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Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International


El caso de Charlie Gard tiene graves consecuencias para los derechos de los padres y para la autonomía de la familia. Este ataque contra la familia y la vida se extiende más allá de las fronteras del Reino Unido (RU). Debemos estar muy preocupados.


Para los que no están familiarizados con este caso, Charlie Gard nació en el RU en 2016 con el síndrome del agotamiento mitocondrial. Se trata de una grave enfermedad que lo ha colocado al borde de la muerte. El pasado marzo, los médicos dijeron a sus padres que no había más nada que podían hacer por él. Recomendaron retirarlo del ventilador al cual está conectado y dejarlo morir.


Sin dejarse amedrentar, los padres de Charlie, Chris Gard y Connie Yates, buscaron otras alternativas. Descubrieron que existía un tratamiento experimental que proporcionaba la posibilidad de una cura. Pero el tratamiento es extremadamente costoso y solo se encuentra en EEUU.

(Impartida el 31 de octubre de 1979)


1. Continuamos reflexionando sobre el significado de la soledad original del hombre. Génesis 2:7 dice: “Formó Dios al hombre del polvo de la tierra y sopló en el rostro aliento de vida, y resultó el hombre un ser animado”. La antropología bíblica distingue en el ser humano no tanto el cuerpo y el alma, como el cuerpo y la vida. Dios concede el don de la vida mediante el “soplo”. En otros pasajes de la Biblia vemos que cuando Dios retira Su soplo, el ser humano vuelve al polvo del cual fue sacado (véase: Job 34:14-15 y Salmo 104:29ss). Podemos expresar este lenguaje humilde pero potente de este pasaje en el lenguaje de la antropología filosófica, diciendo que el ser humano está constituido de alma y cuerpo.


La enseñanza de este pasaje de Génesis 2:7 del ser humano creado como ser viviente y la de Génesis 2:5 del ser humano cultivando la tierra, corresponden a la de Génesis 1:28 del hombre y la mujer creados a imagen de Dios. Si unimos estas tres enseñanzas, podemos decir en el lenguaje de los conceptos precisos, que aquí la Biblia nos enseña que la autoconsciencia de la persona humana como ser distinto y superior a los demás seres visibles nace de un comportamiento típicamente humano. Esta autoconsciencia es una intuición típicamente humana del significado del propio cuerpo.

(Impartida el 7 de noviembre de 1979)


1. Génesis 2:18 dice: “No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda semejante a él”. Este pasaje es un preludio al relato de la creación de la mujer. Junto a ese relato, el significado de la soledad original del ser humano entra a formar parte del significado de la unidad original del hombre y la mujer, cuyo punto clave es Génesis 2:24: “Dejará el hombre al padre y a la madre y se unirá a la mujer, y serán los dos una sola carne”. Cristo citó este pasaje cuando se  remitió al “principio” en su discusión con los fariseos. Por consiguiente, tendremos que precisar el significado de esa unidad original que está enraizada en la creación del ser humano como varón y mujer.


Ya hemos visto que Génesis 2 relata primero la creación del hombre y luego la de la mujer, mientras que en Génesis 1 los dos son creados al mismo tiempo. Al hacerlo así, Génesis 2 nos hace pensar primero en ese primer hombre-varón y en como éste descubre su soledad y su subjetividad como ser humano a través de su cuerpo. Ello implica que, si bien el cuerpo humano es masculino o femenino, la corporeidad y la sexualidad no se identifican completamente. El hecho de que el hombre sea cuerpo (y no simplemente que tenga un cuerpo) es algo más profundamente intrínseco a la persona humana que ser varón o mujer. La unidad original se basa en la masculinidad y la femineidad, que son como dos diferentes “encarnaciones” (dos “hacerse cuerpo”) o dos modos diferentes de ser cuerpo del mismo ser humano, creado a imagen de Dios, como dice Génesis 1:27. Una vez más vemos cómo Génesis 1 y Génesis 2 se corresponden y se iluminan mutuamente, bajo la luz de Cristo, en sus diferentes maneras de relatar la creación del ser humano, como varón y mujer.

