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Monday, 11 April 2011 14:29

Las raíces de la violencia doméstica, la codependencia y las adicciones

Un hueco en el alma: El abuso emocional

Hay tres grandes enfermedades, con raíces y manifestaciones psicológicas, que hoy día están destruyendo al individuo, a la familia y por tanto a la sociedad. Estas tres son: El alcoholismo o la adicción a otras drogas, la ira con su manifestación "la violencia doméstica" y la codependencia.


 

Para entender esto me gusta poner un ejemplo: imaginemos un árbol con raíces profundas, un ancho tronco, y tres grandes ramas que nacen del mismo. En esas raíces, en lo más profundo, está el vacío afectivo; en un segundo piso, pero todavía oculto, está la baja autoestima y ya casi a flor de tierra, está la vergüenza o pena de sí mismo. Las tres son aspectos de un mismo veneno que crean y dejan un hueco negro en el alma. Claro está que de tales raíces no puede salir nada bueno. Debido a la savia que sale de esas raíces y que subirá por ese tronco, nacerán tres grandes ramas, tres graves enfermedades, que anuncié arriba: el alcoholismo o adicción a las otras drogas, la ira expresada en forma de violencia doméstica y la codependencia.

Estas tres enfermedades van a dar frutos o síntomas de gran dolor a nivel personal, familiar y social; y como los cimientos sostienen o provocan el derrumbe de una casa, empecemos por la raíz.

El vacío afectivo

El ser humano al nacer y aún antes de nacer, viene con dos clases de hambre o dos grandes necesidades: la necesidad de alimento y la necesidad de amor. Y lo mismo si no se le da de comer a un niño que si no se le da cariño, ese tierno ser humano muere, literalmente muere o lleva semimuerto su corazón hasta la tumba. Por eso al recién nacido, no basta sólo darle la leche o decirle: ¡Eres lo más grande de mi vida!, con esa voz tierna que sólo las madres tienen. Hace falta arrullarle, abrazarle y acariciarle.

El contacto físico es importante para el recién nacido pero también es de suma importancia para el niño, para el adolescente, para el adulto y para el anciano.

Me gustó muchísimo una comparación que leí en un libro, en inglés, cuyo título traducido es: "El amor es una elección". El ejemplo o la imagen que pone este libro es, que el ser humano al nacer trae en lo profundo de su ser un tanque de amor en forma de corazón; y lo mismo que un auto, añado yo, necesita constantemente que se le llene de gasolina para poder moverse. Así que necesita de otros dos tanques de amor: el de su padre y el de su madre vayan llenando su tanquecito; pequeño al principio, pero que va creciendo en tamaño.

¿Se imagina usted que pasará si el tanque de amor de la madre o del padre o, aún peor, los dos están vacíos? ¿Que pasará cuando uno de ellos no existe porque se fue, porque se separaron, se divorciaron, o por la muerte? ¿Que pasa cuando un padre está físicamente presente pero el trabajo abarca todo su tiempo, o es un alcohólico o un perfeccionista? Imagínese la tragedia cuando la mamá es la alcohólica o es una neurótica de la limpieza.

Debemos tener muy en claro que se hace daño a una persona adulta y mucho más a un niño, no sólo perjudicándole en forma directa sino no dándole aquello que es básico para su vida, como lo es el afecto. En todas estas situaciones hay una casi total ausencia de afecto, que es lo mismo que sembrar la soledad, en palabras de Carlos Guantemoc Sánchez.

El niño cuando nace o durante el primer año de vida no sabe ni puede hablar, pero cada niño y cada niña trae un radar perfectísimo para leer el rostro de los padres y sentir la frustración, el desamor, el resentimiento y el dolor que hay entre ambos padres. Y todos estos sentimientos negativos van a impedir que llegue la gasolina al motor; van a impedir que llegue el amor de un tanque a otro, y de ambos al fruto de ese amor que es su hijo. Y es que nadie puede dar lo que no tiene, eso está bien claro.

Si no tienes fondos en el banco, no puedes hacer un cheque que tenga valor; si no hay amor entre los padres es imposible que llenen el tanque corazón de su hijo. Y lo que es peor, empiezan un tráfico en sentido contrario en una carretera de una sola vía. ¿Se imagina usted que en una sola vía vengan auto en sentido contrario? Me refiero, a que en lugar de los padres dar, algunos padres, esperan que los hijos les den. No ha visto el caso de esas esposas solas o que viven la soledad de dos en compañía, como quieren recibir de su hijo o hija el afecto que no reciben de quien deben recibirlo?

