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Lunes, 30 de Octubre de 2017 12:40

Catequesis 37: El adulterio falsifica el signo de la alianza conyugal

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(Impartida el 27 de agosto de 1980)


1. En la catequesis anterior vimos cómo los Profetas tienen un concepto más auténtico del adulterio que la casuística del AT. Por ejemplo, Oseas no solamente utiliza las palabras, sino también una conducta simbólica para denunciar el “adulterio” (la idolatría) de Israel contra Yahvé (ver Oseas 1-3). Dios le dice que tome por esposa a una prostituta y que engendre hijos de prostitución, porque la tierra se prostituye apartándose de Él (ver Oseas 1:2 y también 2:15). El Profeta acepta esta orden como proveniente de Dios (ver Oseas 3:1). Sin embargo, Yahvé no se cansa de buscar a su Esposa y de esperar su conversión y retorno (ver Oseas 2:18, 21-22). Al mismo tiempo, le lanza una seria amenaza de que, si no se convierte, la despojará y la exhibirá desnuda como cuando nació (ver Oseas 2:4-5). 



2-3. Esta poderosa imagen de una humillante desnudez del nacimiento también la utiliza y la amplía Ezequiel (ver Ezequiel 16:5-8, 12-15 y 30-32). En esta larga cita, la analogía entre el adulterio y la idolatría es particularmente contundente y completa. La similitud entre ambos pecados es el rompimiento de la alianza de amor a Dios por parte de Israel. Sin mérito de Israel, Yahvé ha hecho una alianza de amor con Su Pueblo. Dios es un esposo fiel, afectuoso y diligente que acompaña a Su Esposa-Israel desde el principio. A cambio, sin embargo, recibe numerosas traiciones. “Las alturas” en el pasaje apenas citado se refieren a los lugares de culto idolátrico, en los que Israel comete “adulterio”.


El concepto de adulterio que aparece en la doctrina de Ezequiel no es típico. Aquí no se trata de una alianza matrimonial en la que el Esposo y la Esposa se eligen mutuamente. Es Yahvé quien unilateralmente elige a Israel como Su Esposa. El amor de Dios por Su Pueblo es totalmente gratuito, es un acto de pura misericordia.


4. De esta doctrina de los Profetas se desprende que el adulterio es pecado porque es la ruptura de la alianza interpersonal del hombre y la mujer unidos en matrimonio. La poligamia legalizada en ese tiempo no altera este concepto moral del adulterio. Más todavía, en los Profetas, el matrimonio monógamo aparece como la única y justa analogía de la doctrina de un solo Dios, así como de la Alianza de fidelidad y amor entre Él y Su Pueblo escogido.


Este concepto del matrimonio como alianza de amor y vida entre un hombre y una mujer es el fundamento de la unión en una sola carne (ver Génesis 2:24). La unión de los cuerpos es signo de esa alianza. El adulterio aparece como la antítesis de esa alianza y de esa unión. De hecho, aparece no como la violación de un derecho de propiedad del hombre respecto de la mujer, sino como la falsificación del signo de la alianza conyugal que es precisamente la unión en una sola carne. En este contexto, la violación del derecho conyugal es bilateral, no en términos de propiedad, sino en términos de pertenencia mutua, ya que el hombre y la mujer se eligen recíprocamente. Con todo, el énfasis, en cuanto a la definición del adulterio, recae sobre la falsificación del signo, signo que consiste en la unión de los cuerpos.


5. Este concepto profético del adulterio como falsificación del signo conyugal, más que una norma, expresa la verdad interior del matrimonio. Ello nos remite a las verdades fundamentales, sobre las que ya hemos reflexionado y que son esenciales para la teología del cuerpo. Estas verdades son de orden antropológico, tienen que ver con la verdad sobre la persona humana, así como de orden ético (o moral), tienen que ver con la verdad sobre cómo debe comportarse la persona humana.


Al ser el adulterio la falsificación del signo conyugal y al ser el signo conyugal la unión en una sola carne, se sigue que el adulterio es pecado del cuerpo. Toda la tradición del AT atestigua esta verdad, y Cristo la confirma. Mateo 5:27-28 y otros pasajes claves del NT nos permiten esclarecer el porqué del mal moral o carácter pecaminoso del adulterio. Esto es necesario, porque ahora vemos con más claridad que el mal moral del adulterio consiste en contraponerse al bien moral que es la fidelidad conyugal, bien que se realiza adecuadamente solo en la unión exclusiva de los esposos.


La exigencia de esta exclusividad proviene del significado mismo e interior de la comunión interpersonal propia del amor esponsal. Esa alianza matrimonial es la única que puede iluminar el sentido profundo de la Alianza Yahvé-Israel y, viceversa, la Alianza Yahvé-Israel ilumina la razón por la cual el amor conyugal es, por su propia naturaleza y significado interior, exclusivo de los esposos.


6. Es necesario entender con claridad lo que significa decir que el adulterio es pecado del cuerpo. El “cuerpo” aquí hay que entenderlo en conexión con la unión en una sola carne de los esposos (Génesis 2:24). En este contexto, el adulterio se entiende también como la unión en una sola carne entre un hombre y una mujer que no son esposos. Es decir, un hombre y una mujer que no están unidos entre sí por medio de esa alianza conyugal monógama que fue establecida originalmente por Dios desde el principio. El adulterio falsifica la verdadera unidad del cuerpo hombre-mujer, deja de ser un signo verídico de un hecho objetivo, es una especie de contra-signo o falso signo.


En este concepto de adulterio es en el que piensa Cristo cuando dice “Habéis oído que fue dicho: No adulterarás” (Mateo 5:27). Pero Él no se queda en esa perspectiva de este pecado, sino que avanza hacia su aspecto interior, el más importante y decisivo.

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