Cómo ser feliz con los valores del Evangelio (I)
Adolfo J. Castañeda, MA, STL
Director de Educación
Vida Humana Internacional
04 – 01-16-26
Este tema aplica, por supuesto, a todos los cristianos, pero queremos aplicarlo de manera especial a los matrimonios cristianos.
Primero vamos a identificar esos valores. Luego vamos a explicar brevemente en qué consisten cada uno de ellos. Finalmente, vamos a sugerir cómo podemos, de forma práctica, hacer nuestros esos valores, para así aplicarlos a nuestras vidas.
¿Cuáles son los valores del Evangelio?
Los valores del Evangelio son muchos y el principal de ellos es el amor cristiano, el que tuvo Cristo por nosotros: un amor hasta el sacrificio y la muerte por nosotros. Los principales valores que describen ese amor se encuentran resumidos al comienzo del Sermón de la Montaña, el sermón más importante de Cristo, puesto que en ese sermón el Señor nos da la Nueva Ley Evangélica, la Nueva Ley del Amor. Este sermón se encuentra en Mateo 5-7 y comienza con las Bienaventuranzas en Mateo 5:1-12:
Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. 2 Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:
3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.
¿Qué son las bienaventuranzas?
La palabra “bienaventuranza” es sinónimo de “felicidad” o de “dicha”. Por ejemplo, cuando Cristo dijo “bienaventurados los pobres de espíritu” quiso decir “felices o dichosos los pobres de espíritu”.
Además de ello, las bienaventuranzas son al mismo tiempo virtudes y promesas. En cuanto a virtudes, son hábitos buenos que nos inclinan y facilitan la realización de actos buenos que agradan a Dios y benefician al prójimo.
En cuanto a promesas, son promesas que Jesús nos hizo de llevarnos al Cielo si ponemos en práctica esas virtudes. También Cristo nos promete un cierto grado de felicidad y armonía aquí en la tierra si practicamos las bienaventuranzas.
Las bienaventuranzas nos enseñan a no sobrevalorar los bienes terrenos, sino a usarlos debidamente para que nos ayuden a alcanzar la vida eterna, la cual debe ser nuestra meta más importante y la que le da sentido a nuestra vida aquí en la Tierra.
El Catecismo de la Iglesia Católica nos proporciona un resumen de qué son las bienaventuranzas:
1725 Las bienaventuranzas recogen y perfeccionan las promesas de Dios desde Abraham ordenándolas al Reino de los cielos. Responden al deseo de felicidad que Dios ha puesto en el corazón del hombre.
1726 Las bienaventuranzas nos enseñan el fin último al que Dios nos llama: el Reino, la visión de Dios, la participación en la naturaleza divina, la vida eterna, la filiación, el descanso en Dios.
1727 La bienaventuranza de la vida eterna es un don gratuito de Dios; es sobrenatural como también lo es la gracia que conduce a ella.
1728 Las bienaventuranzas nos colocan ante opciones decisivas con respecto a los bienes terrenos; purifican nuestro corazón para enseñarnos a amar a Dios sobre todas las cosas.
1729 La bienaventuranza del cielo determina los criterios de discernimiento en el uso de los bienes terrenos en conformidad a la Ley de Dios.
Pero lo más importante de todo es que, como dice el Catecismo,
1717 Las bienaventuranzas dibujan el rostro de Jesucristo y describen su caridad… iluminan las acciones y las actitudes [= virtudes] características de la vida cristiana… quedan inauguradas en la vida de la Virgen María y de todos los santos.
Es decir, las bienaventuranzas son esas actitudes del corazón del mismo Cristo, y constituyen su carácter moral y espiritual. Por ello Cristo quiere que las adquiramos en nuestro corazón, para que nos asemejemos a él. Jesús quiere que seamos como él, que nos dejemos transformar por él por medio de las bienaventuranzas, para que seamos criaturas nuevas y alcancemos la santidad: “Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación, pasó lo viejo, todo es nuevo” (2 Corintios 5:17).
Yo quisiera aplicar esas virtudes a nuestros matrimonios, además de a todos los cristianos para que seamos santos y felices y llenos de paz. Y al mismo tiempo nos conduzcan a la vida eterna.
Las resumimos en las siguientes.
- Los pobres de espíritu.
- Los que lloran.
- Los mansos.
- Los que tienen hambre y sed de justicia.
- Los misericordiosos.
- Los limpios de corazón.
- Los que trabajan por la paz.
- Los perseguidos por causa de la justicia y de Cristo.
Observemos que las bienaventuranzas son ocho. En la Biblia el número siete significa perfección o completamiento. Por ejemplo, según el primer relato de la creación, en Génesis 1, Dios crea el universo en “seis días de trabajo” más uno de “descanso”, para un total de siete. El séptimo día estaba dedicado al descanso y al culto divino por parte de Israel, el Pueblo de Dios (ver Génesis 2:3).
Al ser ocho, las bienaventuranzas son 7 + 1 = 8. Esto significa un grado de perfección y santidad más elevado y la plenitud de la ley de Dios en el Antiguo Testamento. Jesús mismo dijo unos versículos más adelante en ese Sermón de la Montaña que él no había venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darles cumplimiento (Mateo 5:17). Las bienaventuranzas perfeccionan los Diez Mandamientos. Son la carta magna del cristianismo.
A continuación explicamos brevemente qué significan cada una de ellas.
¿Qué significa ser “pobres de espíritu”?
