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Martes, 02 de Agosto de 2011 11:53

V Conferencia Iberoamericana sobre la Familia. Madrid, 19-22 de septiembre del 2000

Importancia de la familia para el potencial demográfico de las naciones en un mundo globalizado

Oscar Botta,

Buenos Aires (Argentina)

Médico

Especialista en Salud Pública.

Universidad del Salvador.

Profesor Titular de Demografía

En este "Nuevo Mundo" en el cual todos los aquí presentes también vivimos, se llegó a creer que mundializando las economías y las culturas se obtendría un beneficio para todos.

Lamentablemente en vez de igualar, se aumentó la polarización.

Las familias muy ricas son cada vez más ricas y las pobres cada vez más pobres, verdadero "darwinismo social" y sanitario.

Injustamente el suministro de servicios de salud entre las minorías acomodadas y las mayorías desposeídas hace crecer la brecha de la inequidad.

En los últimos 20 años, han surgido más de 100 democracias pluripartidistas en el mundo y el sufragio universal está ya previsto en casi todos los estados. Pero estas victorias de la urna electoral sobre las dictaduras no quieren decir siempre libertad para los ciudadanos.

Muchas democracias no logran adoptar políticas que protejan o promuevan los derechos humanos. Especialmente la marginación de las minorías es la verdadera debilidad de muchos sistemas democráticos (las mujeres, las etnias menos representadas, los inmigrantes, son grupos que a menudo sufren discriminaciones, también en países occidentales).

La globalización por un lado parece que crea oportunidades para todos los habitantes del planeta, pero existen grandes disparidades en cuanto a la capacidad de expandir el comercio exterior, en el atraer nuevas inversiones y en el uso de nuevas tecnologías.

Por eso se están ensanchando las desigualdades de renta entre los países más pobres y los más ricos. Y lo significativo es que todo esto ocurre, a mi manera de ver, porque se desvincula el progreso de la economía de los puntos firmes de la ética con respecto a la familia.

Estas nuevas realidades en un mundo donde todo se globaliza, hasta el mismo trabajo digno, no deberían violar nunca la dignidad y la centralidad de la persona humana en su ámbito familiar, como tampoco su libertad.

Familia: tierra de educación y solidaridad

Dentro de la familia se plantan las semillas del futuro, es tierra de educación y espacio de solidaridad.

Si observamos los cambios que han ocurrido a través de los siglos en todos los órdenes de la vida, comprobaremos que lo único que ha permanecido siempre es la familia.

Justamente por eso es que sí debemos globalizar la "solidaridad entre las generaciones".

Los niños de hoy son los que van a integrar la población económicamente activa del futuro.

Ese futuro se fragua en la familia y en los hijos.

La solidaridad, la participación y la posibilidad de gobernar los cambios radicales constituyen, si no la solución, al menos la garantía ética necesaria para que las familias y los pueblos no se conviertan en instrumentos, sino en protagonistas de su futuro.

Como esto es posible, se convierte en un deber de los gobernantes y de los estados.

La economía de un Estado no debe invertir el orden fundamental que da prioridad al trabajo sobre el capital y al bien común sobre el bien particular.

Invertir en la familia es invertir en un verdadero desarrollo sostenido.

Necesidad de una política familiar

En términos generales, la política familiar se refiere a las decisiones y a la gestión pública que afectan las realidades familiares. En este momento en el que los costos sociales plantean cada vez más problemas de financiación, se impone la puesta en marcha de políticas familiares orientadas hacia el futuro.

Debemos tener en cuenta que desde la década del 60 existen métodos que facilitan el control casi total de la fecundidad.

Ese control ha conducido al envejecimiento de la población mundial, generado por el descenso global de la fecundidad y el aumento de la longevidad por los avances de la medicina.

Ese envejecimiento puede crear vacíos morales y culturales al generar la pérdida de solidaridad entre las generaciones.

De esto se desprende que en lo que atañe a la política familiar, para favorecer el potencial demográfico de los pueblos, se debería crear un préstamo al matrimonio, que será eficiente y eficaz si implica un descuento en las deudas ante cada nuevo nacimiento y un control sobre cómo se utilice (1).

