Miércoles, 17 de Mayo de 2017 00:58

Introducción a la teología del cuerpo de las catequesis de San Juan Pablo II (I)

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Adolfo J. Castañeda, MA, STL
Director de Educación
Vida Humana Internacional

Los papas tienen la costumbre de impartir catequesis en el Vaticano durante las audiencias abiertas al público que tienen lugar todos los miércoles. Durante más de cinco años, desde el 5 de septiembre de 1979 hasta el 28 de noviembre de 1984, el Papa San Juan Pablo II impartió 129 catequesis sobre “El amor humano en el plan divino”, como él mismo le llamó en la última de esas catequesis al tema que éstas trataron.

San Juan Pablo II también llamó al tema de estas catequesis: “La redención del cuerpo y la sacramentalidad del matrimonio”. De hecho, este segundo título, como el propio Papa explicó, es el que mejor expresa la temática abordada en esas catequesis.

Sin embargo, uno de los términos más usados en las mismas por el propio Pontífice es el de “la teología del cuerpo” (TDC), cuyo profundo significado iremos explicando más adelante. Ese es el título que le hemos dado a este conjunto de catequesis.

San Juan Pablo II desarrolló la TDC para evitar dos extremos: una visión negativa y otra hedonista de la sexualidad humana y el matrimonio.

Parte de la moral sexual y matrimonial que se impartía antes del Concilio Vaticano II (1962-1965) se caracterizaba por el negativismo. Ese negativismo no es cristiano en su origen. Sin embargo, se introdujo en el cristianismo por el contacto de éste con la filosofía griega antigua, que exaltaba el alma y denigraba el cuerpo, a lo cual se le llama dualismo.

Trataremos el problema del dualismo más adelante. Pero aquí queremos señalar que el negativismo hacia la sexualidad humana no se limitaba a la tendencia a menospreciar el cuerpo. También se caracterizaba por no mostrar claramente la conexión entre la vivencia correcta de la sexualidad humana en el matrimonio y el bien de la persona humana.

El segundo extremo que San Juan Pablo II quería evitar es mucho peor que el anterior, y consiste en considerar que la moral sexual de la Iglesia Católica “está pasada de moda” y que hay que rechazarla. Ese rechazo se debe a la mentalidad hedonista y relativista de hoy en día.

El hedonismo es la ideología que dice que el objetivo principal de la vida es el placer, en vez del amor auténtico, como nos enseñó Jesús.

El relativismo es la ideología que niega la existencia de principios morales absolutos, es decir, principios que son válidos por sí mismos y que no dependen de las opiniones o sentimientos de la gente, sino que aplican a todos, siempre y en todo lugar. Un ejemplo de principio moral absoluto es el Sexto Mandamiento que prohíbe cometer adulterio y que de hecho prohíbe todo pecado contra la sexualidad humana, como la anticoncepción y la esterilización directa.

Lamentablemente, el relativismo moral se encuentra presente no solamente en el mundo que nos rodea, sino también dentro de la misma Iglesia Católica.  Desde por lo menos el Concilio Vaticano II hasta el presente, han surgido teólogos, sobre todo moralistas, que proponen un “revisionismo” moral, que no es otra cosa que un “sofisticado” relativismo.

La culpa, por supuesto, no la tuvo el Concilio Vaticano II, sino esos teólogos, los cuales mal interpretaron algunas de las directrices pastorales del Concilio Vaticano II, haciéndolas lucir como si fuesen “cambios” doctrinales que la Iglesia Católica “había llevado a cabo”. Una de esas enseñanzas es la prohibición absoluta de la anticoncepción, la esterilización directa y el aborto. Estos teólogos plantean que hay “excepciones” a los mandamientos que prohíben estos pecados, lo cual no es cierto y contradice la doctrina de la Iglesia Católica.

San Juan Pablo II también desarrolló la TDC para presentar una visión profunda, hermosa y positiva de la sexualidad humana y del matrimonio. Esa presentación positiva es, al mismo tiempo, totalmente fiel a Jesucristo y al Magisterio de la Iglesia Católica. Y tiene el propósito ulterior de defender y promover la dignidad del matrimonio y la familia.

Las experiencias personales de San Juan Pablo II y su comprensión de las mismas a través de su unión con Dios, le hicieron caer en la cuenta de la importancia de la relación correcta que debe existir entre el hombre y la mujer, para poder enfrentar los graves problemas de la época actual. Podemos distinguir tres experiencias en la vida del Papa que le motivaron a ello.

La primera fue su propia experiencia familiar. San Juan Pablo experimentó una vida familiar muy hermosa y positiva. Sus padres se amaban profundamente, y ambos le enseñaron con la palabra y el ejemplo a conocer a Jesucristo y a Su Iglesia Católica. También vivió el trauma de la pérdida de su madre por enfermedad cuando sólo tenía nueve años, y luego, ya siendo un joven, la de su padre y la de su hermano, que era médico y un poco mayor que él. Todo ello le hizo valorar tremendamente el matrimonio y la familia.

La segunda experiencia fue su labor académica. Carol Wojtyla, el nombre de pila de San Juan Pablo II, fue un gran intelectual, poseedor de dos doctorados, uno en teología y el otro en filosofía. Durante varios años fue profesor de ética filosófica en Polonia, su tierra natal. Dentro de ese campo de la filosofía, estudió mucho la ética del matrimonio y la sexualidad humana.

