Andrew Tate y la crisis de la masculinidad (II)
Padre Shenan J. Boquet
Presidente de Vida Humana Internacional
Publicado originalmente en inglés el 10 de agosto del 2026 en: https://www.hli.org/2026/08/andrew-tate-and-the-crisis-of-masculinity/
Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo.
Jóvenes atrapados en una cultura de proxenetismo digital
Trágicamente, ni el caso de los Tate ni el de Tyukalo son horrores aislados. Son la cara criminal de una práctica que se extiende a plena vista. Esto se debe a Andrew Tate y a imitadores como Tyukalo, quienes han impulsado este fenómeno exhibiendo sus vidas a millones de seguidores en Instagram, con perfiles repletos de autos ostentosos, jets privados y numerosas mujeres jóvenes.
Recientemente, The Guardian investigó lo que denominó el “auge pernicioso” de los “gestores” de OnlyFans: hombres que prometen aumentar la audiencia en línea de una mujer y, en cambio, se apoderan de sus cuentas y contraseñas, se quedan con entre el 50 y el 70 por ciento de sus ganancias y utilizan la coacción y las amenazas para obligarla a producir contenido pornográfico cuando ella quiere dejarlo. Como observaron los propios editores de The Guardian, estos informes socavan la “demagogia de empoderamiento” de la industria.
Llamemos a las cosas por su nombre: proxenetismo. Un “gerente” que vive de la explotación sexual de mujeres es un proxeneta, ya sea que trabaje en la calle o a través de una aplicación, y ninguna pantalla de inicio de sesión ni sociedad de responsabilidad limitada cambia la naturaleza de la transacción.
Durante años, nuestra cultura ha insistido en que “el trabajo sexual es trabajo”, que la pornografía es empoderamiento, que OnlyFans es simplemente mujeres jóvenes emprendedoras que monetizan sus propios cuerpos en sus propios términos. El auge de OnlyFans desmiente todo esto. Dondequiera que haya sexo comercial, la coerción le sigue de cerca, porque toda la industria se basa en tratar a los seres humanos como productos.
El artículo de Ezra Marcus en “The Cut” incluye una sección que destaca la expansión de OnlyFans. Incluye uno de los párrafos más perturbadores que he leído. Marcus recogió el testimonio de un joven que había estado cerca de la operación de Tyukalo:
“Se está convirtiendo en una auténtica moda en Washington. Nikita fue, por así decirlo, el primero en hacerlo y luego todos empezaron a imitarlo. Simplemente se multiplicó”. Ahora, dijo, “hay chicos de 16 años que tienen modelos de 18 trabajando para ellos”. Cuando se conecta a Snapchat, ve un flujo constante de reclutamiento de OFM. “Un viernes cualquiera, veo a unos 20 chicos publicando en sus Stories: ‘Si eres chica y quieres ser modelo y ganar 15 o 20 mil dólares al mes, envíame un mensaje directo, te ayudaremos’”. Conoce a chicos de secundaria que hablan de crear sus propias agencias. “Es una locura”, dijo, “cómo Andrew Tate en 2020 en su página ‘Para ti’ puede llevar al tráfico de chicas de preparatoria”.
Lee la última frase de nuevo. Andrew Tate en el feed de redes sociales de un chico en 2020 lleva al tráfico de chicas de preparatoria en 2026. Los chicos de secundaria planean sus “agencias”. Chicos de 16 años tienen “modelos” trabajando para ellos.
La historia de Marcus contiene un giro aún más insólito. Tyukalo cayó, en parte, a manos de adictos a la pornografía. Usuarios de un foro dedicado a debatir sobre artistas de webcam notaron moretones en las jóvenes que veían y oyeron llantos fuera de cámara. Autodenominándose los “Caballeros Blancos”, investigaron, archivaron grabaciones, revisaron registros y llevaron las pruebas a la policía de Bellevue.
Incluso hombres esclavizados a la pornografía pudieron reconocer la maldad que tenían delante, y una chispa de caballerosidad que aún permanecía viva en ellos les impidió apartar la mirada.
