El debate sobre la población cambia de signo

Seamus Grimes

A continuación ofrecemos un sumario del resumen del estudio crítico de Seamus Grimes, profesor de Geografía en la Universidad Nacional de Irlanda (Galway), sobre las políticas de población dirigidas al Tercer Mundo. El resumen fue publicado por la revista Aceprensa (www.aceprensa.com), el 13 de enero de 1999 y originalmente por Third World Quarterly, vol. 19 (1998), n. 3, pp. 375-393. Agradecemos a Aceprensa la gentileza de permitirnos publicar este sumario.

Introducción

El propósito de este estudio es examinar los factores ideológicos que han influido en las políticas demográficas y las críticas hacia las mismas. Los críticos señalan que estas políticas están basadas en un análisis simplista del crecimiento demográfico en los países menos desarrollados (PMD). Algunos dicen que se ha partido de un problema mal planteado y que estas políticas responden a los intereses de los países desarrollados y no a una preocupación por superar la pobreza de los PMD.

Enfoque paternalista y occidental

El principal motor de estas políticas es una “red” de fundaciones, organismos privados e institutos universitarios en Estados Unidos que forman el “establishment demográfico”. Estas entidades han servido también para canalizar la financiación pública de Estados Unidos para el control de la natalidad, amparando así a ese gobierno de la implicación directa.

Las campañas de control demográfico tienen dos motivaciones. Una es el “humanismo paternalista” del establishment demográfico, convencido de que lo mejor para la gente es tener menos hijos. Otra son los intereses de la poderosa burocracia estatal, para la que controlar la expansión del Tercer Mundo se ha convertido en un aspecto principal de su política exterior. Esta burocracia ha buscado legitimar sus programas dejando que llevasen la voz cantante ciertos organismos de las  Naciones Unidas (ONU), sobre todo su Fondo de Población (FNUAP o UNFPA), cuyo origen y desarrollo ha dependido en parte del financiamiento de Estados Unidos.

Este enfoque paternalista y occidental ha suscitado las enérgicas críticas de los PMD. Los especialistas de los PMD se quejan de que el establishment demográfico ha actuado sin contar con ellos. Por ejemplo, hay numerosos estudios africanos que denuncian los fallos de los análisis occidentales, así como sus prejuicios ideológicos y su desconocimiento de las culturas africanas que los han motivado. A la vez, estos especialistas de los PMD han comenzado a desarrollar sus propios enfoques sobre las políticas demográficas.

También han surgido críticas éticas a los programas controlistas. Algunas de estas críticas proceden del feminismo, en reacción contra el desprecio a la libertad y a la salud de las mujeres con que se llevan a cabo no pocos de estos programas.

Temor a una invasión de pobres

En primer lugar, el planteamiento de que el rápido crecimiento de la población impide el desarrollo económico está siendo cada vez más discutido y criticado. Según F. Furedi, en los últimos 15 años apenas se ha publicado un estudio serio que justifique el control demográfico basándose en este planteamiento. M. Perlam, un partidario del controlismo, reconoce encontrar grandes dificultades para persuadir a otros de que este argumento “no adolece de un fallo fatal”. La literatura científica muestra que el estudio de las relaciones entre población, desarrollo y medio ambiente no ha llegado a ninguna conclusión de valor general.

La convicción de los controlistas se explica entonces por otros motivos. Amartya Sen, premio Nobel de Economía, es uno de los que señala la preocupación del mundo rico ante una “invasión” de inmigrantes de los PMD del Sur. Este temor infundado ha motivado que en la ayuda para el desarrollo se le dé prioridad al control de la natalidad, en vez de a las necesidades básicas. Creen prejuiciadamente que la gente de los PMD son “impulsivos y faltos de disciplina”. Por eso se resisten a procurar el bienestar de los PMD mediante el crecimiento y la modernización.

Ciencia interesada

Otros estudios critican el uso de la demografía en Estados Unidos para proporcionar una justificación teórica al controlismo. El propio Paul Demeney, ex presidente del Population Council (PC), institución antinatalista con sede en Nueva York, y actual director de Population and Development Review,  revista editada por ese organismo, confiesa que los demógrafos han cedido a las presiones de las instituciones donantes de fondos y se han plegado a los criterios impuestos por ellas. Demeney agrega que a finales de los 60, cuando la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) se convirtió en la principal fuente de financiación de los estudios demográficos, esta ciencia se convirtió en “sirvienta” de los programas controlistas.

