Viernes, 30 de Junio de 2017 20:28

Mensaje Pastoral - Obispo de Escuintla

Published in Portada Noticias

(Impartida el 12 de septiembre de 1979)

 

1. El primer relato de la creación del hombre se encuentra en Génesis 1:1-2:4a y el segundo en Génesis 2:4b-25. Para simplificar las cosas, diremos que el primero está en Génesis 1 y el segundo en Génesis 2. Hay que añadir que Génesis 2 forma una unidad con Génesis 3 (que narra el pecado original) y con Génesis 4 (que narra, entre otras cosas, la concepción y nacimiento del primer hombre de padres terrenos, Adán y Eva). Tendremos, pues, que analizar esos pasajes también, para mejor entender la enseñanza de Cristo sobre el matrimonio en su discusión con los fariseos, como indicamos que haríamos en la catequesis anterior.

 

2. La ciencia bíblica dice que el primer relato de la creación del hombre (en Génesis 1) es posterior al segundo relato (en Génesis 2). Este segundo relato pertenece a la tradición “yahvista” porque para nombrar a Dios utiliza el nombre de “Yahvé” [que en hebreo significa “Yo soy”, véase Éxodo 3:14]. En ese segundo relato, Dios es descrito en términos “antropomórficos”. [Esta palabra es compuesta y viene del griego: “antropos” significa “ser humano” y “mórfico” significa “forma”. Es decir, Dios es presentado como si hubiese asumido una forma humana. Por ejemplo, en Génesis 2:7 Dios aparece como si fuese un alfarero, pues el texto dice que “Yahvé formó al hombre con polvo del suelo e insufló en sus narices  aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente”.]

 

El relato de Génesis 1, al ser posterior al de Génesis 2, es más maduro en sus conceptos cuando describe la creación del ser humano como hombre y mujer, porque enseña que ambos fueron credos a imagen de Dios. Este relato de Génesis 1 pertenece a la tradición “sacerdotal” porque describe la creación en términos de seis días de “trabajo divino” y un día de “descanso divino”. Este “descanso de Dios” es el fundamento del mandamiento divino de observar el sábado como día del Señor y de descansar, que todos los israelitas, guiados por sus sacerdotes, debían seguir.  El relato de Génesis 1 también pertenece a la tradición “elohista” porque utiliza el término “Elohim” para nombrar a Dios.

 

[La palabra “Elohim” es el plural de “El”, que significa “Dios”. Por lo tanto, “Elohim” significa “dioses”. Sin embargo, esto no significa para nada que Israel fuese un pueblo politeísta. Ello estaría en abierta contradicción con el mismo primer mandamiento de la ley de Dios de sólo adorar al Dios Único, que se encuentra en Éxodo 20:2-3 y en Deuteronomio 6:4. La tradición elohista usa este término solamente para enfatizar la infinitud de la majestad del Dios Único.]

 

3. Este primer relato de la creación del ser humano de Génesis 1 es la culminación de la narración de la creación del mundo. Este relato tiene un carácter “cosmológico”. Esta palabra viene del término griego “cosmos”, que significa “mundo” o “universo”. Esto a su vez significa que el ser humano pertenece al mundo material.

 

Sin embargo, al mismo tiempo, el ser humano está por encima de ese mundo, porque sólo el hombre y la mujer han sido creados a imagen de Dios (véase Génesis 1:27). También está el hecho de que esta narración es presentada en un ciclo de seis días de creación que indican una gradación ascendente. Esto quiere decir que cada fase de la creación es superior en su ser a la fase precedente, hasta culminar en la creación del ser humano en Génesis 1:26-28. Además, al crear al hombre y a la mujer, Dios los manda a “dominar la tierra”. Es cierto que se trata de un dominio administrativo, no degradante, de la naturaleza, pero al fin y al cabo, sólo al ser humano le concede Dios esta potestad y no a ningún animal.