Estadísticamente existe una diferencia considerable entre el deseo de tener hijos, la pasión por la familia que constatan los sondeos de opinión y los datos cuantitativos vinculados con la evolución de las estructuras familiares.

Es por eso que es deseable que los gobernantes de los Estados Iberoamericanos asuman funciones en materia de política familiar, que es una política en el pleno sentido de la palabra, es una práctica necesaria en un gobierno.

La política exterior y la de justicia están formalmente reconocidas con una presencia ministerial, pero ese no es el caso de la política familiar que generalmente no tiene una representación en los gobiernos.

Las condiciones de vida de una familia no son siempre las mismas.

En un primer momento el matrimonio vive solo, luego llega el primer hijo, puede llegar el segundo, el tercero y muchos otros más.

Unas veces la familia pasa por períodos de enormes responsabilidades materiales, otras veces esas responsabilidades son menores. La familia debe recibir más o menos según la magnitud e importancia de sus necesidades materiales.

Lo justo es recompensar a la familia por las responsabilidades materiales que asume en función de la importancia de éstas. La política familiar debe ir encaminada a favorecer la familia, no a perjudicarla.

Para eso debe:

-- valorar sus funciones,

-- ofrecerle un entorno saludable, ayudarle a ejercer sus responsabilidades y facilitar la solidaridad entre las generaciones.

La familia se inscribe en una solución de continuidad en el tiempo. En ella se conjugan una herencia biológica y otra cultural, al tiempo que construye el futuro.

Es una especie de empresa de vanguardia desde un aspecto más esencial que técnico porque sus esfuerzos están siempre encaminados hacia el futuro.

Desde una perspectiva económica, el niño es una inversión y la familia una empresa educativa.

Así pues las normas que se aplican a las empresas en materia de gastos de inversión deberían ser igualmente respetadas en esta empresa educativa llamada familia.

La educación es una verdadera misión.

El potencial demográfico depende de la familia.

El esquema de la extinción de las civilizaciones desaparecidas siempre ha sido el mismo:

  • Descenso de la natalidad,
  • Envejecimiento,
  • Declive y finalmente decadencia

Hoy vemos en Hispanoamérica y también en toda Europa una avanzada transición demográfica que se manifiesta "por un acelerado descenso de las tasas de fecundidad, sumado a un aumento de la esperanza de vida".

Se muere menos, pero también se nace menos. Cosas ambas que el gran público no puede visualizar.

De todo lo anterior se desprende que el potencial demográfico de una nación depende de la familia. La familia fecunda, la familia natural como lo define el artículo 16 de la Declaración Internacional de los Derechos Humanos, de la 0NU, de1948, donde dice: "cualquier hombre y cualquier mujer sin distinción de raza, nacionalidad o religión, tiene derecho a casarse y fundar una familia(...). La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y debe ser protegida por la Sociedad y el Estado".

Debemos reconocer que existen proyectos de leyes en Hispanoamérica que recogen algunas preocupaciones legítimas y acuciantes que conciernen al "misterio de la vida y a su comunicación" y que se propone un marco de "regulación social" donde es indispensable resguardar la dignidad y la libertad de todos para el bien de la familia.

Ahora bien si, pusiéramos todo nuestro empeño en elaborar una verdadera política familiar, frenaríamos las variables negativas que se introducen en el escenario social hoy en día.

Y para evitar la anarquía social, este mundo globalizado necesita contar con un criterio objetivo de responsabilidad moral.

La sociedad necesita una visión coherente que abarque tanto la dignidad como los derechos inalienables de cada persona, especialmente los más débiles y vulnerables.

Desafíos de la globalización

Si una "población numerosa" fue durante siglos la base del poder militar de los estados, en estos últimos tiempos constituyó --como mercado de consumo-- el motor del desarrollo industrial.

No cabe dudas de que la revolución del conocimiento, de la tecnología y de la información constituyen la base de este nuevo escenario de la globalización, donde el intercambio de bienes, de ideas, de servicios, entre otros, ha adquirido una dinámica inédita y ha suprimido prácticamente las barreras geográficas, políticas y de distancias entre países, ciudades y personas.

Este escenario ha tenido también un impacto sensible en el comportamiento de las familias y por ende de la población mundial.

