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Brian Clowes, PhD
Director de Capacitación Provida
Human Life International

Los nueve mitos acerca del “matrimonio” homosexual.

Mito #2: “El matrimonio heterosexual se ha vuelto un desorden, de manera que el matrimonio gay está bien”.

Los activistas a favor del homosexualismo dicen que no se debe criticar el concepto de “matrimonio homosexual”, porque hay muchos matrimonios heterosexuales que han fracasado. Si algún famoso de la farándula o político que se considera a sí mismo “favorable a la familia” ha estado casado varias veces y ha sido sorprendido en adulterio contra su cónyuge actual, claro, sería un acto de hipocresía si condenara el “matrimonio” homosexual.

En este caso, los activistas a favor del homosexualismo están intentando practicar un viejo truco. Estos activistas señalan a las personas que no tienen un verdadero compromiso con el matrimonio, personas que se han casado varias veces, personas que no tienen lugar en su corazón para los niños, personas que han sido sorprendidas en adulterio varias veces, y entonces dicen que el compromiso de ellos es mejor que el de esas personas.

Ese “argumento” es ridículo. Para poder obtener una mejor comparación, los activistas a favor del homosexualismo deberían compararse con las personas que toman en serio el matrimonio. Pero, desde luego, estos activistas no hacen eso, porque saben que siempre quedarán en segundo lugar.

El Sacramento del Matrimonio no tiene ningún problema. Los que tienen un problema son las personas cuyo compromiso matrimonial es débil. Ello es culpa, en parte, de la cultura en que vivimos, la cual comenzó promoviendo la promiscuidad a través de los medios de entretenimiento, hizo posible esa conducta sexual irresponsable por medio de la anticoncepción, y luego legalizó el divorcio exprés y el aborto.

Las consecuencias de todo este desorden son terribles. El 60% de las parejas que se casan viven juntas antes de la boda y la mitad de los matrimonios termina en divorcio. Más del 40% de los niños nace fuera del matrimonio y el 35% de los niños vive en familias monoparentales. Los niños que viven en familias monoparentales constituyen el 63% de todos los suicidios juveniles, el 70% de todos los embarazos en adolescentes, el 71% de todos los casos de abuso de sustancias prohibidas en adolescentes, el 80% de todos los jóvenes encarcelados y el 90% de todos los niños desamparados o que han abandonado su casa [7].

Las iglesias también merecen una gran parte de la culpa, ya que son pocos los ministros que tienen el valor de hablar en contra de males como la anticoncepción, el divorcio o aún el aborto.

Pero, más que todos, nosotros el pueblo tenemos la culpa, pocos de nosotros se han puesto en pie y han luchado contra estos males.

Hoy en día, aproximadamente la mitad de las personas, en vez de presentar a su cónyuge, se refieren a quien las acompaña como su “compañero de vida”, “persona significativa”, “amigo o amiga con beneficios”, “mi pareja”, mi amigo nocturno”, “mi socio amoroso” o toda una plétora de otros términos que se refieren a una relación de segunda o tercera clase que puede ser descartada a capricho.

El diluir el sentido del matrimonio no va a lograr que la situación mejore un ápice.

Usemos una analogía, los activistas a favor del homosexualismo dicen que nosotros los “héteros” poseemos un auto con los cuatro neumáticos desinflados, el motor hecho un bloque sólido oxidado y cada pieza plana de metal magullada y sucia. De manera que, dicen ellos, para terminar, debemos hacer estallar los cristales.

¿Y cómo es que eso va a ayudar a que el auto vuelva a funcionar?

Es ridículo considerar el matrimonio como muchos lo viven: usando anticonceptivos, cometiendo adulterio, divorciándose y consumiendo pornografía. Debemos considerar el matrimonio como este debe ser vivido: con unos esposos que son mutuamente fieles y están abiertos a la transmisión de la vida. Ese es el ideal, y debemos comparar el “matrimonio” homosexual con eso, y no con el “matrimonio” de alguna estrella de cine que aparece en los tabloides y que se hace famosa video-grabando sus relaciones sexuales, durmiendo con docenas de hombres o mujeres diferentes y luego divorciándose después de un “matrimonio” de unos cuantos días.