He visto muchas madres que convierten a su hijo en su esposo emocional, y esperan que él solucione sus demandas emocionales. Lo he visto mas de una vez. En este caso o en casos semejantes, los padres en lugar de ser la fuente y dar agua de amor, la toman y con ello la agotan, de esa fuentecilla que empieza a brotar como es un niño o una niña que empieza a vivir y que está para que le den durante toda su niñez y aún después. En estos casos los padres son ladrones de amor, no tengo otra palabra para expresar este sentimiento.

La solución para estos padres es que busquen primero conectarse con el tanque que no se agota, con Dios que es la fuente última del amor, porque Él es amor y lo reparte gratuitamente sin pedir nada a cambio. Pero ese amor que Dios les da lo tienen que cultivar entre los dos. Por eso, ¿qué ocurrirá con ese niño que crece con ese tanque vacío o semivacío de amor, que se hace adolescente y llega con los años a ser adulto?, ¿Que podrá dar? Por tanto, no podrá expresar afecto a su esposa o a su esposo; y sus hijos caminarán por el mundo como el auto con el tanque casi vacío de gasolina. Ellos caminarán renqueando, arrastrándose a sí mismos y muriendo lentamente. Por eso para expresar este vacío afectivo total, ese hueco del alma de un ser humano, nada mejor que las palabras de una autora americana que se llama Alice Miller en su libro titulado, y traduzco el título, "Para tu propio bien": "los niños maltratados están solos con sus sufrimientos, no sólo dentro de su familia sino dentro de sí mismos. No pueden compartir su dolor con nadie, no pueden crear un lugar en su propia alma donde poder clamar a su corazón". Y después de esto, que ha sido como una pequeña introducción, quiero empezar, ya más en particular, a hablar sobre el abuso emocional que yo he subtitulado:

El niño y la niña golpeados

Siempre es triste y doloroso arrastrar la vida cuando no se recibió amor, sobre todo de los padres durante la niñez. Todo el que ha estudiado siquiera un poco al ser humano, le va a decir que los cinco primeros años de la vida dejan una marca imborrable para toda la vida, para bien o para mal. Por eso, el privar a un niño de amor es como privar de fertilizante a un árbol que empieza a crecer, pero el golpearlo es como echarle veneno, lo va a terminar de matar psicológicamente y emocionalmente, o mejor va a crecer herido de muerte. Pero usted sabe que hay golpes y golpes, algunos golpes sacan sangre o dejan morados, incluso un mal golpe puede producir la muerte...y la gente, eso si..., cuando lee en los periódicos, se horroriza si ve algo hinchado. El ojo hinchado por ejemplo de un niño, porque le dieron un golpe, o le dejaron morada la espalda después de una tunda de correazos, o le rompieron un bracito o sus piernecitas, esto es criminal. Esos golpes se ven; pero hay otros mas sutiles que no se ven, pero que se graban a fuego lento no sólo en la cinta de la mente sino en lo intrínseco de la identidad de ese niño o de esa niña. Se graban en su "yo", y los frutos de estos golpes emocionales se van a ver después, y desde luego, estos golpes impedirán que el tanque de amor se vaya realimentando.

Me gustaría hablar un poco más detalladamente de esos golpes, que solamente los ven o los oyen quienes los dan, aunque no piensen en las consecuencias futuras y terribles que van a traer en sus hijos.

Quiero dejar bien claro desde el principio, que ningún padre y ni ninguna madre son perfectos (iba a decir gracias a Dios), pues sin serlo muchas veces nos creemos no la última sino la primera carta de la baraja. Por eso como dicen en mi tierra, a cualquier escopeta se le puede escapar un tiro. Es decir, a un padre o a una madre se le puede escapar un grito o un ¡déjame en paz que me sacas de quicio! Yo lo oí eso en la niñez, en un momento de tensión, de cansancio o de frustración de los padres. Decimos que una golondrina no hace verano, tal vez un grito no deja cicatriz; pero repetidos gritos, insultos repetidos, desprecios repetidos, van dejando una herida que deja una huella imborrable y muy difícil de cicatrizar.

Está claro, que cuando se repiten los golpes físicos, pero sobre todo los psicológicos o emocionales, se va agotando el amor. Nosotros los adultos sabemos como duele el silencio, tal vez más que las palabras ofensivas. Quizás usted ha experimentado el silencio durante tres días, o semanas, o meses de una esposa herida por su esposo en su sentido de mujer. Ese silencio es el peor de los castigos, ahora imagínese a un niño que no ha hecho nada y no se le habla, y no se le abraza y acaricia.

Actualmente hay un tipo de silencio en forma de ausencia, porque los padres tienen que trabajar, no por trabajar en sí, sino por trabajar demasiado. Es un silencio más hondo, cuando el trabajo o la computadora se convierte en adicción. Conozco a una madre que ve a su hijo dormido en la mañana, lo deja dormido en casa de su madre, y lo recoge ya dormido a las nueve o diez de la noche. ¿Que tiempo le dedica a su niño, que no tiene más que algunos meses de nacido? Si eso no es silencio abusivo con su hijo, que me registren, como dicen en mi tierra.

