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Jueves, 12 de Octubre de 2017 13:29

Catequesis 26: La triple concupiscencia

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(Impartida el 30 de abril de 1980)

 

1. Como ya señalamos en la catequesis anterior, Mateo 5:27-28 nos transmite una verdad sobre el “hombre histórico” de importancia universal. Esta verdad también se expresa en 1 Juan 2:16: “Todo lo que hay en el mundo, concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida, no viene del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa y también sus concupiscencias; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.  Aquí San Juan Evangelista nos da una enseñanza sobre la triple concupiscencia: la de la carne, la de los ojos y la del orgullo de la vida.

 

Para entender esta enseñanza, hay que tener muy en cuenta el contexto de toda la doctrina de San Juan y de toda la Biblia. Esta doctrina pertenece al conjunto de la verdad revelada sobre el ser humano y es importante para la teología del cuerpo.

 

La Biblia no explica en qué consisten estas tres concupiscencias, porque presupone que son conceptos bien conocidos. Sin embargo, sí explica que su origen no es del Padre, sino del “mundo”.

 

2. Aquí la palabra “mundo” no se refiere a la creación de Dios, la cual, como Él Mismo ha afirmado, es “muy buena” (ver Génesis 1:31). Se refiere al mundo de los antivalores que ha surgido como consecuencia de comer del fruto prohibido del árbol del conocimiento del bien y del mal (ver Génesis 2:16-17). Recordemos, como explicamos en el ciclo 1, que todo esto simbolizaba el primer pecado del primer hombre y la primera mujer de intentar tomar el lugar de Dios, en vez de libre y humildemente someterse a Él. Por medio de ese pecado original, el ser humano rompió la primera Alianza con su Creador en su propio corazón, que se ha convertido a partir de entonces en fuente de la triple concupiscencia.

 

Nos damos cuenta de que para entender a profundidad la triple concupiscencia hemos tenido que regresar al Génesis. Precisamente a continuación vamos a volver a reflexionar sobre este libro, especialmente Génesis 2 y 3, pero en este caso prestaremos más atención a los efectos del pecado original en el corazón humano.

 

3. Pero antes de comenzar esa reflexión, debemos responder si es válido compaginar 1 Juan 2:16 con Mateo 5:27-28. La respuesta es que sí, porque, aunque utilicen términos distintos, ambos pasajes se refieren a los deseos desordenados del corazón. Esta realidad del “hombre histórico” también pertenece al conjunto de la verdad sobre el ser humano, es decir, a la antropología adecuada que nos proporciona la revelación de Dios.

 

4. Volvamos a reflexionar otra vez sobre Génesis 3:1-7. En el versículo 5, el diablo dice a la mujer: “No, no moriréis; es que sabe Dios que el día que de él comáis, se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”. Al hacer caso a la mentira del tentador y desobedecer a Dios, el hombre y la mujer caen en el pecado. Como consecuencia, surge la duda en sus corazones de la dinámica del don. Es decir, dudan que de verdad Dios ha creado el mundo y a ellos mismos por amor, que es el don de uno mismo al otro. Le dan la espalda a Dios-Padre y se quedan con el “mundo”.

 

5. El versículo 7 dice: “Se abrieron los ojos de ambos, y viendo que estaban desnudos, cosieron unas hojas de higuera y se hicieron unos ceñidores”. En otras palabras, comenzaron a sentir vergüenza. Recordemos nuestra reflexión sobre la vergüenza del ciclo 1. El surgimiento de la vergüenza es la primera manifestación de que el ser humano ha caído de un estado de inocencia original a un estado de pecado, y marca la línea divisoria entre esos dos estados de la naturaleza humana. Recordemos también el contraste entre esta experiencia de la vergüenza y la experiencia de no sentirla antes del pecado en Génesis 2:25: “Ambos estaban desnudos sin avergonzarse de ello”.

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