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Viernes, 21 de Julio de 2017 19:04

El caso de Charlie Gard: Un ataque a los derechos de los padres de familia

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Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International


El caso de Charlie Gard tiene graves consecuencias para los derechos de los padres y para la autonomía de la familia. Este ataque contra la familia y la vida se extiende más allá de las fronteras del Reino Unido (RU). Debemos estar muy preocupados.


Para los que no están familiarizados con este caso, Charlie Gard nació en el RU en 2016 con el síndrome del agotamiento mitocondrial. Se trata de una grave enfermedad que lo ha colocado al borde de la muerte. El pasado marzo, los médicos dijeron a sus padres que no había más nada que podían hacer por él. Recomendaron retirarlo del ventilador al cual está conectado y dejarlo morir.


Sin dejarse amedrentar, los padres de Charlie, Chris Gard y Connie Yates, buscaron otras alternativas. Descubrieron que existía un tratamiento experimental que proporcionaba la posibilidad de una cura. Pero el tratamiento es extremadamente costoso y solo se encuentra en EEUU.


Sin que ello los detuviera, Chris y Connie lanzaron una campaña en línea para recaudar fondos y recibieron decenas de miles de donativos. En total, recaudaron casi de 1.7 millones de dólares, más que lo necesario para el tratamiento.


Por primera vez, surgió un rayo de esperanza.


Pero entonces, inexplicablemente, el hospital donde se encuentra Charlie – Great Ormond Street Hospital, en Londres – se negó a dejar ir a Charlie. Las autoridades del hospital dijeron que habían decidido que era muy improbable que el tratamiento propuesto fuese capaz de ayudar al niño, y que solamente prolongaría su sufrimiento.


Conmocionados, los padres de Charlie apelaron esa decisión. Un tribunal sentenció que a Charlie se le debería permitir “morir con dignidad”. Para los que estamos familiarizados con la demagogia a favor de la eutanasia, se trata de una frase escalofriante. Los padres de Charlie llevaron el caso hasta el Tribunal Supremo del RU. Pero perdieron cada paso de ese trayecto legal. Luego, el último recurso fue recurrir al Tribunal Europeo para los Derechos Humanos. Pero éste se negó a revocar la decisión del tribunal del RU.


Con esa negativa, el caso explotó en la escena internacional. Siguió un feroz debate público, que incluyó figuras globales, como el Presidente Trump, el Papa Francisco y muchas otras. Charlie permanece conectado a equipos que sostienen su vida. Pero en cualquier momento el hospital podría decidir retirarlo del ventilador.


Tristemente, la confusión ha plagado este tenso y emotivo caso. Hasta ha habido algunas personas provida que han sido confundidas por la demagogia de las autoridades del hospital y los magistrados del sistema judicial. Mientras tanto, el derecho natural de los padres de tomar esta decisión a favor de su hijo se ha perdido en medio de la vorágine de opiniones emotivas y demagógicas.


Además, muchos se sintieron conmocionados ante una primera declaración de la propia Pontificia Academia para la Vida del Vaticano por medio de la cual parecía tomar partido por las autoridades hospitalarias. Los que apoyan a los padres de Charlie rechazaron tajantemente esa declaración. Gracias a Dios, el Papa Francisco emitió su propia declaración. El Santo Padre correctamente giró la atención por parte del Vaticano lejos del tema complejo y tangencial del tratamiento propuesto, y lo enfocó en los derechos de los padres de Charlie. Al respecto, su declaración expresó: “El Papa Francisco ora por ellos con la esperanza de que su deseo de acompañar y cuidar a su propio hijo no sea pasado por alto”.


De igual importancia fue el gesto del Vaticano de ofrecer una alternativa concreta y gratuita: que Charlie fuese tratado en su propio hospital pediátrico, el Bambino Gesú (“El Niño Jesús”). Este ofrecimiento fue un gesto muy sólido y necesario.


Es importante que estemos totalmente claros respecto del meollo de este asunto. En última instancia, no se trata de  la distinción entre tratamiento “agresivo” o desproporcionado y tratamiento ordinario o proporcionado. La Iglesia Católica siempre ha enseñado con claridad que no existe la obligación moral de utilizar tratamientos desproporcionados, como podría serlo en algunos casos el uso de un ventilador, para prolongar la vida. Como dijo el Papa San Juan Pablo II en su Encíclica El Evangelio de la Vida, no. 65:


“En estas situaciones, cuando la muerte se prevé inminente e inevitable, se puede en conciencia renunciar a unos tratamientos que procurarían únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia, sin interrumpir sin embargo las curas normales debidas al enfermo en casos similares… La renuncia a medios extraordinarios o desproporcionados no equivale al suicidio o a la eutanasia; expresa más bien la aceptación de la condición humana ante la muerte”.


