¿Embarazada y con Problemas?

Jueves, 14 de Abril de 2011 10:15

Víctima de un abortero explotador

por  Kathy Kelly

Todo comenzó con un anuncio radial.

Yo era una joven universitaria muy impresionable, así que al descubrir que una estación de radio muy popular en Long Island estaba promoviendo a Bill Baird, administrador y dueño de clínicas de abortos como si fuera una especie de revolucionario, me sentí atraída.

El locutor dijo que Baird había "ido a la cárcel" por defender mi "derecho" al "aborto". Yo había abandonado recientemente mi hogar, plagado por problemas causados por el alcoholismo de mi padre y buscando independencia me fuí a Nueva York. Puesto que era una joven rebelde en 1978, encontré en Baird, un atractivo fatal.

Aunque me matriculé en la Universidad de Hofstra, mantuve relaciones sexuales con un novio que tenía en Maryland, quien poco a poco se había ido alejando de mí. Al igual que otras víctimas del aborto provenientes de familias alcohólicas, buscaba el amor en todos los lugares equivocados. Me sentía rechazada porque mi familia había rehusado hacer algo para solucionar el problema de alcoholismo de mi padre, que nos estaba destruyendo. Tampoco podía soportar el rechazo de mi novio. Desafortunadamente, en mi extraviado afán de ser aceptada y esperando que él se casara conmigo; regresé a Maryland un fin de semana, traté de quedar embarazada y lo logré. El, sin embargo, acusó a mi bebé concebido en Maryland de tener un padre en Nueva York, y no me brindó ni me proporcionó ayuda.

De regreso a Nueva York recordé los anuncios del centro de abortos de Bill Baird, que parecía tan progresista, tan positivo. Un profesor de la Universidad en quien yo confiaba (ex-sacerdote jesuita), también me recomendó el lugar e incluso se ofreció a ayudarme a pagar por el aborto. Un amigo me llevó hasta el centro de Baird. Nadie me sugirió que tuviera al bebé y yo no tenía ni idea de que existían organizaciones tales como Birthright (Derecho a Nacer) que hubieran podido ayudarme.

Me mantuvieron en este atestado lugar durante casi ocho horas, aunque el aborto por succión tomó sólo cinco minutos. Me parecía entonces que aquella era la única salida pero ahora, en retrospectiva, me doy cuenta que la información engañosa de Baird contribuyó a que yo cayera en esa trampa. También me dí cuenta de la forma que aprovecharon y explotaron mi situación desde el principio hasta el fin.

Hoy me pregunto: ¿para qué otro tipo de "cirugía" se exige que el pago sea hecho por adelantado? ¿para qué otra "operación" de carácter serio, se exige el firmar una planilla de consentimiento la cual dice que muchas cosas pudieran salir mal, pero uno promete que no va a demandar a la clínica? Yo me preocupé por esto. Pregunté a una "consejera" porqué yo debía firmar ésto si corría estos peligros. Ella me dijo que había sólo " una posibilidad en un millón" de que algo saliera mal. Fué ciertamente inquietante saber, años después, que existe un margen del 30% de posibilidades de complicaciones físicas (sin mencionar las psicológicas), después del aborto.

Los de la clínica de abortos me engañaron y me insultaron cuando me "aconsejaron" ya individualmente y en grupo. Me dijeron que si me iba sin la píldora o el DIU (dispositivo intra-uterino), estaría de regreso nuevamente en seis meses para hacerme otro aborto. Recuerdo que me sentí ofendida porque me juzgaron, como si el auto-control sexual fuese imposible y la promiscuidad fuera un hecho inevitable.

Una "consejera" me dijo que un aborto era sólo cuestión de "comenzar mi período de menstruación". Parecía tan natural: como si se tratara sólo de un proceso fisiólogico que se había atrasado, y que Baird y compañía volverían a regularizar.

También me mostraron el modelo de un útero. Este no mostraba al que moraba en él, la víctima invisible cuya agonía conocí más tarde, a través de los esfuerzos educativos al público de personas en el movimiento a favor de la vida.

