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Viernes, 21 de Julio de 2017 19:06

Catequesis 10: El matrimonio uno e indisoluble

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(Impartida el 21 de noviembre de 1979)


1. Génesis 2:23 (la creación de la mujer y la expresión gozosa de Adán) nos enseña que la femineidad se encuentra y se confirma a sí misma a través de la masculinidad, y la masculinidad a través de la femineidad. El sexo es constitutivo de la persona humana y no sólo un atributo de ella. Es decir, la masculinidad y la femineidad, como ya hemos señalado, son dos modos de ser persona humana, y no sólo dos características no esenciales de ella, como lo serían el color de la piel, el color del pelo, la estatura, etc. El enriquecimiento mutuo, que es fruto de la unidad y de la comunión interpersonal entre el hombre y la mujer, es también un enriquecimiento para toda la historia del ser humano, incluyendo en esa historia la historia de la salvación.


2. Génesis 2:24 (“serán una sola carne”) habla de la unidad que se realiza en el acto conyugal y que, al mismo tiempo, somete toda la humanidad del hombre y la de la mujer a la bendición de la fecundidad.


Ahora bien, el contexto de todo el capítulo en el que se encuentra este pasaje no nos permite tratar el cuerpo masculino y el femenino fuera de la dimensión plena del ser humano ni de la comunión interpersonal. Es cierto que los dos se convierten en “una sola carne” debido a que es un vínculo potente creado por Dios con la fuerza de un misterioso atractivo recíproco que Él mismo ha creado en el cuerpo humano. Pero el sexo, la dualidad hombre-mujer, no es solamente una atracción que obra a través del instinto. Es también la expresión de la superación del límite de la soledad original. Génesis 2:23 nos enseña que cada vez que el hombre y la mujer se unen descubren de nuevo y de modo especial el misterio de su creación, es decir, regresan y redescubren su unidad en una misma humanidad, y redescubren y reafirman su dualidad masculina y femenina. Esto, a su vez, significa revivir el valor original virginal del ser humano, que surge de su soledad original frente a Dios en medio del mundo. Por lo tanto, la superación de esa soledad siempre lleva consigo un asumir la soledad del cuerpo del otro como si fuese propia, como si fuese un segundo “yo”.


3. La “unidad en una sola carne” de Génesis 2:24 indica también que esa unidad es fruto de una elección consciente. El hombre pertenece a sus padres por la generación. Pero “los dejará” para unirse a su esposa por su elección libre – y lo mismo puede decirse de la mujer. Esa mutua elección que define cómo es el vínculo hombre-mujer también define todo el futuro del ser humano sobre la tierra. Por eso Cristo se remite a este pasaje bíblico. Al manifestar la imagen de Dios de manera más plena a través de su unidad conyugal, el hombre y la mujer deben constituir el comienzo y el modelo de esta comunión interpersonal para todos los hombres y mujeres que después elijan unirse de esta manera. El cuerpo, masculino y femenino, que ayuda a establecer la comunión conyugal, se convierte en el elemento constitutivo (es decir, esencial, no accidental) de esa unidad, cuyo principal motor es esa elección libre que establece la alianza o pacto conyugal.


4. La mutua elección del hombre y la mujer, por ser fruto de la autodeterminación, se apoya en la autoconsciencia. Esta autoconsciencia, como ya hemos visto, incluye una consciencia del significado del cuerpo como expresión de la persona humana. Es decir, se trata de una consciencia madura del cuerpo y de que éste ha sido creado para el mutuo donarse plena e irrevocablemente en el matrimonio. “Tomada del hombre”, la mujer se convierte en esposa y, al mismo tiempo, en “madre de los vivientes”, como el mismo Adán la llama en Génesis 3:20. La maternidad de la esposa tiene su origen en el hombre y hace que la procreación tenga su origen en el misterio de la creación del hombre y la mujer, y reproduzca esa creación y su misterio a lo largo de la existencia del ser humano sobre la tierra. Ello implica un compromiso con las generaciones futuras.


5. Hay otros aspectos bíblicos de este tema de la procreación que tendremos que analizar después.

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