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Martes, 22 de Agosto de 2017 13:21

Catequesis 18: Vocación (llamado) original al matrimonio

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(Impartida el 13 de febrero de 1980)

 

1. Hemos estado reconstruyendo el significado de la inocencia original. Génesis 2 narra la experiencia interior (subjetiva) de esta inocencia del primer hombre y de la primera mujer.  La Iglesia ha expresado este lenguaje subjetivo por medio de conceptos objetivos precisos tomados de la filosofía y de la teología. De esta manera ha transmitido su doctrina sobre el estado de inocencia original en que fueron creados nuestros primeros padres. Sin embargo, nosotros preferimos tomar en consideración el aspecto de la subjetividad humana, porque es más cercano al lenguaje original de Génesis 2.

 

2. La experiencia del cuerpo que narra Génesis 2:23-25 indica un grado de espiritualización del ser humano que es distinta a la que se encuentra después del pecado original que narra Génesis 3. La inocencia original se caracterizaba por un conjunto de fuerzas interiores de la persona humana que eran sensibles al Espíritu Santo. Esas fuerzas interiores se refieren a los sentimientos, a los afectos y las actitudes espirituales, entre otras. Esa armonía interior también se extendía a la armonía entre el cuerpo y el alma.

 


El Magisterio de la Iglesia ha expresado esta verdad bíblica enseñando que el primer ser humano fue constituido por Dios en un estado de santidad y justicia, es decir, de naturaleza íntegra. Ello a su vez significa que nuestros primeros padres eran inmunes a la concupiscencia (inclinación al pecado), a la ignorancia, al dolor y a la muerte. [“El primer ser humano fue no solamente creado bueno, sino también constituido en la amistad con su creador y en armonía consigo mismo y con la creación” (Catecismo, no. 374, véase también el no. 384).]

 

3-4. La reconstrucción que estamos haciendo de la inocencia original consiste en ir hacia atrás en la historia (“a posteriori histórico”). Ahora bien, no solamente estamos tratando de descubrir qué nos revela el Génesis acerca de esta inocencia, sino también qué nos revela acerca del ethos del cuerpo humano, es decir, del estar consciente de su dimensión moral, de su valor o, dicho de mejor manera, de que es un bien creado por Dios. Por ser un bien creado por Dios, el cuerpo es bueno en sí mismo y, al ser captado como tal en nuestro interior lo consideramos correctamente como un valor.

 

Concretando lo que hemos dicho acerca del ethos del cuerpo humano, el hombre y la mujer de la inocencia original llegaron a comprender el significado esponsal del cuerpo. Ese significado, como ya hemos visto, es el modelo a seguir no solamente para ellos sino también para el resto de la humanidad en el futuro. Es importante que nosotros también comprendamos a profundidad ese significado esponsal del cuerpo, porque esa comprensión es indispensable para conocer quién es el ser humano y también para conocer cómo debe comportarse (dimensión ética o moral). Ello es esencial para el futuro del ethos humano, es decir, para tener una consciencia plena del conjunto interior de los valores que se nos revelan a través de una percepción correcta del valor moral del cuerpo humano. Esos valores son los que a su vez nos impulsarán a vivir el verdadero significado esponsal del cuerpo.

 

5. Génesis 2:24 enseña que el hombre y la mujer han sido creados para el matrimonio: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se adherirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne”. De este modo se abre una gran perspectiva creadora: la existencia del ser humano se renueva continuamente por medio de la procreación.

 

Sin embargo, el hombre y la mujer, antes de convertirse en esposo y esposa, surgen del misterio de la creación como hermano y hermana en la misma humanidad. Es decir, primero se descubren mutuamente como seres humanos en una relación de hermandad y amistad. Ese amor desinteresado es importante, porque después va a penetrar el amor conyugal que se va a desarrollar. Al estar penetrado por un amor básico de hermandad, el amor conyugal, expresado a través del cuerpo, tiene esa dimensión de pureza que es vital para el mutuo don sincero de sí mismos. De lo contrario, nace en ellos la consciencia de “estar desnudos” y, por lo tanto, surge la vergüenza. Tendremos que profundizar este tema.

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