Martes, 14 de Noviembre de 2017 13:35

Catequesis 44: Valores evangélicos y deberes del corazón Featured

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(Impartida el 15 de octubre de 1980)

 

1. En todas las catequesis anteriores de este segundo ciclo hemos analizado detalladamente Mt 5:27-28: “Habéis oído que fue dicho: No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya la hizo adúltera en su corazón”. Esta llamada al corazón pone en claro la dimensión interior de la persona humana, que pertenece a la moral y a la teología del cuerpo (TDC). Este deseo que surge de la concupiscencia de la carne (ver 1 Juan 2:16-17) es, al mismo tiempo, una realidad interior y teológica (que tiene que ver con la relación con Dios), que experimenta todo “hombre histórico” (todo ser humano después del pecado original y afectado por él, excepto Cristo mismo y la Virgen María).

 

Todo “hombre histórico”, aún aquel que no conoce Mt 5:27-28, debe plantearse la pregunta acerca de su propio corazón. Mt 5:27-28 concretiza esta pregunta general en la siguiente: ¿Se acusa al corazón o se le llama al bien? También surge una segunda pregunta más práctica: ¿Cómo puede y debe actuar el ser humano que acoge las palabras de Cristo en Mt 5:27-28? En estas reflexiones consideraremos estas preguntas. 


2. Estas preguntas son significativas para la praxis humana (la vida práctica) y su relación con el ethos (el carácter moral o conjunto de virtudes y valores que deben estar presentes en el interior de la persona humana). La moral viva es siempre la manifestación del ethos en la praxis.

 

3. En la historia se han dado diferentes respuestas a estas preguntas. Pero también es necesario tener en cuenta la infinitud de respuestas que cada persona da a estas preguntas. En este ámbito individual se compenetran continuamente el ethos y la praxis, y también conviven los principios o normas morales y las respuestas que con su propia vida da cada persona a estos principios. De estas respuestas depende que, en la historia humana, la vida moral progrese o se vuelva decadente.

 

4. Mt 5:27-28 se nos presenta estupendamente conciso ante las diferentes maneras en que el “hombre histórico” ha valorado su propio corazón: desde el rigorismo puritano hasta el permisivismo actual. Debemos permitir que el nuevo ethos que nos trae Cristo en el Sermón de la Montaña y en Mt 5:27-28 ilumine el corazón y las acciones humanas.

 

5. Las enseñanzas de Cristo, y en particular la de Mt 5:27-28, han encontrado eco en la historia del pensamiento humano. A veces esas enseñanzas han sido deformadas. Se les ha quitado su sencillez y profundidad y se les ha dado un significado muy distinto e, incluso, contrario al que Cristo dio.

 

Ese es el caso del maniqueísmo, una doctrina que surgió en el Oriente antiguo. Esta ideología postulaba que la fuente del bien era lo espiritual y la del mal lo material. De ahí concluía que el cuerpo humano era malo, sobre todo lo sexual. Incluso llegaba a condenar el matrimonio y la unión conyugal.

 

6. Para las personas que estaban habituadas a esta falsa espiritualidad, las severas advertencias de Cristo en Mt 5:29-30, que hablan en sentido figurado de “sacar el ojo” y de “cortar la mano”, parecían estar en sintonía con su condenación del cuerpo. Lo mismo les parecía Mt 5:27-28. Creían erróneamente que Cristo estaba condenando al cuerpo mismo, cuando en realidad Cristo se estaba dirigiendo al espíritu humano, para exigirle rectitud de intención.

 

Podemos observar que esta manera equivocada de entender las enseñanzas de Cristo, al condenar equivocadamente al cuerpo, en realidad es un escape de las verdaderas exigencias del Evangelio. La historia se ha encargado de demostrarlo. En realidad, la exigencia de Cristo no puede surgir de una negación ni de una condenación de lo que es verdaderamente humano, sino solamente de una afirmación más madura y profunda de la feminidad, de la masculinidad y del cuerpo humano. Esa afirmación es el justo significado moral de Mt 5:27-28. Y ese significado es el que Cristo quiere que vivamos interior y exteriormente.

 

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