Muchas veces, unas queriendo y otras sin querer, se prefiere el dinero al hijo; el echar para adelante un negocio, impide que se vaya depositando afecto en el corazón tierno de su retoño. Y que me dicen del padre, que cuando llega del trabajo se acomoda en el sillón a ver las noticias de la televisión. Y su hijo, todavía a veces gateando o un poco mayor, quiere jugar con él porque no lo ha visto durante todo el día; y la respuesta de algunos padres, (afortunadamente no todos) es: ¿Tú no ves que estoy oyendo las noticias? Eso es un golpe en la mente y el corazón de su hijo; pero lo mismo ocurre con las madres que trabajan, pero que quieren mantenerse en forma yendo al gimnasio y a la peluquería, y llegan corriendo a preparar la cena. Recuerdo a una niña de diez años, que en esas circunstancias descritas, quería ayudar a su mamá. Me contaba esa niña que su madre le decía: ¡Vete a jugar!; sola yo hago mejor las cosas porque tú eres un desastre, y después yo tengo que hacerlo todo de nuevo! Amigo, esto repetido y repetido es un golpe que deja huella.

Aclaro, no es que esté malo oír las noticias, no es que esté mal el ir a la peluquería o al gimnasio; lo que está mal es cuando lo haces hiriendo a tus hijos, y mucho peor todavía, cuando envías mensajes negativos, verbales o no. Y que tus hijos van absorbiendo como esponjas. Esas miradas a veces de rabia, o esas frases que hieren como puñales que suelen decir algunas madres, tales como: ¡Me vuelves loca!; ¡Sal de aquí!; o ¡Eres una calamidad! O peor todavía, lo que oí decir a una madre alcohólica, llena de ira a su hijo de cinco añitos: ¡Me arrepiento de haberte traído al mundo! Estas frases son flechas que se clavan en el centro del corazón. Y que decir del silencio permanente, cuando el padre se va y se pierde del mapa, o del silencio de largos intervalos cuando los padres se divorcian y uno de ellos sólo ve a los niños cada dos semanas o tal vez, una o dos veces al año cuando llegan las vacaciones.

¿Han pensado en el daño que hacen a sus hijos, posiblemente muchas veces sin darse cuenta, cuando en lugar de relacionarse con sus hijos pequeños están limpia que limpia, en forma obsesiva y perfeccionista la casa? Son golpes lentos de martillo que van formando defectuosamente la escultura de su hijo o hija, es tiempo que va robando a tu hijo y a tu marido.

Silencio y ausencia, cuando tu reprochas a tu hijo los pequeños errores pero cierras tu corazón y tu boca cuando hace algo bien. Por, ejemplo, cuando tu niño empezó el kinder e hizo un dibujo, que pudo ser cuatro rayas cruzadas, pero que para él era una obra de arte, en lugar de abrazarlo o alabarlo, guardaste silencio. Con ello haces que tu hijo o tu hija aprendan a ver sólo los errores, pero no lo bueno que hay en sus personas.

Todos estos golpes emocionales y psicológicos, hacen tanto daño en la niñez porque el niño o la niña no sabe defenderse; su mente apenas empieza a desarrollar lentamente ciertos mecanismos de defensa para poder filtrar y analizar lo que ve y oye. Su mente es como una esponja: recibe todo. ¿Se imagina lo que pasa con un aire acondicionado al que le falta el filtro? Recibe el aire del medio ambiente tal como viene, con todas las impurezas que van entrando sin selección. Así es la mente de un niño, recibe lo que le envían sus padres, no tiene capacidad para decir esto es verdad o no es verdad, lo que dicen es justo o injusto. Por eso los mensajes-golpes son como olas gigantescas que llegan sin control a lo más profundo de ese ser indefenso. Pero que distinta es la niñez y el futuro de sus hijos cuando ellos palpan el amor entre su padre y su madre, cuando ellos desde pequeños ven que su madre recibe con un beso, un abrazo al padre que llega del trabajo, o cuando el padre viene con un ramo de flores para su esposa o le da un beso a su esposa. Son detalles que se van grabando en el alma de los niños, que van modelando su personalidad, que van llenando de amor ese tanque-corazón. Créame, esa será la mejor herencia que podrá dejar a sus hijos.

Nota: Esta charla es parte de la presentación del Dr. Jesús Arina (psicólogo), titulada "Orientando a la familia", la cual incluye tres (3) audiocintas. Se puede obtener escribiendo al: P. O.Box 55882l, Miami, Florida, 33255, U.S.A.

 

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