 

En este contexto es significativo que al hablar de la creación de los seres inanimados (seres no vivientes) – como la luz, el firmamento, el agua, la tierra y las plantas - el autor sagrado utiliza las palabras “separó”, “llamó”, “hizo” y “puso”. En cambio, al hablar de la creación de los seres vivientes – los animales y los seres humanos – el autor bíblico utiliza las palabras “creó” y “bendijo”. También es significativo que, según este relato, Dios manda tanto a los animales como a los seres humanos (el hombre y la mujer) a procrear y multiplicarse. Sin embargo, sólo en el caso del hombre y la mujer el relato enfatiza la diferencia de sexos al mismo que tiempo que bendice su fecundidad. Esto a su vez enfatiza la relación entre las personas. Por último, es significativo que al aprestarse para crear al ser humano, Dios entra en “un diálogo consigo Mismo” (“hagamos al ser humano”, Génesis 1:26). Esto indica una “deliberación” solemne ante un acto importante e indica, a su vez, la dignidad excepcional (valor intrínseco y absoluto) del hombre y la mujer.  El hecho de que Dios “se detiene para pensarlo” antes de crear al ser humano después de crear sin detenerse al resto de la naturaleza, indica que el ser humano no es el resultado de una sucesión natural, sino que ha sido objeto de un acto único de creación divina.

Por consiguiente, el ser humano no puede ser comprendido a profundidad sólo en términos de la creación material. Es cierto que el ser humano es también un ser corporal, pero al haber sido creado a imagen de Dios no puede ser reducido a lo corporal. Hay en él (y en ella) una dimensión especial que lo hace trascender el mundo, si bien al mismo tiempo pertenece a la creación material.

 

4. El relato de Génesis 1 es también de carácter “teológico”. [La palabra “teología” es compuesta y viene del griego: “Teos” significa “Dios” y “logos” significa “estudio de” o “relacionado con”.] Esto quiere decir que la definición de la persona humana como imagen de Dios indica su esencial y única relación con El Creador, algo que no comparte ningún otro ser de la creación material. Evidentemente, esto también indica la superioridad del hombre respecto del resto del mundo material.

 

Esta manera de relatar la creación del ser humano también se caracteriza por la objetividad. Es decir, este relato está libre del subjetivismo.  [El subjetivismo, como ya hemos señalado, es la falsa teoría que dice que la realidad de las cosas depende de lo que a cada uno le parezca]. Génesis 1 presenta la creación del mundo y especialmente de la persona humana de manera concisa y objetiva, narra el hecho real, no entra en consideraciones subjetivas de cómo el hombre y la mujer se sentían ni nada de eso. Se limita a presentar los hechos reales de que el hombre y la mujer son creados a imagen de Dios y de que Él les manda a procrear, multiplicarse y dominar la tierra.

 

5. Génesis 1 también se caracteriza por una “potente carga metafísica”. [La palabra “metafísica” significa “más allá de lo físico”. Ello no quiere decir que lo físico no sea importante. Más bien quiere decir que la metafísica considera el ser mismo de los seres de este mundo (y de Dios también, como veremos más abajo) sin limitarse o centrarse en los aspectos físicos particulares de los seres creados, como su constitución biológica, anatómica, química, etc. Es decir, la metafísica, como parte de la filosofía, se ocupa del estudio del ser en cuanto a ser y de su relación con el existir y no en cuanto a aquellas características que son estudiadas por las ciencias naturales, como la biología la química, la física, etc.] Por consiguiente, la “potente carta metafísica” de Génesis 1 significa que las palabras que usa esta narración, si bien son breves y concisas, están llenas de un profundo significado en relación con el ser mismo de la persona humana. Este relato, al definir a la persona humana en términos de ser imagen de Dios, enfatiza su dimensión metafísica, es decir, su ser esencial, más que su aspecto físico – sin, al mismo tiempo, menospreciar para nada este aspecto, es decir, su cuerpo, el cual, después de todo, está precisamente en el centro de estas reflexiones.

 

Este y otros pasajes de la Biblia que enfatizan el ser de Dios, del ser humano y de la creación, ha inspirado a muchos pensadores cristianos. Por ejemplo, San Agustín reflexionó mucho sobre el pasaje de Éxodo 3:14, en el cual Dios se nombra a Sí Mismo ante Moisés como “Yo soy el que soy”. Es decir, Dios no es simplemente “un ser”, sino más bien es Ser Mismo, es decir, es al mismo tiempo puro ser y existir en Sí Mismo y es también la fuente de todo ser creado, es Quien le da ser y existir a todo lo que Él Mismo ha creado. Dios trasciende a toda la creación porque Su Ser es infinitamente superior a ella. Al mismo tiempo, Dios está íntimamente presente (es inmanente) a Su creación dándole vida y existencia. El pensamiento de San Agustín influyó mucho en otros pensadores católicos, como San Anselmo, Ricardo de San Víctor, Alejandro de Hales, San Buenaventura y el propio Santo Tomás de Aquino.