Primero que todo “pobres de espíritu” no significa ser de voluntad débil o tener poco ánimo. Eso está en contradicción con todo lo que Jesús nos enseñó, incluso con varias de las otras bienaventuranzas. Por ejemplo, “los que tienen hambre y sed de justicia” y “los que son perseguidos por causa de la justicia y del mismo Cristo” tienen que ser personas de gran fuerza de voluntad y de fortaleza espiritual. Claro está, esas virtudes son sostenidas por la gracia de Dios. Pero el punto es que requieren una colaboración moral y espiritual totalmente contraria a la falta de ánimo o voluntad débil.
Tampoco significa tener una baja autoestima o considerarse de poco valor. Eso también está en contradicción no solo con lo que Cristo nos enseñó, sino incluso con el Antiguo Testamento. En la mismísima primera página de la Biblia, el autor sagrado nos dice que hemos sido creados “a imagen y semejanza de Dios” (Génesis 1:27). Eso significa que Dios, que es Amor (ver 1 Juan 4:8), nos ha creado con la capacidad de amarlo a Él por encima de todo y al prójimo como a nosotros mismos (ver Marcos 12:28-31).
Ser pobre de espíritu significa reconocer que uno depende de Dios para todo. Jesús dijo a sus discípulos: “separados de mí no pueden hacer nada” (Juan 5:5). En otras palabras, significa ser humilde. Significa reconocer que necesitamos la ayuda de Dios y, a veces, de los demás también, sobre todo para hacer el bien, para amar a Dios y al prójimo.
Ya en el Antiguo Testamento, el Libro de los Proverbios nos enseña que Dios “aunque se burla de los arrogantes, concede su favor a los humildes” (Pro 3:34). Esta enseñanza es repetida por Santiago 4:6 y 1 Pedro 5:5. En estos dos pasajes esta enseñanza aparece de manera aún más contundente: “Dios resiste a los soberbios y da Su gracia a los humildes”. Y es que el humilde, precisamente por serlo, siempre está dispuesto a recibir la ayuda de Dios y a aprender de Él y de aquellos que enseñan de parte de Dios; mientras que el soberbio o arrogante nunca está dispuesto a aprender de nadie, porque se cree que lo sabe todo.
El humilde reconoce sus virtudes y talentos, y le da gracias a Dios y a los demás por su ayuda. El humilde es una persona agradecida, que vive la gratitud como un estilo de vida y no solo como un sentimiento. El humilde también les ofrece a los demás su ayuda con sencillez de corazón. También reconoce sus pecados y limitaciones. Está dispuesto a arrepentirse de sus pecados y confesarse. Y también a buscar ayuda para vencer sus pecados y errores.
El humilde no es arrogante, ni engreído, ni jactancioso. No se burla ni desprecia a los demás por ningún motivo. No se alegra por los pecados o errores de los demás. Al contrario, pide a Dios que ayude a esas personas a superarse y ofrece su ayuda, en caso de ser conveniente. No habla mal de nadie. Ni siquiera piensa mal de nadie. No se cree mejor ni peor que los demás. Está dispuesto a servir a todos. No siente envidia por los talentos y los logros de los demás, especialmente cuando son mejores que los propios. Al contrario, se alegra y da gracias a Dios por ello, y felicita y anima a los demás cuando tiene la oportunidad. (Ver 1 Corintios 13:4-6.)
La persona humilde tiene un atractivo espiritual muy especial. La mayoría de la gente se siente a gusto ante una persona humilde. La persona humilde irradia una paz, una amabilidad y una sencillez verdaderamente auténticas que tienen el potencial de hacer que la convivencia con los demás a su alrededor sea más positiva, de crear un ambiente de paz y bondad en el hogar, el centro de trabajo, el lugar de estudios, el supermercado o la misma iglesia.
Los esposos que practican la pobreza de espíritu crean este ambiente positivo y de amor dentro de ellos mismos y entre sí, así como en su entorno en el hogar y con los hijos. Cuando llega el momento de la intimidad, llevan consigo, en sus almas y en sus cuerpos, estas características de la pobreza de espíritu y hacen que su unión conyugal sea más amorosa y gozosa, lo cual a su vez los une más espiritualmente entre sí y con Dios.
Finalmente, el pobre de espíritu no está apegado a las cosas terrenales. Las valora justamente y usa de ellas de tal modo que le sirvan en su camino hacia la vida eterna. Practica el desprendimiento y el desapego de los bienes materiales. Ello lo hace capaz de ser generoso con los demás, especialmente con los pobres y desvalidos.
¿Cómo podemos adquirir esta virtud de la humildad?
En el último artículo de esta serie vamos a compartir algunos pasos concretos y prácticos para obtener estar virtud de la humildad. Sin embargo, podemos empezar con la meditación de los siguientes pasajes bíblicos:
1 Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, 2 completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. 3 Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; 4 no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros (Filipenses 2:1-4).
Jesús mismo nos enseñó que el que se humilla será exaltado por Dios. Ver Mateo 3:12. Precisamente el pasaje que acabamos de citar continúa con el ejemplo de humildad del propio Cristo, quien siendo Dios se hizo servidor de todos nosotros hasta morir en la cruz, y por ello Dios lo exaltó:
Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo:
6 El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios.
7 Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre;
8 y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.
9 Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre.
10 Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos,
11 y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre (Filipenses 2:5-11).
Continuará.
______________________________________