Al mismo tiempo, sin embargo, la Iglesia nunca ha dicho que haya una obligación moral de no usar medios desproporcionados. Ello debe ser evaluado caso por caso. Más importante aún, la decisión de si usar o no tratamientos desproporcionados o extraordinarios debe estar en manos de la autoridad que tiene el derecho a dicha decisión, que, en este caso, son los padres de Charlie.


Entonces, ¿cuál es el problema fundamental aquí? Una sola cosa: una lucha por el poder.


Expliquemos. Las autoridades del hospital y el gobierno del RU creen que el Estado, y no los padres de Charlie, es el que debe tener la autoridad para decidir lo que es mejor para Charlie (y, presuntamente, para otras personas también en casos similares). Para imponer esta opinión, el hospital y el gobierno estaban dispuestos a luchar judicialmente hasta llevar el caso ante el tribunal de la Unión Europea.


Si tienen éxito, ello sería terrible para los derechos paternos. Phil Lawer, pensador católico, lo ha resumido muy bien en un artículo que publicó e la revista  Catholic Culture:


“La injusticia en este caso no es que Charlie vaya a ser o haya sido ya desconectado del ventilador. La decisión de desconectar a alguien de un ventilador siempre es dolorosa, pero a veces está justificada. La injusticia aquí es que Charlie vaya a morir cuando la administración del hospital lo desee. Sus padres han sido privados de su derecho a supervisar el caso de su hijo. No pueden llevarlo a EEUU para un tratamiento experimental. Tampoco pueden llevarlo a casa, para que muera en paz. Como ha observado uno de nuestros lectores: Charlie ha sido esencialmente secuestrado para que las autoridades se aseguren de que muera en el momento en que lo indique el horario que ellas mismas han impuesto.


La Iglesia Católica siempre ha defendido el derecho primario de los padres respecto del bienestar y la educación de sus hijos. Dondequiera que esos derechos han sido conculcados, el totalitarismo ha estado muy cerca. No es casualidad que el comunismo, el socialismo, el fascismo y otras ideologías totalitarias siempre han intentado quebrar el vínculo entre padres e hijos. Una vez que la familia ha sido desmantelada, es fácil para el totalitarismo llenar ese vacío.


Puede que el hospital y los tribunales crean que están haciendo lo mejor para Charlie. Pero en realidad, sus acciones son totalitarias en su raíz. Han robado a los padres sus derechos naturales y, en su lugar, han erigido al Estado como el árbitro de la última palabra sobre la vida y la muerte.


El Rev. Patrick Mahoney es un activista provida de EEUU que está al frente de las protestas en el RU a favor de Charlie. Mahoney asegura que lo que está en juego en este caso es de carácter “universal”. “El interrogante”, dice, “es si los padres estarán en el centro de la toma de decisiones a favor de sus hijos o si ese derecho les será arrebatado por parte de funcionarios de hospitales, magistrados y burócratas gubernamentales”.


“Este problema no es para nada de carácter liberal, conservador o político”, continuó diciendo Mahoney. “Se trata de un problema de derechos humano. “Consiste en el simple concepto de que los padres no deben ser excluidos y dejados fuera de la toma de decisiones críticas que impactan la salud y el futuro de sus hijos”.


Las preocupaciones y las preguntas morales acerca de este caso continuarán. Mientras tanto, Charlie y sus padres merecen nuestro más sólido apoyo y oración. Los padres de 
Charlie quieren lo mejor para su hijo. Nosotros debemos exigir que el gobierno respete su decisión, así como reconocer y asegurar el respeto de la dignidad intrínseca de Charlie.


Nota de Adolfo J. Castañeda, MA, STL, Director de Educación de VHI: América Latina y España deben tomar nota del caso de Charlie Gard. Durante mucho tiempo nuestros países hispanos han seguido una tradición política de dejar en manos del Estado asuntos tan delicados como los sistemas educativos y sanitarios. No se trata de que no exista ningún sistema público de educación o salud. Se trata de que dichos sistemas estén verdaderamente en manos de la gente y especialmente de los padres de familia. Los gobiernos, locales o nacionales, no deben ser los principales responsables de esos sistemas, sino las personas, las familias y los padres. Después de todo, los ciudadanos son los que pagan el sueldo a los funcionarios que ellos mismos han elegido, directa o indirectamente, para ocupar cargos en esos sistemas. De lo contrario, seguirá extendiéndose la arrogancia intrusiva del Estado en la vida de nuestros pueblos, conculcando sus derechos y libertades fundamentales.

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