 

Este último profundizó el pensamiento de San Agustín y enseñó que todos los seres que existen, aparte de Dios mismo, son “contingentes”. Esto quiere decir que su existencia depende de Dios, Cuya existencia es necesaria, porque en Él el ser y el existir coinciden. Mientras que la existencia de cada uno de los seres creados no es necesaria, porque el ser de cada uno de ellos es contingente, es decir, pudieron no haber existido.

 

6. En la próxima catequesis nos ocuparemos del segundo relato de la creación del ser humano, que se encuentra en Génesis 2.

 

Continuará.

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(Impartida el 19 de septiembre de 1979.)

 

1. El segundo relato de la creación del hombre (Génesis 2:4b-25) enfatiza la dimensión subjetiva y psicológica de la persona humana. Es la descripción más antigua que se haya registrado de la compresión del ser humano de sí mismo, tan apreciada por la antropología moderna. [La palabra “antropología” viene del griego y es compuesta: “antropos” = “ser humano” + “logos” = “estudio de”. Por lo tanto, “antropología” significa el estudio del ser humano o del hombre. En este caso se trata de una antropología según la Biblia y la doctrina de la Iglesia.]

 

El lenguaje antiquísimo que utiliza este relato es el mito. Pero aquí “mito” no significa algo falso, sino la descripción en lenguaje simbólico de una realidad que va más allá de una comprensión científica de la naturaleza. Este tipo de relato expresa verdades de las que la ciencia natural no puede ocuparse. No se trata de cómo las cosas están hechas sino del origen y por qué del bien y del mal, sobre todo respecto del hombre y la mujer.

 

Es importante observar aquí que si complementamos este relato con el de Génesis 1, llegamos a la convicción de que hay una correspondencia entre la subjetividad de la persona humana (Génesis 1) y su objetividad o existencia real (Génesis 2), como ser creado a imagen de Dios.

 

2. El primer relato presenta la creación del hombre y la mujer al mismo tiempo (véase Génesis 1:27). Pero este segundo relato presenta primero la creación del hombre (véase Génesis 2:5-7) y luego la de la mujer (véase Génesis 2:18-23).

 

Al presentar la creación del hombre, este segundo relato lo llama “Adán” [que en hebreo significa “humanidad”] – véase Génesis 2:7. Sin embargo, desde el momento de la creación de la mujer, comienza a llamarlo “is”, que en hebreo significa “varón” (en Génesis 2:23). Este término está muy relacionado con la palabra hebrea “issah” que significa “mujer”, porque Génesis 2:23 dice: “Será llamada ‘mujer’, porque fue sacada del hombre ‘is’”. Las palabras “is” e “issah” eran populares en aquel tiempo y enfatizaban la unidad del origen del hombre y la mujer por la correspondencia de sonido que hay entre estas dos palabras.

 

En este contexto es significativo que Cristo, en su discusión con los fariseos en Mateo 19:3-6 (y Marcos 12:2-12), haya citado brevemente a Génesis 1:27 (el hombre y la mujer creados a imagen de Dios) y acto seguido a Génesis 2:24 (“serán una sola carne”). Al hacerlo, el Señor une el “principio” de la creación del ser humano (hombre y mujer creados al mismo tiempo) con el “principio” de la unidad e indisolubilidad del matrimonio entre el hombre y la mujer – dos seres individualmente distintos pero de una misma naturaleza y complementarios entre sí.

 

3. Inmediatamente después, en Génesis 3, la Biblia nos narra la primera caída del hombre y la mujer. Esta caída está relacionada con un árbol misterioso que ya Génesis 2:17 había llamado “el árbol del conocimiento del bien y del mal”. Este árbol y su fruto prohibido simbolizan la línea que divide la inocencia original del pecado original. Cuando el hombre y la mujer comen de ese fruto surge una situación completamente nueva y distinta de la anterior. En la primera situación, el hombre y la mujer se encuentran casi fuera del conocimiento del bien y del mal, y disfrutan de un estado de inocencia original. En la segunda situación, el hombre y la mujer se hayan dentro de ese conocimiento, y sufren de un estado pecaminoso. Ese estado pecaminoso surge porque han cometido el pecado original, al haber quebrantado el mandamiento de Dios simbolizado por la prohibición del fruto del árbol ya mencionado. Ese pecado es instigado por el diablo, simbolizado por la serpiente.