Quiero referirme al tema de los desafíos que la globalización plantea a nuestras sociedades en términos de los objetivos reales de la familia y del "hombre ser familiar".

La economía al servicio del hombre

Recientemente el Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo Humano en los Países del Mundo (PNUD) dice lo siguiente: "Lo más valioso de este estudio anual es que el desarrollo es medido en función de los avances producidos en la educación, la salud, la expectativa de vida, entre otros, y no tan solo mediante el análisis de factores estrictamente económicos".

El progreso social no puede ser entonces una variable subordinada al crecimiento económico, sino a la inversa: la economía debe estar al servicio de la familia, debe ser un instrumento para el desarrollo humano.

Es la población y no la economía la preocupación central del desarrollo.

Resulta ineludible remarcar la dimensión familiar de la persona humana, pues no basta con reconocer los derechos fundamentales del hombre, si se lo concibe solamente como un individuo aislado.

La verdad del hombre en cuanto persona es que antes de ser ciudadano es un ser familiar, es decir, tiene una identidad articulada con otras personas.

De ahí los derechos de la familia como una cuestión clave del desarrollo humano.

Familia: fuente de prosperidad

Existe un vínculo muy estrecho entre el dinamismo demográfico de una nación y la familia. Y es que la familia es fuente de prosperidad.

Es bien sabido que el crecimiento demográfico es necesario para asegurar el crecimiento económico. No quiero decir que es suficiente.

Obviamente no es fácil asumir esta realidad, pero podemos hacer una observación simple y recorrer los problemas que tienen los países envejecidos. El envejecimiento de la población activa es perjudicial ya que reduce la flexibilidad, el dinamismo y la movilidad de la mano de obra.

La demografía ocupa un lugar central en estos temas.

Cuando desaparece la complementariedad de las generaciones, porque baja la tasa de fecundidad de las naciones para no subir más, corremos el riesgo de entrar en un terreno propicio para los desequilibrios sociales.

Para la estabilidad de la sociedad, es esencial el desarrollo económico. La familia es el lugar donde la paz y la prosperidad constituyen la verdadera finalidad de la economía.

Como la constitución de un patrimonio asegura un desarrollo durable, la inversión en el capital humano (la natalidad y la educación) creo que debe ser un imperativo categórico.

De la misma manera, los ataques contra la familia, la huida ante toda idea de compromiso o responsabilidad durable y la búsqueda de un placer inmediato, se apoyan sobre una concepción estrictamente individualista de la sociedad, que nos conduce al consumismo egoísta de este mundo globalizado (2).

Si la familia deja de ser el centro de nuestras preocupaciones estratégicas, es el mercado el que pasa a protagonizar el proceso de globalización en perjuicio de la igualdad de oportunidades y la justa asignación de los beneficios.

Como señala el informe del PNUD, hoy en día el 86% del producto bruto interno (PBI) mundial está repartido entre los países de ingresos más elevados que representan la 1/5 parte de la población mundial.

Así el resto de la población del planeta que reside en las naciones más pobres apenas llega al 1% del PBI mundial.

"Población sobrante"

Se deduce de esto que la economía mundial NO está al servicio de las familias, entonces las sociedades, lamentablemente, se adecuarían a los recursos que genera la economía.

Si la economía no permite una integración de todos los sectores sociales, estamos entonces frente al fenómeno de la "población sobrante".

Con esta conclusión llegaremos rápidamente al control poblacional total como "solución" a estos problemas. Y si el eje de las preocupaciones pasa a ser el de adecuar el número de comensales al tamaño del banquete, corremos el severísimo riesgo de que la lucha por la erradicación de la pobreza se convierta en una lucha por erradicar a los pobres (3).

Dentro de este esquema es donde muestra su rostro más perverso el "control de la natalidad con fines demográficos".

Dentro del "nuevo orden mundial" se debería asegurar que cada nación se habilite para lograr pacíficamente su propio estilo de vida, con su propia cultura y sus propias tradiciones. Incluso, aunque ellas nos parezcan exóticas o inconcebibles.

La roca firme de la diversidad social es el respeto mutuo.

La nueva antropología que constituye la base de ese nuevo "orden" se evidencia sobre todo en la imagen de la mujer en la ideología del "women's empowerment" (la autorrealización de las mujeres) nacida en la Conferencia de Pekin.

