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Miércoles, 09 de Agosto de 2017 18:21

Humanae vitae tuvo razón y fue profética Featured

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Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International

 

¿Va la Iglesia Católica a “revisar” su doctrina en contra de la anticoncepción? Eso es lo que espera Melinda Gates, esposa del fundador de Microsoft y multimillonario Bill Gates. En una entrevista reciente con la cadena televisiva BBC, Gates dijo que se siente “optimista” de la +posibilidad de que el Papa Francisco y el Vaticano revisen dicha doctrina [1].

 

La Fundación Bill y Melinda Gates es uno de los principales promotores y distribuidores de la anticoncepción en el mundo en desarrollo. Melinda disiente de la doctrina de la Iglesia en contra de la anticoncepción y sin embargo se considera católica. La Iglesia sigue siendo el mayor “obstáculo” en contra de la revolución anticoncepcionista. De manera que no es sorprendente que la esposa del magnate esté entusiasmada y esperanzada de que la Iglesia Católica claudique ante “el espíritu de los tiempos”. Quizás Melinda esté reaccionando ante los rumores que circulan entre fuentes vaticanistas de que hay intentos dentro del Vaticano encaminados a “reinterpretar” la profética Encíclica Humanae vitae del Beato Pablo VI.

 

Publicada el 25 de julio de 1968, Humanae vitae conmocionó al mundo al reiterar la doctrina perenne de la Iglesia en contra de la anticoncepción. La publicación tuvo lugar en un momento en que mucha gente, incluyendo muchos de los propios consejeros del Papa, esperaba y le urgía a que cambiara dicha doctrina.

 

Humanae vitae resultó ser una encíclica profética. La inmensa secuela de destrucción que siguió a su muy difundido rechazo, por parte de católicos y de la cultura en general, demostró su carácter profético. Uno pensaría que, después de todo el daño que ha ocurrido, que el momento actual fuese propicio, para que la Iglesia celebrase esta gran encíclica y lanzase un esfuerzo global de catequesis acerca de su doctrina. En vez de ello, a comienzos de este año, han surgido informes perturbadores acerca de una “comisión” secreta del Vaticano que ha recibido el encargo de revisar Humanae vitae. La existencia de esta comisión ha sido confirmada [2]. Aunque hay informes conflictivos en torno a su propósito, así como hasta qué punto cuenta con un reconocimiento formal por parte del Vaticano [3].

 

En todo caso, es evidente que hay una gran necesidad de recordar cuán profética fue Humanae vitae y por qué su doctrina debe ser aceptada, defendida y vigorosamente enseñada. Quizás la parte más famosa de Humanae vitae sea el número 17, donde Pablo VI describe las consecuencias de aceptar la anticoncepción:

 

“Una degradación general de la moralidad”, el aumento de la infidelidad, la disminución del respeto debido a la mujer por parte de los hombres y el uso coercitivo de la anticoncepción por parte de los gobiernos. “Podría también temerse que el hombre, habituándose al uso de las prácticas anticonceptivas, acabase por perder el respeto a la mujer y, sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico, llegase a considerarla como simple instrumento de goce egoísta y no como compañera, respetada y amada”.

 

Duele pensar que 49 años después todavía no nos demos cuenta de cuánta razón tenía Pablo VI. En aquel momento, muchos acusaron al Papa de ser un “alarmista” y todavía hoy muchos lo acusan de lo mismo. Pero una simple observación del estado moral en que se encuentra nuestra cultura revela que sus predicciones no fueron justamente apreciadas. Hace poco escribí acerca de cómo una de las más conocidas revistas para chicas adolescentes publicó un artículo diciéndoles cómo involucrarse en la sodomía [4]. El infame artículo es solamente la más pequeña punta del iceberg de la vasta e insólita sexualización de nuestra sociedad, la “degradación general de la moralidad” de los últimos 49 años.

 

Desde que Humanae vitae fue publicada, hemos sido testigos de una explosión de la pornografía, primero a través de revistas, luego en videocintas y ahora por medio de la Internet. La edad inicial de los consumidores de esta aberración es de 12 años y un porcentaje enorme de adolescentes mira rutinariamente pornografía dura. Hasta muchos de los programas “corrientes” de televisión están llenos de una sexualidad tan explícita que es imposible distinguirla de la basura que se publica en sitios pornográficos.

 

Mientras tanto, nuestra sociedad acepta como “normal” los desfiles públicos que celebran conductas inmorales, como la fornicación, el adulterio, el bisexualismo, el homosexualismo y el lesbianismo. Millones de personas se convierten en espectadores de esta inmundicia y hasta llevan consigo a sus hijos.