 

En este contexto debemos aclarar que el lenguaje simbólico utilizado aquí sí es capaz de ser expresado de nuevo por medio de conceptos que podamos entender. No tiene por qué haber una barrera inseparable entre la traducción, por decirlo de alguna manera, del lenguaje religioso-simbólico, que se utiliza en algunas partes de la Biblia, al lenguaje doctrinal o filosófico y teológico de los conceptos.

 

En este sentido, la doctrina católica ha expresado correctamente estas dos situaciones, que el texto bíblico expresa por medio de símbolos, en los conceptos de “estado de naturaleza íntegra” y “estado de naturaleza caída”. Todo esto tiene una gran importancia para la teología del cuerpo.

 

4. Cuando Cristo, en su discusión con los fariseos, se refiere al “principio”, los lleva a ellos y a nosotros a traspasar el umbral que separa el estado pecaminoso actual del ser humano del estado de su inocencia original. Esto significa que ese estado original sigue siendo vigente a pesar de que el ser humano lo haya perdido irrevocablemente en este mundo. Ello a su vez implica que Cristo nos está exigiendo o mandando (dimensión ética y moral) que nos esforcemos con Su gracia en vivir según el estándar de ese estado de inocencia original. Evidentemente, en nuestras reflexiones, tendremos que intentar reconstruir, a partir de la Palabra de Dios, las características esenciales del ser humano (dimensión antropológica) en dicho estado original.

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(Impartida el 26 de septiembre de 1979)

 

1. Cada una de las dos situaciones que ya hemos mencionado tiene una dimensión en el interior o subjetividad de la persona humana: en su conocimiento, en su conciencia, en su opción y en su decisión. Al mismo tiempo, esa subjetividad está en relación con Dios. En Génesis capítulos 2 y 3, Yahvé es el Dios de la Alianza más antigua del Creador con su criatura, el ser humano. La prohibición divina de comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal expresa y simboliza esa Alianza.

 

Ahora bien, aunque las dos situaciones se contraponen entre sí, el mandato de Cristo de traspasar la línea que divide a las dosnos permite encontrar en el ser humano una continuidad esencial y un vínculo entre las dos. Al ser humano del estado pecaminoso le llamaremos aquí el “hombre histórico” y al del estado inocente, el “hombre de la pre-historia”.

 

2. Cristo también nos enseña que es imposible conocer al hombre histórico sin referencia al hombre de la pre-historia. El estado pecaminoso del hombre histórico está en relación con el estado de inocencia, pues éste es original y fundamental, ya que el ser humano fue creado originalmente a imagen de Dios. A lo largo de toda su historia, el hombre histórico (en su alma y en su cuerpo) está arraigado y referido a su prehistoria, la cual Dios nos ha revelado. Si bien el presente estado del hombre significa una gracia perdida, también es verdad que ello significa una referencia a esa gracia.

 

3. Cuando Cristo se remite al principio, no sólo se refiere a la inocencia original perdida, sino también al misterio de laredención. De hecho, ya en Génesis 3:15, casi inmediatamente después del pecado original, Dios nos promete esa redención. Dirigiéndose a la serpiente que representa a Satanás, le dice: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu semilla (descendencia) y la semilla (descendencia) de ella; él te aplastará la cabeza y tú le herirás el talón”.

 

La interpretación (exégesis) cristiana de la Biblia, desde tiempos muy antiguos (cerca de 200 DC, con San Ireneo), ha llamado a ese pasaje el “Primer Evangelio” o “Protoevangelio”. Esa interpretación expresa la convicción de los autores del Nuevo Testamento de que ese pasaje anuncia por anticipado la victoria de Jesucristo sobre Satanás en sentido mesiánico: Jesús es el Mesías descendiente de David, en quien se cumplen a plenitud las promesas del Antiguo Testamento referentes a aquel que Dios ha ungido (= “mesías”, en hebreo; = “Cristo”, en griego). Véanse: 2 Samuel 7:12; Romanos 1:2; 2 Timoteo 2:8; Gálatas 4:4, 1 Corintios 15:25 y Apocalipsis 12:1-10.

 

De hecho, esa interpretación mesiánica de Génesis 3:15, ya existía en la tradición judía. Aproximadamente 200 años antes de Cristo, surgió una traducción del Antiguo Testamento del hebreo original al griego, para beneficiar a los judíos de la diáspora. A esa traducción se le llama la Traducción de los Setenta. También se le llama la Septuaginta o simplemente LXX. Esa traducción interpreta Génesis 3:15 en sentido mesiánico, aplicando el pronombre masculino griego autos al sustantivo griego neutro sperma (= semilla o descendencia). Es decir, la “semilla” o la “descendencia” es un varón descendiente del Rey David que aplastará la cabeza de Satanás – no sin sufrir él también los ataques del Diablo - y librará al Pueblo de Dios. La tradición judía mantiene esa interpretación.