S. Greenhalgh, que también trabajó para el PC y hoy es profesora de antropología en la Universidad de California, afirma lo mismo. Según ella, hacia 1950 varios destacados demógrafos de Estados Unidos dejaron su teoría de la transición demográfica para crear una nueva que justificaba el intervencionismo controlista. (La teoría de la transición demográfica plantea que a una larga etapa de natalidad y mortalidad altas sucede una reducción de la mortalidad con un fuerte crecimiento demográfico y luego una fase de natalidad y mortalidad bajas, en que la población tiende a estabilizarse en todos los países que alcanzan el desarrollo.)

La nueva ideología del intervencionismo se basaba en que, si bien los campesinos de los PMD son agentes racionales, no limitarán la natalidad por sí solos porque carecen de anticonceptivos. Así empezó a difundirse la idea de que en los PMD existe una “demanda insatisfecha” de anticonceptivos.

Hay otros estudios recientes que ponen de manifiesto la utilización de la demografía al servicio de los intereses controlistas. Un libro de J.C. y P. Caldwell sobre la Fundación Ford señala que sus donativos, así como los de otras fundaciones, a universidades en Estados Unidos para crear centros de estudios demográficos tenía una “finalidad no declarada de convertir a los estudiantes al credo de la planificación familiar”.

Además, los donantes no aceptan las investigaciones que sacan conclusiones distintas a las de sus intereses. Al experto David Warnick el FNUAP le encargó un estudio sobre las actividades de este organismo, del USAID y de las principales fundaciones que apoyaban el controlismo. Pero cuando Warnick presentó el primer borrador, el FNUAP decidió abandonar el proyecto porque no quería que se publicasen los puntos oscuros de estas instituciones.

Tienen hijos porque quieren

Entre las críticas a la teoría de la “demanda insatisfecha” de los anticonceptivos está la de Lant Pritchett, economista del Banco Mundial. El artículo de Pritchett, publicado en 1994, es una adaptación de un trabajo que realizó para el Banco Mundial con su colega Lawerence Summers, vicepresidente en aquel entonces de esa institución. Se cree que el gobierno de Estados Unidos obligó a Summers, que después pasó a trabajar en el Departamento del Tesoro en Washington, DC, a retirar su firma del estudio.

Prichett sostiene que la fecundidad en los PMD no depende de la disponibilidad de los anticonceptivos, sino de las condiciones sociales y económicas. Afirma que la “demanda insatisfecha” es una idea falsa y que las encuestas realizadas para medirla están mal hechas: no “descubren” sino lo que van buscando, ya que las preguntas inducen al encuestado a decir lo que el encuestador supone que necesita. En realidad, las mujeres de los PMD tienen más hijos porque los desean, este deseo sólo disminuye cuando las condiciones sociales y económicas cambian.

W. Gould también ha criticado la idea de la “demanda insatisfecha”. La fecundidad desciende, no cuando los anticonceptivos son asequibles, sino cuando disminuye la mortalidad infantil, de modo que las familias pueden esperar que sobrevivirán más hijos.

Campañas impopulares

Otros estudios críticos señalan la considerable resistencia a los programas controlistas por parte de los PMD. M. Mamdani, autor de un célebre estudio sobre el uso de los anticonceptivos en el Punjab, India, revisó un trabajo, financiado por organizaciones de Estados Unidos, cuyo objeto era evaluar la “demanda insatisfecha” de anticonceptivos para justificar los programas controlistas en ese país. Tuvo que pasar mucho tiempo hasta que los investigadores reconocieron que había una gran distancia entre lo que la gente les decía en las encuestas y lo que en realidad hacía. El motivo principal de la diferencia era la cortesía de los habitantes, que decían lo que los encuestadores querían oír, por temor a ofenderles.

Pero Mamdani relata que cuando los nativos descubrieron que el fin de la encuesta era promover el control de la natalidad, se quedaron preplejos. Algunos preguntaron entonces por qué les ofrecían anticonceptivos, en vez de medicinas para ayudar a las familias con problemas de infertilidad.

