La nueva eugenesia y el síndrome de Down (I)

 

Padre Shenan J. Boquet

Presidente de Vida Humana Internacional

 

Publicado originalmente en inglés el 15 de junio del 2026 en: https://www.hli.org/2026/06/the-new-eugenics-eliminating-down-syndrome/

 

Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo.

 

Aclaración: No condenamos a nadie que haya caído en el grave pecado del aborto o en su práctica o promoción. Urgimos a todos, con mucho amor, a la conversión. Dios les espera en el siempre necesario Sacramento de la Confesión para darles Su infinita misericordia. La Iglesia Católica también cuenta con ministerios de reconciliación y sanación postaborto.

 

Hace unas semanas, los “influencers” de YouTube Jesse Ridgway y su esposa Ashley anunciaron a sus cuatro millones de suscriptores que esperaban a su primer hijo, que nacería en otoño de este años de 2026. Grabaron un vídeo para revelar el sexo del bebé y publicaron ecografías. En un vídeo anterior, Jesse les había dicho a sus seguidores que estaba preparado para lo que viniera. “Me comprometí a ser padre, pase lo que pase”, afirmó.

 

Luego, la prueba prenatal reveló marcadores de trisomía 21, es decir, síndrome de Down. Jesse también grabó ese momento. Mientras Ashley lloraba, él miró a la cámara y les dijo a sus seguidores que habían hablado de “interrumpir el embarazo”.

 

¿Y qué pasó con el “pase lo que pase”?

 

El 3 de junio, Jesse anunció en X que habían abortado a su hijo a las veintiún semanas.

 

“No fue una decisión fácil”, escribió. “Sé que algunos de ustedes estarán muy decepcionados al escuchar esta noticia. Estamos devastados. Esto ha sido extremadamente traumático para ambos, especialmente para Ashley”.

 

Veintiuna semanas. A esa edad, un bebé que no ha nacido todavía puede sentir dolor, chuparse el dedo, oír la voz de su madre y estirar sus extremidades. El año pasado, un bebé prematuro nacido a las veintiuna semanas en Iowa sobrevivió.

 

 

Aborto público y reacción negativa

 

Al explicar su decisión, Jesse Ridgway calificó el síndrome de Down como “objetivamente terrible desde el punto de vista de la salud” y afirmó que “no es una bendición”. Citó una estadística que indica que hasta el 90% de las mujeres en situaciones similares abortan. Concluyó diciendo que él y Ashley estaban “entusiasmados por intentarlo de nuevo en el futuro y, con suerte, tener un mejor resultado”.

 

La publicación que anunciaba el aborto ha sido vista más de 24 millones de veces. La respuesta fue, como era de esperar, bastante polarizada y apasionada.

 

En una publicación posterior al día siguiente, Jesse calificó las condenas recibidas de “perturbadoras” y evidencia de “la depravación de la gente en internet”. Dijo estar confundido sobre por qué abortar a un bebé con síndrome de Down era noticia, ya que es “el resultado más común de la trisomía 21”. Se describió a sí mismo y a Ashley como dos personas “que lloran la pérdida de su hijo por nacer”.

 

Claro que, en realidad, no “perdieron” a su hijo. Eligieron que lo mataran. Y no tomaron una “decisión profundamente personal” en privado: documentaron cada instante de la breve vida de su hijo para millones de suscriptores. Todo era público, excepto los espeluznantes detalles de su muerte.

 

 

¿Por qué desaparecen las personas con síndrome de Down?

 

Como escribí el año pasado, las personas con síndrome de Down están desapareciendo silenciosamente en todo el mundo desarrollado. No por enfermedad ni por un deterioro natural, sino porque se les está practicando la muerte antes del nacimiento a un ritmo alarmante.

 

En Estados Unidos, se estima que el 67% de los bebés no nacidos con diagnóstico prenatal definitivo de síndrome de Down son abortados. En Inglaterra, la cifra ronda el 87%. En Dinamarca, solo nacieron 18 niños con esta condición en un año reciente.

 

En Islandia, la tasa de abortos en casos de niños diagnosticados con síndrome de Down es prácticamente del 100%. Como explicó a CBS el jefe de la Unidad de Diagnóstico Prenatal del Hospital Universitario Landspitali, cuando nace algún niño con síndrome de Down en Islandia, no es porque los padres hayan decidido tenerlo, sino porque “algunos presentaban un bajo riesgo en nuestra prueba de detección, por lo que no los detectamos”.

 

 

Eugenesia con bata blanca

 

Existe una palabra para la eliminación sistemática de toda una categoría de seres humanos considerados indignos de vivir. Esa palabra es eugenesia.

 

La antigua eugenesia era un programa estatal de esterilizaciones forzadas e higiene racial. Quedó desacreditada después de que su promotor más notorio, Adolf Hitler, demostrara su lógica final. Lo que ocurre hoy, se nos dice, es diferente, porque se basa en la libertad de elección.

 

En 2009, el Papa Benedicto XVI, en un discurso ante la Academia Pontificia para la Vida, advirtió sobre el auge de este tipo de pensamiento.

 

A diferencia de la antigua eugenesia, que atacaba a las personas por su raza o grupo, esta “nueva eugenesia”, dijo, “tiende a privilegiar las capacidades para el trabajo, la eficiencia, la perfección y la belleza física en detrimento de otras dimensiones de la existencia que no se consideran valiosas”.

 

Eso es precisamente lo que estamos presenciando.

 

El lenguaje ha pasado de la “higiene racial” a la “calidad de vida”, de “no apto” a “incompatible con la vida”, del mandato gubernamental a la autonomía personal (es decir, el “derecho a elegir” de los padres).

 

Pero el resultado es el mismo: toda una clase de seres humanos está siendo condenada a la destrucción antes incluso de nacer. La antigua eugenesia recurría a la coerción. La nueva eugenesia utiliza un instrumento más sutil: la expectativa de que los padres responsables tomen la decisión “correcta” ante un diagnóstico prenatal adverso.

 

El propio Jesse Ridgway señaló la alta tasa de abortos como prueba de su decisión: dado que la mayoría lo hace, debe ser lo razonable. Esta es la lógica de la masa disfrazada de lógica racional.

 

El Papa San Juan Pablo II identificó esta dinámica en Evangelium Vitae.

 

Una persona que, por enfermedad, discapacidad o, simplemente, por el mero hecho de existir, compromete el bienestar o el estilo de vida de quienes gozan de mayores privilegios, suele ser vista como un enemigo al que hay que combatir o eliminar. De este modo, se desata una especie de “conspiración contra la vida” (Nro. 12).

 

Continuará.

 

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