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Tuesday, 02 August 2011 14:28

La violencia doméstica: Preocupación genuina del movimiento pro vida

Todos los años en Estados Unidos mueren un millón y medio de niños no nacidos a causa de la violencia más mortífera que existe: el aborto. Si a esta cifra le añadimos los 8 ó 13 millones más de abortos causados por los anticonceptivos abortivos, el total de muertes de niños no nacidos es escalofriante.

Pero la violencia no se detiene con el aborto. La anticoncepción y el aborto han dado lugar a un interminable espiral de violencia. Después de que el Tribunal Supremo de Estados Unidos legalizara el aborto a petición durante los nueves meses del embarazo a nivel nacional en 1973, el maltrato infantil se ha convertido en una epidemia. Se estima que cada año hay aproximadamente dos millones de niños que sufren maltrato por parte de uno de sus padres 1. Esto constituye violencia doméstica. La mayoría de las víctimas de la violencia doméstica son mujeres, niños y ancianos. También, por increíble que parezca, hay casos de hombres que han sido víctimas de la violencia física o psicológica en sus hogares. En este informe quisiera llamar la atención sobre un tipo específico de violencia doméstica: la violencia contra la mujer.

¿Por qué se debe considerar a la violencia doméstica como un tema pro vida? En Estados Unidos, según las estadísticas, cada 15 segundos una mujer sufre violencia por parte de su novio o esposo; del 25 al 45% de las mujeres que sufren esta violencia están embarazadas 2. De hecho, la violencia doméstica es una de las causas de los defectos congénitos 3. Aproximadamente el 30% de las mujeres que son asesinadas mueren a manos de su novio o esposo 4. Del 35 al 40% de las mujeres maltratadas intentan suicidarse 5. La violencia doméstica contra la mujer es una plaga que afecta a innumerables familias en nuestra sociedad, se trata de una enfermedad psicológica y espiritual. La violencia doméstica ocurre en todo tipo de personas, no importa cuán "religiosas" dicen que son. La violencia doméstica tiene lugar en el 33 al 66% de todos los adultos que viven bajo un mismo techo, independientemente de la edad, la raza, el sexo, la religión, el estado marital o el nivel académico, económico o social 6. De manera que podemos llegar a la inevitable conclusión de que la violencia doméstica es una epidemia. Sin duda, la violencia doméstica constituye una amenaza para la dignidad de la vida humana y aún para la misma vida, por consiguiente, debe ser considerada una preocupación del movimiento a favor de la vida y la familia.

Más aún, si no tratamos de eliminar este tipo de violencia y si no ayudamos a sus víctimas, otros lo harán y probablemente no lo harán de forma correcta. Por ejemplo, el movimiento feminista proabortista ha utilizado este asunto de la violencia doméstica para adquirir la simpatía de la sociedad hacia sus objetivos y aún para dirigirles la palabra a las instituciones religiosas. Si más mujeres se suman a las filas de las vociferantes feministas extremistas, vamos a ser testigos de un aumento de los abortos y del uso de los anticonceptivos, así como de un mayor desprecio hacia la maternidad, la paternidad y la familia tradicional, santuario de la vida humana. Por lo tanto, es evidente que la violencia doméstica, incluyendo la que está dirigida contra la mujer, debe ser una preocupación del movimiento pro vida.

¿Qué es la violencia doméstica?

Primero que todo, es preciso definir con claridad qué constituye violencia. ¿Consiste únicamente en golpear a alguien físicamente? Hasta hace poco se creía en general que la única forma de violencia era la física. Sin embargo, la psicología moderna nos ha hecho más conscientes de las necesidades de los seres humanos. Ahora sabemos que existe otra clase de violencia que también causa daño a las personas: la violencia psicológica o el maltrato verbal.

La destrucción sistemática de la autoestima de una persona por medio de la crítica, los insultos, la burla o el abandono también constituye maltrato y violencia. No hay duda de que a veces los golpes al alma pueden herir mucho más que los golpes al cuerpo, incluso pueden dejar heridas mucho más profundas y duraderas que las heridas corporales.

La violencia infantil incluye no sólo el maltrato físico, sino también los gritos, los regaños vehementes, el castigo excesivo, el abandono o la falta de atención, aceptación y amor -- tan indispensables para el bienestar emocional y social de los niños.

Otro tipo de violencia doméstica, y en este caso matrimonial e infantil al mismo tiempo, es criticar o condenar al cónyuge o usar al hijo para herirlo. Esto ocurre especialmente entre esposos divorciados o en proceso de divorciarse.

