Thursday, 14 April 2011 16:15

¿Es pecado la anticoncepción?

Introducción

Actualmente más del 80 % de los matrimonios en Estados Unidos usan algún tipo de método de control de la natalidad. La mayor parte de las parejas que tienen relaciones sexuales sin estar casadas también usan anticonceptivos. El 30% de todas las mujeres casadas en edad fértil han sido esterilizadas.

Sin embargo, ningún anticonceptivo es totalmente seguro y esa es la razón por la cual nuestro mundo hedonista pide a gritos el mal llamado "derecho" al aborto. El aborto es sencillamente la consecuencia de la falla de los anticonceptivos. También sabemos que de hecho todas las píldoras anticonceptivas a veces son abortivas. Por lo tanto, no se puede negar la conexión entre la anticoncepción y el aborto.

Un matrimonio que practica la anticoncepción hace dos cosas: 1) decide conscientemente practicar la anticoncepción y 2) utiliza métodos concretos para impedir la concepción, como por ejemplo, las píldoras anticonceptivas y los preservativos. Podemos darnos cuenta con claridad de que estos matrimonios se rebelan con toda intención contra su fertilidad, al frustrar deliberadamente la dimensión procreadora del acto conyugal.

Hay razones válidas para que un matrimonio (y sólo dentro del matrimonio) decida que ahora no es el momento oportuno para tener un bebé. Por ejemplo, la salud de la madre puede ser precaria. Pero el fin no justifica los medios. Hay una diferencia enorme entre la anticoncepción y la planificación natural de la familia (PNF). La PNF es aceptable moralmente, cuando los esposos tienen motivos graves para espaciar los nacimientos de sus hijos, porque respeta íntegramente la dignidad de las personas y el carácter del acto conyugal. A propósito, los modernos métodos de PNF no cuestan nada o muy poco, son fáciles de aprender, son eficaces y no dependen, para su efectividad, de que la esposa tenga ciclos regulares o irregulares.

¿Qué es el pecado?

El pecado tiene que ver con la facultad humana de decidir y actuar. Pecar significa querer hacer el mal. Pecar es mucho más que cometer un simple error, como sumar mal unos números. El pecado no es "ser sorprendido cometiendo un crimen", sino más bien es la voluntad de cometer un acto perverso. El pecado implica a Dios. Si no existiera Dios no hablaríamos de pecado, sino de errores, decisiones desacertadas, falta de prudencia y conveniencia.

Cuando pecamos, escogemos deliberadamente actuar en contra de la ley moral de Dios. La moralidad se aplica a todas las personas y a todas las esferas de la actividad humana. Puesto que la moralidad es objetiva y ha sido establecida por Dios, no tenemos el derecho de rechazarla, cambiarla o decidir selectivamente cuáles de sus principios son válidos. El Papa Pío XII enseñó que el mayor pecado del siglo XX fue la pérdida del sentido del pecado, lo cual es una afrenta a la bondad y a la santidad de Dios.

Algunos pecados son obvios porque se pueden detectar fácilmente sus desastrosas consecuencias en la sociedad; por ejemplo: el genocidio, la esclavitud, los campos de concentración. Pero otros pecados son más sutiles, sus dañinos efectos están ocultos a simple vista.

¿Qué enseña la Iglesia Católica con respecto a la anticoncepción?

La doctrina de la Iglesia Católica sobre la anticoncepción ha llegado a ser casi única entre los diferentes grupos religiosos. Esta situación no era así hasta hace poco en la historia. Desde que surgió el protestantismo, todas las denominaciones cristianas condenaron la anticoncepción. La Iglesia Católica lo ha hecho desde su comienzo. Solamente la Conferencia Anglicana de Lambeth en 1930 rompió la tradición cristiana de veinte siglos, con la decisión de que las parejas casadas, por razones graves, podían practicar la anticoncepción. Esta desastrosa posición, desde luego, ha ido empeorando aún más de forma constante. Pío XI escribió su encíclica sobre el matrimonio y la castidad conyugal, Casti Connubi, inmediatamente después de la Conferencia de Lambeth. En dicha encíclica el Papa reiteró la condenación de la anticoncepción por parte de la doctrina de la Iglesia Católica.

