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Lunes, 30 de Octubre de 2017 12:38

El peligro de la teoría del “vestido sin costuras” (I)

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Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International

 

Hace décadas, en ciertos círculos católicos de EEUU surgió una peligrosa teoría moral que se llegó a llamar “el vestido sin costuras” (“the seamless garment”). Esta teoría proponía que todos los temas morales estaban interconectados y tenían el mismo nivel de importancia. De esa manera, por ejemplo, la lucha contra el aborto, la anticoncepción y la eutanasia estaba a la par con la lucha por un mejor sistema de inmigración o de salud y la protección del medio ambiente.

 

Recientemente esta teoría ha resurgido. Debido al peligro que constituye para la Iglesia y su doctrina moral, debemos una vez desenmascarar sus errores.

 

Es verdad que todos los asuntos importantes de moral están interconectados. Ello se debe a que la moral tiene que ver con el bien integral de la persona humana y la persona humana es una unidad de cuerpo y alma, y, por ende, está integrada de varias dimensiones. Sin embargo, un primer error de esta teoría es el no tomar en cuenta que los distintos asuntos morales y los valores implicados en ellos constituyen una jerarquía, en la cual no todos dichos asuntos tienen el mismo nivel de importancia. Nadie podrá negar que la protección de la vida humana inocente sea el primer derecho a defender, ya que el mismo constituye la base y condición para la existencia de todos los demás valores y derechos humanos. En nuestra época el aborto (incluyendo la anticoncepción abortiva) y la eutanasia son los actos criminales que más vidas humanas inocentes destruyen, vidas que ni siquiera en muchos países tienen la protección de la ley ni tampoco el apoyo de los medios seculares de difusión.


Un segundo error de esta teoría es el no darse cuenta de que el aborto, la eutanasia y la anticoncepción son actos intrínseca y gravemente malos. Es decir, son actos que nunca deben realizarse por ningún motivo ni circunstancia. En cambio, la tarea de buscar y establecer el sistema de salud o educación más justo posible, es una noble actividad que admite diferentes maneras buenas de realizarse y, por consiguiente, cae bajo el juicio prudencial de todos los actores sociales. Puede existir un legítimo diálogo público, incluso entre católicos, acerca de cuál es la mejor manera de establecer un buen sistema de educación, de salud o de protección del medio ambiente. Pero no podemos poner en el mismo nivel las distintas maneras, todas ellas buenas, de llevar a cabo un buen fin con aquellos actos que son intrínseca y gravemente malos, actos que sólo admiten su más absoluta prohibición en todos los casos.

 

Esa falsa comparación conduce a un tercer error de índole práctico. Distrae la atención de la Iglesia precisamente de reconocer que ciertos actos son intrínseca y gravemente malos. Esa distracción, a su vez, neutraliza y paraliza a los católicos y a otras personas de buena voluntad y les impide luchar con eficacia contra esos males. De hecho, también puede inducir a estas personas al error respecto del carácter intrínsecamente perverso de actos como el aborto, la eutanasia y la anticoncepción.

 

La teoría del “vestido sin costuras” también distrae la atención de la gente de la responsabilidad personal ante el pecado y la culpabilidad correspondiente. Ello se debe a que esta teoría tiende a enfocar más la atención en el pecado colectivo que en el pecado personal. Bajo esta influencia, la Iglesia tiende a perder su voz profética que “clama en el desierto”. La Iglesia se convierte en simplemente otra organización no gubernamental (ONG) más, que lucha por una “justicia social” mal entendida y sin el anuncio del Evangelio de la buena noticia del amor de Dios y el llamado al arrepentimiento. “Jesús llegó a Galilea proclamando el evangelio de Dios…arrepentíos y creed en el evangelio (Marcos 1:14-15).

 

El relativismo moral que resulta de esta teoría del “vestido sin costuras” también favorece a los mercaderes de la muerte. Como sabemos, el relativismo moral se caracteriza precisamente, entre otras cosas, por borrar las diferencias y distinciones entre los distintos problemas morales. Es una ideología que proporciona a los mercaderes de la muerte las herramientas adecuadas para desplazar la atención de males abominables, como el aborto y la eutanasia en todas sus formas, hacia la lucha contra la pobreza, la degradación del medio ambiente, etc. En todo este proceso, los que promueven esta teoría sólo hablan de luchar contra el aborto y la desintegración del matrimonio de boca para afuera.

San Juan Pablo II identificó con claridad la contradicción inherente a esta ideología del “vestido sin costuras” cuando dijo: “Se ha hecho habitual hablar, y con razón, sobre los derechos humanos; como por ejemplo sobre el derecho a la salud, a la casa, al trabajo, a la familia y a la cultura. De todos modos, esa preocupación resulta falsa e ilusoria si no se defiende con la máxima determinación el derecho a la vida como el derecho primero y fontal, condición de todos los otros derechos de la persona” (Christifideles laici, no. 38).

 

Tristemente, la mentalidad de esta falsa ideología ha mermado, durante décadas, la predicación valiente y sin componendas del Evangelio de la Vida desde el púlpito, las aulas de los colegios católicos y otras instancias pastorales. San Juan Pablo II enfrentó esta perniciosa mentalidad en numerosos documentos eclesiales, como Evangelium VitaeVeritatis Splendor.  Por ello, es perturbador ver cómo esta teoría del “vestido sin costuras” vuelve a surgir. En efecto, esta ideología tiende a adormecer las conciencias de los católicos en todo el mundo. A los sacerdotes les da miedo predicar el Evangelio de la Vida por la reacción en contra que recibirán si hablan en contra de la anticoncepción, el aborto, el homosexualismo o la eutanasia. En vez de ello, se dedican a predicar sobre temas menos controversiales o más populares, como la protección del medio ambiente, el cambio climático, etc.

 

Continuará.

 

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