(Impartida el 10 de octubre de 1979)

 

1. Para seguir comprendiendo el sentido profundo del “principio”, al cual se refirió Cristo en su discusión con los fariseos, debemos reflexionar de nuevo sobre Génesis 2 en un contexto más amplio. Ese contexto más amplio nos permitirá entender una serie de significados de esos pasajes. Uno de esos significados es el de la soledad original del hombre.

 

2. Partimos de Génesis 2:18 donde Dios dice: “No es bueno que el hombre (varón) esté solo, voy a hacerle una ayuda semejante a él”. Recordemos que, en este relato, la creación del hombre ocurre primero y luego la de la mujer. Este primer hombre es llamado primero “Adán” (“humanidad”). Sin embargo, solo después de la creación de la mujer, en Génesis 2:23, es definido como varón (“is”) en relación con la mujer (“issah”). Por consiguiente, la soledad  del primer hombre-varón no consiste meramente de la ausencia de la mujer, sino de una soledad en cuanto a ser humano sin la presencia de otros seres humanos, y no solamente en cuanto a varón sin la presencia de una mujer. Es cierto que no debemos sacar demasiadas conclusiones de un solo pasaje bíblico. Pero el contexto más amplio (el resto de Génesis 2) nos asegura este doble significado de la soledad original del hombre.

 

3. Este problema de la soledad se manifiesta solamente en Génesis 2, no en Génesis 1. El problema de la soledad del primer hombre es un problema antropológico. [Recordemos que la antropología es el estudio del ser humano. En este caso se trata de una antropología bíblica, una antropología según la Palabra de Dios.] Este problema antropológico quiere decir que la soledad del primer hombre se deriva de su propia naturaleza humana. La persona humana es un ser que, por su propia naturaleza, ha sido creado para entrar en relación interpersonal con Dios y los demás (especialmente la relación hombre-mujer). Por lo tanto, la soledad original del hombre es doble: es una soledad en cuanto a ser humano y es una soledad en cuanto a varón.

 

4. Para darnos cuenta de que la soledad original sí incluye la soledad en cuanto a persona humana, debemos observar detenidamente varios puntos importantes en Génesis 2. En Génesis 2:15, la creación del primer hombre está relacionada con la necesidad de “trabajar la tierra”. Esto corresponde con el mandato divino de “dominar la tierra” de Génesis 1:28. El contexto más amplio de “trabajar la tierra” es el “jardín” donde Dios coloca al hombre una vez que lo ha creado (Génesis 2:8). Este jardín simboliza el estado de felicidad original. Luego Dios establece una Alianza con el hombre, simbolizada en la prohibición de comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal so pena de morir (Génesis 2:16-17).

 

Entonces es cuando Dios dice que no es bueno que el hombre esté solo y que le va a hacer una ayuda (Génesis 2:18). A continuación Dios crea los animales, también con polvo de la tierra, y se los presenta al hombre para que éste los nombre (Génesis 2:19-20). Se trata de una especie de “prueba” por medio de la cual el hombre se examina a sí mismo ante Dios. El resultado de ese auto-examen es que el hombre se da cuenta (toma consciencia) de que él es distinto y superior en su ser al resto de los seres vivientes porque “entre todos ellos [los animales] no había ayuda semejante a él” (versículo 20).

 

Al darse cuenta de que no hay ningún ser viviente semejante a él, el hombre se da cuenta (toma consciencia) de que no tiene a ningún otro ser con quien desarrollar una relación interpersonal. Se da cuenta de que está solo.

 

5. También podemos añadir a esta reflexión que, a través de esta experiencia, este primer hombre se encuentra frente a Dios en búsqueda de su propia identidad, de su propia definición. ¿Qué – o mejor dicho – quién soy? El hecho de que está solo, de que no hay nadie más como él, implica que todo lo demás que Dios ha creado expresa lo que él no es.

