You are here:Portada Noticias|Catequesis 21: Dignidad de la generación humana
Miércoles, 30 de Agosto de 2017 12:37

Catequesis 21: Dignidad de la generación humana

Rate this item
(0 votes)

(Impartida el 12 de marzo de 1980)

 

1. En la catequesis anterior analizamos el término “conocer” en Génesis 4:1. Este “conocimiento” bíblico establece una especie de arquetipo del cuerpo y la sexualidad humana. Esto es fundamental para comprender al ser humano y el significado del cuerpo.

 

[La palabra “arquetipo” es compuesta y viene del griego: “arqué” significa “principio” u “original” + “tipo” significa “modelo”, “ejemplo”, “imagen”, “marca o forma de algo”. Por lo tanto, “arquetipo” significa “primera imagen de un original”.] Según el famoso psicólogo Carl G. Jung del siglo XX, los arquetipos son imágenes o motivaciones antiquísimas de la mente humana que forman el inconsciente colectivo. Presentan símbolos que en todos los tiempos y pueblos incentivan la imaginación para la representación de ideas o conceptos fundamentales para la humanidad. Los arquetipos no son inertes sino que son funciones dinámicas de la psiquis humana que al entrar en contacto con la experiencia, individual y colectiva, adquieren contenido concreto y luego, a través del proceso conceptual típicamente humano, se expresan por medio de ideas precisas. Resumiendo, los arquetipos son como proto-imágenes que generan imágenes que a su vez generan conceptos.

 

Podemos aplicar los arquetipos a la interpretación de la Biblia. Al hacerlo, nos damos cuenta de que el lenguaje religioso primario (el más antiguo y básico) de la Sagrada Escritura es simbólico. La Biblia utiliza poderosos símbolos para transmitir un mensaje de capital importancia. Precisamente, el que usa para la relación conyugal es el de “conocer”. Hay tres poemas bíblicos que aplican el arquetipo conyugal de “conocer” a las relaciones de Dios con su Pueblo, que culminan diciendo: “Conocerás al Señor” (Oseas 2:22) y “Conocerá que yo soy el Señor” (Isaías 49:23; 60:16 y Ezequiel 16:62). De ellos surge una tradición literaria que culmina en Efesios 5, pasaje que aplica este arquetipo conyugal a Cristo y a la Iglesia. Luego pasará a los Padres de la Iglesia (sabios santos de los primeros siglos) y los grandes místicos, como San Juan de la Cruz.

 


El arquetipo de “conocer” utilizado en Génesis 4:1 es muy importante. Implica que el encuentro conyugal de Adán y Eva, aún después del pecado original, no puede reducirse a lo meramente físico. No fue una mera aceptación pasiva del impulso sexual, como pretende una interpretación naturalista de este pasaje.  Fue un acto verdaderamente humano que incluyó un descubrimiento ulterior del significado del propio cuerpo por parte de ambos.

 

Ello se ve claramente también en el hecho de que los dos reconocen en la bendición de la fecundidad la acción de Dios. Eva dice “He alcanzado de Yahvé un varón” (Génesis 4:1) y Adán da a su esposa el nombre de “Eva” que significa “madre de los vivientes” (Génesis 3:20).

 

2 y 5. Según Génesis 4:1, el que conoce es el hombre-esposo y la que es conocida es la mujer-esposa. Lo que constituye a la mujer, a través de su cuerpo y de su sexo, queda como escondido en la profundidad de su femineidad. Esto nos lleva a constatar que, según este pasaje, el misterio de la femineidad se revela hasta el fondo en su maternidad: “concibió y parió”. El cuerpo exterior de la mujer es diferente y complementario al del hombre. Pero el interior de su organismo expresa más todavía el carácter único de su femineidad y su maternidad. La estructura biológica interna de la mujer es particularmente potente en su capacidad para concebir, sostener el desarrollo de un nuevo ser humano y finalmente darlo a luz. La mujer está ante el hombre como madre, la vida humana es concebida y se desarrolla en lo más profundo de sus entrañas, y de ella nace al mundo.