Mira el video «Cómo dejar la pornografía de una vez por todas con subtítulos en español» en este enlace. https://www.youtube.com/watch?v=Hv3GyD735rQ
Cuando una cultura les falla a sus hombres, algo llenará el vacío
Detrás de esta historia de horror sobre abuso y explotación, y de su cabecilla, Andrew Tate, surge una pregunta crucial: ¿por qué millones de chicos escuchan a este hombre? La respuesta, creo, es bastante sencilla. Lo que buscan los jóvenes es lo que siempre han necesitado: motivación, sentido y propósito.
Sin embargo, nuestra cultura ha pasado una generación diciéndoles que ellos son el problema, cuya energía es “tóxica”, que sus instintos son sospechosos y que su fuerza es indeseable.
Decenas de millones de ellos crecen sin padre. Las escuelas, los medios de comunicación y la publicidad no les ofrecen una visión significativa de la masculinidad. Y en ese vacío aparece Andrew Tate, quien les dice a los chicos: tu fuerza importa, disciplínate, rechaza la debilidad, hazte rico, no le rindas cuentas a nadie.
Les ofrece hermandad, una misión y una jerarquía a la que ascender. Es una falsificación, disciplina al servicio de los instintos más bajos, pero es una falsificación de algo real.
¿Qué vende, en definitiva, Andrew Tate? Felicidad. Sin embargo, la buena vida, según él, es una vida de placer: dinero sin límites, sexo sin compromiso, poder sin responsabilidad. La Iglesia siempre ha enseñado que esto es precisamente lo contrario.
El placer es un buen sirviente y un amo tiránico. La verdadera buena vida es la vida virtuosa, y la felicidad de un hombre no reside en la cantidad de mujeres con las que ha estado, sino en la profundidad del amor que demuestra hacia quienes forman parte de su vida en el contexto del verdadero matrimonio y la familia o de las amistades virtuosas y auténticas.
La antropología de Andrew Tate, la mentalidad anti matrimonial, la ética de las relaciones casuales, la mujer como trofeo y producto no es otra cosa que parte de la “cultura” de la muerte. Es la misma lógica que nos lleva al aborto y a las plataformas como OnlyFans: la persona humana reducida a un instrumento del apetito ajeno.
Cristo nos muestra la verdadera masculinidad
La Iglesia conoce y enseña la verdadera masculinidad. La auténtica masculinidad es la fortaleza puesta al servicio de los demás: el esposo que da la vida por su esposa, el padre que protege y provee, el hombre cuya disciplina no sirve a sus propios deseos, sino a las personas que Dios pone en su camino.
Como bien dijo un autor, Andrew Tate no es masculino; es esclavo de las mismas pasiones que un hombre está llamado a dominar. Nuestro Señor abordó la cuestión de para qué sirve la fuerza del hombre: el Hijo del Hombre “no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28). Y advirtió precisamente contra el faso “evangelio” de Tate: “Nadie puede servir a dos amos. No se puede servir a Dios y al dinero” (Mateo 6:24).
Cristo es el emblema de la auténtica masculinidad. Fue en su sacrificio en la cruz que mostró a los hombres, de todas las épocas, lo que significa el verdadero poder. No en la sumisión de los demás, sino en mirar incluso a quienes lo persiguieron y lo mataron, y orar: “Padre, perdónalos, porque ahora saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Este es el auténtico poder de la libertad interior: una libertad no sometida a las exigencias del mundo, de la carne ni del diablo, sino a Dios, Quien es el Amor Puro.
Los jóvenes necesitan padres, mentores y modelos de verdadera hombría
Esta es la visión de la masculinidad que los padres católicos, tanto los padres biológicos como nuestros sacerdotes, están llamados a encarnar y a que sus hijos imiten. Los padres deben brindar a sus hijos lo que Andrew Tate no promete: la iniciación a una hombría disciplinada, con propósito y abnegada.
Los párrocos deben predicar a los jóvenes directamente, como hombres, y llamarlos a algo más difícil de lo que Tate jamás pide: castidad, fidelidad, la renuncia diaria al egoísmo. Las parroquias deben ofrecer a los jóvenes una verdadera fraternidad, grupos de hombres, equipos de servicio, mentores, para que no tengan que buscar un sentido de pertenencia en una influencia tóxica.