Sin embargo los principales "obstáculos" que se interponen entre ella y su autorrealización son: la familia y la maternidad.

La especificidad femenina está llamada a anularse ante un ser humano indistinto y uniforme, llamando a eso "equidad" e "igualdad de género".

Economía: herramienta principal

Considero que la economía es una herramienta principal, pero no el actor central del desarrollo. Debemos encontrar respuestas que permitan a nuestras sociedades crecer e incorporarse positivamente a la economía mundial con mayores niveles de equidad, entendiendo que el fin del desarrollo es el bienestar del conjunto de la población.

Este crecimiento coloca entonces en el centro de la atención la calidad de las familias de un país, que son las que conforman una población.

La existencia de una sociedad más equitativa con mayor igualdad de oportunidades y mayor capacidad de integración, con una ciudadanía eficaz en lo económico y en lo social, resulta necesaria desde una perspectiva ética como política.

Si la globalización sigue signada pura y exclusivamente por los aspectos económicos y la difusión de los mercados, seguirá ejerciendo presiones sobre el verdadero desarrollo de las familias impidiendo que sean fecundas.

Descenso de la fecundidad planetaria

A partir de la década del 70 del siglo XX, comienza a bajar la tasa de crecimiento de la población mundial. La tasa de fecundidad ha bajado y continúa su descenso en todos los países del mundo.

Muchos de esos países tienen una tasa por debajo del nivel de reemplazo generacional. [Nota de VHI: el nivel mínimo de reemplazo generacional es de 2,1 ó 2,2 hijos por mujer en edad fértil.]

A pesar de todo esto, en la Conferencia del Cairo de la ONU, de septiembre de 1994, tuve la oportunidad de discutir con muchos delegados y políticos que sabían muy poco de demografía y se dejaban influenciar por una ideología inspirada más bien por la necesidad a priori de intensificar las políticas de control de la población.

También tuvieron cierto éxito argumentos muy lastimosos, por ejemplo, que es más barato prevenir la natalidad que educar a los niños que sin esa prevención nacen.

La tasa de crecimiento anual de la población mundial está ya por debajo del 1,4%.

La caída planetaria de la fecundidad es mucho más rápida de lo que se pensaba.

Es un fenómeno nuevo que más de 50 países que representan un 44% de la población mundial, tengan una tasa de fecundidad inferior al 2,1%.

A finales de 1997, ya en 13 países se observaban más fallecimientos que nacimientos.

Estamos observando la caída de la fecundidad más fuerte de la historia. Cada año nuevos países anuncian una fecundidad inferior al nivel de reemplazo. Muchos indicadores anuncian que seguirá bajando la tasa de crecimiento y que la población mundial se estabilizará en 8 a 9 mil millones.

Hace pocos años se hablaba todavía de un crecimiento desenfrenado hasta alcanzar los 12 ó 15 mil millones. Un error frecuente consiste en limitar el análisis demográfico a períodos cortos que no permiten observar los lineamientos básicos y sus tendencias. Cabe destacar que cuando la población mundial pasó de 3 mil millones a 6 mil millones, el número absoluto de pobres quedó más o menos constante y de esta forma la proporción bajó a la mitad.

Se nace menos y se muere menos = Envejecimiento

El empuje demográfico de los países menos desarrollados en las últimas décadas encuentra su explicación sobre todo por la rápida baja de la mortalidad, particularmente entre niños y jóvenes. Por ejemplo, en Alemania, la descendencia final bajó de 5 hijos por mujer en 1890 a 2,2 en 1930.

La misma caída se observó en toda Europa Occidental sin que hayan intervenido políticas antinatalistas o una expansión de los métodos anticonceptivos.

El aumento de la población mundial durante este siglo XXI en 2 mil o 3 mil millones se deberá no tanto a una natalidad alta sino en su mayor parte al aumento de la esperanza de vida de los nacidos. En una población donde su fecundidad disminuye y entra en sub-fecundidad, generalmente se ignora su peor consecuencia desde el punto de vista económico: "el envejecimiento", ya que se tarda en llegar 30 o más años a esa situación. El déficit de nacimientos a lo largo de los años modifica la pirámide demográfica hasta invertirla.

