¿Podemos resistir la tentación?

Castidad. Si se le dice esta palabra a la mayoría de los adolescentes de hoy día, se quedan con la mirada en blanco.

 

Por Cassandra Figueroa

¿Acaso nadie tiene idea de las enseñanzas sobre cómo se ha de vivir de manera moral? Cuando hay jóvenes que contraen enfermedades, quedan embarazadas o incluso mueren, la respuesta es: “Yo no lo sabía”. La castidad no es sólo abstinencia. Es pureza de mente y vivir de manera moral. Es importante vivir castamente para evitar el embarazo premarital, el sida y cualquier otra enfermedad de trasmisión sexual, y para impedir que el sexo se convierta en algo “casual”.

La pregunta más frecuente entre los adolescentes de hoy día, es: “¿Por qué tenemos que esperar? ¿Acaso todos los demás se abstienen de la vida sexual?” Antes que todo, el sexo no es sólo un acto: el sexo es una gracia, un regalo de Dios, para que lo compartan el hombre y la mujer dentro del santo sacramento del matrimonio, y colaborando con Dios en la procreación de hijos. Tres de cada cuatro parejas que han vivido juntas fuera de los lazos matrimoniales, terminan en una audiencia de divorcio. Estas parejas valoran el placer más que el compromiso, y confunden la lujuria con el amor.

Reservar el sexo para el matrimonio nos salva de caer en situaciones falsas. Lo que presentan hoy la televisión, las telenovelas y el cine, es falso. Presentan el sexo como un pasatiempo grato y sin frenos para los adultos jóvenes. Pero no revelan las consecuencias crueles y nocivas del sexo premarital. La verdad es que muchas personas sufren de enfermedades que amenazan sus vidas, y criaturas inocentes se quedan sin padres, o incluso son abortadas.

Al mismo tiempo que presentan el sexo como un pasatiempo, excluyen el hecho de que el acto sexual crea la vida humana. Esto lleva a los adolescentes a creer que el sexo carece de responsabilidad. Pero no todos se han entregado a la vida sexual, y esperar hasta recibir el santo sacramento del matrimonio, es garantizar que viviremos con Dios en el cielo por toda la eternidad.

Además del embarazo premarital, la vida sexual antes del matrimonio también tiene por consecuencia el contraer enfermedades tales como sida, sífiles y herpes II. Estas enfermedades se conocen como STD (por su sigla en inglés): enfermedades de trasmisión sexual.

Tal como escribió C. Everett Koop: “Cuando usted ejecuta un acto sexual con alguien, lo está haciendo con toda la gente con que esa persona tuvo trato sexual durante los últimos diez años”.

Lo cual multiplica las posibilidades de contraer una enfermedad fatal. Algunas de estas enfermedades de trasmisión sexual son terminales, llevan a la muerte, o causan cáncer. Una dolencia como la sífilis causa desórdenes cerebrales, afecciones del corazón, muertes y defectos de nacimiento en los niños. Se ha descubierto que las nuevas manifestaciones de las enfermedades sexuales se han vuelto capaces de resistir los tratamientos médicos.

Además de evitar el contraer enfermedades de trasmisión sexual o el embarazo premarital, vivir castamente impide que el sexo se convierta en algo casual. Para conservar la condición sagrada del sexo, hay que saber decir no cuando las circunstancias inviten. Como dice la Biblia: “Sea su lenguaje: ‘Sí, sí’, ‘no, no'” (Mt. 5:37).

La mayoría de las personas adolescentes que contraen una enfermedad de trasmisión sexual, o que quedan embarazadas antes del matrimonio, dicen después: “No supe cómo decir no”. Hay muchas maneras de decir no. No es necesario darle al novio una conferencia de 30 minutos sobre por qué queremos conservar la virginidad. Una forma de decir no al sexo premarital es mantenerse lejos de quienes cometen este pecado mortal. La conciencia nos ayuda a discernir entre lo correcto y lo incorrecto, y si nuestro corazón nos dice no, hay que seguir a nuestro corazón.

Ningún amor verdadero nos presionaría jamás para que hiciésemos algo que es inmoral, y ésta es la prueba definitiva para saber si nos están manipulando, o si nos aman realmente. Reservar el sexo para el matrimonio garantiza que cuando nuestro cónyuge nos dé todo lo que sea capaz de ofrecernos, nosotros seamos capaces de hacer lo mismo, y no de darle sólo lo que nos ha quedado.

La castidad es una virtud, una manera de vivir antes y después del matrimonio. Vivir una vida de castidad nos garantiza la vida eterna en los cielos, con Dios. Es doloroso que los adolescentes de hoy tengan que vivir bajo la presión del sexo. ¿De quién es la culpa? ¿De la televisión, de Hollywood, o de nosotros mismos? No todos los jóvenes se han entregado a la vida sexual antes del matrimonio porque hayan sido educados de una manera diferente. Los adolescentes que cometen este pecado y sufren sus consecuencias, deben ser educados para bien de nuestras futuras generaciones. Con el sexo vienen las responsabilidades, que no deberían caer sobre los hombros de muchachos y muchachas que harían mejor en ir al cine que en criar a una familia.

¿Ayudaremos a nuestras futuras generaciones? ¿Ayudaremos a los adolescentes de mañana a comprender la virtud que deben practicar, la virtud de la castidad?

Nota: Éste es el ensayo ganador del concurso en favor de la vida en 2003, del Programa de Respeto a la Vida de la Arquidiócesis de Miami, Florida, EE.UU. Cassandra Figueroa es estudiante de octavo grado de Epiphany School, en South Miami.

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