 

Sin embargo, hay algo de positivo en esta experiencia, hasta ahora negativa. El hombre se da cuenta de que los animales, a pesar de ser distintos e inferiores a él, por ser también seres vivientes que poseen cuerpos, son parte del mismo género próximo al que el hombre pertenece. Según la antropología y la lógica del filósofo antiguo Aristóteles (unos 300 años AC), la definición de la esencia de un ser consiste de su género próximo y de su diferencia específica. En el caso del hombre, su género próximo es el reino animal y su diferencia específica es su racionalidad. El hombre es similar a los animales en que es un ser viviente corporal, pero se distingue y es superior a ellos porque posee la capacidad de pensar y de elegir libremente (racionalidad).

 

6. Por último, podemos añadir que el hombre se va descubriendo a sí mismo a través de observar y conocer al mundo visible que le rodea (animales, plantas, etc.). A través de su interacción con ese mundo visible y, especialmente con los animales, este hombre primitivo de alguna manera se da cuenta de que puede realizar este conocimiento del mundo visible y de sí mismo, precisamente porque tiene la capacidad o facultad de conocer que ningún otro ser tiene. En otras palabras, de un modo primitivo, pero real, el hombre descubre que tiene lo que podemos llamar usando conceptos precisos, unasubjetividad, un mundo interior, que ningún otro ser tiene en ese momento.

(Impartida el 24 de octubre de 1979)

 

1. Continuamos ahondando en el concepto del hombre (antropología) que se deduce de un análisis profundo de Génesis 2. Observamos en este capítulo que, cuando Dios crea al hombre y le da dominio sobre todos los árboles, incluyendo el del conocimiento del bien y del mal, aparece otra característica del ser humano: su libre voluntad o autodeterminación. Esto a su vez implica que el hombre ha sido dotado por Dios de una subjetividad propia.

 

El significado de la soledad original del hombre incluye su subjetividad, la cual, a su vez, incluye su autoconsciencia y su autodeterminación. Sin estas características, no podemos entender correctamente las palabras de Dios de “voy a hacerle una ayuda” ni tampoco la creación de la mujer. Pero, sobre todo, no podemos entender al ser humano como ser creado a imagen de Dios.

 

2. En este relato, el hombre se manifiesta como sujeto de la primera Alianza con Dios. Es decir, el ser humano aparece como “compañero” de Dios en una relación interpersonal con Él. Ello implica que el hombre puede y debe discernir y elegir conscientemente entre el bien y el mal. En Génesis 2:16-17, Dios le da un mandamiento al hombre: el de poder comer de los frutos de todos los árboles del jardín, menos del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Este mandamiento simboliza la primera Alianza que Dios establece con el hombre. Al mismo tiempo que revela la sumisión y la dependencia del hombre en Dios, revela la subjetividad y humanidad del hombre.

 

Aquí se nos revela otra dimensión del significado de la soledad original del hombre. Sólo él tiene una relación única e irrepetible con Dios mismo. Esta definición antropológica de Génesis 2, del hombre como compañero del Absoluto, corresponde a la definición teológica del ser humano en Génesis 1:26, de que el hombre y la mujer han sido creados a imagen y semejanza de Dios.

 

3. Esta reconstrucción que estamos haciendo del ser humano en su inocencia original abarca la totalidad de la persona humana: incluye su alma y su cuerpo. Aunque no lo diga explícitamente, todo el contexto nos sugiere que Génesis 2 presenta al ser humano como un cuerpo entre otros cuerpos (los de los animales). Es a través del cuerpo que la persona humana participa en el resto del mundo visible.