 

[La Iglesia Católica enseña esta correcta interpretación de Génesis 3:15 en el Catecismo, nos. 410 y 411. En esos párrafos, la Iglesia también nos enseña que la mujer mencionada se refiere a María, la “nueva Eva”, así como Cristo es el “nuevo Adán”.]

De manera que si bien el hombre histórico vive bajo la influencia del pecado original, también vive en la perspectiva de la redención y, especialmente, de la redención del cuerpo. Aunque el estado de inocencia original se ha perdido irrevocablemente en este mundo, la perspectiva de la redención del cuerpo garantiza la continuidad y la unidad entre el estado actual de pecado y el estado original de inocencia. De hecho, la Alianza original del Creador se apoya en esa perspectiva de redención. Por eso, en su discusión con los fariseos, Cristo tiene el máximo derecho de referirse al principio, al estado original de inocencia y de gracia, como la norma a seguir. Él es ese Redentor prometido en Génesis 3:15.

 

4. Hay otro punto importante que tendremos que desarrollar en nuestras próximas reflexiones. Se trata de la relación entre la revelación de Dios y la experiencia del hombre histórico. Es verdad que la experiencia humana después del pecado original debe detenerse ante el umbral de la inocencia original, ya que dicha experiencia está afectada por ese pecado y por tanto es inadecuada. Pero también es verdad que, debido a la continuidad entre el estado original y el posterior, y debido a la insistencia de Cristo de retornar al principio como referente a seguir, esa experiencia histórica tiene algo de legítima e incluso es indispensable, para la correcta interpretación teológica [en relación con Dios o según la Palabra de Dios] de dicho “principio”.

 

5. Nuestros próximos análisis del Génesis a la luz de Mateo 19 y lo que acabamos de afirmar acerca de la revelación y la experiencia reflejarán lo que dice San Pablo en Romanos 8:23: “Nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos, suspirando por... la redención de nuestro cuerpo”. Aquí vemos cómo el hombre histórico, debido al pecado original, experimenta todo tipo de sufrimientos y pasiones (muchas veces desordenadas). Sin embargo, al mismo tiempo, si ese hombre histórico ha sido tocado por el Espíritu, surge en él un ansia de redención, incluyendo la de su cuerpo. Si hacemos nuestra esta actitud tan elocuentemente expresada por San Pablo, podremos captar toda la luz que proviene del principio y que Dios quiere darnos en Cristo. Los próximos análisis nos ayudarán a entender cómo y por qué esa interpretación teológica del principio debe ser teología del cuerpo.

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Viernes, 09 de Junio de 2017 19:51

Asamblea General de la OEA


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Jueves, 01 de Junio de 2017 23:18

La conciencia y los trabajadores de la salud

Joseph Meaney, PhD
Director de Alcance Internacional y Expansión
Human Life International


En el artículo anterior presenté una introducción general sobre la conciencia moral y su formación. En este artículo quiero abordar el importante tema de la conciencia y los trabajadores de la salud.

Estoy de acuerdo con el Profesor Edmund Pellegrino, quien dijo que la medicina es una empresa moral y que es particularmente importante respetar y fomentar la integridad moral de los profesionales de la salud. Los médicos, las enfermeras, los farmaceutas y muchas otras personas están íntimamente involucrados en algunos de los momentos más dramáticos de la vida humana, lo cual implica que sus derechos de conciencia asumen una importancia particular. También es cierto que la sociedad les presta especial atención a la medicina, el derecho y, sobre todo, la religión, para corroborar lo que es ético y moral.

Todos sin excepción tienen el deber de formar bien su conciencia y de seguir los claros juicios de ella. Sin embargo, los trabajadores de la salud están en una profesión que es especialmente significativa debido a los muchos y graves dilemas morales que habitualmente se presentan. Con frecuencia hay que tomar decisiones de vida o muerte y a menudo se les pide a los médicos que ayuden a tomar estas decisiones y a llevarlas a cabo.

