You are here:Portada Noticias|Catequesis 42: Relación ética entre lo interior y lo exterior
Miércoles, 01 de Noviembre de 2017 11:58

Catequesis 42: Relación ética entre lo interior y lo exterior Featured

Rate this item
(0 votes)

(Impartida el 1 de octubre de 1980)

 

1. Para entender plenamente lo que quiere decir “cometer adulterio con el corazón”, conviene dividir Mateo 5:27-28 en tres partes: (1) “Habéis oído que se dijo: No adulterarás”, (2) “pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola” y (3) “ya adulteró con ella en su corazón”.

 

2. El sentido moral pleno de Mateo 5:27-28 consiste en no quedarse al nivel limitado de los doctores de la ley del AT ni de los tiempos de Jesús. Se trata de un sentido por medio del cual sobreabunde la justicia (rectitud o santidad) en los corazones de las personas y en su actuar. Para ello, lógicamente, hace falta descubrir el sentido profundo de los valores que contiene y defiende el mandamiento que prohíbe el adulterio, valores que se habían perdido con la interpretación meramente externa y legalista de este mandamiento en la casuística del AT.

 

3-4. En este contexto es significativo referirnos al mandamiento 9 que prohíbe desear el cónyuge del prójimo (Éxodo 20:14, 17; Deuteronomio 5:18, 21). En Mateo 5:27-28, Cristo nos ofrece una clarificación más profunda del sentido de este deseo. De este modo hemos llegado al momento de precisar el significado del adulterio del corazón. Este significado es clave para entender los valores esenciales del nuevo ethos del Sermón de la Montaña. 


5-6. Recordemos que no podemos reducir el adulterio como pecado del cuerpo a solamente su aspecto legal. Es decir, ya vimos que el adulterio no es solamente la unión de los cuerpos de un hombre y una mujer que no están casados entre sí. El adulterio es, más profundamente todavía, la violación del signo que consiste en la unión en una sola carne según Génesis 2:24. Es decir, consiste en contradecir el signo que constituye esa unión entre los cónyuges. Esa unión había sido diseñada por el Creador para expresar el amor como don de uno mismo al cónyuge, como la mutua auto-donación y mutua acogida de los cónyuges como dones de Dios en la totalidad de sus personas.

 

Pensemos en las consecuencias morales que se derivarían de reducir el adulterio a su aspecto legal. Es decir, de reducirlo a la unión física de un hombre con una mujer que no es legalmente su esposa. Aunque esa definición del adulterio es correcta, se queda en lo exterior, no alcanza a abordar la interioridad de las personas con toda la riqueza de valores que contiene. Es incapaz de restaurar el ethos que Dios quiere y que constituye el alma de la vida moral del ser humano, vida moral que lo realiza plenamente como persona.

 

Más todavía, al reducir el adulterio a su aspecto meramente legal, el pecado de adulterio con el corazón no podría incluir el deseo concupiscente de un hombre hacia su propia esposa. No lo incluiría porque legalmente ella es su esposa. El adulterio del corazón solamente consistiría en el deseo concupiscente de un hombre hacia una mujer que no es su esposa (o viceversa).

 

7. Pero en ese caso nos encontraríamos ante un grave problema. Estaríamos diciendo que en algunos casos la concupiscencia está permitida. Además, estaríamos diciendo que el ethos que Cristo quiere establecer no es la restauración del significado esponsal y original del cuerpo, que Dios Creador grabó en el cuerpo y en el espíritu del hombre y de la mujer desde el principio. La enseñanza de Cristo en Mateo 5:27-28, que advierte contra la concupiscencia en el corazón, estaría en contradicción con su enseñanza en Mateo 19:3-9, que llama a volver al “principio”.

 

Sin embargo, la enseñanza de Cristo en su Sermón de la Montaña viene a confirmar y a dar su pleno sentido a todos los Diez Mandamientos, en particular, no sólo el 6 sino también el 9. Cristo no solo corrige la comprensión del adulterio como pecado del cuerpo (mandamiento 6) que se limitaba a su aspecto legal permitiendo la poligamia. El Señor no solo defiende la monogamia, sino que también corrige una comprensión limitada del mandamiento 9, el cual, debido a una comprensión limitada del mandamiento 6, lógicamente también se entendía limitadamente, es decir, a no desear la esposa que no es legalmente la propia. Por consiguiente, la advertencia de no mirar a una mujer con deseo concupiscente se refiere a toda mujer, incluyendo la propia esposa, que el hombre mira y desea de esa manera.

 

En la próxima catequesis vamos a profundizar nuestro análisis sobre este último punto.

 

Portada Noticias » Catequesis 42: Relación ética entre lo interior y lo exterior



Vida Humana necesita su Ayuda para continuar defendiendo la Fe, la Vida y la Familia