La afirmación de “género” no es compasión (II)
Padre Shenan J. Boquet – presidente de Vida Humana Internacional.
Publicado originalmente en inglés el 16 de febrero del 2026 en: https://www.hli.org/2026/02/tumbler-ridge-transgender-ideology/
Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo.
Cómo la ideología de género erosiona la información objetiva
En los últimos años, la adopción de la ideología de género por parte de los medios de comunicación se ha vuelto tan completa que resulta casi imposible penetrar la densa niebla de la ofuscación para acceder a los hechos más simples sobre los acontecimientos de última hora.
Tras el tiroteo en Aberdeen Rite Aid, por ejemplo, CNN publicó un extenso análisis en el que expresó su sorpresa por el hecho de que el tiroteo desafiara los estereotipos y, por lo tanto, representara un desafío para los expertos en las fuerzas del orden.
“Snochia Moseley no encaja en el perfil que quienes trabajamos en las fuerzas del orden esperamos de un asesino en masa o un tirador activo más típico”, escribió James Gagliano para CNN.
“Aunque los expertos discrepan sobre las cifras exactas y los porcentajes, sí coinciden en que los hombres blancos han cometido muchísimos más tiroteos masivos que cualquier otro grupo. Moseley era una mujer afroamericana”.
Sin embargo, Moseley no era una mujer. Moseley era un hombre.
La cobertura mediática canadiense sobre el tiroteo de Tumbler Ridge fue tan uniforme que provocó sorpresa y asombro al descubrir que un tiroteo tan masivo también fue perpetrado por una mujer. Pero no fue así.
Sin duda, una de las consecuencias más extrañas de la ideología de género es que las feministas progresistas, que se han esforzado tanto en demonizar las tendencias violentas de los hombres blancos, están perfectamente dispuestas a atribuir actos grotescos de violencia a una mujer, incluso si esa “mujer” es en realidad un hombre.
El vínculo entre el transgenerismo y la salud mental
La cuestión de la relación entre el transgenerismo y la violencia es compleja. No es necesariamente incorrecto expresar preocupación por cómo algunas personas utilizan una demagogia inútil en lugar de mantenerse firmes en los hechos.
Nota del Editor: Debemos tener compasión y respeto por las personas que sufren del desorden de identidad sexual. Pero esa compasión y respeto no deben llevarnos a afirmar a esa persona en su confusión sexual ni tampoco el dejar de preocuparnos por la conexión que existe, en algunos casos, entre las personas que sufren de este desorden y la violencia que pudieran perpetrar.
Por ejemplo, no me queda claro si sirve de ayuda la publicación de Matt Walsh, periodista del Daily Wire, en X, que dice:
Las personas trans son el grupo más peligroso e inestable que existe… Toda la industria de la transición de género debe ser clausurada de inmediato y por la fuerza. No solo por el bien de las personas con confusión de género de las que se aprovecha, sino por la seguridad del público en general.
Sin embargo, contrariamente a lo que afirman los medios de comunicación izquierdistas, no hay nada irracional ni odioso en cuestionar la conexión entre la confusión de género y los actos de violencia.
En una cuestión importante, las estadísticas son inequívocas: las personas que sufren disforia de género tienen tasas mucho más altas de comorbilidades de salud mental, intentos y suicidios consumados, y trastornos por abuso de sustancias. De hecho, una de las consecuencias más trágicas de la forma en que la ideología de género ha invadido nuestra cultura es que muchos adolescentes, que experimentan lo que de otro modo serían crisis de identidad normales y transitorias, se han visto influenciados a interpretar su angustia evolutiva como prueba de que son “transgéneros”.
Y debido al triunfo de las ideologías de género, los adultos en la vida de estos jóvenes a menudo no les ponen ningún obstáculo razonable para que se lancen a esta nueva identidad y todo lo que conlleva: nuevos nombres, ropa nueva, potentes fármacos que alteran la vida, cirugías irreversibles y mutiladoras, tasas elevadas de todo tipo de trastornos mentales y tratamiento con fuertes fármacos psiquiátricos.
En particular, el hecho de que las personas transgénero que se identifican como mujeres transgénero se sometan a altas dosis de testosterona sintética, lo cual se relaciona con un aumento de los niveles de ira y violencia, parece relevante, especialmente dado el número de tiroteos perpetrados por mujeres que intentan “transicionar” a hombres.
Cómo la confusión de identidad sexual fomenta el aislamiento social
También es un hecho demostrable que, en los últimos años, ciertos sectores de la comunidad transgénero han adoptado abiertamente el lenguaje de la revolución violenta.
No es necesario buscar mucho para encontrar ejemplos de personas que sufren confusión sexual que condenan a los críticos de la ideología de género como “tiranos violentos” y “opresores”, a los que hay que resistir, con violencia si es necesario.
Un ensayo que circula por internet, titulado “Nihilismo de género y el impulso revolucionario”, analiza este fenómeno en profundidad.