Las razones por las cuales la violencia psicológica es más difícil de reconocer y erradicar es porque sus víctimas en general continúan sufriendo en silencio y porque, al contrario de los efectos de la violencia física, sus heridas no son evidentes a la vista. Peor aún, cuando los que sufren esta violencia recurren finalmente a la ayuda de otros, frecuentemente no son comprendidos o incluso no se les trata con justicia. Por último, este tipo de violencia ocurre en la privacidad del hogar, de manera que pasa desapercibida al mundo exterior, a veces, durante años. Sin embargo, según los expertos, la violencia psicológica casi siempre precede a la violencia física.

Hay otra clase de violencia doméstica. Se trata de presionar o coaccionar a una mujer para que use peligrosos anticonceptivos y abortivos, para que se esterilice o para que aborte a su hijo no nacido. Innumerables mujeres, especialmente en los países en desarrollo, sufren presión o de hecho son forzadas a cometer estos y otros actos que son intrínseca y gravemente inmorales. Hace poco, el programa de esterilización del Perú, en el cual se utilizó la presión y la coacción y que les ocasionó la muerte a por lo menos 18 mujeres, fue denunciado en los medios de comunicación de Estados Unidos. Sin embargo, el movimiento feminista extremista de ese país no emitió ninguna protesta ante esta violación tan infame de los derechos humanos de tantas mujeres peruanas.

¿Por qué tantas mujeres continúan soportando la violencia doméstica?

A pesar de los maltratos, a menudo es difícil lograr que la mujer victimizada haga algo para detener el abuso. En el caso del maltrato psicológico, desafortunadamente muchas veces las propias mujeres que lo sufren permanecen voluntaria o silenciosamente en esa situación, porque creen que el maltrato psicológico no es lo suficientemente serio o dañino como para intentar detenerlo.

Algunas mujeres piensan que no les creerán cuando denuncien a su victimario, ya que éste presenta a menudo una falsa imagen de sí mismo ante los demás. Los victimarios tienden a manifestar comportamientos extremos, tanto de bondad como de crueldad 7. Quizás también las mujeres víctimas sienten vergüenza de tener que informar a otros de algo que ellas han permitido que continúe. La mayoría de ellas temen la venganza de sus victimarios o el tener que enfrentarse solas a la vida. Todas ellas sufren en general de problemas emocionales, de una baja autoestima y de una incapacidad para establecer límites.

La violencia doméstica es una enfermedad contagiosa

En los hogares disfuncionales donde un cónyuge maltrata al otro, el maltrato de los hijos es común. De hecho, "el maltrato infantil es 15 veces más probable que ocurra en las familias donde existe la violencia doméstica [entre los cónyuges]" 8. Debido a que el maltrato conyugal ha alcanzado proporciones tan alarmantes en nuestra actual "cultura de la muerte", "cada año más de 3 millones de niños corren el riesgo de presenciar la violencia entre sus padres" 9.

Desafortunadamente, una mujer que sufre el maltrato de su esposo o novio está tan preocupada tratando de defenderse, que muchas veces no se da cuenta del daño psicológico que sus hijos están sufriendo. Cuando una mujer permite que continúe este tipo de maltrato, se dan serias consecuencias psicológicas para los hijos de esa unión, aún en el caso de que ellos mismos no sean las víctimas directas del maltrato. Los efectos psicológicos en estos niños aflorarán años después. En muchos casos ellos mismos se convertirán en victimarios o en víctimas. Sus padres son el modelo que ellos han estado presenciando. "Los hombres que han sido testigos de la violencia entre sus padres son tres veces más propensos a maltratar a sus esposas que los hijos de matrimonios no violentos. Los hombres que son hijos de los padres más violentos son 100 veces más propensos a convertirse en victimarios de sus esposas" 10.

La violencia destruye los matrimonios

Como el respeto mutuo no existe en una relación caracterizada por el maltrato, a menudo el amor desaparece en los matrimonios que continúan en esa situación durante mucho tiempo. Ambos cónyuges tienen que reconocer que necesitan ayuda y deben recurrir a ella juntos, si no, ese matrimonio tiene pocas esperanzas de sobrevivir.

¿Qué se puede hacer?

Aunque las víctimas de la violencia doméstica en la mayor parte de los casos han sufrido en silencio durante muchos años y no han recibido la ayuda que necesitaban, la sociedad actual ha reconocido por fin que hay que denunciar y erradicar este terrible mal.

