El poder de los homosexuales y el SIDA

Es difícil pasar por alto la hipocresía de los homosexuales militantes en cuanto al SIDA. Por una parte nos dicen que el SIDA no es una “enfermedad de homosexuales”. Por otra parte, los militantes ruidosamente gritan pidiendo más billones de ayuda federal para emplearla en investigaciones y tratamiento, y una mayor representación homosexual en los paneles de investigación sobre el SIDA. Es la enfermedad de los homosexuales, o no lo es, dependiendo de que forma se benefician.

 

Hoy, el SIDA es la enfermedad en que más dinero federal se invierte en América, y a pesar de ellos no estamos cerca de la cura. Se estima que 30,000 americanos han contraído el virus por vía de las transfusiones de sangre -un riesgo descrito por nuestro gobierno como completamente no existente.1 Una autoridad mundial sobre el SIDA ha dicho: “El final aún no está a la vista; la pandemia seguramente continuará hasta bien avanzado el siglo 21.2

Y hoy, el poder político de los homosexuales ha escondido del público la verdad acerca del SIDA.

La Epidemia

En una época durante el comienzo de los años 80, el SIDA era conocido como GRID que quiere decir “Gay Related Immunodeficiency Disease” (Enfermedad de Inmunodeficiencia relacionada con los homosexuales). Popularmente se le llamaba el “gripe de los homosexuales”. Los médicos de la ciudad de San Francisco lo veían como la versión homosexual de la enfermedad de los Legionarios; esto es, una enfermedad que aflige a una población específica en condiciones excepcionales. Cualquiera que sugiriera que este virus era peligroso o contagioso -o que cuestionara acerca de la seguridad de los suministros de sangre- era ridiculizado como paranoico u homofóbico. David Horowitz, antiguo radical de la década de los sesenta, describe así el la influencia de los homosexuales en control de la enfermedad:

“Los métodos agresivos de salud pública hubieran prevenido la expansión de la epidemia a otros grupos. Pero todo esfuerzo que se hacía para tomar las medidas de precaución necesarias era tergiversado por el inexorable poder político que el movimiento de liberación homosexual había logrado crear. Bajo una tremenda presión de los activistas homosexuales, el director de salud pública de la Ciudad de San Francisco rehusó cerrar las “casas de baño”, manteniendo que estos eran valiosos centros educacionales sobre el SIDA, aún cuándo el único propósito de estos era facilitar las promiscuas relaciones homosexuales.

Por lo tanto, cuando los funcionarios trataron de instituir procedimientos de screening para los bancos de sangre de la nación, se le pidió a la comunidad homosexual que no hicieran donaciones de sangre mientras continuara la epidemia, pero los líderes políticos homosexuales se opusieron a estos procedimientos porque infringían el “derecho” de los homosexuales a donar sangre. El resultado de estas actitudes revolucionarias fue la difusión del SIDA entre los hemofílicos y algunos heterosexuales. Campañas similares se hicieron contra la realización de pruebas con la finalidad de conocer de dónde procedía el contagio -procedimiento estándar en campañas contra otras enfermedades de transmisión sexual- con lo que se consiguió esparcir el SIDA a las comunidades negras e hispanas, que ahora cuentan con más del 50% de casos conocidos.”3

Más siniestro aún fueron las amenazas de `terrorismo de sangre’ hechas por la comunidad homosexual de la ciudad de San Francisco. El activista militante Robert Schwab escribió: “Si el dinero para investigaciones no llega hasta cierto nivel en determinada fecha, todos los hombres homosexuales donarán sangre.” Cualquier acción que se requiera tomar para obtener la atención nacional, es válida.4

En el programa 20/20 de ABC News se sacó a relucir esta historia en que un antiguo amante del Dr. David Acer, el dentista de la Florida que infectó a varios de sus pacientes con SIDA, reveló que Acer los había infectado deliberadamente porque se sentía furioso debido a que el SIDA había sido caracterizado como una enfermedad de homosexuales.5

De acuerdo a lo que muestran cifras recientes, más de la mitad de todos los americanos hemofílicos han contraído el SIDA debido a productos sanguíneos contaminados. Más de 1,600 ya han muerto y 8,000 de ellos seguirán muy pronto.

