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Jueves, 12 de Octubre de 2017 13:20

Catequesis 24: Cristo apela al corazón del hombre

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(Impartida el 16 de abril de 1980).

 

Con esta catequesis, comenzamos nuestra versión simplificada de las catequesis de San Juan Pablo sobre la teología del cuerpo pertenecientes al ciclo 2. El tema principal y por lo tanto el título de este ciclo es “La pureza del corazón”.

 

1. Nuestras reflexiones en este ciclo se basan en Mateo 5:27-28, donde Cristo dice: “Habéis oído que fue dicho: No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón”. Este pasaje tiene un significado clave para la teología del cuerpo, igual que el de Mateo 19:3-9, donde Jesús hizo referencia al “principio”, y que nos ha servido de base para los análisis del ciclo 1.

 

Por medio de las reflexiones del ciclo 1, nos hemos dado cuenta de que las enseñanzas de Cristo tienen una gran amplitud. Esas enseñanzas tienen un contexto más amplio que aquel en que las impartió, que fue el contexto inmediato de su discusión con los fariseos sobre el matrimonio. El contexto más amplio fue Génesis 1-3, así como otros libros del Antiguo Testamento, a los cuales nos referimos cuando analizamos esos capítulos del Génesis.

 

De manera similar, Mateo 5:27-28 nos introducirá en un contexto más amplio que el inmediato. Ese contexto global nos revelará gradualmente el significado clave de la teología del cuerpo. En el Sermón de la Montaña, donde se encuentra este pasaje, Jesús realiza una revisión fundamental del modo de comprender y cumplir la ley moral de la Antigua Alianza. Cristo realiza esa revisión al quinto mandamiento “no matarás”, en Mateo 5:21-26; al sexto mandamiento “no adulterarás”,  en Mateo 5:27-32; y al octavo mandamiento “no perjurarás, antes cumplirás al Señor tus juramentos”, en Mateo 5:33-37 (según la versión de este mandamiento de Éxodo 20:7).

 


Jesús introduce estas enseñanzas con una afirmación muy significativa en Mateo 5:17: “No penséis que he venido a abrogar la ley o los profetas: no he venido a abrogarla, sino a consumarla”. A continuación, el Maestro explica el sentido de estas palabras diciendo: “El que practique y enseñe (estos mandamientos), ése será tenido por grande en el reino de los cielos” (Mateo 5:19). “Reino de los cielos” significa reino de Dios en la dimensión escatológica, es decir, en la eternidad. [Recordemos que la escatología se refiere a la doctrina cristiana sobre el fin de los tiempos, el juicio final, el cielo, el infierno y el purgatorio, así como la resurrección del cuerpo.]


Sin embargo, el reino de los cielos también tiene una dimensión temporal. [El reino de los cielos se refiere al señorío de Dios sobre nosotros, señorío que debemos aceptar libremente. Ese señorío lo vivimos sometiéndonos a la voluntad de Dios. Y ese sometimiento a su vez se da por medio del cumplimiento de los mandamientos de Dios, los cuales reflejan el carácter de Dios, Su rectitud, Su justicia y Su santidad.]

 

Ahora bien, para que el cumplimiento de la ley de Dios verdaderamente construya Su justicia, hay que cumplir esa ley a plenitud, según su verdadero sentido. Cristo vino precisamente a darnos ese verdadero sentido, por medio de sus enseñanzas y de su propio ejemplo. De hecho, Jesús también advierte contra una interpretación meramente humana de la ley de Dios: “Si vuestra justicia [rectitud] no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20). Muchos fariseos tenían un entendimiento y una práctica meramente humana y legalista de los mandamientos de Dios.

 

2. Este es el contexto de Mateo 5:27-28. Al igual que Mateo 19:3-9, este pasaje tiene un carácter normativo, es decir, esta enseñanza constituye una norma que debemos seguir. Por medio de esta enseñanza, Jesús confirma el sexto mandamiento “no cometerás adulterio”, nos da su verdadero y profundo sentido, y establece la condición para su cumplimiento pleno y adecuado. Se trata de aceptar de corazón el sentido pleno del mandamiento y, por tanto, de cumplirlo a cabalidad. Ese es el cumplimiento evangélico de los mandamientos de Dios.

 

3. Esta enseñanza refleja la plenitud del ethos, es decir, la percepción plena de los valores en el interior de la persona. El ethos es como el alma de la vida moral. Los pensadores contemporáneos (como Scheler) ven el en Sermón de la Montaña un gran cambio en cuanto al ethos. La vivencia auténtica de la moral no se da simplemente cumpliendo con los mandamientos de forma superficial. La vida moral que realiza el sentido mismo del ser humano consiste en el cumplimiento de la ley mediante la sobreabundancia de la justicia o rectitud. Esta sobreabundancia solo es posible a través de una comprensión profunda y viva de los valores, valores que los mandamientos protegen y fomentan. De esta comprensión viva nace el sentido del deber, no como experiencia de una coacción externa, sino como expresión y respuesta del propio “yo” personal. El ethos nos hace penetrar en la  profundidad de la norma misma y descender al interior de la persona humana.

 

4. Además del sexto mandamiento, el Decálogo manda a “no desear la mujer del prójimo” (Éxodo 20:17 y Deuteronomio 5:21). [La palabra griega “decálogo” significa “diez palabras o mandamientos”.] En Mateo 5:27-28, Cristo une el sexto mandamiento con éste que es el noveno. Al hacerlo, Jesús enfatiza la dimensión de la acción interior, a la que se refieren las palabras “no adulterarás”. Esta acción encuentra su expresión visible en un acto del cuerpo, en el que participan un hombre y una mujer contra la ley que lo permite exclusivamente en el matrimonio.

 

La casuística [la doctrina legal sobre casos concretos] del Antiguo Testamento tendía a investigar el adulterio según criterios exteriores. Por esa razón, abría la puerta a varias “escapatorias” legales. De este modo, y “debido a la dureza de corazón”, Cristo señala en su discusión con los fariseos, en Mateo 19:8, que el sentido de este mandamiento sufría una deformación. Se apoyaba en la observancia meramente legal de la fórmula, que no sobreabundaba en la justicia interior de los corazones. Cristo da otra dimensión a la esencia del problema, cuando en Mateo 5:27-28 dice: “El que mira a una mujer deseándola, ya la hizo adúltera en su corazón”. (Esta traducción, como veremos más adelante, parece ser más exacta.)

 

Con esta enseñanza, Cristo apela una vez más al interior del ser humano. En este caso, nos muestra no sólo el verdadero sentido de este mandamiento, sino también el modo verdadero de comprender a la persona humana. Es decir, no sólo nos da una comprensión correcta de la moral, sino también de la antropología (estudio del ser humano). El Señor nos aconseja a detenernos más largamente en este pasaje.

 

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