Nuestra tradición cuenta con numerosos modelos a seguir. San José, silencioso, fuerte, trabajador, absolutamente confiable, protegió a Cristo y a la Santísima Virgen, y las Escrituras no registran ni una sola palabra que pronunciara. En cada parroquia hay hombres que viven así. La pregunta es si alguna vez los ponemos al frente de nuestros jóvenes.
Esto también es una labor en defensa de la vida: los programas de castidad y familia de Vida Humana Internacional en todo el mundo existen precisamente porque la batalla por la vida se gana o se pierde en la formación de jóvenes, tanto hombres como mujeres, mucho antes de que se enfrenten a una crisis.
Para terminar, les pido a los padres que, por favor, estén muy atentos: el público de Andrew Tate no son hombres adultos. Son chicos de doce, trece y catorce años a quienes llegan estos proxenetas a través de los mismos teléfonos que les damos desde muy pequeños. En este preciso instante, hay un chico (y podría ser su propio hijo) viendo a Andrew Tate en su teléfono, decidiendo qué clase de hombre quiere ser. Y hay una chica que algún día se cruzará en el camino de ese hombre.
Oremos por nuestros hijos e hijas, para que no caigan víctimas de los abusos de Andrew Tate y otros como él. Y oremos por las jóvenes de la “Casa de OnlyFans”, para que encuentren sanación y amor verdadero.
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Padre Shenan J. Boquet
Presidente de Vida Humana Internacional
Publicado originalmente en inglés el 10 de agosto del 2026 en: https://www.hli.org/2026/08/andrew-tate-and-the-crisis-of-masculinity/
Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo.
Jóvenes atrapados en una cultura de proxenetismo digital
Trágicamente, ni el caso de los Tate ni el de Tyukalo son horrores aislados. Son la cara criminal de una práctica que se extiende a plena vista. Esto se debe a Andrew Tate y a imitadores como Tyukalo, quienes han impulsado este fenómeno exhibiendo sus vidas a millones de seguidores en Instagram, con perfiles repletos de autos ostentosos, jets privados y numerosas mujeres jóvenes.
Recientemente, The Guardian investigó lo que denominó el “auge pernicioso” de los “gestores” de OnlyFans: hombres que prometen aumentar la audiencia en línea de una mujer y, en cambio, se apoderan de sus cuentas y contraseñas, se quedan con entre el 50 y el 70 por ciento de sus ganancias y utilizan la coacción y las amenazas para obligarla a producir contenido pornográfico cuando ella quiere dejarlo. Como observaron los propios editores de The Guardian, estos informes socavan la “demagogia de empoderamiento” de la industria.
Llamemos a las cosas por su nombre: proxenetismo. Un “gerente” que vive de la explotación sexual de mujeres es un proxeneta, ya sea que trabaje en la calle o a través de una aplicación, y ninguna pantalla de inicio de sesión ni sociedad de responsabilidad limitada cambia la naturaleza de la transacción.
Durante años, nuestra cultura ha insistido en que “el trabajo sexual es trabajo”, que la pornografía es empoderamiento, que OnlyFans es simplemente mujeres jóvenes emprendedoras que monetizan sus propios cuerpos en sus propios términos. El auge de OnlyFans desmiente todo esto. Dondequiera que haya sexo comercial, la coerción le sigue de cerca, porque toda la industria se basa en tratar a los seres humanos como productos.
El artículo de Ezra Marcus en “The Cut” incluye una sección que destaca la expansión de OnlyFans. Incluye uno de los párrafos más perturbadores que he leído. Marcus recogió el testimonio de un joven que había estado cerca de la operación de Tyukalo:
“Se está convirtiendo en una auténtica moda en Washington. Nikita fue, por así decirlo, el primero en hacerlo y luego todos empezaron a imitarlo. Simplemente se multiplicó”. Ahora, dijo, “hay chicos de 16 años que tienen modelos de 18 trabajando para ellos”. Cuando se conecta a Snapchat, ve un flujo constante de reclutamiento de OFM. “Un viernes cualquiera, veo a unos 20 chicos publicando en sus Stories: ‘Si eres chica y quieres ser modelo y ganar 15 o 20 mil dólares al mes, envíame un mensaje directo, te ayudaremos’”. Conoce a chicos de secundaria que hablan de crear sus propias agencias. “Es una locura”, dijo, “cómo Andrew Tate en 2020 en su página ‘Para ti’ puede llevar al tráfico de chicas de preparatoria”.
