Wednesday, 03 May 2017 00:55

Por sus frutos (y sus nombres) los conoceréis.

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Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International

A veces un nombre es verdaderamente revelador.

El Fondo de Población de la ONU (UNFPA, por sus siglas en inglés) es un organismo cuyo nombre dice mucho acerca de su verdadero objetivo. El UNFPA fue fundado durante la época en que surgió el pánico acerca de una presunta “sobrepoblación”. Este término fue acuñado en el libro The Population Bomb (“La bomba de la población”, traducción libre) del alarmista Paul Ehrlich, que fue publicado en 1968. La publicación de esta desafortunada obra aconteció antes de que se hicieran públicos los abusos a gran escala de los promotores del control demográfico.

El objetivo original del UNFPA no fue el desarrollo, la salud o la potenciación de las mujeres, sino el echar atrás el crecimiento “desmedido” de la población mundial. Ese mismo objetivo lo han tenido organizaciones abortistas y anticoncepcionistas, como Population Services International (“[la] Internacional de Servicios de Población”, traducción libre), que fue fundada en 1970, y el Population Council, de ideología eugenésica, que fue fundado por los Rockefeller en 1952.

La industria del control demográfico pasó a través de lo que hoy se podría llamar “un cambio de marca” en la década de los 90. Hubo una serie de conferencias internacionales de las cuales la ONU y sus socios fueron anfitriones en Río de Janeiro (1992), Viena  (1993), El Cairo (1994) y Pekín (1995). En estas conferencias la ONU y sus compinches encubrieron el control demográfico por medio de eufemismos, como “desarrollo sostenible” (Río) [1], “derechos humanos” (Viena) [2], “salud reproductiva” (El Cairo) [3] e “igualdad o perspectiva de género” para niñas y mujeres (Pekín) [4].

Durante ese tiempo, también se filtró en las noticias que el gobierno chino estaba empleando un abusivo programa de control demográfico coercitivo contra su propio pueblo.

No es coincidencia tampoco que el surgimiento de estos nuevos términos siguió a la desclasificación en 1990 del Informe Kissinger, del gobierno de Richard Nixon en EEUU. Este memorando de seguridad nacional postula que los intereses en torno a la seguridad de EEUU hacen  “necesaria” la supresión de las poblaciones de los países en desarrollo. El objetivo de ello es que EEUU pueda tener un acceso más fácil a los recursos naturales de dichos países, especialmente los minerales.

El pánico de la “sobrepoblación” ha tenido muchos efectos en cadena, incluyendo la reformulación de la política exterior de EEUU convirtiendo en una prioridad el control demográfico de países en vías desarrollo. Enfatizamos que esta política se ha convertido en una política de estado, que ni siquiera los presidentes provida que EEUU ha tenido en décadas recientes (Reagan y los dos Bush) han repudiado. De hecho, el Informe Kissinger sigue apareciendo en la página web de la agencia del gobierno de EEUU para el “desarrollo” internacional (USAID, por sus siglas en inglés) [5].

Es evidente que las recomendaciones que aparecen en este documento de utilizar a organizaciones no gubernamentales (ONGS), para implantar el control demográfico, es una estrategia para evitar las acusaciones de “imperialismo” contra EEUU. Los abusos que siguieron a esta aceptación de una mentalidad anti-demográfica son harto conocidos y demuestran fehacientemente el infame objetivo de este memorando [6]. No es coincidencia que ya en 1974, el año en que el Informe Kissinger fue elaborado y difundido en secreto en el Departamento de Estado de EEUU, tuvo lugar en Bucarest la primera conferencia internacional de la ONU sobre la población mundial [7].

El hecho de que la conferencia de la ONU de 1995, que se centró en los “derechos” de las mujeres y las niñas, tuviera lugar en China es particularmente demoníaco. La política de ese gobierno de un solo hijo por familia ya estaba desembocando en esterilizaciones y abortos forzados [8]. Un aspecto terrible de esta abominable política ha sido la matanza sistemática de niñas por nacer, ya que los padres de familia – obligados a tener un solo hijo – elegían varones debido a las costumbres de la cultura. Este crimen contra la humanidad, que continúa ocurriendo, ha causado un génerocidio a gran escala y una enorme desproporción entre varones y niñas en China [9].

A pesar de todo ello, el UNFPA y sus cómplices siguen celebrando la política anti-demográfica china. En 2016, la política de un solo hijo por familia se convirtió en la de dos hijos por familia, como si ello obliterara el carácter monstruoso de la misma. Dicha política sigue siendo coercitiva y homicida. Y sigue siendo objeto de celebración por parte de las élites dominantes, como si fuese un triunfo de la “salud reproductiva” y del “desarrollo sostenible”.

Por todo ello, cada cristiano y activista provida y defensor de los derechos de las mujeres debe celebrar que el gobierno de Trump haya retirado el financiamiento de EEUU al UNFPA. Aunque este organismo antivida todavía insiste, por medio de declaraciones cuidadosamente elaboradas, en que no promueve el aborto, continúa otorgando decenas de millones de dólares a organizaciones abortistas, como Marie Stopes International, y se niega a condenar las políticas anti-demográficas de China e incluso continúa sus propias prácticas de “salud sexual y reproductiva” en ese país [10].

El movimiento proaborto es muy destructivo. Pero se presenta falsamente como impulsor de los “derechos” de las mujeres o de la “salud” femenina. De las muchas cosas malas que tiene este movimiento hay una que resalta y que tiene mucho que ver con el tema que nos ocupa. Se trata del hecho de que la ideología de este movimiento ha corrompido toda la industria de la ayuda internacional para el desarrollo. Es verdad que esta labor comenzó como respuesta a la pobreza extrema y a los desastres naturales o bélicos en el mundo en desarrollo. También es absolutamente verdad que las mujeres han sido tratadas como ciudadanas de segunda clase o aún peor – de manera injusta y sistemática - en muchas partes del mundo.