En este artículo nos vamos a enfocar en el tema de conciencia más importante para el personal de la salud: la objeción de conciencia. La objeción de conciencia se define como la negativa a cooperar con o a participar en una acción que viola la propia conciencia. Esta negativa de la conciencia a menudo es protegida por la ley a través de una legislación que contiene cláusulas de conciencia o el reconocimiento de un status especial de objetor de conciencia para el trabajador de la salud.

Debemos observar que los problemas que con más frecuencia se invocan cuando hay conflictos de conciencia en contextos de la atención a la salud son el aborto y la eutanasia, así como la anticoncepción y la esterilización. La mayoría de las leyes que permiten el aborto y la eutanasia han tomado en cuenta que muchos profesionales de la salud se negarían a participar en estas actividades destructivas y por ello reconocen el derecho a la objeción de conciencia en esos casos. El derecho a la objeción de conciencia es un derecho reconocido internacionalmente y garantizado en muchos tratados internacionales, comenzando con la Alianza Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

Sin embargo, actualmente hay una perturbadora tendencia en muchos naciones industrializadas, en las cuales el derecho a la objeción de conciencia, especialmente en relación con el aborto y la prescripción o el llenar una receta para la obtención de fármacos abortivos, es cuestionado o impugnado. Particularmente en los países escandinavos existe muy poca tolerancia hacia la libertad de pensamiento cuando las personas se niegan a cooperar con la “cultura” de la muerte. En algunos países, las personas que objetan en conciencia a la cooperación con el aborto o la esterilización son perseguidos y aún purgados de la profesión de la salud, comenzando tan pronto como la capacitación médica. Los defensores y promotores del aborto se dan cuenta de que el mero hecho de que haya médicos y enfermeras cuyas conciencias gozan de protección legal perjudica su postura antivida. Los profesionales de la salud no exigen el derecho a la objeción de conciencia cuando se trata de casi cualquier otra cirugía y ello estigmatiza el aborto como algo aparte de la verdadera atención de la salud.

El primer caso de objeción de conciencia en un contexto de atención a la salud del cual se tenga registro escrito ocurrió en el Antiguo Testamento:

“El faraón de Egipto dijo a las comadronas hebreas, una de quienes se llamaba Shiphrah y la otra Puah, ‘Cuando realicen su labor de parteras con las mujeres hebreas, observen el lugar del nacimiento: si es un varón, mátenlo; pero si es una niña, déjenla vivir’. Las comadronas, sin embargo, temían a Dios y no hicieron lo que el faraón de Egipto les mandó, y dejaron vivir a los varones hebreos. De manera que el faraón de Egipto mandó llamar a las parteras y les preguntó: ‘¿Por qué han hecho esto y han permitido que los varones vivan?‘ Las comadronas respondieron: ‘Las mujeres hebreas no son como las mujeres egipcias. Las mujeres hebreas son robustas y dan a luz antes de que llegue la partera’. Por ello, Dios bendijo a las comadronas y el pueblo se multiplicó y llegó a ser muy numeroso. Y como las parteras temían a Dios, Dios les dio familia” (Éxodo 1:15-21).

Está claro que Dios condena el infanticidio y el aborto. Tristemente, hoy en día en varios países se pretende que las comadronas sean obligadas a cometer abortos.

La necesidad de guiar la conciencia de los profesionales de la salud por medio de la ética médica tiene un antiguo antecedente. El Juramento Hipocrático, cuya fecha se remonta al siglo V antes de Cristo, prohíbe a los médicos cometer abortos o actos eutanásicos [1]. La mayoría de los países tienen organismos profesionales con sus propios códigos de ética médica. Si médicos, enfermeras o farmaceutas violan estas normas, pueden ser expulsados de la profesión, aún si su inmoral acción no violó la ley civil. Los tribunales de Nuremberg que juzgaron a médicos después de la II Guerra Mundial, condenaron a los que no cumplieron con su deber de negarse a obedecer leyes que constituían graves violaciones de los derechos humanos, aun cuando técnicamente lo que hicieron era “legal” según las leyes del Tercer Reich.

Es bueno recordar la gravedad del aborto según la doctrina de la Iglesia Católica:

“La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. ‘Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae” (CIC can. 1398), es decir, ‘de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito” (CIC can. 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC can. 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2272).

Los profesionales de la salud tienen el grave deber de seguir su conciencia y negarse rotundamente a cooperar con este abominable crimen. Si llegan a cooperar con el aborto o a cometerlo, se trata de una terrible perversión del propósito mismo de la medicina, que es la curación o el cuidado de la vida humana, tan hermosamente expresado en el principio hipocrático y de la ética médica de “Primero, no hacer daño”. 