[Nota del Editor: La palabra “nihilismo” viene del latín “nihil”, que significa “nada”. Por lo tanto, podemos decir que esta ideología se inclina a negar que la vida tenga un sentido dado por Dios y la naturaleza creada por Él, especialmente la naturaleza humana. A un nivel más concreto, esta ideología niega la existencia de valores o principios morales y religiosos. La persona se queda sin nada para guiar su vida y darle sentido, solo encuentra ante sí un tenebroso vacío. No le queda otra vía que inventarse o “crear” su propio sentido, su “propia moral” o “sistema de valores” a partir de sus propias preferencias subjetivas, las cuales suelen ser profundamente dañinas.]
El ensayo argumenta que la ideología de género desestabiliza profundamente a las personas que se identifican como transgénero al rechazar la noción misma de una naturaleza determinada. Cuando el cuerpo ya no se recibe como un don del Creador, sino como materia prima sujeta al antojo de la manipulación, la persona corre el riesgo de desvincularse y alienarse de los demás y de sí misma.
Y esta alienación, si no se controla, se transforma en resentimiento porque la persona ha sido creada para compartir relaciones interpersonales significativas con Dios y los demás y así encontrar plenitud y ser feliz. Pero al no encontrar esa plenitud y felicidad que proporcionan el amor a Dios y a los demás, la persona, en su aislamiento, solo encuentra frustración y experimenta el mundo como hostil, todo lo cual desemboca en el resentimiento y la ira.
Como señala el ensayo:
Explorar el propio “género” no conduce intrínsecamente a la violencia ni al nihilismo. Pero la ideología de género, tal como la han promovido las instituciones occidentales durante la última década, ha desempeñado un papel importante en la amplificación del pensamiento nihilista. Desde las escuelas y las autoridades médicas hasta las redes sociales, el mensaje ha sido a menudo el mismo: tu cuerpo está mal tal como está; serías mejor, más completo, en una forma diferente. Cuando se enseña a las personas a ver sus propios cuerpos como errores, o al mundo como hostil a su “verdadero” yo, el nihilismo no surge de arriba hacia abajo. Crece desde abajo.
Y ahora, existen rincones oscuros de internet donde cada sufrimiento y contratiempo que experimenta una persona con confusión de género se interpreta como persecución, y donde la ira se cultiva en lugar de calmarse.
Un joven que ya se siente aislado puede encontrar en estas comunidades una explicación clara para su dolor. No es que esté deprimido, sea socialmente torpe o luche contra una enfermedad mental sin tratamiento. Es que el mundo está en su contra. El sistema es corrupto. Las normas son violentas. La familia es opresiva. La Iglesia es intolerante.
Si esa narrativa se asimila lo suficiente, la violencia puede empezar a parecer resistencia.
Amor en la Verdad: La respuesta católica a la disforia de género
La Iglesia reconoce el profundo sufrimiento que puede acompañar a la disforia de género y el llamado universal a tratar a todas las personas con respeto.
El Catecismo de la Iglesia Católica nos llama a tratar a cada persona con respeto, compasión y delicadeza (CIC, n.º 2358). Quienes experimentan angustia por su cuerpo o identidad no son enemigos. A menudo son personas profundamente heridas que necesitan nuestro amor y compasión.
Sin embargo, el amor auténtico requiere la aceptación de la verdad. Y aquí estamos hablando de la verdad acerca del ser humano. Es simplemente cierto que el cuerpo no es simplemente materia prima que se moldea según los sentimientos internos, sino un don de Dios que revela algo verdadero sobre quiénes somos. Afirmar la ideología de género no es compasión, sino una falta de honrar la plenitud de la naturaleza humana tal como Dios la diseñó.
[Nota del Editor: La idea errónea que está a la base de esta ideología es pensar que la libertad solo se puede dar si se niega lo que ya está dado, lo que me antecede. Es creer que la libertad humana debe “crearse” a partir de cero, de la nada, de mi propia invención en el vacío. Pero la verdadera libertad humana es una libertad creada, es una libertad dada por Dios. Y esa libertad creada se desenvuelve a partir de ciertos condicionamientos que ya existen, como lo es el cuerpo con su sexo ya determinado. Lejos de negar la libertad, estos condicionamientos o “límites” son los que potencian la libertad humana, no la niegan. Me ayudan a vivir mi libertad con y para los demás, lejos del aislamiento egoísta. La libertad humana verdadera, la que Dios nos ha donado, es siempre co-libertad, libertad compartida. Y sus límites le marcan a la libertad verdadera una amplia ruta por la cual transitar realizando el bien con amor y creatividad. Lo contrario es negar la realidad de las cosas en general y de la naturaleza humana en particular.]
Y es condenar a las personas que sufren disforia de género a una vida de confusión, angustia y, en algunos casos, un resentimiento profundo y destructivo, destructivo de uno mismo y de los demás.
Los tiroteos de Tumbler Ridge, Covenant School y Annunciation School muestran lo que sucede cuando esta ira destructiva se protege e incluso se defiende como una consecuencia “comprensible” de la falta de “aceptación”, y cuando las enfermedades mentales graves se replantean insensatamente como una expresión saludable de la “identidad de género”.
Me duele el corazón por todas las familias que perdieron a sus seres queridos en otro tiroteo masivo. Y me duele por una cultura tan sumida en la confusión que no podemos ponernos de acuerdo ni en la más simple de las realidades.
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