Martes, 14 de Noviembre de 2017 13:36

Dignidad del cuerpo y de la sexualidad humana según el Evangelio Featured

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(Impartida el 22 de octubre de 1980)

1. Como ya hemos señalado en la catequesis anterior, no es posible encontrar en Mt 5:27-28 una condenación del cuerpo ni una acusación contra él, como equivocadamente deducía el maniqueísmo. Ni siquiera hay una acusación contra el corazón humano, sino una llamada al mismo a un examen autocrítico. En este pasaje, el juicio que hace Cristo del deseo que surge de la concupiscencia de la carne no es una negación, sino una afirmación del cuerpo. El cuerpo es afirmado en este pasaje como el elemento que, junto con el alma, determina la naturaleza personal que posee el ser mismo de la persona humana y que participa de su dignidad. De manera que el juicio de Cristo en Mt 5:27-28 es esencialmente distinto del maniqueísmo.

 

2. En Mt 19:3-9, pasaje que examinamos en el primer ciclo, Cristo defiende la unidad del hombre y la mujer que los hace “una sola carne” en el matrimonio (ver Génesis 2:24). El cuerpo del hombre y de la mujer está llamado desde el “principio” a convertirse en manifestación del espíritu, también en la unión conyugal. Incluso, en esa unión, el cuerpo asume el valor de signo, en cierto modo sacramental (como se verá después).

 

La enseñanza de Cristo es totalmente coherente en su conjunto, ninguna parte de ella entra en contradicción con otra. De manera que cuando en Mt 5:27-28, Cristo advierte severamente contra la concupiscencia de la carne, no se está contradiciendo. Al contrario, expresa la misma verdad acerca del cuerpo que acabamos de repasar brevemente en Mt 19:3-9, si bien de manera distinta. En ambos pasajes, Cristo afirma la dimensión ontológica del cuerpo, es decir, que el cuerpo es una dimensión intrínseca del ser mismo de la persona humana. Al mismo tiempo confirma su significado moral, es decir, el hecho de que el cuerpo, por ser una dimensión de la persona, es un valor que debe ser respetado y que debe ser empleado de forma honesta.

 

Este significado moral no tiene nada que ver con la ideología maniquea. Al contrario, está completamente compenetrado por el misterio de la “redención del cuerpo” (ver Romanos 8:23). La necesidad de redención que tiene el cuerpo no implica que el mal se encuentre en el cuerpo o que haya surgido de él, como erróneamente enseñaba el maniqueísmo; sino que la totalidad de la persona humana (cuerpo y alma) ha caído en un estado pecaminoso. A causa de ese estado, el ser humano ha perdido parcialmente la consciencia totalmente clara que tenía del significado esponsal del cuerpo. Al perder la conciencia plena de ese significado, ha perdido, también parcialmente, la libertad del espíritu, es decir, el dominio interior que lo hacía capaz de elegir y realizar siempre el bien. Esta pérdida parcial significa que el significado esponsal del cuerpo tiende a ser confundido con la concupiscencia e, incluso, puede llegar a ser fácilmente absorbido por ella. Ello quiere decir que el pecado original ha causado que la consciencia crea erróneamente que la atracción sexual de tipo egoísta es la única que existe realmente y que esa atracción sea el único “valor” que tiene el cuerpo, a saber, el ser simplemente un objeto de placer.

 

3. La interpretación correcta de Mateo 5:27-28 y la puesta en práctica que realiza el carácter moral que nos enseña el Sermón de la Montaña, deben ser totalmente liberados del maniqueísmo. De lo contrario, esta ideología causará, en la consciencia humana, una negación del valor del cuerpo y de la sexualidad, así como de la masculinidad y la feminidad. En el “mejor” de los casos, el maniqueísmo toleraría la sexualidad humana únicamente por la “necesidad” de la procreación.

 

Según el Sermón de la Montaña, el carácter moral cristiano se caracteriza por una transformación de la consciencia y de las actitudes de la persona humana, capaz de manifestar y realizar el valor del cuerpo y la sexualidad. El plan de Dios es que el cuerpo y la sexualidad estén al servicio de la comunión de las personas, que es el fundamento más profundo de la moral y de la cultura humana. Mientras que para el maniqueísmo el cuerpo y la sexualidad son un anti-valor; para el cristianismo, en cambio, son siempre un valor que no ha sido lo suficientemente apreciado, como se explicará más adelante.

El Sermón de la Montaña también nos enseña cómo debe formarse el carácter moral cristiano ante la dolorosa realidad del estado pecaminoso en que ha caído el ser humano. En ese “terreno” afectado por el pecado, el misterio de la redención del cuerpo tiene que echar sus raíces, para eventualmente sacar al “hombre histórico” de ese estado.

 

4. Para poder interpretar correctamente Mt 5:27-28, hay que ver este pasaje a la luz de la verdad compleja del ser humano, a saber, que éste se encuentra en un estado de naturaleza caída, pero al mismo tiempo llamado a la redención. Si bien Mt 5:27-28 contiene una especie de acusación contra el corazón humano por albergar un deseo que proviene de la concupiscencia, en realidad es mucho más una apelación a vencer este mal. La victoria sobre este mal debe consistir en rechazar el acto interior de la concupiscencia, pero de ningún modo en transferir lo negativo de ese acto al cuerpo, en este caso de la mujer que el hombre mira de manera concupiscente, como si el cuerpo de la mujer en sí mismo fuese el causante del mal. De lo contrario se estaría cayendo en el error del maniqueísmo, que considera al cuerpo mismo como un anti-valor. El mal que se está rechazando no es un “mal material”, sino un mal moral, es decir, un deseo equivocado, que es un acto espiritual de la voluntad, que en este caso ha elegido mal, porque desea egoístamente. Esto último es lo que Cristo exige severamente que sea rechazado del corazón.

 

5. Ahora bien, para que se pueda vencer este mal deseo, no es suficiente con distinguir entre el error maniqueo y la correcta interpretación de Mt 5:27-28. También hay que esforzarse por descubrir el valor que no ha sido suficientemente apreciado. Precisamente la concupiscencia, que es lo que causa el mal deseo, es la que oscurece, empobrece o limita, en la consciencia del hombre, el sentido pleno de la dignidad de la mujer como persona, a la que él mira como si fuese solamente un cuerpo que anda por ahí, como si fuese simplemente un objeto de goce egoísta y de apropiación. Mt 5:27-28 constituye una llamada a descubrir este valor y esta dignidad y a afirmarlos de nuevo. Sólo así se entienden plenamente las palabras de Cristo en este pasaje.

 

Vemos una vez más por qué el maniqueísmo está tan equivocado. La llamada a dominar la concupiscencia de la carne surge precisamente de la afirmación de la dignidad personal del cuerpo y de la sexualidad y está al servicio de esa dignidad. Se trata de una seria advertencia de Cristo, pero cuya seriedad radica precisamente en la necesidad imperiosa de defender y proteger esa dignidad. Sería un error capital el inferir una conclusión maniquea de las palabras de Cristo en Mt 5:27-28.

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