Veamos ahora la encíclica del Papa Pablo VI, Humanae Vitae (HV), publicada en 1968. En ella el Papa escribe que "todo acto conyugal debe permanecer abierto a la trasmisión de la vida" (HV 11). Aquí el Papa enseña que el aborto está total y absolutamente excluido como método de regulación de la natalidad, así como también la esterilización y todo tipo de anticonceptivos y usos anti-naturales del acto conyugal..

"Igualmente queda excluida toda acción, que haga imposible la procreación, ya sea antes del acto conyugal, durante el acto o en el desarrollo de sus consecuencias naturales" (HV 14). Aquí el Papa nos enseña que los dos significados esenciales del acto conyugal son el unitivo (dador de amor) y el procreador (dador de vida). Dios es el Autor de toda vida y de todo amor. Si queremos expresar nuestra sexualidad auténtica, honesta y humanamente, tenemos que hacerlo de acuerdo con el plan de Dios.

La Iglesia sabe que será "un signo de contradicción" en un mundo que no tiene fe. Sin embargo, la Iglesia no cesa de proclamar con humilde firmeza, la ley moral en su totalidad, tanto natural como evangélica. "La iglesia no es la autora de tales leyes; consecuentemente, no puede ser su árbitro, ella es solamente su depositaria e intérprete, sin poder nunca declarar que es lícito lo que no lo es por su oposición íntima e inmutable al verdadero bien del hombre"(HV18a.)

El 12 de noviembre de 1988 el Papa Juan Pablo II se dirigió a unos 400 teólogos en el II Congreso Internacional de Teología Moral en Roma, reunidos para celebrar el XX Aniversario de la publicación de la Humanae Vitae. El Papa habló sobre el origen de la norma moral de la encíclica. "La enseñanza de la Humanae Vitae no es, ciertamente, una doctrina inventada por el hombre, sino que fue impresa en la misma naturaleza humana por la mano de Dios Creador y confirmada por El en la Revelación. Ponerla en duda por lo tanto, equivale a rehusarle a Dios mismo la obediencia de nuestra inteligencia".

El Papa explicó que no hay excepción a esta norma. "Al describir el acto anticonceptivo como intrínsecamente ilícito, Pablo VI quiso enseñar que la norma moral es tal que no admite excepciones. Ninguna circunstancia personal o social ha podido, puede ahora o podrá jamás hacer que tal acto sea lícito. La existencia de normas particulares, en relación con la manera de obrar de los hombres en el mundo, las cuales están dotadas con una fuerza obligatoria que excluye siempre y en cualquier situación la posibilidad de excepciones, constituye una enseñanza constante del Magisterio de la Iglesia y de la Tradición, que no pueden ser materia de discusión de los teólogos católicos" (N.5).

Juan Pablo II también se dirigió a los obispos en Los Angeles, Estado de California, Estados Unidos, el 16 de septiembre de 1987. Refiriéndose a informes de que un gran número de católicos no se adhieren a la enseñanza moral de la Iglesia sobre la anticoncepción y aún así, según parece, reciben los sacramentos, el Papa dijo: "Algunas veces se proclama que el rehusar la adhesión al Magisterio es totalmente compatible con ser un ‘buen católico' y que no presenta ningún obstáculo para recibir los sacramentos. Esto es un grave error que pone a prueba el oficio de maestros de los obispos en Estados Unidos y en todas partes."

El 14 de marzo de 1988 el Santo Padre volvió a tratar el tema, esta vez les dirigió la palabra a los participantes de la IV Conferencia Internacional sobre la Familia en Europa y África. El Papa se refirió al problema de los sacerdotes que están mal enfocados y que practican una falsa "comprensión pastoral". "Realmente no puedo callar ante el hecho de que muchos, todavía hoy, no ayudan a las parejas casadas en esta grave responsabilidad suya y más bien ponen grandes obstáculos en su camino... esto puede llevar consigo graves y destructivas consecuencias, cuando la doctrina de la Encíclica se pone en duda, como ha sucedido algunas veces, hasta con teólogos y pastores de almas. Esta actitud de hecho puede inspirar dudas con respecto a una enseñanza cierta de la Iglesia y de esta manera se nubla la percepción de la verdad que no admite discusión. Esto no es un signo de comprensión pastoral sino una equivocación con respecto al verdadero bien de las personas. La verdad no puede basarse en una mayoría de opiniones".