Así que cuando hablamos sobre el poder político de los homosexuales como una amenaza a la salud de toda la nación así como una amenaza a la libertad de conciencia y creencias, lo decimos en serio. Son cerca de 10,000 muertes causadas por el poder político homosexual. El fracaso de la educación y el llamado `sexo seguro’.

Los datos estadísticos muestran claramente como la intensa campaña de `educación sexual’ en América ha resultado un fracaso. Un estudio hecho entre junio de 1984 y enero de 1985, en el que participaron 1,034 hombres homosexuales de San Francisco, mostró que aún después de varios años de educación sobre “sexo seguro” en la comunidad, cerca del 20% habían tenido más de 50 contactos sexuales en los dos años anteriores al estudio.6

Como respuesta a las llamadas hechas pidiendo que se restringiera el comportamiento sexual, los homosexuales respondieron: “Se discutió la recomendación de que los hombres homosexuales se limiten a sólo compromisos monógamos y se encontró que le faltaba creatividad… pues reflejaba la simpleza y la insensibilidad de un forastero hacia el mundo de los homosexuales”.7

Un estudio de los Institutos nacionales de Salud en cerca de 5,000 hombres homosexuales y bixesuales, reveló que mas de la mitad todavía continuaban practicando el sexo anal receptivo. Más de dos tercios de estos no usaban el preservativo.8

La American Journal of Public Health informó en octubre de 1991 acerca de un estudio de 138 hombres en su mayoría homosexuales y bisexuales que eran HIV positivo. El 45% de ellos continuaban sexualmente activos aún después de saber que tenían el SIDA. De entre esos que continuaron teniendo relaciones sexuales, el 52% no se lo notifico a sus compañeros sexuales. De hecho, el estudio concluyó que a mayor numero de compañeros sexuales, menor probabilidad de que el sujeto revelar su enfermedad.

Nota: Este artículo es parte del editorial “Gay Power and AIDS” del boletín CFV Report (Colorado for Family Values) Vol. 19 August 1994; P.O. Box 190, Colorado Springs.

Citas

1. Lorraine Day, M.D., AIDS: What the Government Isn’t Telling You, Palm Desert, California: Rockford Press, 1991, p. 253.

2. AIDS cure is far off, expert says.” San Francisco Examiner, marzo 22, 1994.

3. David Horowitz, “Queer Fellows”, The American Spectator, enero de 1993.

4. Day, p.65.(Citado en el libro de Kirk Kidwell “Homosexuals Flex Muscle in Washington.” American Family Association Journal, enero de 1988. pp. 6-8.)

5. “Dental Paranoia.” On San Francisco, febrero de 1994, p.11.

6. W. Winkelstein, “Sexual Practices and Risk of Infection by the Human Immunodeficiency Virus”, The San Francisco Men’s Health Study, Journal of the American Medical Association, enero 16 de 1987, vol. 257, no. 3 p. 323.

7. “Letters to the Editor” American Journal of Public Helath, diciembre de 1985, vol. 75, pp. 1449-1450.

8. Robin Fox, et al., Third International Conference on AIDS: Abstracts Volume, p.213. (Según fue reportado en el libro de Paul Cameron, Ph.D., Exposing the AIDS Scandal, Huntington House, 1988, pp. 93-94.


NOTA: Esto es un resumen del libro de la Dra. Lorraine Day: “EL SIDA: lo que el gobierno no está diciendo (“AIDS: What the Government Isn’t Telling You”), el cual puede obtenerlo llamando al 1-800-74-2437, o escribiendo a Rockford Press, P.O. Box 952, Rancho Mirage, CA 92270. Precio: $22.95US mas costos de manejo y envío.

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