Entre el año 2000 y el 2030 se duplicará el número de jubilados por persona activa. Esto llevará a problemas casi insolubles.

El envejecimiento frenará la dinámica democrática, la innovación y la productividad. El sistema de redistribución entre la generación activa y la precedente permite una ganancia media para las personas implicadas cuando la fecundidad es superior a 2,1 hijos promedio por mujer.

En cambio, cuando una población es sub-fecunda siempre sale perdiendo. (Se entiende que hablamos de promedios.)

Estos fundamentos simples se esconden detrás de nuestros sistemas sociales y reservan malas sorpresas a los pueblos que envejecen (4).

Un sistema sostenible para Iberoamérica

Pareciera acertado que los sistemas deficitarios de la seguridad social frenan el descenso de la fecundidad en las naciones en desarrollo.

Muchas familias se aseguran la vejez sólo gracias a una prole suficiente. No obstante, no son pocos los que sufren condiciones particularmente miserables cuando les toca la vejez, por motivos muy diversos.

Los adultos activos siempre han financiado las necesidades ya sea de sus hijos, ya sea de sus padres ancianos.

El reflejo de esta situación o variable es lo que se denomina índice de dependencia en demografía, que es la razón de niños menores de 15 años y adultos mayores de 65 años en una población de 15 a 65 años.

Este indicador mide la capacidad de la PEA (población económicamente activa) para sostener a los grupos que no trabajan.

La disminución de la tasa de fecundidad afecta negativamente esa razón (5).

Un mundo que envejece es un hecho reconocido por todos. El rápido crecimiento de las personas ancianas representa un fenómeno social sin precedentes históricos.

Se calcula que la población anciana en el mundo, considerando la categoría de 65 años y más, llegará a 1200 millones de personas en el año 2005.

En proporción, en la mayoría de los países, las poblaciones ancianas están creciendo más rápidamente que la población total.

En los países industrializados, los problemas que son objeto de debates, comprenden:

  • la preocupación en lo referente a los gastos sanitarios,
  • la jubilación,
  • la previsión social,
  • el pago de las pensiones.

Lo que no se ha puesto suficientemente de relieve es que el envejecimiento de la población se está verificando también y rápidamente en los países menos desarrollados (6).

La mayoría de los países desarrollados tienen una mayor rapidez de crecimiento de sus poblaciones ancianas. Esto incluye por supuesto a Hispanoamérica.

Este aumento sin precedentes está llevando a los encargados de la planificación social a efectuar investigaciones sobre esta población anciana, porque necesitan tradicionalmente una cantidad desproporcionada de servicios destinados a la salud y a los cuidados a largo plazo.

Por ejemplo, en Estados Unidos, se calcula que el 80% del gasto en salud se distribuye en los últimos quince años de la vida de las personas.

Retomando lo del sistema previsional sostenible, creo que se debe tener en cuenta a los hijos de las familias, porque si no, se favorece de una manera no equitativa a las personas sin hijos, que aprovechan igualmente las rentas sin haber aportado a la sociedad futuros contribuyentes.

Familia fecunda = Potencial demográfico de las naciones

Por otro lado, como ya se ha demostrado, la sostenibilidad finanaciera del sistema de redistribución, depende directamente de una fecundidad suficiente o sea de "familias fecundas".

Sería más estable y más justo, frente a diversas situaciones personales, un sistema de redistribución que integre la fecundidad de las familias de una sociedad, considerada como la fecundidad personal de los contribuyentes y jubilados.

Es precisamente la sub-fecundidad y la ausencia de una política de apoyo a la familia el factor determinante del futuro problema de insostenibilidad financiera de los seguros sociales. Como dice el historiador Pierre Chaunu, "la esterilidad no es hereditaria" (7).

Incluso, los comunistas más extremos, que reconociendo la familia como una pieza de resistencia a su política, trataban de destruirla sistemáticamente.

No lo consiguieron y precisamente fue a través de los vínculos familiares que los rusos pudieron transmitir sus valores culturales y educativos de una generación a otra.