 

Más aún, este ser humano primitivo, que no es capaz todavía de conocerse a sí mismo como resultado de una reflexión filosófica profunda, se va auto-descubriendo en comparación con otros seres vivientes y no vivientes a través de su propio cuerpo. Es a través de su cuerpo que se distingue y “se separa” del resto de los seres vivientes de la creación material. Ello a su vez conduce al ser humano a conocer y a tener consciencia del significado de su propio cuerpo. Es una especie de autoconsciencia “primitiva”, pero real y válida.

 

4. Génesis 2:5-6 dice que “no había todavía hombre que labrase la tierra ni rueda que subiese el agua con qué regarla”. Este pasaje corresponde al de Génesis 1:28 que dice que Dios manda al hombre y a la mujer, inmediatamente después de crearlos a Su imagen, a “henchir la tierra y a someterla y dominarla”. Todo ello implica que el primer medio fundamental para dominar la tierra se encuentra en el ser humano mismo. Sólo el ser humano puede “cultivar la tierra y regarla”. Y esa labor la realiza con su inteligencia y con su cuerpo humano. Por consiguiente, a través de su soledad original y del carácter único de su cuerpo, la persona humana, creada a imagen de Dios, comienza a descubrir el significado de su propia corporeidad y, por tanto, de sí misma.

(Impartida el 12 de septiembre de 1979)

 

1. El primer relato de la creación del hombre se encuentra en Génesis 1:1-2:4a y el segundo en Génesis 2:4b-25. Para simplificar las cosas, diremos que el primero está en Génesis 1 y el segundo en Génesis 2. Hay que añadir que Génesis 2 forma una unidad con Génesis 3 (que narra el pecado original) y con Génesis 4 (que narra, entre otras cosas, la concepción y nacimiento del primer hombre de padres terrenos, Adán y Eva). Tendremos, pues, que analizar esos pasajes también, para mejor entender la enseñanza de Cristo sobre el matrimonio en su discusión con los fariseos, como indicamos que haríamos en la catequesis anterior.

 

2. La ciencia bíblica dice que el primer relato de la creación del hombre (en Génesis 1) es posterior al segundo relato (en Génesis 2). Este segundo relato pertenece a la tradición “yahvista” porque para nombrar a Dios utiliza el nombre de “Yahvé” [que en hebreo significa “Yo soy”, véase Éxodo 3:14]. En ese segundo relato, Dios es descrito en términos “antropomórficos”. [Esta palabra es compuesta y viene del griego: “antropos” significa “ser humano” y “mórfico” significa “forma”. Es decir, Dios es presentado como si hubiese asumido una forma humana. Por ejemplo, en Génesis 2:7 Dios aparece como si fuese un alfarero, pues el texto dice que “Yahvé formó al hombre con polvo del suelo e insufló en sus narices  aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente”.]

 

El relato de Génesis 1, al ser posterior al de Génesis 2, es más maduro en sus conceptos cuando describe la creación del ser humano como hombre y mujer, porque enseña que ambos fueron credos a imagen de Dios. Este relato de Génesis 1 pertenece a la tradición “sacerdotal” porque describe la creación en términos de seis días de “trabajo divino” y un día de “descanso divino”. Este “descanso de Dios” es el fundamento del mandamiento divino de observar el sábado como día del Señor y de descansar, que todos los israelitas, guiados por sus sacerdotes, debían seguir.  El relato de Génesis 1 también pertenece a la tradición “elohista” porque utiliza el término “Elohim” para nombrar a Dios.

 

[La palabra “Elohim” es el plural de “El”, que significa “Dios”. Por lo tanto, “Elohim” significa “dioses”. Sin embargo, esto no significa para nada que Israel fuese un pueblo politeísta. Ello estaría en abierta contradicción con el mismo primer mandamiento de la ley de Dios de sólo adorar al Dios Único, que se encuentra en Éxodo 20:2-3 y en Deuteronomio 6:4. La tradición elohista usa este término solamente para enfatizar la infinitud de la majestad del Dios Único.]

