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Viernes, 21 de Julio de 2017 19:07

Catequesis 9: Comunión interpersonal e imagen de Dios

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(Impartida el 14 de noviembre de 1979)


1. Génesis 2 nos proporciona la creación “definitiva” de la persona humana que consiste en la creación de la unidad de dos seres humanos: uno masculino y el otro femenino. Su unidad indica la identidad de la naturaleza humana, es decir, comparten la misma naturaleza humana. Su dualidad indica la masculinidad y la femineidad del ser humano que se basa en esa identidad.


Esta unidad y esta dualidad tienen una dimensión ontológica, es decir, una dimensión que está relacionada con el ser. [La palabra “ontología” viene del griego (que luego pasa al latín) y está compuesta de “ente” o “ens” (= “ser” en latín) y de “logos” (= “relacionado con”, en griego). La palabra “ontología” es muy cercana a la palabra “metafísica”, pues ambas tienen que ver con el ser de las cosas.]


La unidad y la dualidad hombre-mujer también tienen una dimensión axiológica, es decir, una dimensión relacionada con los valores, lo cual significa que tienen una dimensión moral. [Recordemos que la moral o la ética se fundan en el ser. El fundamento inmediato de la moral es la naturaleza humana (antropología); el fundamento último (el más importante) es Dios (teología y metafísica).] De Génesis 2:18-23 se deduce que el ser humano ha sido creado como un don (un bien, un valor) muy especial para Dios. Ese pasaje corresponde al de Génesis 1:31: “Y vio Dios ser muy bueno cuando había hecho”. Pero también es un don muy especial para el ser humano mismo. Ello se debe a que el ser humano es hombre y mujer. Lo cual, a su vez, implica que el hombre es un don de Dios para la mujer y la mujer es un don de Dios para el hombre. Los dos han sido creados por Dios el uno para el otro.


Génesis 1 expresa esta verdad de manera teológica (en relación con Dios): el hombre y la mujer han sido creados a imagen de Dios (dimensión ontológica y metafísica). Génesis 2 la expresa de manera axiológica valórica - dimensión moral y también experiencial, es decir, en términos de una experiencia vivida entre el hombre y la mujer, y valorada por ellos, es decir, considerada un bien por ellos.


Esta experiencia ya venía como pre-inscrita en el significado de la soledad original, experiencia que luego se manifiesta en el relato de la creación del ser humano como hombre y mujer. La exclamación gozosa de Adán ante la mujer en Génesis 2:23 es el prototipo bíblico, expresado en forma concisa, del libro del Cantar de los Cantares, que describe, usando la poesía y de manera más desarrollada, la experiencia del amor conyugal en la época de la inocencia original. Las palabras de Adán, al contemplar a la mujer por primera vez, expresan una profundidad y una fuerza emocional tal, que podemos considerar esos sentimientos como originales, únicos e irrepetibles. Adán se emociona al contemplar a la primera mujer porque la considera un bien muy superior al resto de la creación. La experiencia subjetiva de Adán del bien que es la primera mujer la llamamos valor. Lo mismo se puede decir de la primera mujer respecto de este primer hombre. [Un valor es la experiencia subjetiva de un bien objetivo.]


2. La soledad original es el camino para la unidad original, la cual supera esa soledad. A esa unidad la podemos llamarcommunio personarum, que en latín significa “la comunión entre las personas”. Este término es usado por el Concilio Vaticano II, en Gaudium et spes, no. 12. Aquí el Concilio nos enseña que la unión hombre-mujer que narran Génesis 1 y 2 es “la primera forma de comunión entre las personas [comunio personarum]”.


Como ya hemos explicado, la soledad del primer hombre le sirve para descubrir su propia humanidad y para anhelar el encuentro con otro ser como él. Es decir, hace que ese primer hombre se abra a la comunión interpersonal. Es el primer descubrimiento de la trascendencia, característica propia de la persona humana. El ser humano se caracteriza por esa dinámica que lo impulsa a trascenderse, es decir, a salir de sí mismo para encontrarse con el otro y con el Otro. También es, al mismo tiempo, el primer descubrimiento del anhelo de una “ayuda adecuada” para su ser persona humana, es decir, otro alguien que, por tener su misma naturaleza humana, le corresponda o se le adecúe. La soledad original es la apertura y la espera de la comunión entre las personas.


