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Monday, 26 June 2017 13:43

Teología del cuerpo: Catequesis 3: Segundo relato de la creación del hombre

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(Impartida el 19 de septiembre de 1979.)

 

1. El segundo relato de la creación del hombre (Génesis 2:4b-25) enfatiza la dimensión subjetiva y psicológica de la persona humana. Es la descripción más antigua que se haya registrado de la compresión del ser humano de sí mismo, tan apreciada por la antropología moderna. [La palabra “antropología” viene del griego y es compuesta: “antropos” = “ser humano” + “logos” = “estudio de”. Por lo tanto, “antropología” significa el estudio del ser humano o del hombre. En este caso se trata de una antropología según la Biblia y la doctrina de la Iglesia.]

 

El lenguaje antiquísimo que utiliza este relato es el mito. Pero aquí “mito” no significa algo falso, sino la descripción en lenguaje simbólico de una realidad que va más allá de una comprensión científica de la naturaleza. Este tipo de relato expresa verdades de las que la ciencia natural no puede ocuparse. No se trata de cómo las cosas están hechas sino del origen y por qué del bien y del mal, sobre todo respecto del hombre y la mujer.

 

Es importante observar aquí que si complementamos este relato con el de Génesis 1, llegamos a la convicción de que hay una correspondencia entre la subjetividad de la persona humana (Génesis 1) y su objetividad o existencia real (Génesis 2), como ser creado a imagen de Dios.

 

2. El primer relato presenta la creación del hombre y la mujer al mismo tiempo (véase Génesis 1:27). Pero este segundo relato presenta primero la creación del hombre (véase Génesis 2:5-7) y luego la de la mujer (véase Génesis 2:18-23).

 

Al presentar la creación del hombre, este segundo relato lo llama “Adán” [que en hebreo significa “humanidad”] – véase Génesis 2:7. Sin embargo, desde el momento de la creación de la mujer, comienza a llamarlo “is”, que en hebreo significa “varón” (en Génesis 2:23). Este término está muy relacionado con la palabra hebrea “issah” que significa “mujer”, porque Génesis 2:23 dice: “Será llamada ‘mujer’, porque fue sacada del hombre ‘is’”. Las palabras “is” e “issah” eran populares en aquel tiempo y enfatizaban la unidad del origen del hombre y la mujer por la correspondencia de sonido que hay entre estas dos palabras.

 

En este contexto es significativo que Cristo, en su discusión con los fariseos en Mateo 19:3-6 (y Marcos 12:2-12), haya citado brevemente a Génesis 1:27 (el hombre y la mujer creados a imagen de Dios) y acto seguido a Génesis 2:24 (“serán una sola carne”). Al hacerlo, el Señor une el “principio” de la creación del ser humano (hombre y mujer creados al mismo tiempo) con el “principio” de la unidad e indisolubilidad del matrimonio entre el hombre y la mujer – dos seres individualmente distintos pero de una misma naturaleza y complementarios entre sí.

 

3. Inmediatamente después, en Génesis 3, la Biblia nos narra la primera caída del hombre y la mujer. Esta caída está relacionada con un árbol misterioso que ya Génesis 2:17 había llamado “el árbol del conocimiento del bien y del mal”. Este árbol y su fruto prohibido simbolizan la línea que divide la inocencia original del pecado original. Cuando el hombre y la mujer comen de ese fruto surge una situación completamente nueva y distinta de la anterior. En la primera situación, el hombre y la mujer se encuentran casi fuera del conocimiento del bien y del mal, y disfrutan de un estado de inocencia original. En la segunda situación, el hombre y la mujer se hayan dentro de ese conocimiento, y sufren de un estado pecaminoso. Ese estado pecaminoso surge porque han cometido el pecado original, al haber quebrantado el mandamiento de Dios simbolizado por la prohibición del fruto del árbol ya mencionado. Ese pecado es instigado por el diablo, simbolizado por la serpiente.

 

En este contexto debemos aclarar que el lenguaje simbólico utilizado aquí sí es capaz de ser expresado de nuevo por medio de conceptos que podamos entender. No tiene por qué haber una barrera inseparable entre la traducción, por decirlo de alguna manera, del lenguaje religioso-simbólico, que se utiliza en algunas partes de la Biblia, al lenguaje doctrinal o filosófico y teológico de los conceptos.

 

En este sentido, la doctrina católica ha expresado correctamente estas dos situaciones, que el texto bíblico expresa por medio de símbolos, en los conceptos de “estado de naturaleza íntegra” y “estado de naturaleza caída”. Todo esto tiene una gran importancia para la teología del cuerpo.

 

4. Cuando Cristo, en su discusión con los fariseos, se refiere al “principio”, los lleva a ellos y a nosotros a traspasar el umbral que separa el estado pecaminoso actual del ser humano del estado de su inocencia original. Esto significa que ese estado original sigue siendo vigente a pesar de que el ser humano lo haya perdido irrevocablemente en este mundo. Ello a su vez implica que Cristo nos está exigiendo o mandando (dimensión ética y moral) que nos esforcemos con Su gracia en vivir según el estándar de ese estado de inocencia original. Evidentemente, en nuestras reflexiones, tendremos que intentar reconstruir, a partir de la Palabra de Dios, las características esenciales del ser humano (dimensión antropológica) en dicho estado original.

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