Continuará.


Nota:
[7]. Véase: William J. Bennett, The Index of Leading Cultural Indicators, Nueva York: Broadway Books, 1999,www.broadwaybooks.com.
Published in 10 DE OCTUBRE DE 2014

Brian Clowes, PhD
Director de Capacitación Provida
Human Life International

Los nueve mitos acerca del “matrimonio” homosexual.

Los grupos que promueven el homosexualismo y los medios seculares de difusión venden nueve mitos en sus intentos por hacer lucir el “matrimonio” homosexual como algo benigno e inofensivo. Debemos familiarizarnos con estos mitos y con la manera de refutarlos, si vamos a convencer a la gente que conocemos de que el “matrimonio” homosexual es dañino y no debe ser fomentado.

Mito #1: “¿Cómo es que el matrimonio gay le hace daño a usted?”

El mito que más está de moda es el que vemos en los carteles de protesta: ¿Cómo es quemi matrimonio entre personas del mismo sexo le hace daño a su matrimonio entre personas de sexo opuesto?” No debemos sorprendernos del hecho de que estos carteles no comprendan para nada el tema en cuestión. El tema real no es cómo el “matrimonio” de cualquier pareja podría afectar el matrimonio de otra pareja particular. El asunto es cómo la aprobación de toda una nueva clase de “matrimonio” cambiaría la institución social del matrimonio natural como la conocemos.

El matrimonio, como parte de su significado histórico, le otorga plena legitimidad moral a la relación sexual entre un hombre y una mujer. Admitir que el “matrimonio” homosexual es posible significa que la sociedad le da su total aprobación tanto a las relaciones homosexuales como a las heterosexuales.

El “matrimonio” homosexual no daña simplemente al matrimonio natural. Si es aceptado, el matrimonio natural sencillamente dejará de existir como política pública. ¿Cómo podría ser de otra manera, si se considera que los papeles que desempeñan el sexo y el género carecen de sentido?

Consideremos un caso paralelo. ¿Cómo le causa daño a usted, si yo imprimo mis propios billetes de $20? Bueno, al principio no le causará ningún daño, pero si más y más personas comienzan a imprimir sus propios billetes de $20, menos valdrán todos los billetes de $20, incluyendo los verdaderos, aquellos que el gobierno ha impreso. Si un número lo suficientemente grande de personas imprime su propia moneda, eventualmente todos los billetes de $20 (y todas las demás monedas) perderán todo su valor.

El “matrimonio” homosexual, como todas las falsificaciones, rebaja y degrada al matrimonio real.

Como en el caso de las falsificaciones, el daño al matrimonio natural es acumulativo y no aparente de manera inmediata. Mientras más falsificaciones haya, más pierde su valor lo que es real. Al final, no hay ejemplos de sociedades que hayan dejado de regular el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer que hayan sobrevivido [6].

También se da el daño a los derechos más fundamentales. Canadá legalizó el “matrimonio” homosexual en 2005 y, desde entonces, ha habido más de 300 enjuiciamientos de oponentes al matrimonio entre personas del mismo sexo. En ese país, ninguna persona puede negarse a hacer negocios con homosexuales, ni tampoco un ministro religioso puede negarse a “casarlos”. Los padres de familia tampoco les pueden enseñar a sus hijos la doctrina de la Iglesia acerca del homosexualismo. Cuando el obispo católico de la ciudad de Calgary simplemente escribió una carta explicando la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio, fue acusado de violar los derechos humanos.

En EEUU, los Boys Scouts (Niños Guías) han sido retirados de los capítulos de la United Way y se les ha negado financiamiento por parte de las empresas. Ha habido alcaldes de ciudades importantes que le han dicho a la cadena de comida rápida Chick-Fil-A que es “malévola”, porque su fundador cree que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer. La organización que trabaja a favor de la familia, Family Research Council (FRC), apenas pudo evitar asesinatos en masa por parte de un pistolero, quien dijo que su motivo para atacar a esta organización había sido el hecho de que el FRC había sido catalogado por el Southern Poverty Law Center (“Centro Sureño para las Leyes sobre la Pobreza”, traducción libre) como un “grupo de odio”, simplemente porque se opone al “matrimonio” homosexual.