Usamos el término “comunión” y no “comunidad” porque este último es más general, puede tener muchos significados. “Comunión” es más preciso porque indica esa “ayuda” que se deriva del hecho mismo de existir como persona junto a otra persona. Se trata de la existencia de la persona para la persona. La soledad original prepara para este “para” porque la unidad original solo se podía dar entre “dos soledades”. Tanto el hombre como la mujer son “soledades” en el sentido de que cada uno de ellos se distingue de los animales precisamente por ser personas humanas. Cada uno está solo en medio de los demás seres vivientes. Ningún otro ser viviente puede proporcionar ni al hombre ni a la mujer esa “ayuda”, esa reciprocidad que el uno busca en el otro.


Para esta reciprocidad es indispensable la previa soledad de cada uno en el sentido de que cada uno de ellos, y solo ellos, posee autoconsciencia y autodeterminación, es decir, subjetividad y conocimiento del significado personal del propio cuerpo. Cada uno de ellos posee o, mejor dicho, essabe que es un cuerpo de una persona humana y no de un animal.


3. Aunque el relato de Génesis 2 no dice que el hombre y la mujer han sido creados a imagen de Dios, como dice Génesis 1:27, expresa la misma realidad a su manera. En Génesis 2, el ser humano se manifiesta como imagen de Dios no sólo a través de su propia humanidad, sino a través de la comunión que el hombre y la mujer forman desde el principio. El hombre se manifiesta como imagen de Dios no sólo en su soledad, sino más aún en comunión con la mujer. Esa comunión hombre-mujer es imagen de la comunión entre las Personas Divinas.


Génesis 2 prepara el camino para comprender el concepto trinitario de la imagen de Dios en el ser humano. Este concepto constituye el aspecto teológico más profundo acerca de la persona humana y de la teología del cuerpo, ya que es a través del cuerpo que el hombre y la mujer se unen plenamente con todo su ser. Esta íntima comunión interpersonal ha sido bendecida por Dios desde el principio con el don de la fecundidad (véase Génesis 1:28). Ese don de la fecundidad enriquece más aún la imagen de Dios que se manifiesta en la comunión de las personas.


4. Cuando Adán, al contemplar a la primera mujer, dice que ella sí es “carne de mi carne”, está diciendo que se da cuenta enseguida de que ese ser viviente que tiene delante de él es una persona humana como él. Ello a su vez muestra que el cuerpo humano de la primera mujer es capaz de expresar su naturaleza de persona humana. Lo mismo se puede decir de Adán. Podemos deducir de esta observación que el cuerpo humano ha sido creado por Dios para expresar y revelar a la persona. De alguna manera el cuerpo humano expresa ese algo que tiene el ser humano que lo hace persona, que hace que su cuerpo sea un cuerpo humano e, incluso, que todo su ser sea imagen y semejanza de Dios.


5. Desde el principio, la teología del cuerpo está unida a la creación del ser humano, hombre y mujer, como imagen de Dios. Por esta razón, podemos llamarla también teología del sexo, es decir, una comprensión profunda, desde la revelación de Dios, de lo que significan la masculinidad y la femineidad. El significado de la unidad original entre el hombre y la mujer, expresado en un texto tan antiguo como el de Génesis 2:24 (“serán una sola carne”), abre toda una amplia perspectiva.


Esa perspectiva es amplia porque, como se deduce de la respuesta de Cristo a los fariseos, tiene una dimensión teológica, una dimensión moral y una dimensión sacramental. La dimensión teológica es fácil de descubrir: el hombre y la mujer han sido creados a imagen de Dios. La dimensión moral consiste en el hecho de que Cristo ha hecho de la unidad original la norma a seguir y también porque el cuerpo debe ser cuidado y respetado, como dice Efesios 5:29-32. Y también sacramental, porque como ya sabemos, Cristo ha elevado la unidad entre el hombre y la mujer a la dignidad de sacramento entre los cristianos que contraen matrimonio (véase Catecismo, no. 1601), sacramentalidad que también se funda en Efesios 5:29-32. Este texto de San Pablo también hace referencia a los Profetas Oseas, Isaías y Ezequiel. La sacramentalidad del matrimonio será un tema de amplia reflexión más adelante.


Esta unidad y comunión interpersonal entre el hombre y la mujer expresan la consciencia profunda del significado personal (consciencia de que el cuerpo expresa a la persona) que tenían el primer hombre y la primera mujer. El enriquecimiento recíproco que experimentaban a través de su unidad les hacía profundizar su consciencia y aprecio por sus respectivas masculinidad y femineidad, así como la masculinidad o la femineidad del otro. Todo esto establece una norma imprescindible para comprender profundamente, desde la perspectiva de Dios (dimensión teológica) al cuerpo humano, así como al hombre y la mujer (dimensión antropológica).

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