¿A dónde se fueron todos los católicos? (II)
Padre Shenan J. Boquet
Presidente de Vida Humana Internacional
Publicado originalmente en inglés el 3 de agosto del 2026 en: https://www.hli.org/2026/08/where-did-all-the-catholics-go/
Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo
Nota del Editor: Aunque este artículo se concentra en la crisis demográfica y vocacional de la Iglesia Católica en EEUU, su reflexión y alerta son válidos también para el mundo hispano.
La encíclica que nos negamos a escuchar
Es oportuno que revisemos estos dos documentos esta semana, ya que recientemente celebramos el aniversario de una de las encíclicas más vilipendiadas e importantes del siglo XX. El 25 de julio se cumplieron 58 años de la publicación de Humanae Vitae por el Papa San Pablo VI, reafirmando la enseñanza constante de la Iglesia sobre el matrimonio y la transmisión de la vida, y advirtiendo, con asombrosa precisión, sobre las consecuencias de la adopción generalizada de la anticoncepción.
En los párrafos finales de dicha encíclica, el Papa San Pablo VI exhortó a sus hermanos obispos:
Les imploramos que guíen a sus sacerdotes que los asisten en el sagrado ministerio, y a los fieles de sus diócesis, y que se dediquen con todo celo y sin demora a salvaguardar la santidad del matrimonio, para conducir la vida matrimonial a su plena perfección humana y cristiana. Consideren esta misión como una de sus responsabilidades más urgentes en este momento (Nro. 30).
Durante casi seis décadas, con heroicas excepciones, la exhortación del Santo Padre ha sido ignorada en gran medida. El resultado es bien conocido: los católicos recurren a la anticoncepción casi al mismo ritmo que sus vecinos, y muchos jamás han escuchado la enseñanza de la Iglesia explicada desde el púlpito, y mucho menos propuesta como un camino hacia la felicidad. El Papa San Juan Pablo II demostró cómo suena tal predicación. Durante su peregrinación a Irlanda en 1979, en Limerick, hizo el siguiente llamado directo:
El matrimonio debe incluir la apertura al don de los hijos. La generosidad y la disposición para aceptar a los hijos como don de Dios para su amor es la característica distintiva de la pareja cristiana. Respetemos el ciclo de la vida dado por Dios, pues este respeto forma parte de nuestro respeto por Dios mismo, quien creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, reflejando su amor vivificante en la naturaleza de su ser sexual.
Cuando el Papa San Juan Pablo II pronunció estas palabras, más del noventa por ciento de los católicos irlandeses asistían a la misa dominical, una de las tasas más altas del mundo. Irlanda no escuchó. Hoy, la asistencia semanal se ha desplomado a aproximadamente un tercio, los seminarios están prácticamente vacíos, cuatro diócesis se han fusionado, y se prevén más fusiones; además, Irlanda aprobó el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo en su constitución mediante referéndum.
Los bancos desiertos de la Arquidiócesis de Detroit son el reflejo de lo que sucede, dos generaciones después, cuando el mensaje de Humanae Vitae no se predica ni se escucha.
Matrimonio y familia: una aventura maravillosa
Lo que la Iglesia necesita, mucho más que una mejor estrategia de consolidación es una proclamación renovada, alegre y sin complejos de la belleza del matrimonio y la vida familiar. La sexualidad, según enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, “se realiza de manera verdaderamente humana solo si forma parte integral del amor con el que un hombre y una mujer se entregan totalmente el uno al otro hasta la muerte” (Nro. 2361).
Esa entrega total de sí mismo es, por naturaleza, fuente de vida, y los hogares construidos sobre ella constituyen la «iglesia doméstica», lo que la Iglesia denomina la “primera y vital célula” de la sociedad, y el semillero del que brotan todas las demás vocaciones.
El Papa San Juan Pablo II resumió todo esto en una sola frase en Familiaris Consortio: “El futuro de la humanidad pasa por la familia” (Nro. 86). Podríamos añadir que, asimismo, pasa por la Iglesia.
El Papa León XIV lo comprende bien. Ha llamado a la familia “la cuna del futuro de la humanidad”. En una audiencia general el pasado noviembre, elogió la “maravillosa aventura” de la maternidad y la paternidad, exhortando a las parejas: “No teman acoger y defender a cada niño concebido.
Proclamen y sirvan el Evangelio de la vida. Dios es el amante de la vida. Por lo tanto, protéjanla siempre con cuidado y amor”.
Estimados Hermanos Sacerdotes: Prediquen la Humanae Vitae
Permítanme, pues, dirigirme a mis hermanos sacerdotes: prediquen la Humanae Vitae. Predíquenla con confianza y compasión, y confíen a sus feligreses la verdad completa. El propio Papa San Pablo VI dio la razón: “Es una manifestación excepcional de caridad hacia las almas no omitir nada de la doctrina salvadora de Cristo” (Nro. 29).
La renovación también requerirá una preparación matrimonial que presente abiertamente la enseñanza de la Iglesia sobre la anticoncepción y el don de la planificación familiar natural, en lugar de eludirla; homilías que traten la Humanae Vitae como una buena noticia, no como una vergüenza; y pastores que celebren públicamente cada nueva vida y bautismo. Esta es, precisamente, la labor a la que Vida Humana Internacional se ha dedicado durante más de cincuenta años, en más de cien países: defender la vida reconstruyendo la familia.
Y a cada pareja casada que lea esto: las cifras de Detroit son desalentadoras, pero ustedes son la respuesta. Acojan la vida con generosidad. Enseñen a sus hijos a orar y no se sorprendan cuando Dios llame a alguno de ellos a su altar. Oremos, pues, por la Arquidiócesis de Detroit y por todas las diócesis que atraviesan el difícil camino de la consolidación, y oremos aún con más fervor por una primavera de vida familiar católica, para que la próxima generación de planificadores se enfrente a un problema muy diferente: dónde colocar a todos los hijos.
Las cunas vacías dejaron bancos vacíos. Con la gracia de Dios, las cunas llenas los llenarán.
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