Las personas de buena voluntad pueden ponerse de acuerdo en muchas cosas sobre lo mucho que queda por hacer. Sin embargo, la oportunidad para llegar a un consenso se pierde cuando el asesinato de bebés en el seno materno es declarado mentirosamente un “derecho humano” o un asunto de “salud”, y toda una industria es reconfigurada para difundir esta mentira.

En este contexto, vale la pena celebrar la decisión que tomó el Presidente Trump pocos días después de asumir el cargo de restituir la Política de Ciudad México. De manera que cuando se informó que el financiamiento originalmente destinado al UNFPA iba a ser otorgado al USAID nos sentimos un tanto aliviados, pero no completamente. Nos preocupa que esta industria multimillonaria para la “ayuda y el desarrollo” siga corrompida, es decir, que sus directivos sigan creyendo falsamente que la matanza de inocentes y la supresión de la población es cuestión de “salud” y “derechos”. Durante varias décadas, la legítima labor de movilizar grandes cantidades de recursos para ayudar a personas en situaciones desesperadas poco a poco se convirtió en la infame actividad de reducir la fertilidad, hasta llegar al punto en que aún hoy día una gran parte de la encomiable labor de ayuda está atada al control demográfico.

Es bueno que se le haya retirado el financiamiento público a UNFPA y que el nuevo fortalecimiento de la Política de Ciudad México incluya también el retiro de dicho financiamiento a las ONGs que cometen o promueven el aborto. Pero luego de décadas de priorizar el control demográfico, esta política provida es solo el comienzo. Lograremos un verdadero progreso en este asunto cuando la verdad acerca de la persona humana tome el lugar principal y sea integrada plenamente en las prioridades, las prácticas y especialmente las personas que trabajan en la USAID y en la red de organizaciones dedicadas a la ayuda y el desarrollo.

Hay un nuevo documental que proporciona una visión muy acertada de todo esto de Acton Media, que se titula “Poverty, Inc.” (“Pobreza, Inc.” – traducción libre) [11]. El filme pone al descubierto el fracaso de la industria de la ayuda y el desarrollo en cuanto a proporcionar un verdadero desarrollo a los que más lo necesitan. La manera en que hoy está estructurada la industria y los incentivos que deben motivar a ONGs bien financiadas hace que muy poco del dinero otorgado llegue a los pobres. Esta estructura perpetúa la existencia de estas ONGs, ya que requiere la continua existencia de la pobreza, en vez de su alivio.

Aunque supongamos que los que trabajan en esta industria tengan buenas intenciones, pocos de ellos parecen querer hablar acerca de dónde va a parar el dinero y quién de verdad se beneficia.

La razón por la cual nos oponemos al UNFPA y a otras organizaciones de “población” es que despersonalizan a miles de millones de personas. Las ven como si fuesen un problema a ser reducido, en vez de personas que poseen una dignidad intrínseca, a quienes Dios ha creado a Su imagen. Ningún tipo de “cambio de marca” puede esconder estas falsas prioridades. El usar las legítimas preocupaciones acerca de la justicia y la salud de las mujeres para encubrir la eliminación de los pobres es la razón por la cual tantas personas no confían en el UNFPA y la industria que este organismo lidera.

Por supuesto que debemos apoyar el desarrollo, pero un desarrollo auténtico e integral, como la Iglesia le llama [12]. No nos “enamoremos” tanto de la ONU y de su élite filantrópica que dejemos a un lado lo que es auténticamente católico y cristiano en nuestra manera de abordar el desarrollo. No podemos dejar a un lado el Evangelio, porque no podemos dejar a un lado a Jesucristo. Él es lo que la gente de verdad necesita. Es un verdadero escándalo que Jesús y la doctrina católica hayan sido dejados fuera del debate en la reciente conferencia sobre la “Extinción Biológica” que organizó la Pontificia Academia para las Ciencias, y podría tener terribles consecuencias para los que esperan que la Iglesia Católica sea la voz de los que no tienen voz. Los desacreditados proabortistas Paul Ehrlich y el presidente del Population Council, quienes hablaron en esta conferencia, expresaron que la anticoncepción, condenada por la Iglesia, era la “clave” para aliviar la “extinción biológica”.

Estos personajes consideran que la gente es una “amenaza” para el mundo. Pero la Iglesia Católica ve en la gente a personas, hechas a imagen de Dios, cada una de ellas con el potencial para establecer comunidades y construir un mundo mejor basado en la ley natural que es la ley de Dios. Estas dos cosmovisiones son irreconciliables y la Iglesia no debe temer decirlo.

Notas:

[1]. Véase: http://www.un.org/documents/ga/conf151/aconf15126-1annex1.htm.

[2]. Véase: http://www.ohchr.org/EN/ProfessionalInterest/Pages/Vienna.aspx.

[3]. Véase: https://www.unfpa.org/sites/default/files/event-pdf/PoA_en.pdf.

[4]. Véase: http://www.un.org/womenwatch/daw/beijing/platform/declar.htm.

[5]. Véase: http://pdf.usaid.gov/pdf_docs/Pcaab500.pdf.

[6]. Véase: https://www.hli.org/resources/exposing-the-global-population-control/.

[7]. Véase: http://www.un.org/en/development/desa/population/events/conference/index.shtml.

[8]. Véase: https://www.pop.org/statement-steven-w-mosher/.

[9]. Véase: http://www.economist.com/node/15606229.

[10]. Véase: http://www.unfpa.org/transparency-portal/unfpa-china.

[11]. Véase: http://www.povertyinc.org/.

[12]. Véase: http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/en/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html.

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