A pesar de todo esto, en la Cumbre del Milenio celebrada hace pocos días entre el 6 y el 8 de septiembre (del 2001) y que se extenderá del 12 al 22 de septiembre (del 2001), en el Informe Oficial de la Asamblea de las Naciones Unidas denominado "Nosotros los Pueblos" (We the People), lamentablemente se insiste en la ecuación "natalidad = pobreza".

De familia ni hablar.

Quiero resaltar que muchas propuestas del informe son aceptables, pero siempre aparece el control de la natalidad detrás de las "soluciones" para los problemas de la pobreza en general, la contaminación ambiental, etc, y se habla poco o nada de la familia.

En el mismo sentido, en la "globalización de los derechos humanos", se incluyen los supuestos derechos que el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, considera consensuados internacionalmente, "creados" por las "grandes conferencias de los 90".

Sobre este tema, las propuestas de Annan no se pueden aceptar sin distinguir entre los verdaderos derechos humanos y los verdaderos delitos de lesa humanidad.

Por un lado, se comprometen a "respetar los principios de dignidad de la persona humana y de igualdad" y por otro lado proponen derechos humanos internacionalmente demandables como los atentados contra la vida humana --delito legalizado-- cosa que en una Cumbre del Mundo en el Nuevo Milenio, cuyos objetivos deben asentarse en el bien común, no puede ser aceptada.

Recordando las palabras de Yves Lajoie, Presidente de FAMILIS, cuando dijo en el Congreso Mundial de Educación Internacional, de julio de 1999, que la nutrición de la persona humana debe comenzar desde la concepción, quiero sumarle que en el nuevo concepto de salud social, se incorpora la esperanza de vida también desde la concepción, puesto que donde hay vida humana hay persona humana.

En muchas sociedades desarrolladas, el ámbito de mayor inseguridad no está en la calle, sino en el vientre materno.

Tanto los países industrializados como los países en vías de desarrollo constataron que la ONU no cuenta con instrumentos adecuados para cumplir con sus deberes.

Bill Clinton denunció la insuficiencia de medios, pero fue incapaz de comprometerse a saldar la lacerante deuda que tiene el país más poderoso del planeta con las Naciones Unidas (1.700 millones de dólares). [Nota de VHI: una de las razones por las cuales Clinton no pudo, aunque quería, comprometer a Estados Unidos a pagar su cuota a la ONU es porque sus opositores en el Congreso de ese país, en su mayoría republicanos provida, saben que en realidad la ONU es un promotor del aborto a nivel mundial.]

Es probable que en algún punto de esta ponencia ustedes tendrán críticas o desearán sugerir algunas mejoras.

También yo tengo que aprender mucho de ustedes y les agradezco su presencia en esta jornada.

Pero creo que todos estamos de acuerdo sobre los principales desafíos que nos depara este nuevo milenio que comienza y que se inicia en un mundo globalizado.

También estoy seguro de la necesidad de avanzar con pasos firmes hacia la defensa de la familia, en cada pueblo, en cada generación y en todo momento la defensa de la familia debe perpetuarse. Es por eso que todos los sistemas políticos que se olvidan de la familia terminan tarde o temprano en el fracaso.

Un sistema político digno del hombre no puede tener ideologías opuestas a la dignidad familiar.

Nada más y muchas gracias.

El Dr. Botta es el presidente de Profamilia, organización que representa a Vida Humana Internacional en Argentina. Profamilia no debe ser confundida con las filiales del mismo nombre que la organización proabortista, llamada engañosamente Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF, por sus siglas en inglés), tiene en Puerto Rico, Nicaragua y Colombia.

Notas: 1. Dumont, Gerard François. Le Festin du Kronos. Editions Fleurus. Paris.1991. 2. Lecaillon, Jean Didier. Permanences. Paris. Juin 1998. 3. Carreras, Aldo. Congreso Mundial de Educación Internacional. UNESCO. Buenos Aires. Julio1999. 4. Geinoz,François. Baby Crash – und dann? Mitwissen Mittun. Heidelberg. Julio 1997. 5. Botta, Oscar. La Demografía como herramienta para la Salud Pública. Catamarca. Argentina. Sept/1999. 6. Howson,Cristopher. Dolentium Hominum. 1999. 7. Europe: L'hiver demographique, L'age d'homme. Lausanne.1989.

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