 

3. Este primer relato de la creación del ser humano de Génesis 1 es la culminación de la narración de la creación del mundo. Este relato tiene un carácter “cosmológico”. Esta palabra viene del término griego “cosmos”, que significa “mundo” o “universo”. Esto a su vez significa que el ser humano pertenece al mundo material.

 

Sin embargo, al mismo tiempo, el ser humano está por encima de ese mundo, porque sólo el hombre y la mujer han sido creados a imagen de Dios (véase Génesis 1:27). También está el hecho de que esta narración es presentada en un ciclo de seis días de creación que indican una gradación ascendente. Esto quiere decir que cada fase de la creación es superior en su ser a la fase precedente, hasta culminar en la creación del ser humano en Génesis 1:26-28. Además, al crear al hombre y a la mujer, Dios los manda a “dominar la tierra”. Es cierto que se trata de un dominio administrativo, no degradante, de la naturaleza, pero al fin y al cabo, sólo al ser humano le concede Dios esta potestad y no a ningún animal.

 

En este contexto es significativo que al hablar de la creación de los seres inanimados (seres no vivientes) – como la luz, el firmamento, el agua, la tierra y las plantas - el autor sagrado utiliza las palabras “separó”, “llamó”, “hizo” y “puso”. En cambio, al hablar de la creación de los seres vivientes – los animales y los seres humanos – el autor bíblico utiliza las palabras “creó” y “bendijo”. También es significativo que, según este relato, Dios manda tanto a los animales como a los seres humanos (el hombre y la mujer) a procrear y multiplicarse. Sin embargo, sólo en el caso del hombre y la mujer el relato enfatiza la diferencia de sexos al mismo que tiempo que bendice su fecundidad. Esto a su vez enfatiza la relación entre las personas. Por último, es significativo que al aprestarse para crear al ser humano, Dios entra en “un diálogo consigo Mismo” (“hagamos al ser humano”, Génesis 1:26). Esto indica una “deliberación” solemne ante un acto importante e indica, a su vez, la dignidad excepcional (valor intrínseco y absoluto) del hombre y la mujer.  El hecho de que Dios “se detiene para pensarlo” antes de crear al ser humano después de crear sin detenerse al resto de la naturaleza, indica que el ser humano no es el resultado de una sucesión natural, sino que ha sido objeto de un acto único de creación divina.

Por consiguiente, el ser humano no puede ser comprendido a profundidad sólo en términos de la creación material. Es cierto que el ser humano es también un ser corporal, pero al haber sido creado a imagen de Dios no puede ser reducido a lo corporal. Hay en él (y en ella) una dimensión especial que lo hace trascender el mundo, si bien al mismo tiempo pertenece a la creación material.

 

4. El relato de Génesis 1 es también de carácter “teológico”. [La palabra “teología” es compuesta y viene del griego: “Teos” significa “Dios” y “logos” significa “estudio de” o “relacionado con”.] Esto quiere decir que la definición de la persona humana como imagen de Dios indica su esencial y única relación con El Creador, algo que no comparte ningún otro ser de la creación material. Evidentemente, esto también indica la superioridad del hombre respecto del resto del mundo material.

 

Esta manera de relatar la creación del ser humano también se caracteriza por la objetividad. Es decir, este relato está libre del subjetivismo.  [El subjetivismo, como ya hemos señalado, es la falsa teoría que dice que la realidad de las cosas depende de lo que a cada uno le parezca]. Génesis 1 presenta la creación del mundo y especialmente de la persona humana de manera concisa y objetiva, narra el hecho real, no entra en consideraciones subjetivas de cómo el hombre y la mujer se sentían ni nada de eso. Se limita a presentar los hechos reales de que el hombre y la mujer son creados a imagen de Dios y de que Él les manda a procrear, multiplicarse y dominar la tierra.

