiosa, P.O. Box 41007, Julio-Agosto 1992, reimpresa por Catholic Transcript, Hartford, C.T.

5. Para mayor información sobre la historia legal de los derechos a la privacidad yo estoy en deuda con una segunda parte de este ensayo, "La Privacidad y La Suprema Corte", por Stephen Krason, J.D. Ph. D. en Ethics and Medics, Enero y Febrero 1989, una publicación de Pope John Center, 186 Forbes Rd, Braintree, Mass. 02184; y el libro Life and Death with Liberty and Justice, por Germain Grisez y Joseph M. Boyle, Jr, Universidad de Notre Dame, Indiana, 1979.

6. "Anticonceptivos" significan aquí cualquier acción anterior a, durante o después de las relaciones sexuales, dirigida al único propósito de prevenir la concepción. Se incluye el uso de sustancias químicas por ejemplo: la píldora antiovulatoria, Norplant, espermicidas, métodos preservativos como preservativos, diafragmas, esterilización por cirugía e interrupción del coito.

7. "El Aborto". Declaración de la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe sobre el Aborto-Provocado. 1a Edición. Ed. Paulinas, 1974.(No. 20)

8. Al hacer una lista de los derechos de la familia frente al estado, en Familiaris Consortio, el Papa Juan Pablo II, incluye "el derecho al ejercicio de la responsabilidad con respecto a la transmisión de la vida y ...el derecho a la intimidad conyugal y la vida familiar" (No. 46). Cuando los gobiernos han interferido en materia de intimidad, usualmente ha sido para perjuicio de la familia, como con la esterilización y el aborto forzados.

9. The Tidings, periódico arquidiocesano, Los Angeles, Ca., Diciembre 28, 1984 .

10. Ver por ej. Henry Davis, S.J., Moral and Pastoral Theology, Sheed and Word, 1938, Vol IV, p. 169ss.: "La matriz puede, en ciertas enfermedades, ser extirpada, si es necesario, incluso cuando está vivo el feto viable. La muerte del niño no está nunca prevista, ese no es el método empleado para matar los fetos; este es un método para salvar primero a la madre, con el resultado accidental de la muerte del feto. La diferencia entre estos casos de los directamente dirigidos al aborto como la craniotomía (estirpar o cortar la cabeza) no requiere mucha reflexión", Davis continúa tratando el embarazo ectópico así como otros problemas relacionados con el embarazo.

11. "El Aborto" Ibidem.#14. El documento "Instrucción sobre el Respeto de la Vida Humana en sus Orígenes y sobre la Dignidad de la Procreación", responde a ciertas preguntas de hoy. Trata sobre temas que surgen de la tecnología médica moderna, tales como los procesos terapéuticos, la experimentación con embriones humanos y la fertilización artificial, tanto homóloga (entre esposo y esposa) como heteróloga (involucra una tercera parte). Este documento está publicado en castellano por Ediciones Paulinas.

12. Prairie Messenger, Publicación católica semanal en Muenster, Sask., Canadá, 25 de septiembre de 1983.

13. Familiaris Consortio, #24. De la traducción en inglés del Vaticano, publicada por Ediciones San Pablo.

14. John R. Quinn, "Aborto: el hacha en la raíz de los derechos humanos", revista América, 1 de abril de 1989.

Nota: Esta es la traducción de un librito titulado "Abortion or birth and the Catholic Church" publicado por su autor, el Padre Leander Dosch, OCSO, Abbey of the Holy Trinity, Huntsville, Utah, 84317. Fue traducido por Samuel Porras, Seminarista, Arquidiócesis de Atlanta, Pro Life Office, Catholic Center 680 West Peachtree Street, Atlanta, GA.30308. Se reproduce con la autorización del autor.

 

Nihil Obstat: Rev. Mr. Owen F. Cummings
Imprimatur: + Most Rev. William K. Weigand,
Obispo de Salt Lake City, Noviembre 10, 1993.

 

 

 

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