Por lo tanto, la persona que haya usado anticonceptivos no puede recibir la Eucaristía sin verdadero arrepentimiento, confesión y firme propósito de enmendarse. Y si caemos en el pecado, Dios siempre nos perdonará, si con sinceridad nos arrepentimos, nos confesamos y tratamos de vivir una vida cristiana. No tiene sentido recibir al Autor mismo de toda vida y de todo amor en la Eucaristía y al mismo tiempo conscientemente estar obrando en contra del don de Dios de la fertilidad y correr el riesgo de abortar en las primeras etapas del embarazo a uno de los hijos o hijas de Dios.

¿Qué tiene de malo la anticoncepción?

La moralidad nunca puede determinarse con números ni con encuestas de opinión. Pero puesto que hoy en día existe una gran confusión acerca del pecado, la sexualidad y el abuso de ella, y porque vivimos en una cultura que acepta el aborto, la esterilización y la anticoncepción, debemos tratar de explicar el porqué la anticoncepción es un grave mal. El Papa Juan Pablo II ha escrito extensamente sobre este tema.

El verdadero amor requiere el don de sí mismo. Antes de que uno pueda dar este regalo a la persona amada, primero debe ser dueño de sí mismo, incluyendo las pasiones, deseos y emociones. La lujuria implica que estamos decididos a obtener lo que deseamos a toda costa. Pero el amor significa que podemos expresar nuestra pasión sexual en el matrimonio (y sólo dentro de él) buscando una unión con la persona amada honrándola y deseando el bien de ella, hasta llegar a dar la propia vida por ella, si fuera necesario.

La mentalidad anticonceptiva es pecaminosa por muchos motivos. Es un grave mal con desastrosas consecuencias. Rompe la conexión intrínseca entre las dimensiones unitiva y procreadora del acto conyugal. Considera erróneamente que el período de abstinencia que requiere la planificación natural de la familia hace daño al matrimonio y que el acto sexual por puro instinto es virtuoso. Considera el auto-sacrificio una molestia y eleva la búsqueda del placer al nivel de la principal finalidad del matrimonio, despreciando la auto-disciplina y el sacrificio. Reduce la persona amada a un objeto, a una fuente siempre lista para el placer y considera la fertilidad como una especie de enfermedad. Abusa de la medicina y de la profesión médica. Lleva directamente al aborto; de hecho, como hemos anotado, muchos anticonceptivos; como por ejemplo, la píldora, el Norplant, el dispositivo intrauterino (DIU o IUD) y la Depo-provera, causan abortos al comienzo del embarazo.

La anticoncepción le dice a Dios: "No eres el Señor de la Vida en nuestro matrimonio ni colaboraremos Contigo para traer nuevas vidas para Tu Reino". Es un ejemplo terrible para los jóvenes, quienes lógicamente preguntan por qué ellos no pueden gozar de una vida sexual estéril, ya que los adultos lo hacen. Da legitimidad a otros actos sexuales estériles, como los actos homosexuales y otras perversiones. La anticoncepción es en verdad un ataque al matrimonio y a la familia, que lleva a toda una sociedad a la corrupción.

¿Cómo vivir castamente?

¿Es posible vivir sin los anticonceptivos? ¡Sí! Nadie ha muerto nunca por falta de relaciones sexuales. Si los célibes, y hay millones de ellos en el mundo, pueden practicar la continencia total, los casados ciertamente pueden practicar la continencia periódica.

