La teología del cuerpo y la Eucaristía

En nuestra reflexión anterior sobre la teología del cuerpo de Juan Pablo II, abordamos el tema de la sacramentalidad primordial del cuerpo del hombre y de la mujer. Juan Pablo II quiso decir con ello que Dios ha impreso en el cuerpo del hombre y la mujer esa naturaleza esponsal, que caracterizó Su alianza con Su Pueblo Israel y que caracteriza Su nueva y definitiva alianza en Cristo con Su esposa la Iglesia, signo de la unidad de la familia humana [1]. De manera que la alianza matrimonial entre el hombre y la mujer, ya en su nivel natural, es reflejo y signo de la alianza que Dios ha querido siempre establecer con la humanidad. Ese carácter esponsal del cuerpo del hombre y de la mujer ha sido una preparación para la elevación a la categoría de sacramento, es decir, de signo eficaz (que hace presente la unión Cristo-Iglesia), que Jesús hizo del matrimonio humano.

Ahora queremos contemplar esta sacramentalidad del matrimonio humano en su relación con el Sacramento de la Eucaristía. Pero antes de abordar este tema, se impone una importante aclaración. Como señala el teólogo Christopher West, en cuya obra se basan en parte estas reflexiones, cuando hablamos del carácter esponsal de la corporeidad humana como realidad inscrita en ella por Dios y que a su vez refleja algo del misterio divino, estamos usando una analogía [2]. Las analogías siempre implican una semejanza y al mismo tiempo una diferencia entre dos realidades que se relacionan entre sí, en este caso la realidad humana y la realidad infinitamente distinta y superior de Dios. De hecho, como enseña la Iglesia, la diferencia entre Dios y el ser humano es infinitamente más grande que la semejanza divina en la cual Dios mismo creó al hombre [3]. Junto con ello, debemos también señalar que es el ser humano el que ha sido creado a imagen de Dios y no Dios a imagen del ser humano.

De manera que lo que decimos de Dios a partir de la sacramentalidad de la corporeidad humana, debe entenderse teniendo en cuenta la infinita distancia que hay entre la naturaleza divina de Dios y el ser humano. Concretamente y en cuanto al tema que nos atañe, el de la relación entre el Sacramento del Matrimonio y el Sacramento de la Eucaristía, no estamos diciendo para nada que este último conlleve una dimensión sexual.

Esta última afirmación no implica de ningún modo una infravaloración de carácter tabuístico de la sexualidad humana, sino simple y sencillamente que, por trascender infinitamente lo masculino y lo femenino, Dios no es un ser sexual. De manera que el carácter esponsal divino reflejado en el carácter esponsal de la relación hombre-mujer, trasciende totalmente y no se limita para nada a las características propias y que Dios mismo ha creado en esa relación entre los sexos.

Una vez hecha esta importante aclaración, abordamos la relación entre el Sacramento del Matrimonio y el Sacramento de la Eucaristía. El Sacramento de la Eucaristía es la actualización del único y una-vez-por-todas sacrificio u ofrenda de Cristo en la cruz. Ninguna celebración de la Eucaristía constituye una repetición del sacrificio del Calvario, sino una actualización, es decir, un hacer presente, en el tiempo y en el espacio, ese único sacrificio. La única diferencia entre el sacrificio de Cristo hace 2.000 años y cada celebración eucarística es la manera en que se ofrece. El sacrificio u ofrenda que Cristo hizo de sí mismo al Padre en la cruz ocurrió de forma cruenta; mientras que el sacrificio eucarístico es de forma sacramental. Es decir, los gestos y las palabras del sacerdote, quien actúa en la persona de Cristo, son signos que re-presentan o actualizan, hacen presente, el único sacrificio que Cristo ofreció de una vez por todas de sí mismo al Padre por todos los pecados de la humanidad [4].

Ahora bien, en ese sacrificio de la cruz, que culminó con su muerte, Jesús selló con su sangre derramada la nueva y definitiva alianza entre Dios y la humanidad, concretizada en su esposa la Iglesia, signo de la unidad del género humano. Una vez muerto en la cruz, Jesús recibió una lanzada de un soldado romano e inmediatamente de su costado salió sangre y agua. Los Santos Padres han visto en este acontecimiento el origen de la Iglesia, esposa de Cristo, que surge del costado del Nuevo Adán “dormido” en la cruz, lo cual fue prefigurado en la creación de Eva del costado de su esposo, el antiguo Adán, mientras éste dormía [5]. De manera que la nueva alianza tiene un carácter profundamente esponsal, el cual, como todo lo demás que aconteció en el sacrificio del Calvario, es actualizado en cada Eucaristía. Ahí se funda la profunda relación analógica entre el Sacramento de la Eucaristía y el Sacramento del Matrimonio.

Notas:

[1]. Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia, no. 92 y Constitución pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia ante el mundo actual, no. 9.

[2]. Cf. Christopher West, Theology of the Body for Beginners, (West Chester, Pennsylvania: Ascention Press, 2004), 11.

[3]. Cf. Concilio IV de Letrán, cap. 2, citado en el Catecismo de la Iglesia Católica, no. 43.

[4]. Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nos. 1330, 1362-1367.

[5]. Cf. Ibid., no. 766.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *