You are here:Portada Noticias|Teología del cuerpo: Catequesis 8: La creación de la mujer
Viernes, 21 de Julio de 2017 18:58

Teología del cuerpo: Catequesis 8: La creación de la mujer

Rate this item
(0 votes)

(Impartida el 7 de noviembre de 1979)


1. Génesis 2:18 dice: “No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda semejante a él”. Este pasaje es un preludio al relato de la creación de la mujer. Junto a ese relato, el significado de la soledad original del ser humano entra a formar parte del significado de la unidad original del hombre y la mujer, cuyo punto clave es Génesis 2:24: “Dejará el hombre al padre y a la madre y se unirá a la mujer, y serán los dos una sola carne”. Cristo citó este pasaje cuando se  remitió al “principio” en su discusión con los fariseos. Por consiguiente, tendremos que precisar el significado de esa unidad original que está enraizada en la creación del ser humano como varón y mujer.


Ya hemos visto que Génesis 2 relata primero la creación del hombre y luego la de la mujer, mientras que en Génesis 1 los dos son creados al mismo tiempo. Al hacerlo así, Génesis 2 nos hace pensar primero en ese primer hombre-varón y en como éste descubre su soledad y su subjetividad como ser humano a través de su cuerpo. Ello implica que, si bien el cuerpo humano es masculino o femenino, la corporeidad y la sexualidad no se identifican completamente. El hecho de que el hombre sea cuerpo (y no simplemente que tenga un cuerpo) es algo más profundamente intrínseco a la persona humana que ser varón o mujer. La unidad original se basa en la masculinidad y la femineidad, que son como dos diferentes “encarnaciones” (dos “hacerse cuerpo”) o dos modos diferentes de ser cuerpo del mismo ser humano, creado a imagen de Dios, como dice Génesis 1:27. Una vez más vemos cómo Génesis 1 y Génesis 2 se corresponden y se iluminan mutuamente, bajo la luz de Cristo, en sus diferentes maneras de relatar la creación del ser humano, como varón y mujer.


2. De hecho, para comprender correcta y profundamente el relato de la creación de la mujer en Génesis 2:21-22, hay que tener presente la creación del hombre y la mujer como imagen de Dios en Génesis 1:26-28. Recordemos que el lenguaje de este relato de Génesis 2 es mítico. Ello no quiere decir que sea una fábula, sino un modo sencillo y simbólico, cargado de un profundo significado, que expresa unas verdades que trascienden el conocimiento que aportan las ciencias naturales. Se trata de verdades, entre otras cosas, acerca del sentido de la existencia humana y de la relación entre el ser humano y Dios, así como del hombre y la mujer.


Ya hemos visto que la palabra hebrea “Adán” significa “humanidad”. También vimos que una vez que la mujer es creada, el hombre es designado con el término hebreo “is” y la mujer con el de “issa” (véase Génesis 2:23). Pero una vez que esto ocurre, el hombre vuelve a ser llamado “Adán” (véase Génesis 2:24), para expresar su “personalidad corporativa” o como el hombre que representa a la humanidad o como el “padre o progenitor de la humanidad”. La Biblia después llamará a Abraham “padre de los creyentes” (véase Génesis 15:5-7, y Romanos 4:11 y 18).


3. A continuación Génesis 2:21-22 dice: “Hizo pues, Yahvé Dios caer sobre el hombre un profundo sopor; y, dormido, tomó una de sus costillas, cerrando en su lugar con carne, y de la costilla que del hombre tomara, formó Yahvé Dios a la mujer”. El sopor de Adán (en hebreo tardemah) es una dormición profunda en la que cae el hombre sin consciencia o sueños. La Biblia tiene otro término hebreo para definir el sueño: halom, véase Génesis 15:12, 1 Samuel 26:12, Isaías 29:10; Job 4:13 y 33:15). Este estado en el que cae Adán no tiene, pues, nada que ver con los análisis de los sueños del psicoanálisis de Freud, que casi siempre tienen que ver con una sexualidad reprimida. Esas ideas freudianas son totalmente extrañas para el autor sagrado.