Algunos objetan que la planificación natural de la familia es muy difícil de seguir y que destruye la espontaneidad. Esto no es cierto. Usar anticonceptivos no es muy espontáneo que digamos. De todos modos, los seres humanos no son animales brutos, gobernados por instintos bajos. La razón, el amor, el raciocinio y el control deben caracterizar la relación marido-mujer. Es verdad que la planificación natural de la familia no es fácil, pero el sacrificio y la disciplina que requiere, son logros que valen la pena. Lejos de destruir el amor y el gozo, la capacidad de abstenerse genera generosidad y ciertamente hace al matrimonio mejor. Sin auto-disciplina y control de sí mismo, no puede haber donación de sí mismo. Por el contrario, la anticoncepción promueve la falta de control y las relaciones sexuales compulsivas. El acto sexual se convierte en una rutina. La mujer se siente usada y el hombre se aburre.

La verdadera libertad cristiana consiste en la capacidad de controlar los impulsos y hacer lo que de verdad es bueno para uno mismo y para los demás. Jesús dijo que si seguimos sus mandamientos, conoceremos la verdad de cómo vivir y que la verdad nos haría libres (cf. Juan 8:31-32).

Algunas personas se quejan de que los jóvenes no pueden ser castos y que es inútil decirles que se abstengan. Esta equivocada opinión no le hace justicia al idealismo y a la bondad básica de la juventud. Cuando tienen experiencias sexuales fuera del matrimonio, los jóvenes (y otras personas también) saben que están usando a otros y que ellos mismos están siendo usados. Además, Dios no nos da un mandamiento sin darnos al mismo tiempo la fuerza para cumplirlo. "Sus mandamientos no son pesados, porque todo lo que nace de Dios conquista al mundo" (1 Juan 5:3-4).

El primer paso para vivir una vida cristiana, es aceptar a Jesús como nuestro Señor y Salvador, entregándole a Él la soberanía de todos los aspectos de nuestras vidas. Necesitamos darle vida a nuestro compromiso con Jesús. Necesitamos adoptar medios prácticos para asegurar nuestro crecimiento en Cristo. Lo primero es llevar una vida espiritual profunda y gozosa. Esto incluye la oración diaria y los Sacramentos, especialmente la Confesión y la Eucaristía. Necesitamos llegar a conocer al Señor de una manera personal. Si no lo hacemos, seremos demasiado débiles para resistir la tentación y las presiones del mundo.

La segunda manera de crecer en Cristo es por medio del conocimiento de la Palabra de Dios. ¿Cómo podemos decidir qué hacer, si no conocemos lo que Dios nos ha dicho?. Necesitamos leer la Biblia todos los días, especialmente los Evangelios. También necesitamos leer, primero que todo, las enseñanzas de la Iglesia, así como buenos libros católicos, las vidas de los santos, etc., para instruirnos e inspirarnos. Si somos ignorantes, el mundo nos confundirá con sus mentiras y engaños.

La tercera manera es por medio de la comunidad cristiana. No podemos vivir una vida cristiana nosotros solos. El mundo es demasiado para nosotros. Hay muchas presiones de otras personas y demasiadas voces equivocadas. Necesitamos el apoyo y la guía de nuestros hermanos y hermanas. Necesitamos construir relaciones fuertes, saludables, inocentes y auténticamente cristianas, para contrarrestar la visión distorsionada de la sexualidad que tiene la sociedad.

Por ultimo, la manera para crecer en Cristo es precisamente por medio del servicio cristiano, la escuela de amor que nos convierte en personas maduras que saben cómo dar y recibir.

La disciplina y el amor de Jesús nos darán las fuerzas para vivir castamente; no nos será demasiado difícil. Aprenderemos que la continencia antes del matrimonio es de hecho, la única manera real de construir un futuro feliz para nuestra vida sexual en el matrimonio.

El Padre Matthew Habiger, OSB, PhD, fue presidente de Human Life International (HLI). Actualmente es miembro de la Junta Directiva de HLI y está a cargo de dirigir la labor de esta organización en el Asia y en el África.

Human Life International es la organización católica más grande del mundo dedicada a la defensa de la vida humana y la familia, con más de 80 oficinas en 5 continentes. Diríjase (en inglés) a: Human Life International (HLI), 4 Family Life Lane, Front Royal, Virginia 22630-6453 USA. Tel. (540) 635-7884. Fax: (540) 636-7363. Email:  This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it Página web. http://www.hli.org.

 



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