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Jueves, 12 de Octubre de 2017 13:27

Catequesis 25: “No cometerás adulterio”

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(Impartida el 23 de abril de 1980)

 

1. Los destinatarios de Mateo 5:27-28 somos todos y no solo los del tiempo de Jesús. Somos todos los que vivimos después del pecado original y afectados por él (el “hombre histórico”). Se trata tanto de creyentes como no creyentes, ya que aún los paganos tienen escrita la ley de Dios en su corazón, es decir, la ley natural (ver Romanos 2:15). Aunque el pecado original ha afectado profundamente a todos, todavía queda dentro del ser humano como un “eco” del significado esponsal del cuerpo, como explicamos en el ciclo 1.

 

2. En Mateo 5:27-28, Cristo no solamente da una enseñanza moral, sino también una enseñanza antropológica [es decir, una enseñanza acerca de la persona humana]. Esa enseñanza antropológica está implícita en la enseñanza moral del Señor. Existe una relación recíproca entre la moral y la antropología. Jesús se dirige al corazón del hombre [que es, según la Biblia, el centro de la persona humana, de donde surgen sus sentimientos, sus pensamientos y sus decisiones más importantes]. Jesús se dirige a ese corazón, para que el hombre descubra su verdadero “yo”, su verdadera esencia humana creada a imagen de Dios (ver Génesis 1:27). El significado esponsal del cuerpo, sobre el cual ya reflexionamos profundamente en el ciclo 1, es parte intrínseca de esa imagen de Dios. El hombre descubre su verdadera identidad humana a la luz de la Palabra de Dios. A esa verdadera identidad humana la llamamos antropología adecuada.

 


3. El adulterio es la infracción de la unidad mediante la cual el hombre y la mujer, solamente como esposos, pueden unirse tan estrechamente, que se convierten en “una sola carne” (Génesis 2:24). Esa infracción ocurre cuando un hombre y una mujer, que no están casados entre sí, se unen sexualmente. Por consiguiente, el adulterio del corazón es un acto interior bien definido, bien concreto. Se trata de un deseo que un hombre dirige hacia una mujer que no es su esposa, para unirse con ella como si lo fuese. Este deseo surge en el hombre cuando mira a una mujer hacia la cual siente una atracción sexual. Cristo enfatiza este punto.

 

4. Ahora bien, Cristo aquí no dice si la mujer, que el hombre mira para desear, es la esposa de otro o del propio hombre que la mira de ese modo. Aunque si nos atenemos estrictamente a la definición de adulterio que hemos dado arriba, parecería que el adulterio del corazón consiste solamente en el hombre que desea tener relaciones sexuales con una mujer que no es su esposa.

 

5. Sin embargo, un análisis del contexto más amplio (o global) de Mateo 5:27-28 nos ayudará a comprender esta advertencia de Jesús en toda su verdad. ¿Se trata de cualquier mujer, incluyendo la propia esposa, que el hombre mira y desea de esa manera? Recordemos que el Señor mismo vino a dar su pleno sentido a la ley de Dios (ver Mateo 5:17). También tendremos que indagar por qué Cristo habló del hombre que mira a la mujer de manera adúltera y no de la mujer que mira al hombre de esa misma manera. Aunque este último punto está implícito en esta enseñanza de Jesús, también conviene analizarlo. Nuestras próximas reflexiones sobre estos temas también son importantes para la teología del cuerpo, la cual forma parte de la antropología adecuada.

 

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