Una vez que el gobierno legaliza el “matrimonio” homosexual, el sistema legal no reconoce ninguna razón legal que justifique el oponerse a él. De hecho, el sistema legal sencillamente supone que cualquier oposición a dicho “matrimonio” es el resultado del “odio” o la “intolerancia” hacia los homosexuales, como hemos visto en varias decisiones que han tomado ciertos tribunales federales recientemente.

Cuando la gente nos pregunte “¿Cómo es que el ‘matrimonio’ homosexual nos causa daño?”, podemos mostrar que los activistas a favor del homosexualismo están intentando obligarnos, no solamente a aceptar ese “matrimonio”, sino también a respaldarlo y apoyarlo, bajo amenaza de castigo, en caso de que no consintamos. Los activistas a favor del homosexualismo no reconocen el principio de la libertad de conciencia. Les importan un bledo los derechos de los demás.

Cuando les concedemos a las relaciones homosexuales un trato igualitario o preferencial bajo la ley, ello da como resultado que la moral cristiana sea expulsada y castigada. Hemos visto esto en todas las naciones donde el 2% es considerado un grupo especial con “derechos” especiales, y que además puede imponer su falta de moral al 98% restante.

Para decirlo con toda simplicidad, la libertad religiosa y el “matrimonio” homosexual no pueden coexistir.

Continuará.

Nota:

[6]. Pitirim Sorokin. The American Sex Revolution [Boston:  Peter Sargent Publishers], 1956, págs. 77-105.

Melanie Baker

 

La Secretaria de Estado Hillary Clinton impartió recientemente una terriblemente disparatada conferencia ante la ONU, en la cual declaró que “algunos han sugerido que los derechos homosexuales y los derechos humanos son distintos y están separados; pero, de hecho, son una misma cosa … Los derechos homosexuales son derechos humanos, y los derechos humanos son derechos homosexuales”. Clinton vinculó los esfuerzos por “denunciar los derechos homosexuales” por razones religiosas a males suscitados por motivos religiosos “hacia las mujeres, como los crímenes de honor, el quemar viudas o las mutilaciones de genitales femeninos”. La Secretaria de Estado procedió entonces a explicar que – así como sucedió con el caso de la esclavitud, respecto del cual ambos lados reclamaron el estar impulsados por motivos religiosos – debemos desechar cualquier apelación a las creencias religiosas que pretenda justificar una oposición a la actividad homosexual:

 

“Si bien es cierto que todos somos libres de creer lo que queramos, no podemos hacer lo que queramos, no en un mundo donde protegemos los derechos humanos de todos … El progreso se da por medio de cambios en las leyes … En muchos lugares, incluyendo mi propio país, las protecciones legales han precedido, no seguido, un reconocimiento más amplio de los derechos. Las leyes tienen un efecto pedagógico … Y, prácticamente hablando, frecuentemente se da el caso de que las leyes deben cambiar antes de que se disipen los temores ante el cambio”.

 

El punto culminante de su alocución fue el anuncio de la creación de nuevas leyes:

 

“Estamos lanzando una nuevo Fondo para la Equidad Global que apoyará la labor que las organizaciones de la sociedad civil realizan alrededor del mundo. Este fondo las ayudará a recopilar datos para que puedan dirigir su defensa hacia blancos concretos, aprender a usar las leyes como una herramienta, manejar sus presupuestos, capacitar a su personal y fomentar asociaciones con organizaciones de mujeres y otros grupos que defienden los derechos humanos. Nos hemos comprometido con el aporte de más de $3 millones para comenzar este fondo, y tenemos la esperanza de que otras personas se unan a nosotros para apoyarlo”.

 

De todo lo que se podría decir en respuesta a esta vergonzosa conferencia, impartida por una mujer que representa a EEUU ante una asamblea internacional, hay un solo punto que quisiera establecer. Deseo lamentar la tendencia de nuestra cultura a elevar las emociones al estatus de deidad, hasta el punto de anular o de pasarle por encima de manera tan descarada a aquello que nos constituye específicamente en seres humanos: nuestra capacidad para razonar. (Un segundo punto sería el enfatizar que la oposición al apoyo público de la actividad homosexual no es solamente por motivos religiosos, sino que es, primero que todo, por motivos racionales.)