No me dijeron que el ruidoso y violento succionador es 29 veces más potente que una aspiradora casera y que la fecha de la muerte de mi bebé quedaría indeleble en mi memoria para siempre. Abril más tarde se convertiría, literalmente, en el mes más doloroso para mí.

Trataron de mantenerme confusa y distraída durante el aborto, probablemente para impedir que yo pudiera pensar en lo que estaba participando. Ellos habían colocado una escultura movíl de pajaritos plateados sujeta encima de mí y así lograr distraer mi vista y concentración. Una "consejera" sujetaba mi mano, mientras me hacía interminables preguntas acerca de mis estudios. El abortero habló en tono monótono, mientras daba información distorcionada, en forma rutinaria, acerca de lo que estaba haciendo. Había otra mujer de pie a su lado, mirando todos los movimientos. Recuerdo que de vez en cuando, se asomaba a mirar entre mis piernas con expresión de repugnancia.

Después me dijeron que me habían dado inyecciones internas para aliviar el dolor, pero si lo hicieron, no tuvieron efecto alguno. Cuando grité de dolor, el abortero me dijo que me callara y me amenazó con mandarme a un hospital, donde me aseguró, el procedimiento costaría $300. Me preguntó si yo tenía $300 y grité "¡no!", llena de dolor y ansiedad. Nuevamente me dijo que me callara. Era el colmo de la insensibilidad el hablar de dinero en aquellos momentos.

Tan pronto como concluyó el aborto, todos se retiraron de la habitación inmediatamente. De repente me sentí terriblemente sola. Me senté, la cabeza me daba vueltas y me fuí (por así llamarlo) a un cuarto de recuperación.

En este cuarto un grupo de muchachas jóvenes estaban sentadas comiendo galleticas dulces y Coca-Cola (para subir el nivel de azúcar en la sangre). Después corrieron a los dos baños a regurgitar lo que habían ingerido. Le pedí a una de ellas que me dejara pasar antes que ella, porque no podía aguantar tampoco.

Yo no esperaba ésto pero al recordárlo, no me sorprende. Yo perdí a mi hijo y mi cuerpo y mi mente habían sido desvastados por la violencia del aborto. ¡Nunca pensé que perdería tanta sangre!

Años más tarde supe que habían despedido al médico que llevó a cabo el aborto debido a numerosas demandas judiciales entabladas contra él, según el guardia de seguridad que trabajaba en el edificio.

Yo justifiqué mi aborto por casi cinco años, y hasta doné dinero a National Abortion Rights Action League (NARAL-Liga Nacional de Acción del Derecho a Abortar).

Mi vida se tornó muy auto destructiva debido (pienso yo), a la falta de autoestima que me produjo el aborto. Me entregué a la droga y a la música satánica "punk rock". Por dos veces regresé a la "clínica" Baird para obtener dispositivos intrauterinos y nunca me dijeron que éstos eran abortivos.

Finalmente, en 1983 tuve una experiencia religiosa a través de la cual pude liberar ante Dios mi dolor y mis sentimientos de culpa, reprimidos por tanto tiempo. Admití la necesidad de Su perdón y Su curación, y de vivir la castidad.

Yo trabajaba en una pizzería, donde uno de mis compañeros de trabajo veía el "Club 700" todos los días. El oír al Pastor protestante Pat Robertson hablar pausadamente sobre la inmoralidad del aborto según las Escrituras, me ayudó a retornar a Dios. Luego un compañero (que participaba en demostraciones conmigo), me dió docenas de libros católicos y así finalmente aprendí lo que era la Iglesia. Más tarde leí "Aborting America" (América Aborta) del Dr. Bernard Nathanson. Me convencí de que los niños por nacer son seres humanos y sentí la necesidad de hablar en defensa de ellos.

Aunque el proceso de curación Postaborto resulta difícil, el trabajo a favor del derecho a la vida ha sido muy valioso para mí. Como estudiante graduada, ayudé a iniciar un club provida que logró impedir varios abortos y a educar estudiantes muy antagónicos. Inclusive, hacíamos manifestaciones provida frente al Centro de Bill Baird cada sábado.