Lee la última frase de nuevo. Andrew Tate en el feed de redes sociales de un chico en 2020 lleva al tráfico de chicas de preparatoria en 2026. Los chicos de secundaria planean sus “agencias”. Chicos de 16 años tienen “modelos” trabajando para ellos.
La historia de Marcus contiene un giro aún más insólito. Tyukalo cayó, en parte, a manos de adictos a la pornografía. Usuarios de un foro dedicado a debatir sobre artistas de webcam notaron moretones en las jóvenes que veían y oyeron llantos fuera de cámara. Autodenominándose los “Caballeros Blancos”, investigaron, archivaron grabaciones, revisaron registros y llevaron las pruebas a la policía de Bellevue.
Incluso hombres esclavizados a la pornografía pudieron reconocer la maldad que tenían delante, y una chispa de caballerosidad que aún permanecía viva en ellos les impidió apartar la mirada.
Mira el video «Cómo dejar la pornografía de una vez por todas con subtítulos en español» en este enlace. https://www.youtube.com/watch?v=Hv3GyD735rQ
Cuando una cultura les falla a sus hombres, algo llenará el vacío
Detrás de esta historia de horror sobre abuso y explotación, y de su cabecilla, Andrew Tate, surge una pregunta crucial: ¿por qué millones de chicos escuchan a este hombre? La respuesta, creo, es bastante sencilla. Lo que buscan los jóvenes es lo que siempre han necesitado: motivación, sentido y propósito.
Sin embargo, nuestra cultura ha pasado una generación diciéndoles que ellos son el problema, cuya energía es “tóxica”, que sus instintos son sospechosos y que su fuerza es indeseable.
Decenas de millones de ellos crecen sin padre. Las escuelas, los medios de comunicación y la publicidad no les ofrecen una visión significativa de la masculinidad. Y en ese vacío aparece Andrew Tate, quien les dice a los chicos: tu fuerza importa, disciplínate, rechaza la debilidad, hazte rico, no le rindas cuentas a nadie.
Les ofrece hermandad, una misión y una jerarquía a la que ascender. Es una falsificación, disciplina al servicio de los instintos más bajos, pero es una falsificación de algo real.
¿Qué vende, en definitiva, Andrew Tate? Felicidad. Sin embargo, la buena vida, según él, es una vida de placer: dinero sin límites, sexo sin compromiso, poder sin responsabilidad. La Iglesia siempre ha enseñado que esto es precisamente lo contrario.
El placer es un buen sirviente y un amo tiránico. La verdadera buena vida es la vida virtuosa, y la felicidad de un hombre no reside en la cantidad de mujeres con las que ha estado, sino en la profundidad del amor que demuestra hacia quienes forman parte de su vida en el contexto del verdadero matrimonio y la familia o de las amistades virtuosas y auténticas.
La antropología de Andrew Tate, la mentalidad anti matrimonial, la ética de las relaciones casuales, la mujer como trofeo y producto no es otra cosa que parte de la “cultura” de la muerte. Es la misma lógica que nos lleva al aborto y a las plataformas como OnlyFans: la persona humana reducida a un instrumento del apetito ajeno.
Cristo nos muestra la verdadera masculinidad
La Iglesia conoce y enseña la verdadera masculinidad. La auténtica masculinidad es la fortaleza puesta al servicio de los demás: el esposo que da la vida por su esposa, el padre que protege y provee, el hombre cuya disciplina no sirve a sus propios deseos, sino a las personas que Dios pone en su camino.
Como bien dijo un autor, Andrew Tate no es masculino; es esclavo de las mismas pasiones que un hombre está llamado a dominar. Nuestro Señor abordó la cuestión de para qué sirve la fuerza del hombre: el Hijo del Hombre “no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28). Y advirtió precisamente contra el faso “evangelio” de Tate: “Nadie puede servir a dos amos. No se puede servir a Dios y al dinero” (Mateo 6:24).