 

5. Génesis 1 también se caracteriza por una “potente carga metafísica”. [La palabra “metafísica” significa “más allá de lo físico”. Ello no quiere decir que lo físico no sea importante. Más bien quiere decir que la metafísica considera el ser mismo de los seres de este mundo (y de Dios también, como veremos más abajo) sin limitarse o centrarse en los aspectos físicos particulares de los seres creados, como su constitución biológica, anatómica, química, etc. Es decir, la metafísica, como parte de la filosofía, se ocupa del estudio del ser en cuanto a ser y de su relación con el existir y no en cuanto a aquellas características que son estudiadas por las ciencias naturales, como la biología la química, la física, etc.] Por consiguiente, la “potente carta metafísica” de Génesis 1 significa que las palabras que usa esta narración, si bien son breves y concisas, están llenas de un profundo significado en relación con el ser mismo de la persona humana. Este relato, al definir a la persona humana en términos de ser imagen de Dios, enfatiza su dimensión metafísica, es decir, su ser esencial, más que su aspecto físico – sin, al mismo tiempo, menospreciar para nada este aspecto, es decir, su cuerpo, el cual, después de todo, está precisamente en el centro de estas reflexiones.

 

Este y otros pasajes de la Biblia que enfatizan el ser de Dios, del ser humano y de la creación, ha inspirado a muchos pensadores cristianos. Por ejemplo, San Agustín reflexionó mucho sobre el pasaje de Éxodo 3:14, en el cual Dios se nombra a Sí Mismo ante Moisés como “Yo soy el que soy”. Es decir, Dios no es simplemente “un ser”, sino más bien es Ser Mismo, es decir, es al mismo tiempo puro ser y existir en Sí Mismo y es también la fuente de todo ser creado, es Quien le da ser y existir a todo lo que Él Mismo ha creado. Dios trasciende a toda la creación porque Su Ser es infinitamente superior a ella. Al mismo tiempo, Dios está íntimamente presente (es inmanente) a Su creación dándole vida y existencia. El pensamiento de San Agustín influyó mucho en otros pensadores católicos, como San Anselmo, Ricardo de San Víctor, Alejandro de Hales, San Buenaventura y el propio Santo Tomás de Aquino.

 

Este último profundizó el pensamiento de San Agustín y enseñó que todos los seres que existen, aparte de Dios mismo, son “contingentes”. Esto quiere decir que su existencia depende de Dios, Cuya existencia es necesaria, porque en Él el ser y el existir coinciden. Mientras que la existencia de cada uno de los seres creados no es necesaria, porque el ser de cada uno de ellos es contingente, es decir, pudieron no haber existido.

 

6. En la próxima catequesis nos ocuparemos del segundo relato de la creación del ser humano, que se encuentra en Génesis 2.

 

Continuará.

(Impartida el 19 de septiembre de 1979.)

 

1. El segundo relato de la creación del hombre (Génesis 2:4b-25) enfatiza la dimensión subjetiva y psicológica de la persona humana. Es la descripción más antigua que se haya registrado de la compresión del ser humano de sí mismo, tan apreciada por la antropología moderna. [La palabra “antropología” viene del griego y es compuesta: “antropos” = “ser humano” + “logos” = “estudio de”. Por lo tanto, “antropología” significa el estudio del ser humano o del hombre. En este caso se trata de una antropología según la Biblia y la doctrina de la Iglesia.]

 

El lenguaje antiquísimo que utiliza este relato es el mito. Pero aquí “mito” no significa algo falso, sino la descripción en lenguaje simbólico de una realidad que va más allá de una comprensión científica de la naturaleza. Este tipo de relato expresa verdades de las que la ciencia natural no puede ocuparse. No se trata de cómo las cosas están hechas sino del origen y por qué del bien y del mal, sobre todo respecto del hombre y la mujer.

 

Es importante observar aquí que si complementamos este relato con el de Génesis 1, llegamos a la convicción de que hay una correspondencia entre la subjetividad de la persona humana (Génesis 1) y su objetividad o existencia real (Génesis 2), como ser creado a imagen de Dios.