 

Hay una diferencia abismal entre los crímenes de honor y negarse a apoyar la actividad homosexual. Hay una diferencia abismal entre “odiar” a una persona y el estar en desacuerdo con el estilo de vida homosexual de esa persona. Hay una diferencia abismal entre el amor auténtico y las relaciones sexuales inmorales. Sin embargo, ¿qué es lo que tienen en común estas tres comparaciones? Las tres están cargadas de tanta emoción, que el “grito" inherente a la primera parte de cada afirmación se transfiere a la segunda.

 

Es verdad que en ciertas ocasiones algunas personas han torturado o asesinado a otras personas que tienen inclinaciones homosexuales. Eso está mal, es abominable y nunca debe ocurrir. Pero ciertamente no es un asesinato o un acto de tortura el negarse a apoyar el estilo de vida homosexual. Y, dicha negativa, lejos de ser un acto de “odio”, es a menudo un acto que está (y siempre debe estar) motivado por el amor y la preocupación sincera por el bienestar de la persona que tiene inclinaciones homosexuales.

 

Sin embargo, ¿por qué cada vez es más difícil señalar estas distinciones en nuestra manera de comprender y expresarnos en nuestra cultura contemporánea? Porque rápidamente estamos perdiendo la prioridad que con todo derecho le pertenece a la razón por encima de las emociones. Prácticamente cada producto que se vende, cada propaganda musical que escuchamos, cada anuncio que leemos enfatiza mi “derecho” a la conveniencia, al confort y a “mi manera de ser”. Hemos puesto tanto énfasis en “sentirnos bien” en nuestra cultura, que estamos perdiendo nuestra capacidad para evaluar los asuntos o para verlos con claridad.

 

Paradójicamente, a veces lo que de verdad es bueno para mí me hace sufrir. Un ejemplo muy simple es la dieta. Puede ser que me guste mucho el chocolate. Pero si les doy rienda suelta a mis deseos y como solamente chocolate al desayuno, al almuerzo y a la comida, el sufrimiento que voy a experimentar será mucho mayor que el sufrimiento inicial de no poder comer chocolate. Si tengo una pataleta e insisto en que todo el mundo tiene que estar de acuerdo solamente con mis ideas, y doy por terminadas mis amistades con aquellos que se atreven a estar en desacuerdo conmigo, el día que de verdad tenga una idea desastrosa, estaré a merced de mi propia estupidez, ya sea debido a la falsa amistad de aquellos que aduladoramente miman mis antojos o de mi propio encierro ante cualquier consejo razonable de aquellos que fueron mis verdaderos amigos. Algunas veces, el ser corregido, aunque doloroso, es bueno para mí. El punto básico es que lo que me hace “sentir bien” no siempre es bueno para mí; a veces el sufrimiento que se soporta en una parte de nuestra vida produce plenitud en otra.

Por amor a nuestros hermanos y hermanas que tienen inclinaciones homosexuales, debemos continuar proclamando la verdad acerca de la naturaleza humana, aún cuando esa verdad duela. Hemos sido creados para el amor, y el amor es el don de uno mismo a los demás, la búsqueda sincera del bien de los demás; también es siempre fecundo y abierto a la vida, a otras personas. El amor auténtico nunca excluye, sino que da la bienvenida. El amor que se presentase a sí mismo bajo cualquier otra forma es un engaño. Solamente dando es que recibimos; “el hombre encuentra su plenitud solamente en el don sincero de sí mismo” (Gaudium et spes, 24). Erróneamente, el gobierno de Obama ha etiquetado la oposición al comportamiento homosexual como un asunto religioso, pero es primero que todo un asunto racional. La voz de la razón está siendo rápidamente derrocada por el tiránico reino de las emociones.

Melanie Baker es una escritora que contribuye con HLI America, una iniciativa educativa de HLI para EEUU, www.hliamerica.org. Publica artículos en el “Truth and Charity Forum” (“Foro de la Verdad y la Caridad”) de HLI America.

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