El reconocimiento del derecho a la objeción de conciencia de los trabajadores de la salud es esencial para el bien de la medicina. Hay tantos procedimientos inmorales que han sido legalizados, como el aborto, la eutanasia, la fecundación in vitro, la esterilización y la prescripción de la “píldora del día siguiente”. En muchos países, ello ocurre sin la protección del derecho a la objeción de conciencia para las profesiones de la salud, las cuales pronto se podrían quedar sin profesionales de la salud con ética y moral.

Este creciente riesgo está ocurriendo al mismo tiempo que los derechos de autonomía de los pacientes están dominando cada vez más la práctica de la atención médica. El profesional de la salud corre un riesgo aun mayor cuando se le pretende obligar a cumplir con los deseos de los pacientes, de los organismos profesionales o de las instituciones para las cuales trabajan, aún si dichos deseos o exigencias violan su conciencia. En este contexto, es importante añadir que la protección del derecho institucional de conciencia es la única manera eficaz de impedir que los hospitales católicos sean obligados a cerrar sus puertas y suspender su gran labor en vez de cometer abortos, esterilizaciones u otros procedimientos inmorales. 

La objeción de conciencia no es un derecho ilimitado que puede ser invocado indiscriminadamente. A los trabajadores de la salud se les debe pedir que presenten las razones por las cuales se justifica su negativa a involucrarse en ciertas actividades. Los promotores del aborto y otras actividades gravemente inmorales presentan el caso irrealista e hipotético de innumerables médicos que se niegan “en conciencia” a practicar ciertos procedimientos, con el objeto de negar el derecho a la objeción de conciencia. Pero esa aparente “pesadilla” se resuelve simple y sencillamente pidiendo a los profesionales de la salud que expliquen cómo su “desobediencia” se funda en valores objetivos e importantes de la ética médica. El principio fundamental de la ética médica es, por supuesto, el nunca matar directamente a un paciente ni dañar directamente a nadie por medio de un tratamiento. Otros principios, como la prohibición de la mutilación innecesaria, explican por qué la esterilización quirúrgica o las crecientes exigencias de cirugías para “cambiar de sexo” carecen de ética.

También es importante resaltar que no es éticamente aceptable asumir una postura de “compromiso”. Esta postura se utiliza para exigir a los objetores de conciencia que remitan sus pacientes a otros profesionales de la salud para que practiquen procedimientos que dichos objetores se niegan a realizar por motivos éticos bien fundados [2]. La cooperación con el mal que es material y próxima nunca se debe realizar en conciencia. La manera más fácil de ilustrar el carácter absurdo de exigir tal cosa es por medio de un ejemplo. ¿Qué pensaríamos de una persona que dice que se opone a cometer un asesinato, pero que está dispuesta a remitir a un asesino a sueldo la comisión de este delito? 

Los farmaceutas, en particular, han enfrentado la terrible disyuntiva de llenar recetas para la obtención de mortíferos fármacos, como la píldora del día siguiente o sustancias para el suicidio asistido, o perder sus empleos y la capacidad de continuar trabajando en su profesión. Patrick McCrystal, de HLI-Irlanda, tuvo que abandonar la práctica de la farmacia porque no pudo encontrar un empleo en su profesión que no le exigiera llenar recetas para la obtención de anticonceptivos. Otros farmaceutas han logrado ganar batallas legales para que se les respetaran sus conciencias.

Es intolerable que un derecho humano tan fundamental como el respeto a la objeción de conciencia sea echado a un lado a veces por peritos, magistrados y legisladores simplemente para cumplir con los “derechos” (caprichos) o conveniencias de los pacientes. 

Nos enfrentamos a una difícil decisión: o protegemos el derecho a la objeción de conciencia de los profesionales de la salud o aceptamos que la atención a la salud esté poblada casi exclusivamente por personas que simplemente “seguirán órdenes”, sin importarles ni la ética ni la moral. Bajo regímenes totalitarios, como el de los nazis o el de los comunistas, a los trabajadores de la salud se les ha obligado a realizar crímenes abominables, como el aborto y los criminales “experimentos médicos”. El empobrecimiento de las profesiones de la salud sin protección al derecho a la objeción de conciencia sería catastrófico. La mayoría de los profesionales de la salud o carecerían de una brújula moral o estarían dispuestos a violar sus convicciones más fundamentales para mantenerse en sus empleos. Las personas que poseen los estándares morales más elevados serían eliminadas de la práctica de la medicina o de cualquier otra profesión de la salud.