 

2. El primer relato presenta la creación del hombre y la mujer al mismo tiempo (véase Génesis 1:27). Pero este segundo relato presenta primero la creación del hombre (véase Génesis 2:5-7) y luego la de la mujer (véase Génesis 2:18-23).

 

Al presentar la creación del hombre, este segundo relato lo llama “Adán” [que en hebreo significa “humanidad”] – véase Génesis 2:7. Sin embargo, desde el momento de la creación de la mujer, comienza a llamarlo “is”, que en hebreo significa “varón” (en Génesis 2:23). Este término está muy relacionado con la palabra hebrea “issah” que significa “mujer”, porque Génesis 2:23 dice: “Será llamada ‘mujer’, porque fue sacada del hombre ‘is’”. Las palabras “is” e “issah” eran populares en aquel tiempo y enfatizaban la unidad del origen del hombre y la mujer por la correspondencia de sonido que hay entre estas dos palabras.

 

En este contexto es significativo que Cristo, en su discusión con los fariseos en Mateo 19:3-6 (y Marcos 12:2-12), haya citado brevemente a Génesis 1:27 (el hombre y la mujer creados a imagen de Dios) y acto seguido a Génesis 2:24 (“serán una sola carne”). Al hacerlo, el Señor une el “principio” de la creación del ser humano (hombre y mujer creados al mismo tiempo) con el “principio” de la unidad e indisolubilidad del matrimonio entre el hombre y la mujer – dos seres individualmente distintos pero de una misma naturaleza y complementarios entre sí.

 

3. Inmediatamente después, en Génesis 3, la Biblia nos narra la primera caída del hombre y la mujer. Esta caída está relacionada con un árbol misterioso que ya Génesis 2:17 había llamado “el árbol del conocimiento del bien y del mal”. Este árbol y su fruto prohibido simbolizan la línea que divide la inocencia original del pecado original. Cuando el hombre y la mujer comen de ese fruto surge una situación completamente nueva y distinta de la anterior. En la primera situación, el hombre y la mujer se encuentran casi fuera del conocimiento del bien y del mal, y disfrutan de un estado de inocencia original. En la segunda situación, el hombre y la mujer se hayan dentro de ese conocimiento, y sufren de un estado pecaminoso. Ese estado pecaminoso surge porque han cometido el pecado original, al haber quebrantado el mandamiento de Dios simbolizado por la prohibición del fruto del árbol ya mencionado. Ese pecado es instigado por el diablo, simbolizado por la serpiente.

 

En este contexto debemos aclarar que el lenguaje simbólico utilizado aquí sí es capaz de ser expresado de nuevo por medio de conceptos que podamos entender. No tiene por qué haber una barrera inseparable entre la traducción, por decirlo de alguna manera, del lenguaje religioso-simbólico, que se utiliza en algunas partes de la Biblia, al lenguaje doctrinal o filosófico y teológico de los conceptos.

 

En este sentido, la doctrina católica ha expresado correctamente estas dos situaciones, que el texto bíblico expresa por medio de símbolos, en los conceptos de “estado de naturaleza íntegra” y “estado de naturaleza caída”. Todo esto tiene una gran importancia para la teología del cuerpo.

 

4. Cuando Cristo, en su discusión con los fariseos, se refiere al “principio”, los lleva a ellos y a nosotros a traspasar el umbral que separa el estado pecaminoso actual del ser humano del estado de su inocencia original. Esto significa que ese estado original sigue siendo vigente a pesar de que el ser humano lo haya perdido irrevocablemente en este mundo. Ello a su vez implica que Cristo nos está exigiendo o mandando (dimensión ética y moral) que nos esforcemos con Su gracia en vivir según el estándar de ese estado de inocencia original. Evidentemente, en nuestras reflexiones, tendremos que intentar reconstruir, a partir de la Palabra de Dios, las características esenciales del ser humano (dimensión antropológica) en dicho estado original.

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