Miércoles, 09 de Agosto de 2017 18:36

Teología del cuerpo: Catequesis 12: Inocencia y desnudez original Featured

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1. Según los análisis actuales, en la experiencia de la vergüenza, y en particular del pudor sexual, el ser humano experimenta el temor por el propio “yo” ante el “segundo yo” – por ejemplo, la mujer ante el hombre. Por medio del pudor el ser humano manifiesta la necesidad de afirmación y aceptación de su propio “yo”. Lo experimenta dentro de sí mismo y también frente al otro.

 

El pudor es una experiencia compleja porque así como aleja a un ser humano de otro (la mujer del hombre), al mismo tiempo busca su cercanía personal. De hecho, el pudor crea la base de esa cercanía. [Ello se debe a que el pudor al exigir respeto al propio “yo” ante la cercanía de un segundo “yo”, tiene la posibilidad de lograr un mutuo respeto entre los dos “yo” que se acercan, ya sea en el trabajo, en el vecindario o en cualquier otro medio de convivencia humana. Estamos hablando de la interacción entre hombres y mujeres no casados entre sí o entre personas humanas en general. Cuando se da ese mutuo respeto impulsado por el pudor, se crea un ambiente de respetuosa confianza, sinceridad y sencillez. Todo ello es fundamental para la convivencia humana armoniosa y justa.]

 


Por esa misma razón, el pudor tiene un significado fundamental para la formación del ethos en la convivencia humana, especialmente en la relación hombre-mujer. [La palabra “ethos” viene del griego y significa, en el sentido moral, “carácter”, “actitud”, “hábito”, “costumbre” o “virtud”. El ethos se diferencia un poco de la virtud en el sentido de que el ethos incluye el darse cuenta conscientemente del conjunto de valores en el interior de la persona. El ethos es como el “alma” de la vida moral. Para simplificar las cosas, aquí vamos a usar ethos con el significado de percepción y experiencia interior de los valores.] El pudor está profundamente arraigado en las relaciones mutuas, expresa las reglas esenciales de la comunión interpersonal y toca profundamente la soledad original del ser humano.

 

La aparición de la vergüenza después del pecado original (Génesis 3) tiene muchos significados. Habrá que analizarlos. Pero, por el momento, tenemos que responder a la pregunta de por qué esa vergüenza no existía en la desnudez original (Génesis 2:25).

 

2. Es necesario aclarar que aquí no se trata de una falta de vergüenza en el sentido de carecer de ella o de no haberla desarrollado lo suficiente. [Lo que en lenguaje callejero llamamos ser un “sinvergüenza” y lo que en lenguaje formal llamamos impudicia.] Esta ausencia de vergüenza tampoco se puede comparar con ciertas experiencias positivas, como las de la edad infantil o de ciertos pueblos primitivos. Se trata de una verdadera no presencia de la vergüenza.

 

Más que una no presencia de algo, la desnudez original, por el contrario, expresa la plenitud de una experiencia y de una toma de consciencia o comprensión profunda del significado del cuerpo. Esa interpretación de Génesis 2:25 queda comprobada precisamente por el hecho de que el relato continúa en Génesis 3 con la pérdida de esa consciencia y la aparición de la vergüenza como resultado del pecado original.

 

3. Ahora bien, para saber a qué grado de consciencia del significado del cuerpo nos estamos refiriendo aquí, nos remitimos a la soledad original del hombre como la no-identificación de la propia humanidad con los animales. Esta “no-identificación” cede el puesto al feliz descubrimiento que el hombre y la mujer hacen de su propia humanidad a través de la ayuda mutua. Es un descubrimiento recíproco que se realiza a través del cuerpo. Ante la mujer y con su ayuda, el hombre toma consciencia de manera positiva del significado de persona humana de su propio cuerpo. De manera similar, la mujer adquiere consciencia del significado personal de su cuerpo ante el hombre y con su ayuda. Cada uno pudo decir del otro: “Este (o esta) sí que es ‘carne de mi carne’, etc.”

 

Por todo ello, es fácil comprender por qué la desnudez original del cuerpo, en su estado de inocencia original, es lo que hace posible esta plenitud de consciencia del significado personal del propio cuerpo y del cuerpo del otro. Se trata de una percepción directa y casi espontánea, que se da a través de los sentidos. Es anterior a cualquier reflexión filosófica complicada.

 

4. Pero no podemos comprender el significado de la desnudez original sólo por medio de la percepción exterior del mundo, especialmente del cuerpo humano, del primer hombre y de la primera mujer. Tenemos que descender a lo íntimo del ser humano, que es lo que Génesis 2:25 precisamente nos proporciona. Se trata de reconstruir la inocencia original del conocimiento humano, es decir, de esa plenitud de comunicación interpersonal, que precisamente hace que no sintieran vergüenza.

 

El concepto de “comunicación” ha sido desprovisto de su profundidad original. Casi siempre se le relaciona con los medios de difusión de información, que no son capaces de establecer una verdadera comunión interpersonal. En cambio, Génesis 2:25 indica una verdadera y profunda comunicación, una “común unión” entre personas, que se da a través del cuerpo pero que, a través de él, llega hasta el fondo de la persona. En esta comunión, el cuerpo exterior expresa a la persona interior, al “yo” humano personal. Y lo hace de manera directa y transparente, sin temor: “estaban desnudos y no sentían vergüenza”.

 

5. Este relato muestra que el cuerpo no sólo manifiesta a la persona, sino también que es a través de él que el hombre y la mujer establecen esa profunda comunión interpersonal que Dios quiso para ellos desde el principio.

 

Esta es la comprensión correcta de Génesis 2:25. El criterio “naturalista” no sirve. [La palabra “naturalista” se refiere a esa comprensión equivocada del ser humano que niega el pecado original y sus efectos. En vez de ello, plantea que el ser humano en su estado primitivo siempre fue inocente y que fue la sociedad la que lo corrompió.] El criterio que sí nos puede ayudar a comprender bien lo que nos enseña Génesis 2:25 es el criterio personalista. [Es el criterio que enfatiza la dignidad o valor intrínseco de la persona humana y, al mismo tiempo, reconoce su inclinación al pecado pero su capacidad, con la gracia de Dios, de vencerlo y de vivir virtuosamente y llegar así a establecer profundas y sanas relaciones interpersonales con Dios y los demás.]

 

Por consiguiente, la ausencia de vergüenza en Génesis 2:25 debe entenderse como plenitud de relación interpersonal en toda su radical sencillez y pureza. A la plenitud de percepción interior corresponde una plenitud de visión interior que permite percibir la dignidad personal del otro en Dios, es decir, la imagen de Dios en él y en ella. Y esa percepción se realiza a través del cuerpo. Es decir, Adán es capaz de ver, a través del cuerpo desnudo y “transparente” de la primera mujer el “yo” personal e interior de ella y, viceversa, la primera mujer es capaz de lo mismo respecto de Adán. Cada uno está delante del otro sin sentirse amenazado por el otro, porque, debido a su inocencia original, no experimenta ningún egoísmo respecto del otro. Hebreos 4:13 nos dice que Dios penetra con Su mirada hasta el fondo de todo, todo está desnudo delante de Él. Sin embargo, todo es respetado por Él, que es Puro Amor. Esa es la visión pura e inocente del primer hombre y de la primera mujer en Dios, expresada en la desnudez original del cuerpo.

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