Cristo es el emblema de la auténtica masculinidad. Fue en su sacrificio en la cruz que mostró a los hombres, de todas las épocas, lo que significa el verdadero poder. No en la sumisión de los demás, sino en mirar incluso a quienes lo persiguieron y lo mataron, y orar: “Padre, perdónalos, porque ahora saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Este es el auténtico poder de la libertad interior: una libertad no sometida a las exigencias del mundo, de la carne ni del diablo, sino a Dios, Quien es el Amor Puro.
Los jóvenes necesitan padres, mentores y modelos de verdadera hombría
Esta es la visión de la masculinidad que los padres católicos, tanto los padres biológicos como nuestros sacerdotes, están llamados a encarnar y a que sus hijos imiten. Los padres deben brindar a sus hijos lo que Andrew Tate no promete: la iniciación a una hombría disciplinada, con propósito y abnegada.
Los párrocos deben predicar a los jóvenes directamente, como hombres, y llamarlos a algo más difícil de lo que Tate jamás pide: castidad, fidelidad, la renuncia diaria al egoísmo. Las parroquias deben ofrecer a los jóvenes una verdadera fraternidad, grupos de hombres, equipos de servicio, mentores, para que no tengan que buscar un sentido de pertenencia en una influencia tóxica.
Nuestra tradición cuenta con numerosos modelos a seguir. San José, silencioso, fuerte, trabajador, absolutamente confiable, protegió a Cristo y a la Santísima Virgen, y las Escrituras no registran ni una sola palabra que pronunciara. En cada parroquia hay hombres que viven así. La pregunta es si alguna vez los ponemos al frente de nuestros jóvenes.
Esto también es una labor en defensa de la vida: los programas de castidad y familia de Vida Humana Internacional en todo el mundo existen precisamente porque la batalla por la vida se gana o se pierde en la formación de jóvenes, tanto hombres como mujeres, mucho antes de que se enfrenten a una crisis.
Para terminar, les pido a los padres que, por favor, estén muy atentos: el público de Andrew Tate no son hombres adultos. Son chicos de doce, trece y catorce años a quienes llegan estos proxenetas a través de los mismos teléfonos que les damos desde muy pequeños. En este preciso instante, hay un chico (y podría ser su propio hijo) viendo a Andrew Tate en su teléfono, decidiendo qué clase de hombre quiere ser. Y hay una chica que algún día se cruzará en el camino de ese hombre.
Oremos por nuestros hijos e hijas, para que no caigan víctimas de los abusos de Andrew Tate y otros como él. Y oremos por las jóvenes de la “Casa de OnlyFans”, para que encuentren sanación y amor verdadero.
____________________________________________
Padre Shenan J. Boquet
Presidente de Vida Humana Internacional
Publicado originalmente en inglés el 10 de agosto del 2026 en: https://www.hli.org/2026/08/andrew-tate-and-the-crisis-of-masculinity/
Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo.
Jóvenes atrapados en una cultura de proxenetismo digital
Trágicamente, ni el caso de los Tate ni el de Tyukalo son horrores aislados. Son la cara criminal de una práctica que se extiende a plena vista. Esto se debe a Andrew Tate y a imitadores como Tyukalo, quienes han impulsado este fenómeno exhibiendo sus vidas a millones de seguidores en Instagram, con perfiles repletos de autos ostentosos, jets privados y numerosas mujeres jóvenes.
Recientemente, The Guardian investigó lo que denominó el “auge pernicioso” de los “gestores” de OnlyFans: hombres que prometen aumentar la audiencia en línea de una mujer y, en cambio, se apoderan de sus cuentas y contraseñas, se quedan con entre el 50 y el 70 por ciento de sus ganancias y utilizan la coacción y las amenazas para obligarla a producir contenido pornográfico cuando ella quiere dejarlo. Como observaron los propios editores de The Guardian, estos informes socavan la “demagogia de empoderamiento” de la industria.
Llamemos a las cosas por su nombre: proxenetismo. Un “gerente” que vive de la explotación sexual de mujeres es un proxeneta, ya sea que trabaje en la calle o a través de una aplicación, y ninguna pantalla de inicio de sesión ni sociedad de responsabilidad limitada cambia la naturaleza de la transacción.
Durante años, nuestra cultura ha insistido en que “el trabajo sexual es trabajo”, que la pornografía es empoderamiento, que OnlyFans es simplemente mujeres jóvenes emprendedoras que monetizan sus propios cuerpos en sus propios términos. El auge de OnlyFans desmiente todo esto. Dondequiera que haya sexo comercial, la coerción le sigue de cerca, porque toda la industria se basa en tratar a los seres humanos como productos.
El artículo de Ezra Marcus en “The Cut” incluye una sección que destaca la expansión de OnlyFans. Incluye uno de los párrafos más perturbadores que he leído. Marcus recogió el testimonio de un joven que había estado cerca de la operación de Tyukalo:
“Se está convirtiendo en una auténtica moda en Washington. Nikita fue, por así decirlo, el primero en hacerlo y luego todos empezaron a imitarlo. Simplemente se multiplicó”. Ahora, dijo, “hay chicos de 16 años que tienen modelos de 18 trabajando para ellos”. Cuando se conecta a Snapchat, ve un flujo constante de reclutamiento de OFM. “Un viernes cualquiera, veo a unos 20 chicos publicando en sus Stories: ‘Si eres chica y quieres ser modelo y ganar 15 o 20 mil dólares al mes, envíame un mensaje directo, te ayudaremos’”. Conoce a chicos de secundaria que hablan de crear sus propias agencias. “Es una locura”, dijo, “cómo Andrew Tate en 2020 en su página ‘Para ti’ puede llevar al tráfico de chicas de preparatoria”.
Lee la última frase de nuevo. Andrew Tate en el feed de redes sociales de un chico en 2020 lleva al tráfico de chicas de preparatoria en 2026. Los chicos de secundaria planean sus “agencias”. Chicos de 16 años tienen “modelos” trabajando para ellos.
La historia de Marcus contiene un giro aún más insólito. Tyukalo cayó, en parte, a manos de adictos a la pornografía. Usuarios de un foro dedicado a debatir sobre artistas de webcam notaron moretones en las jóvenes que veían y oyeron llantos fuera de cámara. Autodenominándose los “Caballeros Blancos”, investigaron, archivaron grabaciones, revisaron registros y llevaron las pruebas a la policía de Bellevue.
Incluso hombres esclavizados a la pornografía pudieron reconocer la maldad que tenían delante, y una chispa de caballerosidad que aún permanecía viva en ellos les impidió apartar la mirada.
Mira el video «Cómo dejar la pornografía de una vez por todas con subtítulos en español» en este enlace. https://www.youtube.com/watch?v=Hv3GyD735rQ
Cuando una cultura les falla a sus hombres, algo llenará el vacío
Detrás de esta historia de horror sobre abuso y explotación, y de su cabecilla, Andrew Tate, surge una pregunta crucial: ¿por qué millones de chicos escuchan a este hombre? La respuesta, creo, es bastante sencilla. Lo que buscan los jóvenes es lo que siempre han necesitado: motivación, sentido y propósito.
Sin embargo, nuestra cultura ha pasado una generación diciéndoles que ellos son el problema, cuya energía es “tóxica”, que sus instintos son sospechosos y que su fuerza es indeseable.
Decenas de millones de ellos crecen sin padre. Las escuelas, los medios de comunicación y la publicidad no les ofrecen una visión significativa de la masculinidad. Y en ese vacío aparece Andrew Tate, quien les dice a los chicos: tu fuerza importa, disciplínate, rechaza la debilidad, hazte rico, no le rindas cuentas a nadie.
Les ofrece hermandad, una misión y una jerarquía a la que ascender. Es una falsificación, disciplina al servicio de los instintos más bajos, pero es una falsificación de algo real.
¿Qué vende, en definitiva, Andrew Tate? Felicidad. Sin embargo, la buena vida, según él, es una vida de placer: dinero sin límites, sexo sin compromiso, poder sin responsabilidad. La Iglesia siempre ha enseñado que esto es precisamente lo contrario.