El sopor en el que Dios hace caer al primer hombre subraya la exclusividad de la acción de Dios en la obra de la creación de la mujer. El hombre no tuvo ninguna participación consciente en esa creación. Dios se sirve de su “costilla” solamente para acentuar la naturaleza común del varón y de la mujer.


Este sopor en el que cae el hombre es una especia de “muerte” de su vida consciente que se puede comparar con la muerte real. Es decir, es como si el hombre-varón, que está solo, “muriese” y, por iniciativa creadora de Dios, “volviese a la vida” (más bien despierta) y surge de nuevo en su doble unidad de varón y mujer.

Los términos “sopor” (tardemah) o “sueño” (halom), para referirse a estar dormido, aparecen en la Biblia (véanse de nuevo los pasajes referidos arriba) cuando ocurre o va a ocurrir un evento de gran importancia. Por ejemplo, en Génesis 15:12, Dios establece una Alianza con Abraham, quien, durante su sueño “fue presa de un gran terror y le envolvió una densa tiniebla”. Esta escena se parece a la de Jesús, quien en el huerto de Getsemaní, “comenzó a sentir gran terror y angustia” (Marcos 14:33), precisamente horas antes de morir en la cruz, donde realizaría la Alianza definitiva entre Dios y la humanidad, confirmada por su Resurrección.


Cuando Jesús se levantó de su oración en el huerto, encontró a los Apóstoles “adormilados por la tristeza” (Lucas 22:45). Quizás Adán también estaba triste debido a su soledad y quedó dormido a causa de su tristeza o, al igual que Abraham, estaba preso del terror y envuelto en la oscuridad. Quizás haya aquí un eco del comienzo de la creación en Génesis 1:2: “La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la haz del abismo”.


En todo caso, este relato de Génesis 2:21-22 indica que un acontecimiento extraordinario, tanto para la creación como para la historia de la salvación, va a tener lugar: la creación de la mujer y, con ella, la unidad original del hombre y la mujer. Se trata de una alianza que va a afectar a toda la historia de la salvación.


4. Dios forma a la mujer con la costilla que toma de Adán, quien se encuentra en un estado de sopor (versículo 22). Este simbolismo significa que el hombre y la mujer comparten la misma naturaleza humana: ambos poseen subjetividad y corporeidad o estructura somática. [La palaba “soma” es griega y significa “cuerpo”, luego “somática” significa “corporal.]


Es interesante observar que los antiguos sumerios, habitantes también del Medio Oriente, usaban en su escritura un signo para la palabra “costilla” que coincidía con el que también empleaban para indicar la palabra “vida”.


En el lenguaje bíblico, el simbolismo de la costilla señala también la consanguinidad y la pertenencia a la misma descendencia (véase, por ejemplo, Génesis 29:14). Para los hebreos no había una distinción precisa entre “cuerpo” y “alma”. El cuerpo era considerado la manifestación exterior de la personalidad. Los “huesos” significaban simplemente el ser de la persona humana (véase, por ejemplo, el Salmo 139). Por lo tanto, “hueso de mis huesos” significa “ser de mi ser”. La expresión “carne de mi carne” significa que aunque la mujer tenga características físicas diferentes, posee la misma naturaleza de ser persona que posee el hombre.


Esta interpretación está confirmada por la expresión de Adán, quien, lleno de júbilo al despertar y contemplar a la mujer, estalla diciendo: “Esta sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne” (versículo 23). A pesar de que el cuerpo de la mujer es sexualmente distinto al del hombre, éste se da cuenta enseguida de que ese ser que tiene delante de él es una persona humana al igual que él mismo. De nuevo, cada palabra aquí está llena de profundos significados.


Adán se da cuenta de que la mujer es, al igual que él, un ser viviente distinto y superior a los animales. Se da cuenta de que la mujer es la “ayuda” adecuada para él. Es difícil traducir con exactitud la expresión hebrea cezer kenegdó (“ayuda”), que parece sugerir el concepto de “complementariedad” o “correspondencia exacta”.

Portada Noticias » Teología del cuerpo: Catequesis 8: La creación de la mujer



Vida Humana necesita su Ayuda para continuar defendiendo la Fe, la Vida y la Familia