La Iglesia Católica en Estados Unidos está luchando para erradicar la violencia doméstica y está dando ayuda tanto víctimas como a victimarios. El Comité de los Obispos para la Vida Familiar (Bishops' Committee on Family Life) y el Comité de los Obispos para la Mujer en la Sociedad y en la Iglesia (Bishops' Committee on Women in Society and the Church) emitieron un documento en 1992 titulado "Cuando busco ayuda: Una respuesta pastoral a la violencia doméstica contra las mujeres" ("When I Call for Help: A Pastoral Response to Domestic Violence Against Women"). En ese documento los obispos ofrecen algunas sugerencias prácticas con respecto a la ayuda que se les debe dar a aquellos que se encuentran atrapados en este espiral de violencia. La Iglesia Católica en Estados Unidos también cuenta con movimientos y organizaciones, como el Consejo Nacional de Mujeres Católicas (National Council of Catholic Women), que también ofrecen información y ayuda.

Tanto la víctima de la violencia doméstica como su victimario están emocionalmente enfermos y necesitan ayuda. Ninguno de los dos puede recibir ayuda hasta que no reconozcan que el maltrato existe. No se benefician en lo absoluto manteniendo este horrible secreto, sino que deben compartirlo con aquellos que pueden ayudarlos: un sacerdote, un pastor, un psicólogo o un psiquiatra.

¿Qué puede hacer la víctima de esta violencia si su esposo no quiere buscar ayuda (lo cual es un serio deber), sino que continúa infligiéndole serios daños físicos o psicológicos a su esposa o la amenaza con realizarlos? Si los esfuerzos para resolver esta situación continúan fracasando o cuando el ataque parece estar próximo, la mujer tiene el derecho (y el deber) de escapar y buscar refugio en otro sitio – con su familia, amistades o en refugios especiales disponibles para ello. Su salud física y mental, en realidad su propia vida, se encuentran en peligro. (Por supuesto, si hay niños presentes, todo esto se refiere a ellos también.) La separación física de esta situación puede ser buscada incluso durante el proceso mediante el cual el victimario voluntariamente busca y recibe ayuda, ya que muchas veces el proceso de curación psicológica tiene sus recaídas. La voluntad de Dios no es que la víctima permanezca en esta situación de maltrato, sino que salga de ella y busque ayuda, tanto para sí misma como para sus hijos (si los tiene) y su victimario.

La separación física no equivale al divorcio. El divorcio implica el intento de destruir el vínculo conyugal válidamente contraído, que de suyo es indisoluble. La Iglesia condena el divorcio y sobre todo el intentar contraer nuevas nupcias cuando el matrimonio anterior es válido 11. Pero aquí estamos hablando de una separación física y no de pretender disolver un matrimonio válido ni tampoco el intentar nuevas nupcias, a no ser que dicho matrimonio haya sido declarado nulo por la legítima autoridad de la Iglesia Católica. La separación física en estos casos, sin la intención de divorciarse ni de contraer nuevas nupcias, no es un pecado, sino un derecho legítimo que tiene la víctima de la violencia doméstica para consigo misma y para con sus hijos, si los tiene.

Debemos estar dispuestos a ayudar a las víctimas de la violencia doméstica a escapar de este círculo vicioso de maltrato físico o psicológico, para que así puedan recobrar su autoestima y descubrir su dignidad como hijos e hijas de Dios que son.

Nota: La información contenida en este artículo fue tomada, en su mayor parte, de escritos y conferencias del Dr. Jesús Arina, psicólogo católico que reside en Miami, Estado de Florida, Estados Unidos, y que se especializa en el tratamiento de las víctimas de la violencia doméstica.

Para más información o para buscar ayuda en Estados Unidos, llame a la Línea de Emergencia Nacional para los casos de Violencia Doméstica (National Domestic Violence Hotline): 1-800-799-7233***1-800-787-3224 (TTY) -- tienen consejeros que hablan español. El Consejo Nacional de Mujeres Católicas de Estados Unidos, mencionado en este artículo, recomienda esta línea telefónica. La National Domestic Violence Hotline también tiene una página web: http://www.ndvh.org. Lamentablemente entre sus enlaces (links) tiene a la Organización Nacional de Mujeres o NOW (National Organizational for Women), organización de feministas proabortistas en Estados Unidos, y también lamentablemente a la Asociación para las Lesbianas Golpeadas de Estados Unidos o AABL (American Association for Battered Lesbians). Apoyamos la ayuda auténtica a toda persona que sea víctima de la violencia, no importa su estilo de vida, pero no estamos de acuerdo en abosoluto con estilos de vida que contradicen el Evangelio ni con la promoción de los mismos. También rechazamos el recurrir o el referir al aborto o a fármacos o dispositivos potencialmente abortivos en el tratamiento de las víctimas de la violación sexual.

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