Más tarde ayudé a fundar una rama de Women Exploited by Abortion (WEBA-Mujeres Explotadas por el Aborto) y durante un tiempo fuí la representante de American Victims of Abortion (Americanas Víctimas del Aborto) en Maryland. Y lo que es aún mejor, regresé a mi hogar y he sido bendecida con la conversión de mi padre, quien dejó de tomar en respuesta a una dura carta mía. He regresado a mi fé católica y estoy agradecida por el apoyo y las gracias sacramentales, con las que la Iglesia me ha ayudado a superar tanto dolor.

Recordando el impacto que tuvo en mi vida el abortero explotador Bill Baird, resulta una ironía que este mal llamado pregonero de la "compasión" y del "derecho a la privacidad" para toda mujer, violara la mía tan cruelmente a través de mi aborto.

En una ocasión que yo participé en una manifestación contra él, Baird me amenazó con publicar mi expediente médico; me llamó una "virgen por segunda vez" en tono de burla y añadió que mi "problema" es que yo no tengo relaciones sexuales. Más tarde presenté un affidavit al abogado del distrito, describiendo este incidente.

Mi consejo para la persona que esté pensando en hacerse un aborto es el siguiente: primero, le advierto que esta práctica no se ajusta a la ética médica si la "paciente" no ha sido informada debidamente antes de dar su consentimiento. Los aborteros no te advierten que dos pacientes corren riesgos, ya que su único interés es la ganancia financiera. Esa es la razón por la cual no te dicen la verdad acerca de los daños físicos, y menos aún, que existen otras alternativas.

Segundo, evítese el terrible trauma Postaborto que inevitablemente seguirá al aborto. Uno comienza a justificar el aborto en el mismo momento en que el succionador comienza a funcionar, al partir del cual, ya no se puede volver atrás. Generalmente toma de cinco a nueve años llegar al arrepentimiento. Nadie me dijo que al ejercer mi carrera de magisterio sentiría dolor al ver a los niños del segundo grado, ya que mi propio hijo hubiera estado ese año en ese grado.

Tercero y lo más importante de todo, evite el tener que rezarle algún día al hijo perdido diciendo de esta forma: "si te hubiese conocido entonces, como te conozco ahora, nunca hubieses muerto." Ayude a un grupo provida a promover y proveer información sobre las alternativas al aborto; estos grupos han ayudado a miles de mujeres que estaban tan desesperadas como usted. Su esperanza cobrará vida en el momento en que los llame.

 

Oración por curación interior

Por el Padre Emiliano Tardiff

Sugerimos que esta oración por la curación de nuestra memoria se haga en un lugar apartado, lejos de toda distracción. Recítese de manera lenta, en voz alta, haciendo suya cada palabra de la siguiente oración:

Padre de bondad, Padre de amor, te bendigo, te alabo y te doy gracias porque por amor nos diste a Jesús.

Gracias Padre porque a la luz de tu Espíritu comprendemos que El es la luz, la verdad y el buen pastor, que ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia.

Hoy, Padre, me quiero presentar delante de Tí, como tu hijo. Tu me conoces por mi nombre. Pon tus ojos de Padre amoroso en mi vida. Tú conoces mi corazón y conoces las heridas de mi historia.

Tú conoces todo lo que he querido hacer y no he hecho. Conoces también lo que hice o me hicieron lastimándome. Tú conoces mis limitaciones, errores y mi pecado.

Conoces los traumas y complejos de mi vida.

Hoy, Padre, te pido que por el amor que le tienes a Tu Hijo Jesucristo, derrames Tu Santo Espíritu sobre mí, para que el calor de tu amor sanador, penetre en lo más íntimo de mi corazón.

Tú que sanas los corazones destrozados y vendas las heridas sáname aquí y ahora de mi alma, mi mente, mi memoria y todo mi interior.

Entra en mí, Señor Jesús, como entraste en aquella casa donde estaban tus discípulos llenos de miedo.

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Ultima modificacion el Jueves, 23 de Febrero de 2012 08:37

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