 

Luego del surgimiento de la píldora anticonceptiva, el divorcio ha aumentado vertiginosamente hasta alcanzar la cifra de cerca del 50%. En muchos casos, “el aumento de la infidelidad” facilitado por la anticoncepción, como predijo Pablo VI, ha sido el causante de este flagelo social. Y mientras parece que el divorcio ha alcanzado su punto de saturación, la fornicación y la cohabitación han aumentado drásticamente, debido que a un gran número de jóvenes adultos ni siquiera les importa el matrimonio.

 

El impacto de toda esta irresponsabilidad sexual en los niños causa vértigo. Un estudio de 2012 arrojó que, en las mujeres menores de 30 años, más de la mitad de los niños nace fuera del vínculo conyugal [5]. Un número inimaginable de menores nunca ha conocido el bien fundamental que constituye un hogar sólido o no han conocido a uno de sus padres. Más aun, muchos niños son víctimas inocentes de conflictivos procedimientos de divorcio y son transferidos de una casa a otra.

 

También somos testigos de programas a gran escala de esterilizaciones y abortos forzados patrocinados por ciertos gobiernos, como los de India y China. Muchos alarmistas desacreditados de una presunta “sobrepoblación”, como Paul Ehrlich, quien recientemente fue invitado por el Vaticano a dar una conferencia, apoyan estos esfuerzos por parte de gobiernos inmorales de obligar a los matrimonios a limitar el número de hijos que van tener.

 

Mientras tanto, han surgido nuevas tecnologías reproductivas, como la fecundación in vitro y los úteros alquilados, para separar totalmente la procreación de la unión conyugal. Los hijos son considerados mercancías. Los progenitores potenciales hasta pueden elegir las características físicas de sus futuros hijos. Millones de embriones humanos son producidos en exceso, para ser congelados y permanecer así indefinidamente en un limbo legal, ser utilizados para la experimentación o ser destruidos como si fuesen desecho. Hay matrimonios ricos o parejas del mismo sexo que alquilan mujeres pobres de países del tercer mundo para que gesten a sus hijos en su lugar. Y a todo esto desatinadamente se le llama “progreso”.

 

La lista de consecuencias trágicas es interminable.

 

En última instancia, todo este mal tan inimaginable tiene sus raíces en un mismo origen: la separación del acto sexual – que solo pertenece dentro del matrimonio – de su principal propósito: la procreación. Después de todo, si se acepta como “moral” la deliberada desconexión de la actividad sexual del amor conyugal y de la procreación, dicha actividad queda reducida a una mera masturbación mutua, sodomía u otras degradantes prácticas sexuales.

 

En un mundo post Píldora, la fuerza más potente y fundamental que es la sexualidad humana ha sido separada de aquello que la contenía en su justo límite: los principios provida de la cosmovisión cristiana. Ya no se consideran relevantes el dominio propio, la responsabilidad y las consecuencias de los actos. Al ser “liberada” de estos sanos y necesarios límites, la actividad sexual se convierte en una bestia devoradora que consume hombres, mujeres y niños.

 

Probablemente, Humanae vitae sea la encíclica más odiada y rechazada de la historia. Y sin embargo, el propio Pablo VI sabía que estaba haciendo lo que cualquier padre amoroso hace: ayudar a sus hijos a comprender y a vivir dentro de las vivificantes leyes de Dios, las cuales constituyen el único camino hacia la felicidad y la plenitud, en esta vida y en la otra:

 

“Al defender la moral conyugal en su integridad, la Iglesia sabe que contribuye a la instauración de una civilización verdaderamente humana; ella compromete al hombre a no abdicar la propia responsabilidad para someterse a los medios técnicos; defiende con esto mismo la dignidad de los cónyuges. Fiel a las enseñanzas y al ejemplo del Salvador, ella se demuestra amiga sincera y desinteresada de los hombres a quienes quiere ayudar, ya desde su camino terreno, a participar como hijos en la vida del Dios vivo, Padre de todos los hombres” (no. 18).

 

Notas:

[1]. http://www.bbc.com/news/av/health-40566689/melinda-gates-hopes-pope-will-change-views-on-contraception.

[2]. https://www.lifesitenews.com/opinion/the-vatican-plan-to-reinterpret-anti-contraception-encyclical-is-real.

[3]. http://www.catholicnewsagency.com/news/is-there-a-pontifical-commission-to-reinterpret-humanae-vitae-94702/.

[4]. https://www.hli.org/2017/07/teen-vogue-crosses-line-promotion-perverse-sexual-behavior/.

[5]. http://www.slate.com/articles/business/moneybox/2014/06/for_millennials_out_of_wedlock_childbirth_is_the_norm_now_what.html.

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