E.P. Renne también publicó un estudio significativo sobre la actitud de los habitantes de una zona al norte de Nigeria. La gente de allí tiene serias sospechas hacia las campañas demográficas y los organismos que las financiaban, empezando por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Se dieron cuenta de que su gobierno adoptó en 1988 un plan controlista al mismo tiempo que recibía un importante crédito del Banco Mundial. También se percataron de que el subsiguiente programa de ajuste económico consistió en una reducción del gasto en salud: los medicamentos contra la malaria se volvieron escasos, mientras que los anticonceptivos abundaban.

Los recelos del Tercer Mundo — diagnóstico errado

Estos estudios demuestran que el fallo fundamental de las políticas demográficas es que no han tenido en cuenta la opinión de los PMD. A este respecto, A. Najam ha analizado la evolución de las posturas de estos países durante los 30 años marcados por las conferencias mundiales sobre población: Bucarest (1974), México (1984) y El Cairo (1994). De Bucarest a El Cairo, los PMD han insistido cada vez más en que la solución de los problemas demográficos es el desarrollo. Ven con recelo la tendencia a considerar el crecimiento demográfico del Sur como una amenaza al medio ambiente. Cuestionan el derecho de los países ricos a exigir que los PMD cambien su comportamiento procreador.

Al mismo tiempo, los demógrafos de los PMD han creado sus propias escuelas. Han estudiado las bases culturales y sociales de la elevada fecundidad de sus países y han destacado cómo tantos colegas extranjeros no han sido capaces de comprender los motivos de las familias pobres.

A. Adepoju, uno de esos demógrafos, ha analizado el caso de África y ha señalado dos fallos principales de las investigaciones occidentales: (1) tratar de analizar el comportamiento reproductivo de las mujeres africanas con esquemas feministas occidentales y (2) adoptar una perspectiva individualista, cuando en África la unidad social y económica básica es la familia. La principal cuestión demográfica en ese continente, por tanto, no es el crecimiento de la población, sino su distribución y las migraciones, temas que apenas se trataron en la Conferencia de El Cairo.

Métodos inmorales y críticas feministas

Por último, tenemos las críticas éticas al control de la natalidad. Muchas de ellas proceden significativamente de autores que aceptan el control demográfico de los PMD, pero que consideran inmorales los métodos empleados, como por ejemplo, el del hijo único en China o el plan de esterilización masiva llevado a cabo en la India.

Los críticos mencionan diversos métodos que son contrarios a la libertad, al bienestar o incluso a la salud y la supervivencia femeninas. En algunos lugares se han emprendido campañas para colocar el DIU o el Norplant y después, a las mujeres que querían que se los quitaran, se les ha negado esa posibilidad. Algunos planes controlistas consisten en presiones económicas. Otros limitan la oferta de los métodos a la esterilización o los dispositivos intrauterinos (DIU o IUD), que ocasionan complicaciones (en los PMD la mortalidad por DIU es el doble que en Occidente). (Nota del editor: en realidad todos los métodos anticonceptivos son inmorales y dañinos, los principales, como el DIUy el Norplant, ya mencionados, la píldora y la inyectable Depo-Provera, son abortivos. Pero es significativo que estas críticas provengan de círculos no católicos o incluso a favor del controlismo.)

Parte de las objeciones provienen de las feministas, que se oponen sobre todo a los programas que incluyen metas numéricas porque subordinan a las mujeres a objetivos colectivos impersonales. Sin embargo, el movimiento feminista está dividido en torno a la valoración de la Conferencia de El Cairo, que supuso un cambio significativo de retórica (la cual siempre ha sido muy importante para los controlistas): de la “planificación familiar” se pasó a los “derechos reproductivos”.

Algunas feministas creen que esta conferencia fue un paso adelante en la defensa de los derechos de la mujer. Otras creen, en cambio, que consistió en el mismo controlismo de antes con ropa nueva. Estas últimas no creen en los términos empleados en El Cairo, como “libertad reproductiva”, “potenciación (empowerment) de la mujer”, “cuidado del medio ambiente”, etc. Por ello, en esa conferencia, algunas feministas denunciaron una maniobra del Banco Mundial, que “rebautizó” su sección de “población y desarrollo” con el nombre de “población y mujer”: de este modo, decían, el Banco disimula los daños que sus políticas causan a las mujeres y a la vez se presenta como defensor de la causa de la mujer.

Conclusión

El debate sobre la población está cambiando de signo en la literatura científica. Hoy son numerosas las críticas al controlismo, que antes provenían de unos pocos autores.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *