La familia es lo más importante en la transmisión de la Fe (I)
Padre Shenan J. Boquet
Presidente de Vida Humana Internacional.
Publicado originalmente en inglés el 2 de noviembre del 2026 en: https://www.hli.org/2026/11/familys-role-transmitting-faith/
Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo.
“Nuestros primeros catequistas son nuestros padres: quienes nos hablaron por primera vez y nos enseñaron a hablar. Así como aprendimos nuestra lengua materna, la proclamación de la fe no puede delegarse en nadie más; se realiza en nuestro entorno, sobre todo en nuestros hogares, alrededor de la mesa familiar.”
Papa León XIV, citado en Venite ad me (Nro. 36).
El Padre Aimé Duval, jesuita francés, jamás olvidó la forma en que su padre rezaba.
Su padre llegaba a casa cada tarde agotado por el trabajo en el campo y arreando los bueyes. Sin embargo, después de cenar, recuerda el Padre Duval, “se arrodillaba, apoyando los codos en el asiento de una silla, con la frente entre las manos, sin siquiera mirar a sus hijos reunidos a su alrededor” (Nro. 35). Su madre, demasiado cansada para arrodillarse, se sentaba con el hijo menor en brazos, siguiendo cada palabra de las oraciones y manteniendo la mirada fija en sus hijos.
“Sin duda, el buen Dios debe ser alguien muy grande si mi padre se arrodilla ante él”, recuerda haber pensado el Padre Duval, “pero también alguien muy cercano si uno puede hablarle mientras lleva puesta su ropa de trabajo”.
Años después, el sacerdote lo resumió así: “Las manos de mi padre y los labios de mi madre me enseñaron más sobre Dios que el catecismo”.
Este conmovedor relato aparece en un nuevo documento del Vaticano titulado Venite ad me (“Venid a mí”), que fue publicado el 22 de octubre, memorial del Papa San Juan Pablo II, con la aprobación del Papa León XIV. Ver: Documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe: Venite ad me. Consideraciones sobre la transmisión de la fe en un cambio de época.
El documento trata sobre la transmisión de la fe y describe una crisis que los líderes provida y profamilia llevan décadas denunciando: en gran parte del mundo, la familia está siendo atacada y los padres ya no transmiten la fe a sus hijos.
La familia: el lugar más esencial para la transmisión de la fe
Venite ad me no deja lugar a dudas sobre dónde se recibe la fe por primera vez. “Entre los ámbitos en los que la Iglesia está llamada a compartir la luz de Cristo y hacerla brillar”, afirma, “la familia es el primer y más esencial lugar para la transmisión de la fe” (Nro. 31). Solo después, “como segunda etapa”, la catequesis y la comunidad parroquial en general asumen esta labor (Nro. 39).
La parroquia y la escuela católica se basan en lo que los niños reciben en casa. Como lo expresa el Catecismo de la Iglesia Católica, “la catequesis familiar precede, acompaña y enriquece otras formas de instrucción en la fe” (Nro. 2226). El Papa San Juan Pablo II hizo hincapié en este mismo punto en Familiaris Consortio: “La futura evangelización depende en gran parte de la Iglesia doméstica” (Nro. 52). Ver Familiaris Consortio (22 de noviembre de 1981).
Venite ad me ofrece una visión muy concreta de cómo se manifiesta esto en la práctica. Los padres son ese primer “tabernáculo” en el que los hijos “pueden vislumbrar toda la belleza y la fuerza de ser discípulos del Señor Jesús”. Su testimonio consiste en “gestos sencillos y cotidianos”: la oración en pareja, la lectura del Evangelio, la Misa dominical, el cuidado de los pobres, la oración antes de las comidas y la preparación del belén en Navidad (Nro. 37).
Nada de esto requiere un título en teología, una piedad personal extraordinaria ni prácticas ascéticas. Está al alcance de cualquier padre o madre que crea y permita que sus hijos vean esa fe. No se trata tanto de un gran programa de catequesis en el hogar, ni de actos de piedad ostentosa, sino de un ritmo de vida tranquilo y sereno centrado en lo sagrado. Sobre todo, se trata de crear una vida familiar basada en un amor semejante al de Cristo: generoso, bondadoso y abnegado, de modo que no exista división entre la práctica religiosa y las relaciones familiares. La oración fluye hacia actos de amor, y los actos de amor se fortalecen a través de la oración.
Continuará.
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