Gloria Steinem y el precio de la “libertad” de las mujeres (I)

 

Padre Shenan J. Boquet

Presidente

Vida Humana Internacional

 

Publicado originalmente en inglés el 14 de septiembre del 2026 en: https://www.hli.org/2026/09/gloria-steinem-and-the-price-of-womens-freedom/

 

Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo.

 

 

Es necesario hacer hincapié en el “genio de la mujer”, no solo considerando a las grandes y famosas mujeres del pasado o del presente, sino también a aquellas mujeres comunes que revelan el don de su feminidad al ponerse al servicio de los demás en su vida cotidiana.

 

Porque al entregarse a los demás cada día, las mujeres cumplen su vocación más profunda. Quizás más que los hombres, las mujeres reconocen a la persona, porque la ven con el corazón. La ven independientemente de diversos sistemas ideológicos o políticos. La ven en su grandeza y en sus limitaciones; intentan acercarse a ella y ayudarla.

 

Papa San Juan Pablo II, Carta a las Mujeres, Nro. 12.

 

Gloria Steinem, cofundadora de la revista Ms. y durante medio siglo la feminista más famosa del mundo falleció el 2 de septiembre en su casa de Nueva York. Tenía 92 años.

 

Los homenajes no se hicieron esperar. Hillary Clinton afirmó que “abrió puertas no solo para sí misma, sino para millones de mujeres que la siguieron”. Nancy Pelosi la describió como “una pionera intrépida que transformó la lucha por la igualdad en Estados Unidos”.

 

La presidente de Planned Parenthood, Alexis McGill Johnson, la recordó como “una fuerza que atrajo a la gente a la causa de la libertad de la mujer hasta sus últimos días”.

 

Un comunicado de los representantes de Steinem decía: “Los casi cien años que Gloria vivió fueron años bien aprovechados, y siguió trabajando por la igualdad hasta el final”.

 

Leí las necrológicas con profunda tristeza. He orado por su alma, como la Iglesia ora por cada alma y también por la conversión y sanación de tantas mujeres (y hombres) que se han involucrado en un aborto. Por esta razón la Iglesia ofrece el imprescindible Sacramento de la Confesión y muchos ministerios de reconciliación y sanación postaborto.

Pero también las leí con la creciente sensación de que lo más importante de la vida de Gloria Steinem se pasaba por alto en una o dos frases, si es que se mencionaba.

 

Steinem, sin embargo, nunca lo pasó por alto. Lo puso en primer plano.

 

 

Steinem: El aborto “me dio la vida”

 

En 2015, a los 81 años, Steinem publicó sus memorias, Mi vida en la carretera.

 

Comienza con una dedicatoria a un médico: el Dr. John Sharpe de Londres, “quien, en 1957, una década antes de que los médicos en Inglaterra pudieran practicar legalmente un aborto por cualquier motivo que no fuera la salud de la mujer, corrió el considerable riesgo de derivar a una estadounidense de veintidós años que viajaba a la India para que se practicara un aborto”.

 

La joven de veintidós años, por supuesto, era la propia Steinem. El médico, escribió, le pidió dos cosas: “Primero, no le dirás a nadie mi nombre. Segundo, harás lo que quieras con tu vida”.

 

“He hecho lo mejor que he podido con mi vida”, concluyó Steinem. “Este libro es para ti”.

 

Ella profundizó en este tema en una entrevista televisiva el mismo año en que se publicó su libro. Sobre su aborto, dijo: “Me devolvió la vida. Es decir, no habría podido vivir mi vida de otra manera”. Y en una entrevista de 2011, lo describió como “la primera vez que asumí la responsabilidad de mi propia vida”. “No iba a dejar que las cosas me sucedieran”, dijo. “Iba a dirigir mi vida, y por eso me sentí bien”.

 

Este mes, USA Today calificó la dedicatoria como un “conmovedor homenaje”.

 

El acto fundacional de la vida más celebrada del feminismo moderno, según el relato de la mujer que la vivió, fue la muerte de su propio hijo. Todo lo demás vino después y, como insistió hasta el final, dependió de ello. En otras palabras, el movimiento que prometía libertad a las mujeres les dijo, desde el principio, cuál sería el precio de esa libertad: sus hijos.

 

 

La coherencia de Steinem

 

Steinem fue, ante todo, coherente. Durante sesenta años dijo lo mismo.

 

En 1972, el primer número de la revista Ms. publicó una petición titulada «Hemos abortado», firmada por Steinem y decenas de mujeres prominentes, en una época en que el aborto aún era ilegal en la mayor parte del país. Fue cofundadora de Choice USA. Recaudó millones de dólares para Planned Parenthood, la organización más abortista de EEUU y asociación miembro de la más abortista del mundo. Popularizó la frase, que atribuyó a un taxista de Boston, de que «si los hombres pudieran embarazarse, el aborto sería un sacramento».

 

Hasta el final de su vida, seguía describiendo el aborto como «una decisión profundamente moral».

 

Fue igualmente coherente en su visión pesimista de la maternidad. En una entrevista el año pasado, al preguntarle si se arrepentía de no haber tenido hijos, respondió: “No, no, en absoluto”. Estaba dispuesta a que la llamaran la “hermana mayor” del movimiento feminista, dijo, pero nunca su “madre”, porque “nunca he sido madre”.

 

¿De dónde surgió esto? Steinem también nos lo contó, y esto añade un matiz de patetismo trágico a su historia. Su propia madre había abandonado una prometedora carrera periodística y sufrió una depresión severa durante la mayor parte de la infancia de Gloria. Mirando hacia atrás, Steinem concluyó que, si ella misma nunca hubiera nacido, su madre “podría haber nacido en su lugar”. “Lloré su vida no vivida”, escribió.

 

Es algo asombroso que una mujer diga, y mucho más que piense, lo que dijo y escribió Steinem. Siento una profunda compasión por la niña que sentía que su mera existencia era, de alguna manera, un obstáculo para su madre. Sorprendentemente, sin embargo, el marido y la cultura que habían dejado a su madre sola y sin apoyo quedaron exentos de toda culpa. La culpa recayó sobre la niña. Para Steinem, una mujer podía tener un hijo o podía tener una vida, pero no podía tener ambas cosas. Era tan consecuente en este punto que estaba dispuesta a aplicarlo a su propia vida, describiendo su mera existencia como un obstáculo para su madre.

 

Luego dedicó su vida a decirles lo mismo a millones de mujeres jóvenes.

 

Continuará.

 

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