El placer es un buen sirviente y un amo tiránico. La verdadera buena vida es la vida virtuosa, y la felicidad de un hombre no reside en la cantidad de mujeres con las que ha estado, sino en la profundidad del amor que demuestra hacia quienes forman parte de su vida en el contexto del verdadero matrimonio y la familia o de las amistades virtuosas y auténticas.
La antropología de Andrew Tate, la mentalidad anti matrimonial, la ética de las relaciones casuales, la mujer como trofeo y producto no es otra cosa que parte de la “cultura” de la muerte. Es la misma lógica que nos lleva al aborto y a las plataformas como OnlyFans: la persona humana reducida a un instrumento del apetito ajeno.
Cristo nos muestra la verdadera masculinidad
La Iglesia conoce y enseña la verdadera masculinidad. La auténtica masculinidad es la fortaleza puesta al servicio de los demás: el esposo que da la vida por su esposa, el padre que protege y provee, el hombre cuya disciplina no sirve a sus propios deseos, sino a las personas que Dios pone en su camino.
Como bien dijo un autor, Andrew Tate no es masculino; es esclavo de las mismas pasiones que un hombre está llamado a dominar. Nuestro Señor abordó la cuestión de para qué sirve la fuerza del hombre: el Hijo del Hombre “no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28). Y advirtió precisamente contra el faso “evangelio” de Tate: “Nadie puede servir a dos amos. No se puede servir a Dios y al dinero” (Mateo 6:24).
Cristo es el emblema de la auténtica masculinidad. Fue en su sacrificio en la cruz que mostró a los hombres, de todas las épocas, lo que significa el verdadero poder. No en la sumisión de los demás, sino en mirar incluso a quienes lo persiguieron y lo mataron, y orar: “Padre, perdónalos, porque ahora saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Este es el auténtico poder de la libertad interior: una libertad no sometida a las exigencias del mundo, de la carne ni del diablo, sino a Dios, Quien es el Amor Puro.
Los jóvenes necesitan padres, mentores y modelos de verdadera hombría
Esta es la visión de la masculinidad que los padres católicos, tanto los padres biológicos como nuestros sacerdotes, están llamados a encarnar y a que sus hijos imiten. Los padres deben brindar a sus hijos lo que Andrew Tate no promete: la iniciación a una hombría disciplinada, con propósito y abnegada.
Los párrocos deben predicar a los jóvenes directamente, como hombres, y llamarlos a algo más difícil de lo que Tate jamás pide: castidad, fidelidad, la renuncia diaria al egoísmo. Las parroquias deben ofrecer a los jóvenes una verdadera fraternidad, grupos de hombres, equipos de servicio, mentores, para que no tengan que buscar un sentido de pertenencia en una influencia tóxica.
Nuestra tradición cuenta con numerosos modelos a seguir. San José, silencioso, fuerte, trabajador, absolutamente confiable, protegió a Cristo y a la Santísima Virgen, y las Escrituras no registran ni una sola palabra que pronunciara. En cada parroquia hay hombres que viven así. La pregunta es si alguna vez los ponemos al frente de nuestros jóvenes.
Esto también es una labor en defensa de la vida: los programas de castidad y familia de Vida Humana Internacional en todo el mundo existen precisamente porque la batalla por la vida se gana o se pierde en la formación de jóvenes, tanto hombres como mujeres, mucho antes de que se enfrenten a una crisis.
Para terminar, les pido a los padres que, por favor, estén muy atentos: el público de Andrew Tate no son hombres adultos. Son chicos de doce, trece y catorce años a quienes llegan estos proxenetas a través de los mismos teléfonos que les damos desde muy pequeños. En este preciso instante, hay un chico (y podría ser su propio hijo) viendo a Andrew Tate en su teléfono, decidiendo qué clase de hombre quiere ser. Y hay una chica que algún día se cruzará en el camino de ese hombre.
Oremos por nuestros hijos e hijas, para que no caigan víctimas de los abusos de Andrew Tate y otros como él. Y oremos por las jóvenes de la “Casa de OnlyFans”, para que encuentren sanación y amor verdadero.
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