 

La Biblia y luego la liturgia de la Iglesia siempre han honrado y elogiado la maternidad. “Felices el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron” (Lucas 11:2). Así alabó una desconocida mujer a María, Madre de Cristo y Nueva Eva.

 

Esta manifestación de la profundidad de la femineidad como maternidad también revela la profundidad de la masculinidad como paternidad. Es decir, nos revela el significado generador y paterno del cuerpo del hombre. La paternidad es uno de los aspectos que más enfatiza la Biblia. Génesis 5:3 dice: “Adán…engendró un hijo a su imagen y semejanza”. Esto está unido a la creación del hombre y la mujer a imagen de Dios en Génesis 1:27. Esta revelación atribuye al padre terrestre la participación en la obra divina de transmitir la vida y la alegría ante esa nueva vida: “Y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho” (Génesis 1:31).

 

3. La teología del cuerpo que se encuentra en el Génesis es concisa y corta de palabras. Sin embargo, cada palabra expresa conceptos fundamentales, primarios y definitivos, que se encuentran en el conocimiento bíblico. Por medio del mutuo “conocimiento” el hombre y la mujer efectúan la consumación del matrimonio. El matrimonio, como vínculo objetivo de amor y vida entre el hombre y la mujer, pone de manifiesto la objetividad del cuerpo. Gracias al cuerpo masculino y al femenino es que se logra este vínculo objetivo, que tuvo su origen en esa mutua atracción subjetiva entre el hombre y la mujer. Por lo tanto, el mutuo “conocimiento” trasciende los límites de lo subjetivo y lo objetivo.

 

4. La procreación también hace que el “conocimiento” esposo-esposa se trascienda a sí mismo. Ante ese tercero que se origina en ellos dos, el hombre y la mujer se conocen mutuamente de nuevo en un nivel más profundo todavía. Una vez más nos damos cuenta de que el cuerpo y la sexualidad ya no son simplemente realidades pasivas y determinantes (limitantes). El hombre y la mujer son dos seres humanos que con autoconsciencia y autodeterminación se “conocen” mutuamente y que, gracias a su paternidad y a su maternidad, alcanzan una consciencia más elevada aún del significado esponsal del cuerpo.

 

6. La procreación tiene una profundidad más sublime todavía. Se  trata de una profundidad teológica, una profundidad en relación con Dios. Eva es plenamente consciente de la acción creadora de Dios de la que ella ha participado cuando dice “He alcanzado de Yahvé un varón” (Génesis 4:1). Es plenamente consciente de que el misterio de la creación se renueva por medio de la procreación humana. Adán también es plenamente consciente de ello cuando llama a su esposa “Eva” que significa “madre de los vivientes” (Génesis 3:20).

 

El autor sagrado profundiza más aún esta verdad cuando dice: “Adán tenía 130 años cuando engendró un hijo [Set] a su imagen y semejanza” (Génesis 5:3). Es decir, la procreación humana coopera con la continuación de la acción creadora de Dios en la transmisión de Su imagen en el mundo a través de la historia.

 

Pero la acción creadora de Dios a través de la procreación humana no se detiene ahí. En la historia de la salvación que narra la Biblia, cuando Dios crea a un nuevo ser humano le da una misión. “Antes que te formara en el vientre te conocí, antes de que tú salieses del seno materno te consagré” (Jeremías 1:5; véase también Isaías 44:1 y 49:1, 5; Salmo 22:10-11 y 139:13-15).

 

7. El acontecimiento de la procreación ocurre ya en la época del estado pecaminoso del ser humano, que es muy diferente al de la inocencia original. A pesar de ello, el mutuo “conocimiento” del hombre-esposo y la mujer-esposa, que transmite la vida, demuestra que ambos conservan todavía en su interior un eco del significado esponsal del cuerpo. Todo ello manifiesta la dignidad tan grande que tienen la procreación humana y la propia persona humana.

Portada Noticias » Catequesis 21: Dignidad de la generación humana



Vida Humana necesita su Ayuda para continuar defendiendo la Fe, la Vida y la Familia