Martes, 14 de Noviembre de 2017 13:33

La anticoncepción lleva a más abortos (II) Featured

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Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International

 

El estudio de la BPAS incluye detalles que parten el corazón. Una señora, a quien llamaremos “Catriona”, fue donde la BPAS para que le practicara un aborto tardío. La agencia expresó lo siguiente respecto de ella: “Está contrariada porque ya puede sentir el embarazo, peo también siente que el aborto es lo mejor para ella”.

 

De manera que “Catriona” se “siente contrariada” porque “siente el embarazo”. “¡El embarazo!”. Lo que de hecho siente son los deditos de las manitas y de los piecitos de su bebé tocando las paredes interiores de su útero. Siente a su hijo plenamente formado y saludable que crece y estira su cuerpo, ejercitando así su propia fuerza recién descubierta,  llenando el espacio cada vez más pequeño para él en el seno de su madre, presionando su cabecita contra las costillas maternas y dando pataditas.

 

“Porque Tú me has formado en lo más íntimo; me has tejido en el seno de mi madre” (Salmo 139:13).

 

Para darle un crédito muy limitado a la BPAS, es una de las muy pocas organizaciones abortistas que son honestas en cuanto a la propaganda anticonceptiva que rea falsas y mortíferas expectativas. En su informe más reciente, la BPAS lamenta que, a pesar de que en la actualidad todo tipo de anticonceptivo a veces falla, “el discurso público y algunas iniciativas de planificación familiar frecuentemente dan a entender que el aborto siempre se puede evitar por medio del uso de anticonceptivos”.

 

Esa afirmación no podía estar más lejos de la verdad. Como la propia BPAS señala: “cada año, 9 de cada 100 mujeres que usan la píldora anticonceptiva, el método anticonceptivo de  más frecuente uso en el Reino Unido, 6 de cada 100 que usan la inyección anticonceptiva y casi 1 de cada 100 que usa el dispositivo intrauterino (el espiral de cobre), quedarán embarazadas”.

 

En este momento quisiera pedirle, querido lector, que se detenga y piense muy cuidadosamente en estos datos estadísticos. Porque significan algo mucho peor de lo que la gente se da cuenta al principio.

 

A los hombres y las mujeres de hoy se les dice constantemente, desde que están en la escuela elemental, que la mejor y única manera de evitar un embarazado no planeado es usar anticonceptivos. En realidad, ¡hasta un 9% de las mujeres sexualmente activas que toman la píldora anticonceptiva quedarán embarazadas cada año! Ello significa que si una mujer confía en los anticonceptivos hormonales para evitar el embarazo durante sus años fértiles, cuya duración promedio es de 31 a 35 años, la probabilidad de que quede embarazada no es despreciable. De hecho, ¡prácticamente es una certeza afirmar que quedará embarazada!

 

¿Y qué ocurre cuando tiene lugar un embarazo indeseado? ¿Qué va a hacer? Es entonces que aparece en escena la lógica diabólica de la BPAS. “La respuesta al aborto inseguro no es la anticoncepción, es el aborto seguro,” afirma Ann Furedi, Jefe Ejecutiva de la BPAS, en un estudio reciente.

 

Antes de la invención de la anticoncepción, todo el mundo sabía que había una sola e infalible manera de evitar un embarazo no deseado: evitar tener relaciones sexuales si no se estaba preparado para tener un bebé.

 

No estamos diciendo que todo el mundo cumplía con este principio. La raza humana no inventó la fornicación y el adulterio en los siglos XX y XXI. Y, sin embargo, nuestra afirmación sigue siendo válida. Todo el mundo conocía las consecuencias de las relaciones sexuales, aun cuando asumía el riesgo de dichas consecuencias. La inmensa mayoría de la gente decidió no asumir ese riesgo, a no ser que estuviesen en una relación estable, de por vida, y preparados para tener hijos, es decir, casados. En el caso de que asumieran el ya mencionado riesgo teniendo relaciones sexuales con alguien con quien no tenían la intención de traer un hijo al mundo, ciertamente se sentían decepcionados y aun aterrados, pero no sorprendidos. Sabían que la biología funcionaba de esa manera, si bien no sabían completamente cómo funcionaba.

Nosotros, los modernos “avanzados”, sin embargo, nos hemos inventado una fábula muy elaborada. Una fábula que dice que tenemos una capacidad ilimitada para controlar nuestra naturaleza humana por medio de la tecnología. En base a ello, creemos que podemos comportarnos sexualmente como nos dé la gana y sin consecuencia alguna. Hace décadas, el Padre Paul Marx, OSB, Fundador de Human Life International, se dio cuenta de esta mentira, y pasó el resto de su vida intentando alertar al mundo de sus mortíferas consecuencias. En su libro The Death Peddlers (“Los mercaderes de la muerte”), nos puso sobre aviso diciendo:

 

“El anticonceptivo completamente eficaz no existe. Los estudios sociológicos han demostrado, casi sin excepción, que los programas a gran escala de anticonceptivos, al enfatizar la prevención de embarazos no deseados, también refuerzan la intención de no tener un hijo indeseado bajo ninguna circunstancia. Es decir, se produce una mayor probabilidad de que las mujeres cuyos anticonceptivos fallan recurran al aborto”.

 

En otra publicación, el Padre Marx expresó:

 

“Mientras más se siembre la anticoncepción, más se cosechará el pecado sexual, los desórdenes familiares y sociales, las enfermedades de transmisión sexual, y el mortífero SIDA. Y también se exigirá que se hagan disponibles los mal llamados ‘servicios’ de abortos para ‘resolver’ el ‘fallo de los anticonceptivos’.”

 

La verdad es que nunca erradicaremos la violencia del aborto hasta que erradiquemos su causa subyacente: la mentalidad anticonceptiva. Esta mentalidad es el fundamento de toda la revolución sexual. Como dijo reiteradamente el Padre Marx, no importan cuán nobles sean las intenciones y los esfuerzos para poner fin al aborto, si no enfrentamos la raíz de su causa, que son la anticoncepción y la mentalidad egoísta que ésta engendra, todo lo demás será un esfuerzo inútil.

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