Para profundizar en este tema, recomendamos: el Catecismo de la Iglesia Católica, especialmente los nos. 2270-2296 y United States Conference of Catholic Bishops (USCCB) Secretariat for Pro-Life Activities, “Life Matters: Conscience Protection in Health Care”.



Notas:

[1]. Consultado el 10 de mayo de 2017: https://www.nlm.nih.gov/hmd/greek/greek_oath.html;

https://owlspaceccm.rice.edu/access/content/user/ecy1/Nazi%20Human%20Experimentation/Pages/Hippocratic%20Oath.html.

[2]. Consultado el 10 de mayo de 2017: http://www.usccb.org/about/pro-life-activities/respect-life-program/2012/upload/life-matters-conscience-protection-in-health-care-bulletin-insert.pdf.

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El Presidente de Human Life International (HLI), el Padre Shenan J. Boquet emitió la siguiente declaración acerca de dos noticias recientes de gran importancia: la aprobación en la Cámara de Representantes del Congreso de EEUU de un proyecto de ley que retira la mayor parte del financiamiento del gobierno a Planned Parenthood durante un año y la firma de una orden ejecutiva del Presidente Trump que es considerada una sólida defensa de la libertad religiosa. Planned Parenthood es la organización más abortista de EEUU y asociación miembro del monstruo mundial del aborto: la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF, por sus siglas en inglés).

Damos la bienvenida al proyecto de ley de la Cámara de Representantes, el cual muchos creen que retirará la mayor parte del financiamiento a falsas y destructivas “clínicas de mujeres”, como las de Planned Parenthood, que se dedican a cometer abortos. Agradecemos a los miembros del Congreso que lucharon para que se retirara el aborto del plan de salud que ha sido revisado, y que se aseguraron de que el dinero de nuestros impuestos financie a clínicas que de verdad son de salud y que no matan a seres humanos inocentes. Este es un importante paso hacia el completo desfinanciamiento de Planned Parenthood dentro de EEUU y oramos para que el Senado también apoye los arreglos provida que se están realizando a la política de la atención a la salud. Continuaremos apoyando todos los esfuerzos que se realicen para retirar de manera permanente todo tipo de financiamiento a las organizaciones que cometen abortos.

No pasamos por alto la política en torno a las acciones casi simultáneas por parte del gobierno. Sin embargo, ambas acciones tienen una gran importancia para la vida, la familia y la libertad religiosa en EEUU. La segunda acción del gobierno de Trump fue su firma a su “Orden Ejecutiva Presidencial que Promueve la Libertad de Expresión y la Libertad Religiosa”. Hemos leído el texto de esta orden y hemos observado que la firma de la misma tuvo lugar en el momento en que la atención de todos se volcaba sobre los debates en el Congreso en torno al proyecto de ley a favor de la nueva ley de salud. Debemos comentar que no está claro si esta es la orden ejecutiva que esperaban los cristianos que enfrentan persecución legal en estos momentos en nuestro país. Damos la bienvenida a la parte de esta orden ejecutiva que protege la libertad de expresión política a las instituciones religiosas. Sin embargo, la amenaza más grande que enfrentamos hoy ha surgido por parte de un poder judicial y de varios organismos gubernamentales que han decidido re-escribir la Primera Enmienda a nuestra Constitución con el objeto de excluir el derecho fundamental a la libertad de expresión religiosa y a las convicciones de conciencia. En este sentido esta orden ejecutiva parece ser ambigua. De manera que estaremos observando muy de cerca la dirección que la misma esté impartiendo a la rama ejecutiva de nuestro gobierno.

La postura de HLI sobre estos temas no ha cambiado. El gobierno debe oponerse, y no apoyar, a cualquier acción que cause daño a la vida humana inocente, y no debe de ninguna manera obligar a los que se niegan a participar en acciones inmorales por medio del financiamiento de dichas acciones con nuestros impuestos. Las instituciones religiosas tienen un derecho inalienable – reconocido, no creado por la Carta de los Derechos Constitucionales – al libre ejercicio de la religión. Es mismo derecho protege las conciencias de todas las personas que administran empresas y merecen no ser obligados a participar en eventos o acciones as las cuales se oponen en base a sus convicciones morales y religiosas. En la medida que estas acciones protegen la vida humana inocente y la libertad religiosa, deben ser bienvenidas, aunque también se deben buscar los medios para hacerlas permanentes.

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