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Viernes, 21 de Julio de 2017 19:02

Teología del cuerpo: Catequesis 7: Entre la inmortalidad y la muerte

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(Impartida el 31 de octubre de 1979)


1. Continuamos reflexionando sobre el significado de la soledad original del hombre. Génesis 2:7 dice: “Formó Dios al hombre del polvo de la tierra y sopló en el rostro aliento de vida, y resultó el hombre un ser animado”. La antropología bíblica distingue en el ser humano no tanto el cuerpo y el alma, como el cuerpo y la vida. Dios concede el don de la vida mediante el “soplo”. En otros pasajes de la Biblia vemos que cuando Dios retira Su soplo, el ser humano vuelve al polvo del cual fue sacado (véase: Job 34:14-15 y Salmo 104:29ss). Podemos expresar este lenguaje humilde pero potente de este pasaje en el lenguaje de la antropología filosófica, diciendo que el ser humano está constituido de alma y cuerpo.


La enseñanza de este pasaje de Génesis 2:7 del ser humano creado como ser viviente y la de Génesis 2:5 del ser humano cultivando la tierra, corresponden a la de Génesis 1:28 del hombre y la mujer creados a imagen de Dios. Si unimos estas tres enseñanzas, podemos decir en el lenguaje de los conceptos precisos, que aquí la Biblia nos enseña que la autoconsciencia de la persona humana como ser distinto y superior a los demás seres visibles nace de un comportamiento típicamente humano. Esta autoconsciencia es una intuición típicamente humana del significado del propio cuerpo.


2. Profundizando lo que hemos dicho, podemos decir que aquí el ser humano se manifiesta como sujeto (y no como un objeto), no sólo por su autoconsciencia y su autodeterminación (su subjetividad), sino también a base de su propio cuerpo. La estructura de este cuerpo es tal, que le permite ser el autor de una actividad puramente humana.


De esta observación se deduce que por medio de esta actividad puramente humana el cuerpo expresa a la persona. Toda la corporeidad del hombre es penetrable y transparente y deja claro quién es el ser humano y quién debería ser. Sin embargo, es gracias a su subjetividad que todo el cuerpo de la persona humana tiene esta capacidad de expresión personal.


3. Con esta comprensión fundamental del significado del cuerpo, el ser humano, como sujeto de la primera Alianza con el Creador, es colocado frente al misterio del árbol del conocimiento del bien y del mal en Génesis 2:16-17, cuyo fruto Dios le prohíbe comer so pena de morir.


Ahora bien, este ser humano que logra obtener una autoconsciencia de su distinción y superioridad respecto del resto de la creación visible y a quien Dios le había dado el don de la vida, ¿tenía la capacidad de comprender el significado de la muerte sin haberla experimentado nunca (ni en sí mismo ni en ningún otro ser viviente)? Podemos responder que sí. El ser humano debía ser capar de intuir la realidad de la muerte a partir de su propia experiencia humana y de la consciencia de la dependencia de su propia existencia en el Creador. Además, debería haber entendido que ese árbol misterioso escondía en sí una dimensión de soledad desconocida hasta entonces.


4. Debió entender que el significado fundamental de su cuerpo también incluía la verdad de que lo invisible (su subjetividad) lo determina más que lo visible (su cuerpo). Esta alternativa entre la muerte y la inmortalidad no se limita al significado escatológico del cuerpo, sino también de la humanidad misma, es decir, a la resurrección del cuerpo y a la vida más allá de la muerte. [La palabra “escatología” es compuesta y viene del griego: “escatón” = “último” + “logos” = “estudio de”, es decir, el estudio de las últimas cosas en sentido bíblico y cristiano: el juicio final, el Cielo, el infierno y el purgatorio.]


Esta alternativa entre la muerte y la inmortalidad pertenece también a la definición del ser humano desde el principio y al significado de la soledad original de la persona humana frente a Dios.

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