La tercera experiencia fue su labor sacerdotal y pastoral. Precisamente durante su docencia universitaria también desempeñó una importante labor pastoral con parejas de novios y matrimonios jóvenes. El joven sacerdote pronto se dio cuenta de que la solución de fondo de los problemas de la modernidad tenía que pasar por el matrimonio y la familia, y todo ello implicaba el contribuir a mejorar la relación hombre-mujer.

Otra razón por la cual San Juan Pablo II desarrolló la TDC fue para defender la dignidad humana. La dignidad humana es el valor intrínseco y absoluto que toda persona humana posee en su propio ser por el mero hecho de ser persona, y no por características, como el color de la piel, su estado de salud, su edad o la cantidad de dinero que tenga en el banco. El tema de fondo del mismo matrimonio y de la misma familia es esa dignidad humana. San Juan Pablo II pasó toda su vida defendiendo la dignidad de la persona humana y sus derechos fundamentales.

Las terribles experiencias del nazismo, del comunismo y del consumismo en su patria y en el mundo le motivaron a ello. Todos estos sistemas convierten al ser humano en una pieza de la maquinaria estatal o de la ideología que esté en boga. El ser humano no es valorado por sí mismo, sino por su aporte a la elite dominante. En otras palabras, el ser humano es convertido en un instrumento para los fines egoístas de los que están en el poder, en vez de ser valorado y tratado como un fin en sí mismo.

Carol Wojtyla se dio cuenta de que esta instrumentación de la persona humana también puede ocurrir en la esfera de la sexualidad. Los problemas principales en este importante campo de la vida humana consisten precisamente en dejar que nuestro egoísmo convierta a los demás en objetos de placer egoísta, en vez de amarlos y respetarlos por sí mismos. Esta importante intuición de San Juan Pablo II es uno de los principios fundamentales de la TDC.

¿Cuál sería una definición de la TDC? La palabra “teología” significa el estudio de Dios, es decir, el estudio de lo que Dios ha revelado acerca de Sí mismo y de Su plan para Su creación, especialmente la persona humana. Esa revelación divina se acepta por la fe y se estudia y profundiza por medio de la razón iluminada por la fe y bajo la guía del Magisterio de la Iglesia, que está compuesto por el Papa y los obispos que están en comunión con él.

Como la teología es un estudio, una ciencia, podemos darnos cuenta de que la misma no es meramente un conjunto de ideas sobre Dios, no es solamente un contenido. La teología es un quehacer, es una actividad.  Por consiguiente, la TDC no es simplemente una “parte” de la teología, sino una “nueva” manera de hacer teología. La teología del cuerpo es el estudio científico, siempre desde la fe, de lo que Dios ha revelado acerca de la persona humana, hombre y mujer, especialmente del cuerpo humano, para, a partir de ahí, conocer más profundamente a Dios y Su plan para la creación, especialmente para la persona humana, tanto individual como socialmente considerada. (Hemos puesto la palabra “nueva” entre comillas, porque en realidad la TDC no es nueva. Pero ese punto lo explicaremos más adelante.)

La TDC es también una “nueva” manera de abordar el estudio de la doctrina cristiana o catequesis. Desde la perspectiva de la TDC, la doctrina católica sobre la sexualidad humana y el matrimonio, aunque sigue siendo esencialmente la misma, ya no es vista de la misma manera. Ante los ojos del católico se abre un mundo nuevo y más hermoso. De hecho, no solamente se experimenta esta novedad respecto de los temas de la sexualidad humana y el matrimonio, sino también respecto de todos los demás temas: Dios, Jesucristo, la Iglesia, los Sacramentos, la Santísima Virgen María y muchas otras realidades de la doctrina católica son iluminadas de una manera nueva a través del prisma de la TDC.

Ahora bien, el objetivo principal de la TDC, según el propio San Juan Pablo II, es la santidad. El Señor nos llama a todos a una vida de santidad, tanto en la vida consagrada, la soltería o el matrimonio. La TDC tiene por objetivo principal ayudar a vivir la santidad, es decir, la obediencia perfecta e incluso heroica a la voluntad de Dios en la vida ordinaria de todos los días, así como en los acontecimientos extraordinarios que en ella puedan ocurrir.

Evidentemente esta definición tan general que hemos dado de la TDC y de la santidad a la cual Dios nos llama a vivir a través del estudio y puesta en práctica de la TDC, cobrarán un sentido más concreto a medida que vayamos estudiando los distintos temas que componen la TDC. Iremos comprendiendo la TDC de forma gradual con cada catequesis y concepto que en ella se encuentre. Estudiaremos una por una estas catequesis y los conceptos que se encuentran en los pasajes bíblicos de dichas catequesis y que San Juan Pablo II ha sometido a un riguroso análisis. Estos mismos conceptos irán apareciendo en otras catequesis y pasajes bíblicos, y en esas ocasiones, añadiremos otros aspectos de los mismos, fruto de las reflexiones de San Juan Pablo II, hasta alcanzar una comprensión más profunda de la TDC y de la vida cristiana que la misma nos llama a vivir.

Sin embargo, nadie debe asustarse. Sabemos muy bien que nadie está obligado a tener una capacitación especial en teología, filosofía y ciencia bíblica, como sí está obligado a conocer bien el catecismo de la Iglesia, incluso a nivel de joven adulto o de adulto. Nuestras explicaciones de la TDC serán expresadas de manera sencilla, al alcance de todos, sin dejar de hacerle justicia a la profundidad de los temas.

Tenemos la esperanza que la TDC ayude a la renovación de nuestras vidas como católicos y a un nuevo despertar de la Iglesia Católica, ¡que tanto lo necesita!

 

Continuará.

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